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i AÑO UNO. NUMERO 33. CRÓNICA BISEMANAL ILUSTRADA. S ¿MADRID, 14 DE JULIO DE 190 NÚMERO TÓ, 10 EL VIAJE DEL PRESIDENTE LOUBET A INGLATERRA f s y ví EN DOUVRES ESPERANDO LA LLEGADA DEL PRESIDENTE LOUBET. Stl. DUQUE DE CONNAUGHT Y SU COMITIVA INTERROGANDO Á UN VENDEDOR DE ESTAMPAS RECUERDO FRANCO- INGLÉS EL ALCALDE DE LONDRES Y LOS MACEROS DE LA MUNICIPALIDAD ESPERANDO AL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA FRANCESA MR. LOUBET Á LA ENTRADA DEL PABELLÓN DE DESEMBARCO Fots. León Bouet p j l viaje del Presidente de la República Francesa raonÍ sieur Loubet á Londres, es uno de esos acontecimientos políticos que se comentan en todas partes. Eduardo Vil visitó recientemente París. El recibimiento fue frío. Después reaccionó la opinión y Su Majestad Británica fue objeto de calurosas y repetidas ovaciones populares. Para corresponder á aquella visita Loubet ha ido á Londres, y desde el desembarco, su paso por Inglaterra ha sido un paseo triunfal. La gran metrópoli, sobre todo, se ha excedido á cuanto podían suponer los más optimistas. El pueblo londinense ha acogido con gran entusiasmo al Jefe de Estado de Francia. El Rey, el Gobierno y todas las clases directoras han secundado aquel movimiento de simpatía. En los banquetes oficiales, los brindis cambiados por el Rey y por el Presidente han rebosado consideración, afecto, casi verdadera fraternidad. ¿Reflejaban con sus palabras ambas personas los sentimientos de sus respectivos pueblos? ¿Reflejaban siquiera el estado de espíritu de sus respectivos Gobiernos? Esto es lo que queda por saber. De todos modos, hay que hacer constar que la cariñosa acogida dispensada á Loubet por el Rey, por el Gobierno y por el pueblo de Inglaterra, se considera como un buen síntoma para las futuras relaciones de ambos países, y conT consecuencia inmediata, para la paz europea. V f 4 El Papa de las virtudes 1 a política de la Iglesia, por razón natural, fue y se guirá siempre siendo conservadora. La voz de los inspirados por Dios, y la de Jesucristo, debe resonar en todos los siglos, sin que el muiíSo tenga poder ni fuerza para alterar ni modificar el sentido de las palabras, ni para interpretarlas con desigual criterio más ó menos amplio. La Iglesia y su cabeza en la Tierra reciben únicamente por expresa voluntad de su fundador inspiraciones para definir los dogmas; pero siempre dentro de la más pura ortodoxia puede haber, y ha habido, criterios expansivos, amplios y soleados, y criterios extrechos, almas como temerosas de orear sus ideas. León XI 11 y Pío IX representan, cada cual á su modo, esas dos tendencias. Pío IX creyó, en su alta sabiduría, que así para los intereses de la Iglesia universal, como para los particularísimos del gobierno de su reino, era imprescindible fortalecer el principio de autoridad, y manifestó en lo temporal este pensamiento, no sometiéndose, como rey, á lo menos de grado, á freno de ley constitucional alguna, y en lo eclesiástico proclamando el dogma de la infalibilidad pontificiavEn lo puramente terrenal no consiguió EL DUQUE DE CONNAUGHT Y EL LORD CHAMBELÁN ESPERANDO LA LLEGADA DEL PRESIDENTE MR. LOUBET F o t León BoUef- Pío IX su propósito, porque primeramente el voto de la Asamblea del 6 de Febrero de J 849, y más tarde e. 1 famoso plebiscito de las provincias romanas, favorable á la unidad de Italia, hicieron cambiar de mano el cetro de Roma. A la muerte del gran Pontífice y desgraciado rey confesábase éste prisionero en el Vaticano, y las naciones europeas no sostenían con Pío IX cordiales relaciones. Difícil era por demás que León XI 11 rectificase la política del Papa anterior. Nunca los procedimientos de la Iglesia suelen ser radicales. Había que sostener los derechos del Pontífice á su antigua soberanía temporal. La autoridad y la sabiduría de Pío IX eran extremadas; un cambio de política, si en los primeros momentos era desafortunado, podría perjudicar extraordinariamente á ia Iglesia. Adémaselos grados todos de la jerarquía eclesiástica, como moldeados por el pensamiento del Pontífice anterior, no era fácil que se amoldasen con la rapidez necesaria al criterio de León Xlll; la complicadísima máquina, siempre obediente, podía al menor descuido de su nuevo director desgobernarse. Un cisma en aquella ocasión hubiera sido más que nunca temible. Por otra parte, Francia, conducida al desastre por el Imperio, hallábase en situación poco propicia para estrechar relaciones con Roma; la energía potente, del Canciller alemán, de mucho tiempo atrás en pugna con toda influencia romana, era conocidamente hostil al Pontificado; encontrábase Bélgica encendida en lai (contienda de los dos bandos ultramontano y liberal, partidario uno. de-