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murallas, á unos mil metros de distancia, se levantan las casas del poblado, también de tierra comprimida. A las cinco y diez minutos el general dio orden de abrir el fuego, lanzando obuses de melínita sobre las murallas exteriores de Zenaga para abrir brecha y descubrir horizonte y el caserío interior. Cuando cayó la muralla, el fuego se dirigió al interior á 2.200 metros. El efecto fue espantoso. Los obuses estallaban en el interior de las casas, haciéndolas saltar. Después se dispararon obuses á otros oasis, especialmente al de Ondaghir, á gran distancia para hacer ver á los marroquíes la potencia destructora de los cañones. Para terminar, el fuego fue dirigido sobre el minarete de la mezquita, situada en el interior de Zenaga y muy venerada por aquellas gentes. La torre quedó cortada y destruidas las dos alas. La destrucción fue obra principal de las piezas de 5 Entretanto, las de yS de tiro rápido seguían los movimientos de los figuiguenses. Estos, que habían hecho trincheras d e lante de las murallas, se dieron á la fuga en cuanto vieron los efectos de los obuses. Otros que se habían emboscado en los palmerales entre el desfiladero del Judio y el de Zenaga, hicieron fuego sobre la artillería, pero sus balas no alcanzaron. A las once dio el General la orden de suspender el fuego y emprender la retirada para Beni- Urif. En este tiempo lanzaron seiscientas granadas, casi todas sobre el T sur de Zenaga, que ha quedado reducido á escombros, y algunas sobre otros más lejanos, para que sus habitantes se hicieran cargo del alcance y eficacia de los cañones con que podían atacarlos. No se tienen, al escribir estas líneas, noticias oficiales de las pérdidas sufridas por los figuiguenses; por las noticias que á Beni- Unif han llevado algunos maraluis, se calcula que se eleva á trescientos el número de muertos y á mayor cantidad el de los heridos; pero se supone que entre los escombros han debido perecer muchos más que aún no han sido descubiertos. Los franceses sólo han tenido una baja: la muerte de un jinete indígena en el desfiladero de Zenaga. El haber realizado M r Jonnart su accidentada expedición después del reciente viaje del Rey de Inglaterra y la aquiescencia ó beneplácito de esta nación hacia la actitud adoptada por la vecina República, cuando tan celosos se han mostrado siempre los ingleses de que ningún otro país ensanche sus fronteras, parece descubrir que la cuestión d e Marruecos ha sido directamente tratada por M r Loubet y Eduardo V i l La prensa francesa, con rara unanimidad, sostiene que no se va á llevar á cabo en el Figuig más que una operación de policía militar, á lo cual les da derecho su Tratado de 1845, sin necesidad de cambio de notas diplomáticas con las potencias interesadas en la cuestión de Marruecos; pero el anuncio de la predicación de la guerra santa, que tanto enardece el espíritu bélico d e esta fanática raza; el odio de estas tribus á los franceses y la naturaleza del terreno en que la guerra tendría que desarrollarse, hacen suponer que ésta sería dura, sangrienta y costosa para Francia, que no se avendría á sufrir las pérdidas que tendría que experimentar sin obtener ventaja alguna, que muy b. en pudieran serla posesión ó dominio del terreno conquistado, y la autorización necesaria, que tanto desean, para construir una línea férrea que uniese á Oran con Fez y después se prolongara por Mequinez al mar, permitiendo la comunicación de la Argelia con el Atlántico y los puertos de Saté y Rabat, sin pasar por el Estrecho, ó también la unión por otro ferrocarril de la Argelia con el Sudán. Como todas estas concesiones envolverían desde luego una preponderancia enorme y extraordinaria de Francia en M a rruecos, y esto no habría de consentirlo Inglaterra, si á ello se llegara es indudable que ambas potencias proceden en el Norte de África de perfecto acuerdo, lo cual constituye á nuestro juicio una verdadera amenaza para el equilibrio europeo. Los propósitos de Francia no han de tardar en verse: el castigo de los marroquíes ha sido duro y terrible; veremos sí sometidas las tribus a las condiciones impuestas por el Gobierno francés, éste limita su acción