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La mentira y los embusteros zoólogo francés, U Ndiversos casps queCouteaux, elha comprobado en cita que perro, el mamífero más adicto al hombre, la bestia familiar á cuya amistad suelen pedir los misántropos el desquite de las melancolías que avivó en ellos el trato humano, es un bicho tan fértil de imaginación como nosotros para mentir. Y envjraera varios latrocinios de perros que, luego de consu mado el delito, se fingían enfermos ó se daban maña para que las sospechas recayesen sobre otro can. En una alquería un perro devoró medio cordero pre parado en adobo para una merienda que debía verificar se al día siguiente, y como temiera naturalmente el casF tigo de su amo, arrastró los huesos hacia el escondrijo en que otro perro de la casa montaba la guardia en el Jardín durante la noche. El dueño de la alquería castigó jal perro guardián, pero una criada delató al culpable, y el sentido de la justicia se impuso con tremenda severiidad al can delincuente. Es dudoso que á pesar del castigo se corrigiera el embustero. Está demostrado que el miedo es en los animales y en las personas el más enérgico estímulo de la mentira. Y cuando la naturaleza consiente esas habilidades y esas astucias, es porque son necesarias para la vida. Duprat asegura en su libro sobre la mentira que ciertos animales son tan ladinos para simular, porque el instinto de conservación les fuerza á ello; que algunos insectos, por ejemplo, se fingen muertos cuando los amenaza un peligro. Y todos hemos oído referir el caso de un ave que toma súbitamente el color del boscaje en que se refugia, perseguida por un pájaro de presa. Esos ardides, el del perro, el del insecto y el del ave, ¿no vienen á ser infracciones de la verdad del mismo bulto que las que comete un malhechor negando el delito que cometió? El pájaro que se tiñe del color del matorral en que se esconde, ¿hace algo más que imitar al buscavidas político que se finge hoy conservador, mañana liberal y pasado demócrata adicto á Canalejas? Es el hbro de Duprat, que me sugiere estas descosidas razones, un irreprochable estudio de la mentira En él se demuestra que el error es una enfermedad mental pasajera en muchos seres y crónica en no pocos casos, porque quien la padece pierde el sentido coordinador de las cosas y de las ideas, pervierte su inteligencia y desnaturaliza la verdad. El embustero es un demoledor que hace lo posible por derribar lo que la probidad intelectual de los demás ha edificado. Duprat considera la mentira como un hecho psico- sociológico de sugestión, verbal ó escrito, por el cual se tiende unas veces deliberadamente y otras sin intención á introducir en el espíritu del prójimo una creencia positiva ó negativa que no esté de acuerdo con lo que se supone ser la verdad. Lombroso hace notar que la simulación, el disimulo y la mentira están muy arraigados y extendidos entre los criminales, vicios que atribuye á la indiferencia por todo bien moral que singulariza á los degenerados. También acusa á los epilépticos y epileptoides de embusteros sin tasa ni medida. La disociación mental que se produce en estos anormales es un estímulo casi irresistible para la mentira. No mienten siempre con cálculo, sino arrastrados al embuste por una fuerza desconocida, á la cual no pueden escapar. Yo tengo un amigo epiléptico tocado de la manía literaria. Y este hombre, que es dueño además de un espíritu imitativo que asombra, don que le permite asimilarse diversos estilos de escritores, miente con tan descarada audacia, que en ocasiones me he creído tomado adrede como blanco de sus burlas Se atribuye conquistas amorosas, negocios literarios, amistades políticas, y todo fuera de la realidad. Cuando me encuentra se coge de mi brazo- -tiene predilección por el izquierdo- -y me lo agarrota, mientras vacía su fantasía contándome quiméricos episodios de su vida. Sé que miente, pero sé también que es un irresponsable. Un médico que lo conoce me ha asegurado que es un epileptoide sin remedio. Duprat suscribe la opinión del doctor Azam considerando el histerismo como fuente inagotable de mentiras. A veces sus embustes nacen de una incapacidad sensorial, pero casi siempre mienten por perversión imaginativa. No pueden seguir las fases de un razonamiento porque su atención se fatiga y se fraceiona, repartiéndose en diversas direcciones sin fruto. De ahí el que en su pensamiento sólo queden flotando al cabo de ana conversación unas cuantas imágenes sin nexo que las una con la realidad. Los motivos que impulsan á los histéricos á mentir, son casi siempre difíciles de descubrir y á menudo ignorados hasta de la misma persona embustera. Duprat sostiene, sin embargo, que los estímulos más favorables á la mentira en los histéricos son su inestabilidad mental, su exagerada ligereza de espíritu, su incoherencia imaginativa, su tornadizo humor y su dificultad para ordenar sus tendencias afectivas é intelectuales. Los niños mienten con más frecuencia que las mujeres y los