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M 1 TAS PESADAS ATRAVÉS DE LA FRONTERA. BROPor la calle de Richelieu, de París, marchaba el otro día, tirado por tres pacienzudos pencos, lino de los ómnibus de la línea Batignolles- CIichyQdeon, cuando los viajeros que iban en el imperial comenzaron á dar desaforados gritos, pretendiendo arrojarse del coche y agrupándose con ferror lejos de un individuo que seguía tranquilo y sonriente en su puesto. La cosa no era para menos, y cualquiera hubiera Kecho otro tanto. Imagínense ustedes que el viajero en cuestión acariciaba dulcemente con ma mano la cabeza de una serpiente, cuyo cuerpo estaba dentro de uno de los bolsillos de su chaqueta, mientras otro reptil le daba vueltas al cuello y un tercero se deslizaba sobre sus muslos. -No se aproxime usted, -decían los demás viajeros al conductor cuando éste subía al impe, rial para darse cuenta de lo que ocurría. Pero el conductor avanzó resueltamente... hasta que vio las víboras. ¡Que vengan los guardias! ¡Llamad á los bomberos! Y fueron los guardias, que inmediatamente inerpelaron al encantador de serpientes. A honesta distancia, por supuesto. Y el gachó de los reptÜes, como se diría en Vladrid, se limitó á dirigir frases gruesas á la pareja. Tras de muchos dimes y diretes, el de las serpientes se avino á guardar los animalejos y á seguir á la pareja á la comisaría, donde el comisario, M. Egarteler, dispuso que el detenido pasase al puesto central de la alcaldía del primer departamento. Se comprende que el comisario echase el mochuelo á otro. Enterado del asunto el oficial de paz, M Murail, ordenó, no que se verificase un cacheo, que ¡cualquiera le hacía! ni que el detenido soltase el cuerpo del delito, sino que inmediatamente fuese puesto el preso en libertad. Más contentos que tinas pascuas, los subordinados del oficial notificaron al hombre de las serpientes que se largase con yiento fresco. 1 Y así lo hizo el detenido; pero apenas había salido á la calle, volvió á entrar desolado en el puesto. ¡Demonio! -exclama, -no saben ustedes qué contrariedad experimento. Se me ha escapado uno de los bichos. Debe haberse quedado por aquí. Brinco general de todos los presentes. Pesquisas con muchas precauciones por los rincones de la dependencia. Nuevos sustos, porque los dedos se les antojan serpientes de cascabel á los de la paz. La víbora no parece. Pero ¡oh feliz ocurrencia! recuerda M. Murail que los reptiles son melómanos, y ¿qué hace? manda que le traigan un violín. Toca con él una melodía tiernísima, no sé cuál, porque no se consigna en el atestado. Hay que advertir que el citado funcionario fue un tiempo violinista, porque de no serlo y de ponerse á rascar el instrumento, huelga decir que el animalucho sale dando una de picotazos que acaba con toda la policía; pero ¡no! toca bien; la música surte su efecto, y la serpiente sale de su escondrijo, entregándose á su dueño, que la mete en un bolsillo y sale de la alcaldía á buen paso, aunque no tan rápido como deseaba todo el personal que asistió al experimento. Parece fábula, pero no lo es. Por eso damos la noticia con nombres, pelos y señales, como prueba de su autenticidad. AEMECÉ ROÑICA. VACACIONES Llegó el momento de la huelga general, y no me refiero á la que desean y procuran los obreros con objeto de mejorar sus condiciones, sino á la que D. Francisco Sílbela calificó una vez de imperiosa por razones de temperatura. La España oficial no existe más que ocho meses al año; los cuatro restantes duerme ó se aletarga por virtud de a costumbre. El Estado, que ya cuesta más de mil millones anuales á los españoles, ha ido aumentando de precio al mismo tiempo que ha disminuido la temporada de acción. Es como la ópera, que cuesta cara y vive un corto espacio en Madrid. Se comprende que en cuanto llegue esta época cada individuo que tenga dinero vaya á gastárselo á un país más fresco ó más templado del que habita ordinariamente: se comprende que el que tenga que viajar por necesidad ó recreo aproveche el buen tiempo para ello, pero ¿por qué se suspende la vida oficial? ¿por qué tiene calor el Estado 7 ¿por qué se abrasa la Administración? ¿por qué suda la Justicia? ¿por qué veranea la enseñanza? El ejemplo viene de arriba, como siempre. Los ministros apenas ceitbtan consejos después del el autor, llegando á impresionar y á convencer en el mayor grado posible. P más poderoso auxiliar del teatro, en lo que á la es tética se refiere, es la indumentaria, y de ella he de tratar en esta crónica. Es lo que más se ha descuidado, sobre todo en España, no ya en los comienzos del teatro, sino hasta hace muy poco tiempo, relativamente. Cuéntase- -y la anécdota pinta una época- -que el famoso actor Isidoro Máiquez, ídolo de la corte de Carlos IV, tenía un equipaje tan reducido, que todo él cabía