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f J; i. VK- i. M íJ V í. Éy i r. iSí r ¿í -v- 1 v ifc wv I T it r, gsn Y allí están hoy, en aquel casuco chato de la calle del Casino, con su. pedacito de jardín, modestamente instaladas, pero sin carecer de lo necesario, atendidas con cariño y con solicitud por ta superiora y las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul, que cuidan de aquel Asilo. Merced al trabajo incesante de pedir para los pobres, pudo ampliarse á veinte el número de asiladas que allí tienen manutención, lecho y casa. Al sostenimiento del Asilo contribuyeron desde el primer momento, en primer lugar, la Real Casa, que en- J moso ejemplar de pura raza suiza, que rinde 5 y cuartillos diarios de leche. Entre las veinte acogidas sumarán mil quinientos años. Las hay jóvenes... relativamente, que tienen más de doce lustros; la más pollita de todas es Agustina Fraile, que tiene los tres duros justos y era cigarrera desde los siete años de edad, y la más anciana, Serafina Casanova, á quien faltan seis años para el siglo; ésta era cigarrera desde los ocho años de edad. Todas las cigarreras que quedan imposibilitadas para el trabajo por la edad, pueden entrar en el Asilo (siempre que haya plaza) para lo cual hacen un memorial, que firma el director de la fábrica. El turno para la entrada es riguroso, á menos que alguna de las agraciadas lo quiera ceder en beneficio de alguna compañera. Por ley del contraste, no sólo ancianas alberga este Asilo; que para la enseñanza de los hijos é hijas de las cigarreras en activo servicio tiene instaladas dos amplias escuelas, en las cuales reciben educación 25o entre niños y niñas. Y es curioso ver reunidos cuando salen de la clase los unos y á dar un paseíto las otras después de comer, á los pequeñines alegres, corretones y bulliciosos, y á las pobres viejecillas, ciegas algunas, andando trabajosamente. ROBERTO DE PALACIO ¡El eterno femenino! I a mujer ejerce siempre una influencia grandísima en todos los hechos sociales. Hoy vamos á examinar uno de los aspectos de esta influencia: la mujer en el crimen. Pocos, ningún caso se registra en las sangrientas escenas que enlutan á la humanidad, donde no aparezca la mujer como instigadora ó como víctima. Se dice que es difícil penetrar en el alma de la mujer, porque es difícil conocer ala humanidad: cuando se presenta su examen, la inteligencia retrocede con miedo de hundirse en las obscuras tinieblas de un abismo. La mujer no es más que una parte de la humanidad, que por causa de su organización física y educativa siente con más intensidad los opuestos sentimientos; asi la observamos con frecuencia llevar la caridad y la abnegación muy cerca de lo sublime, y de la misma manera llegar en la maldad hasta los límites de la locura. Pero las malas pasiones se manifiestan más cuando la mujer forma parte del montón anónimo de un público cualquiera; cuando la humanidad es multitud; cuando el hombre es la bestia y la mujer su hembra. Vedlas ser heroínas para defender la patria y cabezas de motín para excitar al robo y á la perversión. La escena repugnante del lavadero que magistralmente describe Zola en Jíssommoir tiene diaria repetición entre nuestra gente del pueblo. Es frecuente ver espectadoras contemplando sonrientes la pelea de dos celosas, batir palmas de contento. Un mordisco que hace brotar la sangre, un fuerte golpe que descuaje los dientes, son motivo de júbilo y algazara. Hace poco se cometió un crimen en circunstancias semejantes: dos mujeres pelearon por fútiles pretextos; murmuraba la una de la otra, quizás por envidia, tal vez por antipatía; sea de ello lo que quiera, es lo cierto que ambas vienen á las manos en el amplio patio de una casa de vecindad. Los curiosos contemplan la batalla; risas mal reprimidas corean los gritos de fiera que lanzan al aire las dos combatientes; nadie se acerca á separarlas; ningún corazón se conmueve, y el terrible espectacuib se prolonga algunos minutos. Con fatídica oportunidad llega el marido de una de las luchadoras; la ola del odio inunda su corazón y lo ciega; SALA DE LABORES Y DE DESCANSO. 2 VISTA DEL ASILO DESDE EL JARDÍN. LAS ASILADAS DE PASEO. 3 AGUSTINA FRAILE, SOR MATILDE C 1 URANETA, SUPEE 1O RA DEL ASiLO, V SERAFINA CASANOVA, LA VETERANA DEL ESTABLECIMIENTO. 4 LA ESCUELA DE PÁRVULOS. Fots. Alonso La secundaron en tan noble propósito cuatro señoras más y el Padre Sancha, obispo de Madrid entonces. El Asilo quedó instalado en la casa número 5 de la calle del Laurel. Mas como los fondos con que contaban para hacer frente á las necesidades de un establecimiento de esta clase eran muy exiguos, estaba imitado á nueve el número de plazas de asiladas. Con treinta duros, mucha perseverancia y un ferviente deseo de hacer el bien, logró la fundadora ver abierto el Asilo el día 7 de Febrero de 1891. Pero, como es fácil suponer, no basta la buena voluntad, aun cuando se halle al servicio de hermosas iniciativas, y allí faltaba lo más indispensable, mas lo que pronto se encargó de proveer la caridad particular en primer término. La casa de la calle del Laurel era viejísima y se hundió, dejando sin asilo á las pobres viejas, cigarreras jub- iladas. Por fortuna, había quedado desocupado parte del edificio en que se hallaba el Museo Arqueológico, y las viejecitas eneontraron nuevo albergue, ya que no albergue nuevo. trega dos donativos de dos mil reales cada uno, en Mayo y Enero, todos los años; la Compañía Arrendataria, que dedica todos los meses i5o pesetas, y algunos particulares, que cooperan en la medida de lo posible á fin tan benéfico. Además, se puede asegurar que por lo menos el cuarenta por ciento de las operarias de la fábrica de Madrid se acuerdan de mirar por sus compañeras desvalidas. Y todas las quincenas entrega cada cigarrera cinco céntimos. Meses hay, no obstante, que la recaudación de donativos particulares no excede de cuatro duros. Y en ocasiones la superiora tiene que pedir fiado todo un mes para que no les falte lo preciso á las asiladas. La vida que hacen éstas se halla en relación con los años que tienen. Se levantan á las cinco y media en verano y á las seis y media en invierno, toman una taza de leche á las siete, comen á las doce y cenan otra taza de leche á las seis, acostándose muy poco después. Pueden tomar tanta leche gracias á la munificencia de una persona caritativa que les regalóuna vaca, Jardinera, un her-