hombres. Las causas de ese vicio suelen ser generalmente el miedo, el orgullo, la vanidad, el amor propio, el pudor, la fanfarria, la concupiscencia, la propensión intelectual á la mentira, el ilogismo, las tendencias estéticas y sociales y las inclinaciones antisociales. Duprat, sin reconocer una superioridad visible en la mujer para mentir, la disculpa diciendo que si falsea la verdad á menudo es para prevenirse contra la rudeza, la insolencia y los injustos rigores del hombre. Miente la mujer como todos los seres que pertenecen á razas ó especies que han sido oprimidas largo tiempo en la esclavitud, pero no porque su índole las fuerce á alterar la verdad. El libro de Duprat es tan rico en ideas y tan copioso de observaciones, que de seguro suministrará materia para otra crónica. Temo, sin embargo, que el asunto parezca poco ameno á los lectores de A B C. De todas suertes, creo que es labor sana la de vulgarizar estas cosas, porque destruyen supersticiones y avivan la curiosidad intelectual. No todo ha de ser latas á beneficio de los hombres políticos y para daño y aburrimiento del público, que no cree ya en esas vaciedades que proceden del Congreso y del Senado. MANUEL B U E N O LOS LOCOS I a locura es la sombra más triste de la vida, y lo que aleja más al hombre del hombre. Siendo los pobres locos carne y quizás espíritu, como nosotros, hay en sus rostros una visión maldita que nos horroriza y nos hace huir. Y en medio de los malos sueños, la quimera de sus rostros iluminados y de sus miradas fijas nos estremece de miedo y de frío. ¡Pobres locos! Ved cómo, sin saber por qué, los hemos arrojado de la vida á un rincón lejano. Observando las costumbres de estos desterrados de la vida, se nota en ellos una tendencia á los sentimientos que más ennoblecen y que más purifican; y es raro encontrar locos groseros. Ordinariamente, son amables; son, ó quieren ser, distinguidos; tienen maneras elegantes, manías aristocráticas, gestos llenos de gracia y de altivez; y hay una ráfaga de ensueño puro y doliente en sus éxtasis, en sus amores sentimentales, en sus romanticismos. A más de esto, son nobles trabajadores: yo he visto admirables labores de locos, en grandes hojas de árboles, en madera, en barro; y las artes, sobre todo la pintura, son refugios de sus cerebros descompuestos. Entre estos artistas, los hay verdaderamente maravillosos. He podido admirar toda una colección de acuarelas de un antiguo ministro español que murió en el sanatorio de Castel d Audorte después de una prisión de treinta años. Todos los sueños de nuestras noches de fiebre; esas mismas apariciones de jardines y palacios que á veces pasan ante nuestros ojos turbios en la vigilia como un recuerdo lejano y fantástico; quimeras de oriente, paisajes de magia, tierras de oro y de diamantes, toda la visión exótica que á veces se inicia y se pierde en la bruma de nuestro cerebro, ha encontrado una interpretación que asombra por su justeza en el pincel nervioso y extraño de aquel hombre loco... Estos son jardines r o jos y azules, de un vermellón chino, de un azul de Prusia, con una flora como tesoros de piedras preciosas; con una fauna rara, elefantes amarillos y verdes volando bajo un cielo negro. Este es un valle constelado materialmente de flores, por donde pasa una doble mujer desnuda. Estas son unas gal erías extraordinariamente laberínticas, á pequeños mosaicos de todos colores. Estas son unas fuentes suntuosas llenas de un agua dorada... Es muy digno de observarse que las figuras humanas siempr- e aparecen con una doble personalidad en estas pinturas extrañas; aquí hay una mujer desnuda: y ved, se diría que la figura tiembla; tiene, á la manera de una aureola, otra indicación del mismo cuerpo; y tiene cuatro pechos, cuatro ojos, dos bocas, cuatro orejas, cuatro brazos; y le salen resplandores del cerebro y del corazón COS DE LA CARRERA DE SAN JERÓNIMO. Habiendo ya convenido con el público en que la Carrera es la continuación de las antiguas gradas de San Felipe, modernizadas y traducidas al francés, demos nuestro habitual paseo para sorprender la opinión política, filosófica y social- -no dirán ustedes que no soy modesto- -que en la calle palpita. de Servia? ¿Pero todavía se ocupa la gente de eso? -Sí, señor; y viene á probar una vez más la verdad de aquel refrán castellano: Quien mal anda, mal acaba ¿Y se conocen todos los detalles y se sabe lo que va á pasar en definitiva? -Se conoce todo: las versiones son distintas y hasta contradictorias; y si esto pasa en Europa en la época presente y con los medios de información que existen, calculen ustedes cuando dentro de un siglo los historiadores más concienzudos busquen las colecciones de periódicos para hacer su labor; entonces... ¡ah, señores... ¿Discurso? Abur, cuénteselo usted á Rodríguez San Pedro. I os exámenes por libre se hacen con exrraor dínario rigor. -Como que todo lo que sea pretender que se aprenda en los libros, es absurdo. ¡Hombre! -Sí, señor; donde se estudia es en el mundo y en el gran libro de la