á lo que ha ejecutado ó continúa desarrollando algún plan preconcebido y seriamente meditado. FERNANDO ALCAZARREÑO TRONICAS, ¿QUIÉN QUIERE EL v GORDO? Bendita sea nuestra suerte! Mientras la junta de Aranceles discute lo de las admisiones temporales para los trigos, se nos cuelan sin discusión las loterías extranjeras. Ya tenemos lotería de Hamburgo, lotería de Budapest y lotería nacional; tres loterías para enriquecernos de golpe y porrazo, y merced á las cuales nos podemos entregar al placer español de no hacer nada en el caso más feliz como dice el anuncio de una de ellas. Bien saben al país que han venido los que atraviesan las fronteras con la suerte en la mano para darnos marcos y florines á cambio de las pobres pesetas, que con hallarse tan despreciadas, todavía excitan la codicia de las gentes del exterior. Aquí se empieza por la lotería de cartones y se acaba por la que mantiene el Estado á pretexto de que produce renta. Para un hacendista todo lo que produce ingreso en el Tesoro es lícito; si la expendición del ácido prúsico fuese una gran fuente de recursos para el Erario, ya estábamos envenenados la mitad de los españoles, porque se fomentaría su uso. Se explica que haya tanta gente parada durante todo el día en la Puerta del Sol y en la calle de Sevilla; se explica que una tribu de mozallones se apodere del Prado durante las horas de luz para jugar al Coz- ball; todos esos que no trabajan esperan de la suerte la fortuna. Como no hay vicio sin supersticiones, los jugadores de sangre no viven en paz desde que en España se disfruta de tres loterías, merced al libre cambio de la suerte. -Esta noche he soñado con osos, dice por la mañana á su cónyuge un marido afortunado; hay que jugar á la lotería. ¡Pero, hijo, si para que caiga un premio hay que soñar con toros! Has equivocado los animales. -No hay tal; eso es para la lotería española; para la de Budapest hay que variar de fieras. Budapest es la ca- pital de Hungría, y no habrás visto por Madrid un húngaro sin su oso correspondiente. Otro, á quien le han ofrecido vaca de Hamburgo en una tienda de ultramarinos, hace las siguientes lógicas deducciones: vaca, es decir, la madre del toro, seguridad de coger dinero. Vaca de Hamburgo: luego en Hamburgo está mi dinero. A buscar el caso más feliz con sus miles de marcos en oro. Y así la fábula de la lechera se reproduce cien y cien veces, y así se reciben desengaños que no escarmientan á los hombres ni en cabeza ajena, ni en cabeza propia, porque al jugador le gusta que la fortuna le dé con la badila en los nudillos tantas veces como quiera. Si en Portugal, que también vive la sabia institución de la lotería, hay quien nos la quiera importar, no faltarán aficionados á tentar la suerte de los reis, moneda que tiene la ventaja de abultar mucho. D Juan Francisco Camacho cortó toda clase de rifas y loterías privadas para evitar que viviéramos en sorteo perpetuo. Había llegado ya el caso de que se rifaba la comida y la ropa, y á seguir por aquel camino, á estas horas ya no habría más ocupación para los españoles que saber el número premiado, para hacerse ropa de invierno, y el averiguar si tenían cada día una aproximación de garbanzos para el cocido. Los hacendistas posteriores no han querido continuar la obra del Sr. Camacho, y hoy son libres todas las loterías extranjeras. Quizá sea un medio de llegar á la baja de los cambios. A fuerza de entrar en España premios en oro, puede que se disminuya el premio del vil metal. Hay que advertir que aquí los sorteos empiezan en el seno de la representación nacional. Se sortean las secciones, se sortean las comisiones que han de ir á Palacio, y se sacan las bolas y el bombo en cuanto hay que tratar de la concesión de una pensión ó premio. Por esos mundos de Dios andan los sociólogos buscando formas de fomentar el ahorro para que el hombre adquiera hábitos de ecDnomía; aquí el ahorro tiene mejor empleo: se lleva el Estado el de muchos individuos para enriquecer á uno por medio del sorteo. La filosofía popular explica este procedimiento financiero con refranes que no tienen discusión posible, como por ejemplo: Para poca salud, más vale ninguna; un grano no hace granero; perdido por mil, perdido