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J U N I O D E 1866 3 aquellas épocas, las Marchisios arrebataban R á la buena sociedad cantando La Semíramis en el teatro Real; la zarzuela, con Salas y Caltañazor, hacía las delicias de la generación que hoy es- vieja, y que entonces se llamaba la jeunesse dorée; Farrugia daba de comer en el Armiño; el Tato era el torero de moda; se hacían comedias en casa de González Bravo, y el general O Donnell era Presidente del Consejo. -El 21 de Junio hubo una comida oficial en la Nunciatura, á la que asistió el duque de Tetuán, y se retiró temprano á su casa; porque á pesar de lo que se venía hablando de la gorda- -frase que nació por los años de 1864, -no tenía ni siquiera idea de la aproximídad de los sucesos. En la madrugada del día 22, y cuando ya en 51 cuartel de San Gil había estallado el movimiento, el Presidente del Consejo tuvo la primer noticia, montó á caballo, y habiéndose encontrado en la calle del Barquillo al duque de la Torre- -que iba sólo acompañado por un ayudante, -formaron su plan, que principió con la hazaña del general Serrano, que por un golpe extraordinario de valor y de audacia se fue r. olo al cuartel de la Montaña, haciéndose dueño de las tropas que allí había, y batió á los insurrectos, con quienes la fuerza acuartelada en la Montaña estaba anteriormente comprometida. El general Prim era el escogido por la Junta revolucionaria para ponerse al frente del movimiento, pero como estaba en el Extranjero y el tiempo apremiaba, lo dirigió el general Pierrad, que salió de Soria, donde residía, el día 19. La generación actual no tiene idea de lo que en Madrid era una revolución, ni de los esfuerzos que la generación vieja ha hecho por asegurar la libertad en aquellas épocas en que los políticos eran románticos, se informaba la política en la pasión, y se ponía la vida al servicio de una idea. Madrid amaneció erizado de barricadas, y los que las defendían iban allí, no por ambición personal, sino porque creían que cumplían así con las exigencias de su conciencia: eran otros tiempos, no se conocía la ponderación de fuerzas; el que desertaba de un partido se le consideraba de mala manera y se le denominaba resellado, Los que se llamaban Generales de la Reina, así se les nombraba durante los días de revolución, iban también con ideales, y toda la política podría ser menos científica, pero era más sincera. La lucha duró en las calles de Madrid desde la madrugada hasta las seis de la tarde, se hizo fuego de fusilería y de cañón en todas partes, y desIpues de haber caído herido el general Pierrad cerca del Hospital Militar, se empezó á dominar z movimiento, cuyas consecuencias fueron aterratíoras, porque sólo las fuerzas del ejército, entre nuertos y heridos, tuvieron, según el parte oficial, Seiscientas ocho bajas, y porque fueron pasados por las armas veintiún sargentos, habiendo sido también grande el número de paisanos muertos y heridos. El hecho del 22 de Junio fue la primer batalla iseria dada oor la Revolución á la Monarquía, la preparación del alzamiento de 1868, y un día de Yuto para la patria. De los políticos de primera fila que figuraron en aquel acontecimiento por una y otra parte, todos han muerto. Los generales O Donnell, Serrano, Hoyos, Córdoba, Quesada, Echagüe, Be ¡tíoya, Cervino, Trillo, Jovellar, Pierrad y los conocidos políticos Martos, Castelar, Sagasta, Moreno Benítez, los dos Olózaga, Aguirre, Becerra y Carlos Rubio, uno de los periodistas más notables del siglo pasado. Los que han sobrevivido á aquel terrible día no olvidarán nunca cuál era la política de aquellas épocas, tan distinta de las orientaciones prácticas que hoy predominan por una y otra parte. JUAN VALERO DE TORNOS prolongación de la calle de Preciados. Una y otra se indican en nuestro dibujo con líneas de puntos, como verán nuestros lectores. Desde la plaza de Leganitos se propone la apertura de una calle en línea recta con un ancho de 20 metros. Esta calle desemboca en la plaza del Callao, que adquiere proporciones de una gran plaza. Desde este punto á la Red de San Luis se proyecta un paseo de 35 metros de ancho, y ésta última se une con la calle de Alcalá por medio de otra vía que tiene, como la primera, un ancho de 20 metros. El trozo comprendido entre la calle de Alcalá y la Red de San Luis, queda al 4 por 100 como rasante única, en rampa. El paseo central, ó sea el que enlaza la Red de San