Naturaleza, y no en textos, ni oyendo explicaciones anodinas. -Cierto; para aprender latín y griego, nada Este loco artista también ha dejado un álbum de vercomo un paseo por los Alpes; para la Ley de sos, escritos en metros regulares, bien m e d i o s bien Enjuiciamento, la cuarta de Apolo; y para la aconsonantados; en cada hoja del álbum hay sóio, un verQuímica, el Jai- Alai. so, y debajo una fecha; el verso está como grabado en una letra clara, segura; y C í señor; usted vive en una casa por la que pasar varias páginas. Son para leer una estrofa hay que conceptos ininteligibles. paga cinco mil pesetas al año: al cabo de dos, Artista también era una mujer enlutada, de cabellos se muda y le devuelve su casa al casero; él debe de plata lisos y apretados, que vi una tarde allá al fondo devolverle á usted las diez mil pesetas: los dos de una avenida, bajo el cielo angustioso de un crepúscuhan usado ustedes de una cosa ajena. lo de tormenta. Fuimos á entregarle una caja de dulces que su pobre marido nos dio para ella en la estación de- -Camaráa... -La misión de la riqueza es la satisfacción de Dax. Esta pobre mujer sufría horriblemente; tenía las las necesidades, la sociedad es el cambio; hay dos pálidas manos sobre el corazón, en una actitud dolorosa; sus hundidos é iluminados se espanunos que tienen riqueza y otros que tienen nece- tosamente. ojosnos abrazó llorando... Nosabrían después Se dijo sidades; luego venga la riqueza de los unos para ¡que aquel día había sufrido tanto! Aquel día fue terrible satisfacer las necesidades de los otros. para ella: figuraos que le habían pasado por el corazón- -No está mal; ¿pero y lo de la casa? quince vilanos, quince mariposas, quince estrellas. Esta- -Consulte usted con el sufragio universal si pobre mujer creía que todo lo que iba bajo el cielo del debe pagarse el arrendamiento de las fincas, y jardín- -estrellas, mariposas, vilanos- -le atravesaba el como los inquilinos están en mayor número, po- corazón. De las cosas que más pena me han causado en mi vida, dría llegar á ser derecho escrito lo que es ya casi una costumbre; y no olvide que la costumbre una es el sentimiento maternal de los locos. Gozan con es, ni más ni menos, que el período de incuba- las muñecas y las cubren de besos. Mi corazón ha estado mucho tiempo junto al de una pobre muchacha de ción de la ley. veintidós años, una muchacha rubia, blanca, muy rubia Y a sabe usted, D. Leandro, que le molesto y muy hlanca. Era una tarde de primavera. Esta pobre poco; pero cesante y con cuatro ó cinco muchacha iba por el jardín, callada y melancólica, joven y bella, entre las flores y al amor del cielo azul. A la hijos... puerta se paró una niña pobre, sucia y morena, que lle- ¿No está usted seguro? vaba en el brazo derecho un niñito recién naci do y en el- -Es que no sé ni lo que me digo: déme us- izquierdo una botella verde, con aceite. La pobre muted cuatro pesetas para que cenemos esta noche. chacha se les acercó, dio con su abanico unos golpecitos- -Hombre, antes cenaban ustedes con dos pe- llenos de dulzura y de cariño en las mejillas del niño recién nacido, miró un momento hacia atrás con desconsetas. fianza, y le dejó un beso sonoro, un beso henchido de- -Sí, señor; pero hoy tenemos convidados. corazón, sonoro, tierno y con lágrimas. Y mientras la onque tenemos el Congreso ya definitivamen- niña la miraba con manso agradecimiento, se perdió, te constituido? huyendo, en el fondo dorado del jardín. -Sí, señor; y ahora se trata de reconstituirlo: Y mirad este otro idilio doloroso: en un mismo patio por eso dice Maura con el dedo en alto, como de locos había un hombre furibundo, que se defendió á el Niño de Dios y el doctor Munyon: Predi- tiros cuando fueron á encarcelarlo, allá en su juventud, lectos, ¡no os dejéis debilitar! y un niño sin madre; un niño idiota y sin madre. Este niño iba vestido con la blusa negra de los niños pobres- ¿Y qué les van á dar? franceses; tenía un cinturón negro, un sombrero de paja- ¡Como no les den Somatóse! amarillo con dibujos negros; no podía hablar; reía estúlogra hacer su camino, andando lo pidamente; todo le asombraba, todo le producía espanto, mismo cabeza arriba que cabeza abajo. y apenas sabía andar, y apenas sabía comer. El hombre- -No me extraña: ha habido diputados que furibundo lo ha mirado primeramente con extrañeza; al han empezado su carrera electoral cabeza abajo, otro día lo ha acariciado, y desde entonces ya no se que es todavía más difícil, y ahora los tiene us- apartó de él; le guardaba sus postres, le limpiaba la ted cabeza arriba y arrellanados en su escaño; frente con su pañuelo, le llevaba de la mano por el jarlos árboles, las tardes todo esto sin bicicleta y sin haberse expuesto á dín. Y allá, bajoque se había jugaban por un hijo, y este hombre feroz, encontrado este romperse nada: para ejercicios diavólicos la comi- niño idiota que se había encontrado, en un patio de sión de actas. locos, una madre. JUAN R. J I M É N E Z JUAN VALERO DE TORNOS -r- iKir r- nnüi i iirn- tn i-