en una pequeña banasta de mimbre, en cuya tapa se leía sobre un papel adherido con alfileres: Ótelo y otros moros Es decir, tres ó cuatro trajes de la misma clase... Indudablemente hay alguna exageración en esa referencia; pero no mucha. Hasta hace muy poco tiempo han hecho gala nuestros cómicos de un convencionalismo exagerado y ridículo hasta la estupidez. Por ejemplo: los escribanos y los usureros se presentaban en escena invariablemente con unas levitas pasadas de moda, sucias y raídas; unos pantalones con tremendas rodilleras; unas gafas verdes (las gafas verdes no podían faltar, eran de reglamento) y un sombrero viejo, abollado y también pasado de moda. Ya se sabía: el tipo del usurero ó del escribano había de ser viejo, ridículo y puerco hasta la exageración ó, por mejor decir, hasta la repugnancia. Y como en el mundo se ven, y se han visto siempre, escribanos y usureros jóvenes, guapos, elegantes y hasta simpáticos (que la vida está sembrada de aberraciones) de ahí la falsedad sistemática que tanto gusto daba á nuestros abuelos y aun á nuestros padres. í oy se hila más delgado, y la verdad teatral se con funde con la realidad misma. Hay gentes que se escandalizan cuando oyen decir que la actriz Fulana gana veinte ó veinticinco duros diarios, y el actor Mengano dieciocho ó veinte... ¡Qué barbaridad! ¡Un hombre sin carrera (por lo visto el arte es un oficio manual) ganar veinte duros diarios, cuando hay tantos abogados pereciendo y tantos médicos que se mueren de hambre... por no tener á quién matar! -Pues ahí verá usted- -contesto yo. -Esa cómica que gana veinte ó veinticinco duros diarios, debe á la modista cuatro ó cinco mil duros (y me quedo corto) no porque sea derrochadora, no porque viva desordenadamente, sino... porque estrena cinco ó seis comedias cada temporada, y en cada una de ellas (de las comedias) luce dos ó tres trajes riquísimos, elegantísimos... y tbaramente caros. De una parte su vanidad de muj- x, y de otra las exigencias del autor, en armonía con las del público, la llevan al apuro diario y á la ruina permanente. Y esa actriz famosa, esa estrella que gana ese dineral, el día que, pasada su hermosura y agotadas sus facultades, no tiene contrata... tampoco tiene qué comer. Y lo que digo de la actriz, es aplicable al actor, aunque no en tan grande escala. De todas suertes, los artistas de ahora, cuyos sueldos escandalizan á los profanos (que no suelen concurrir al teatro) en general no pueden ahorrar nada de esos sueldos tan sonados y discutidos, si han de vestir ¡as obras con arreglo á las exigencias actuales, p n el teatro, como en toda organización ideada por el hombre, reina la injusticia y se rompe la soga por lo más delgado. La víctima de las compañías de verso es el galán joven que, generalmente, gana un sueldo modesto, y como su misión casi única es enamorar y rendir á las mujeres, tiene que desplegar un lujo y una elegancia que casi nunca están en consonancia con lo que cobra. Algunas veces se ha dado el caso de tener que empeñar un frac para desempeñar una levita, al tener que tomar parte en una comedia de sociedad... Aún hay otros artistas más desgraciados, en ese sentido, que el galán joven: los racionistas de ambos sexos, ó, en términos más claros, las segundas partes, que nunca fueron buenas porque si lo fueran, no serían segundas partes. Esos infelices ganan tres, cuatro ó cinco pesetas, y tienen que presentarse frecuentemente en traje de baile EMILIO S Á N C H E Z PASTOR y de etiqueta, haciendo ellas de señoras, y ellos de caballeros. En cambio el actor cómico, el gracioso, como antes se llamaba, gana un sueldo magnífico y, por lo general, no necesita más que cuatro trapos que no valen cuatro 1 A I N D U M E N T A R I A Obedeciendo á la ley del progreso, que en su rápi- pesetas. Si el actor es un poquito ordinario (hay algunos ejemda marcha no se da momento de reposo, e! teatro, como todo lo que vive y se agita dentro de la organización so- plares) y son su especialidad los cocheros, chulos, golfo- y mendigos, el más completo y lucido equipaje Je sale cial, evoluciona y se transforma de día en día. Empezando por la índoic de las obras y concluyendo or una friolera. Observen ustedes que si algún actor tiene dinero, por por el modo de presentarlas, en sus varios y múltiples aspectos, en todo se nota la variación, el adelanto, el me- fuerza es actor cómico. En esa cuerda hay algunos que joramiento; y en algunos detalles de importancia, la barren para dentro, según la frase vulgar, y que son verdaderas hormiguitas... transformación ha sido radical y completa. onozco un actor cómico, bastante notable, que gaLos que opinan que naba en cierto importante teatro de Madrid diez cualquiera tiempo pasado duros diarios, y para un determinado papel pedía todas fue mejor, las noches, prestada, su