Luis con la plaza del Callao, resulta con una pendiente que no llega a i,5 por 100, y la vía que sigue hasta la plaza de San Marcial queda con dos rasantes: la primera algo menor del 3,5 por 100 hasta la calle de Isabel la Católica, y la segunda del 4,5 por 100 hasta el límite del trazado, ambas en pendiente. Como tiempo de duración de los trabajos de urbanización de todas las vías se fija el de cuatro años. La superficie de terreno á que alcanzan las reformas es de 142.647,03 metros, de los cuales 102.546 corresponden á 358 fincas (3 z 8 casas y 3o solares) y los 39.101,03 restantes, á 53 calles. Se suprimen 19 calles, tienen acortamiento seis, y se ensanchan ó prolongan 28. Las calles que desaparecerán totalmente serían las de San Miguel, Leones, Hilario Peñasco, San Jacinto, Híti, Travesía de Moriana, Travesía de Altamira, Peralta, Fedírico Balart, Parada, Rosal, San Cipriano, Travesía del Conservatorio, Eguiluz, Santa Margarita y plaza de Leganitos. El presupuesto por gastos de expropiaciones, demolición, explanación y urbanización, es de 45.858.745,28 pesetas, y el de ingresos por aprovechamientos y solares resultantes, de 40.359.260,67 pesetas. El ensanche de la calle de Sevilla le ha costado al Ayuntamiento más de nueve millones de pesetas. Siendo el plazo de ejecución de las obras de cuatro años, y debiendo el Municipio garantizar, por lo menos, las expropiaciones de dos de las tres secciones en que se divide el proyecto para su ejecución, necesita disponer de 27 millones de pesetas al empezar los trabajos. Los arquitectos autores del proyecto son D. José López Sallaberry y D. F. Andrés Octavio. Los teatros de verano O i así se llaman porque funcionan en la estación vera niega, no cabe mayor propiedad en su denominación; pero el teatro de verano, realmente fresco, es un problema por resolver. La razón es muy sencilla. Si en las noches de verdadero calor no se puede respirar (con comodidad) al aire libre, y el mismo paseo del Prado es una chicharrera, ¿cómo encontrar temperatura, no ya fresca, pero siquiera soportable, en un local cerrado? La demostración no puede ser más clara. Cuando hace calor, lo hace en todas partes. En esto estamos de acuerdo yo y Pero Grullo. Lo verdaderamente maravilloso es el alcance de la fantasía de algunos empresarios en esto de habilitar teatros de verano... no por arte de magia, que al fin y al cabo es un arte como otro cualquiera, sino por capricho inexplicable de su voluntad caprichosa. Los teatros á que me refiero pudieran llamarse de transformación, sí la realidad correspondiera al deseo. Por ejemplo, un teatro de invierno que, por imposición del empresario, pasa á ser de verano en el intervalo de unos cuantos días. ¿Cómo? Abriendo todas las ventanas, lo cual no modifica la temperatura; pero, en cambio, ofrece la ventaja de establecer corrientes de aire en determinados sitios del local, cuyas corrientes pueden proporcionar á los espectadores excelentes catarros y magníficas pulmonías... Completan las reformas para la transformación poniendo unas cuantas macetas en los vestíbulos y en los pasillos y cambiando ¡as butacas de terciopelo por las de rejilla. En algunos teatros esto último parece un lujo innecesario, y en plena canícula continúan las butacas de terciopelo, dentro de las cuales se toma un baño ruso y el espectador compra el derecho á divertirse con el sudor de su frente. El público, exigente y descontentadizo de suyo, se burla de las iniciativas del emprendedor empresario, renuncia á la gloria de competir con San Lorenzo, y no concurre á esos teatros, por lo cual ninguno prospera, es decir, ninguno llega á funcionar la temporada completa; lo cual hace que el referido empresario exclame filosóficamente: -Pero ¿qué quedrán? Quieren, sencillamente, que no abusen de su paciencia. En ley Je verdad, y dentro de ¡os límites de lo posi- LA GRAN VIA EH n reciente sesión celebrada por el Ayuntamiento de Ma drid, se han manifestado propósitos de llevar á la realidad el proyecto de Gran Via, por el que tanto suspira Madrid. Recuérdese también que en las declaraciones que el lcalde Sr. Marqués de Portago publicó en el número 2. de A. B C, manifestaba también su resolución de empezar este ño, en los meses del verano, las obras de la Gran Vía Creemos que nuestros lectores verán con gusto un croquis de! a proyectada vía y algunas noticias referentes a la construcción. Nuestro croquis comprende también el trazado del antiguo proyecto de Gran Vía, abandonado, según parece, por ser mucho más caro que el actual, así como la proyectada ble, no hay en Madrid más que dos teatros propios para el verano: el de los Jardines del Buen Retiro y Eldorado. Teniendo en cuenta lo que puede dar de sí un negocio de esa índole (siempre difícil y complicado) que sólo puede explotarse tres meses al año- -contando, desde luego, con la constancia de la inconstante temperatura madrileña, -Eldorado reúne las mejores condiciones, por lo bien situado que se encuentra, la comodidad de sus localidades y el lujo y elegancia de su decorado. El teatro de los Jardines tiene una indudable ventaja sobre todos los de su clase. Los jardines, regados copiosamente durante el día, están fresquísimos por la noche... y ¡ya están frescos los que á ellos concurren! Son un vivero de calenturas y de reuma, y el parroquiano de ese teatro durante el verano puede tener la seguridad, ó la probabilidad cuando menos, de que tiene entretenimiento para todo el invierno, y que hasta puede proporcionar ocupación á la parroquia... Por eso recomiendan la asistencia asidua á sitio tan ameno los médicos con poca clientela. Cada uno á lo suyo... y Cristo con todos. La literatura veraniega, en lo que al teatro se refiere, tiene también un sello especial, propio de la estación. En lo general, se producen obras ligeras, de poco abrigo y de ninguna trascendencia. Nada de tesis ni de simbolismos. ¡Qué literatura tan simpática! El teatro es en esa época lo que yo creo que debía ser siempre: un espectáculo alegre y regocijado, de puro entretenimiento, de honesto recreo (sin excluir unos granitos de mostaza) y sin meterse en más honduras ni en más líos. Soportar el calor (ó el frío) pasando el tiempo lo más agradablemente posible. Los autores colocan la acción de sus obras de verano en balnearios de moda, en playas aristocráticas; imaginan asuntos sencillos y trazan argumentos poco complicados, y el público lo perdona todo, y todo lo celebra con tal de que la cosa tenga gracia. Lo que no perdona el público (de ninguna de las cuatro estaciones) es que no le hagan reir en una obra cómica, y á fe que en eso le sobra la razón. El lector y yo conocemos muchas obras malísimas que se han salvado, y hasta se han metido en el repertorio, donde nadie las llamaba, sólo por tener gracia en el diálogo, en las situaciones ó en los tipos. Así como para un guiso de ternera, la ternera es lo primero, para una obra cómica, lo primero, lo indispensable es la gracia- obre todo en obras ligeras, y especialmente en obrasatdé verano. Hasta los títulos suelen estar en armonía con la temperatura. ¡Al agua, patos! San Juan de Luz, El Barquillero, y otros de la misma Índole, prueban lo que digo. Algunas obras, escritas en broma y estrenadas en verano, por no atreverse sus autores á someterlas al fallo del terrible juez en una temporada formal (que así se llaman las del invierno) no sólo han alcanzado éxito brillante, produciendo un dineral, sino que han quedado de repertorio, con justísima razón y con perfecto derecho. Lo que viene á probar una vez más que en eso de predecir la suerte futura de las obras, nadie sabe una palabra. Otra de las cosas que parecen indispensables en las obra de verano, es que la indumentaria sea también con arreglo á la temperatura. Ejemplo vivo y elocuente de lo que digo es ¡Al agua, patos! Como si el título, por sí solo, no fuera bastante para llevar la imaginación á la mayor frescura deseable, salen allí las tiples y las coristas tan ligeras de ropa... que da gloria verlas. En otras muchas obras de esa índole suelen también presentarnos las coristas, y aun las partes principales, al desnudo... y eso me parece una equivocación de los autores. ¿Por qué? Porque el efecto es contraproducente. Hay espectador que, contemplando esos cuadros vivos, sometido á a temperatura propia de la estación y soñando, por relación de ideas, con la Venus de Milo... suda la gota gord: i... De todas suertij, por las razones apuntadas y por otras muchas cuya enumeración sería prolija, los teatros de verano son una imperiosa necesidad de la vida madrileña, y representan) a expansión y la alegría de la más hermosa estación del a i c El verano es también la época predilecta de un número de individuos que, sí no componen una clase respetable y respetada, forman una legión numerosa: La de los desahogados. FRANCISCO F L O R E S GARCÍA