boina á un asistencia de la mase equivocan en lo que al teatro se refiere, aun incluyendo quinaria... ¡Una boina, que vale dos pesetas! las épocas más esplendorosas de nuestra literatura dramáEse actor ha llegado á reunir ¿y cómo no? un capitatica, porque al hablar del teatro en general no se trata sólo lito muy decente... á costa de la indumentaria, con la de la literatura (por más de que ésta sea la base esencial complicidad de la empresa y la benevolencia del público. de todo el edificio) sino también de todas las arles auxiLo gracioso del caso es que ese actor no sabe lo que licties que vienen á completar ese cuadro vivo que se lla- es indumentaria. ma comedia (y en esa denominación hemos de comprenPor eso la desprecia tan en absoluto. der todas las obras escénicas) con el mayor ambiente de realidad, al objeto de producir el efecto imaginado por FRANCISCO F L O R E S GARCÍA i. de Julio; los empleados -apenas despachan- expedientes; los Cuerpos consultivos suspenden sus informes; los Tribunales vacan sin que vaquen los delitos; los pleitos detienen su largo recorrido, y sólo por la existencia de la guardia civil, que en verano suele desempeñar funciones extraordinarias por los motines y tumultos con que se festejan aquí los calores, se sabe que tenemos una organización oficial y un Gohierno que vela por nosotros ó que velará en cuanto pase la siesta. Todo esto tiene su correspondiente explicación: un erudito demostrará que este vicio arranca de los romanos; otro dirá que es un hábito introducido por los árabes; alguno descubrirá que es una costumbre vándala, y todos á una repetirán el. aforismo que sirve para perpetuar las cosas malas: es á saber, que la costumbre hace ley. Y esa ley sí que se cumple sin necesidad de ejercer coacción alguna por parte del Poder público. En cuanto el termómetro marca de treinta grados para arriba, ya no puede trabajar la máquina oficial ni sus operarios. Esa temperatura es buena para los segadores, que disfrutan en su faena de una porción de comodidades que no alcanza el empleado alto ni bajo, como es, por ejemplo, el aire libre y el sol directo, muy directo, sin velos ni celajes de ninguna especie. Hay que tener en cuenta que la Administración no descansa en invierno más que cinco días en Carnaval, ocho por Semana Santa y veinte por Navidad, casi otro mes durante el cual tampoco se puede realizar ningún trabajo serio, porque si mal se gobierna con el calor, peor se gobierna con el frío, y ya se sabe que los extremos se tocan, y en el término medio está la virtud del trabajo gubernamental. Parece que estamos administrados por gusanos de seda. Aquí no se hacen capullos más que entre un número de grados del termómetro, muy limitado. Arriba y abajo la huelga, la vacación ó el descanso. El individuo y la empresa particular imitan al Estado, como es de rigor, y va á llegar el día en que los mismos horchateros vaguen y digan: ¿Cómo quieren ustedes que hagamos refrescos con estos calores? De todos los descansos, ninguno tan singular como el de la Justicia. Parece que esas funciones no deben suspenderse jamás; parece que la misión de los Tribunales es de carácter permanente, que no debe cesar por ninguna causa, ni interrumpirse por ningún motivo; pues no hay tal cosa: los Tribunales son como los teatros de invierno y el género dramático serio: no pueden vivir más que de Octubre á Junio: en la canícula no hay justicia. Para el litigante, lo mismo que para el individuo que tiene un expediente en un departamento ministerial, estas costumbres son métodos refrigerantes. Si piensa ver su asunto despachado en esta época del año, estará fresco. Para que salga una instancia del registro de un ministerio, hay que esperar á que venga de Solares el encargado de la dirección correspondiente. Para que se haga el extracto en el negociado, hay que aguardar á que tome las aguas de Archena el único oficial que hay disponible. Para que se ponga en limpio, hace falta que regrese de Puertollano uno de los escribientes, porque es el único que tiene letra. Para que el jefe ponga la nota correspondiente, es preciso esperar á que acabe de tomar las aguas de Panticosa. Y para que el director resuelva, hay que acechar la ocasión en que aparezca por la oficina, porque está en sus posesiones de Cuenca y viene de cuando en cuando á dar un vistazo. Por eso me decía un agente de negocios hace pocos días: -No sabe usted cómo está nuestra Administración del estómago. Yo tengo asuntos en varios ministerios: pues todos están detenidos porque hay en Cestona 45 empleados de los que deben entender en ellos. ¡Qué dirán los obreros de los Altos Hornos de Vizcaya cuando oigan hablar de las vacaciones oficiales que impone la temperatura! NOTAS TEATRALES C r m is i 1 1 ¡ni 1 iimmniEiiTT i MU u ni r r m riKirrmminiHi i i n m 1 i 11