por mil y quinientos; después de mí, el diluvio, y el que venga detrás que arree Y con efecto, el que viene detrás del que ni ahorra ni trabaja, no arrea, sino que le arrean y con mucha energía, porque lleva el palo la miseria, que pega muy fuerte y sin descanso. En un Estado donde se sortean los soldados y se sortea la fortuna, por fuerza habían de tener grande acogida las loterías extranjeras: hay que felicitar al San Pedro que nos administra; no puede abrirnos las puertas del cíelo, pero nos ha abierto las puertas de la fortuna, y ya no falta más sino que ella quiera entrar en España. ¡Y á lo mejor sale aquí un español desdichado que quiere hacer pantanos para que el agua no sea un premio grande, sino una riqueza positiva y segura! Gracias á Dios, estos enemigos de la tradición nacional son raros y no lograrán quitarnos el placer de que el azar rija nuestros destinos. Para eso tenemos los Gobiernos, que imponen derechos á la importación del pan y dejan libre la lotería. Merced á esto tiene ocupación un señor que ayer decía: -Llevo una vida muy atareada; ayer compré un cincuentita á fin de mes en la Bolsa; he tenido que buscar el 4 pelao para el próximo sorteo de Madrid, los cuatro treses en Hamburgo, y un número con dos nueves y tres ceros en Budapest. ¡Y luego hay quien censura á los golfos que se lanzan todos los días á la calle á ver sí les toca un número en la decena de) rancho! EMILIO S Á N C H E Z PASTOR eran varones y j 466 mujeres, y una clasificación por edades y por sexos nos da el siguiente resultado: VARONES HEMBRAS De 10 añosa 14 D e i 4- -á 16 De 16- -á 18 Mayores de 18 444 2.260 2. c o5 38.784 5 296 376 719 Una clasificación de los accidentes por sexos, edades, industrias y causas del accidente, así como el conocimiento de las horas en que ocurriera el siniestro y el día de la semana, hubieran sido nociones útilísimas; pero quienes suministraron cifras para la estadística se dejaron tales detalles en el tintero. Asimismo valía el asunto la pena de que en la clasificación por edades se hubiera seguido el modelo del Instituto Geográfico en el Censo de población, porque con ese dato hubiéramos averiguado la proporción de los accidentes con los obreros dedicados al ramo de producción correspondiente, mas también este detalle se ha omitido. Del cuadro último resulta que no hay relación alguna entre los accidentes ocurridos á las mujeres mayores de dieciocho años con las menores de esa edad; ¿por qué? Indudablemente, porque las menores tienen parientes que exijan el cumplimiento de la ley. No aparecen accidentes en que las víctimas sean menores de diez años, y aunque la oficina que hizo la estadística nos dice que esto ocurre porque está prohibido el trabajo á los menores de esa edad, como nos consta que la ley no se cumple, tenemos que suponer que los datos de estadística están amañados en los gobiernos civiles. Los accidentes se clasifican por las horas en que ocurrieron; pero como sólo se forman tres grupos, el cuadro que corresponde á este extremo es inútil. En el formulario que deben llevar los gobernadores se exige que se diga la duración de la jornada en cada caso y la hora en que ocurrió el accidente, y con estos dos datos se habría podido hacer una clasificación racional, no absurda como la nue tenemos á la vista. He aquí lo que resulta cíe los datos oficíales: VARONES HEMBRAS Y NIÑOS Desde las 6 m. á las 12 Desde las 1 2 á las 6 t De las 6 t en adelante 19.516 i8.o5o 4.124 2.o33 68o 4 S 6 El cuadro parece indicar que cuanto más larga es la jornada s. e producen menos accidentes; pero una clasificación de ellos hora por hora, nos diría lo contrario. Seria interesante saber en qué día de la semana ocurren más accidentes; pero falta también este dato. Las provincias que aparecen con más de 1.000 accidentes son Valencia, Vizcaya, Barcelona, Jaén, Sevilla, Oviedo, Zaragoza, Guipúzcoa. Córdoba, Madrid, Cádiz, Murcia, Valladolid, Santander, Málaga y Almería, poblaciones todas donde hay bastante organización obrera; y las que aparecen con menos de 5o son, de mayor á menor, Avila, Toledo, Cáceres, Orense, Albacete y Cuenca, provincias de escasa organización ó eminentemente agricultoras. Las mujeres dan el mayor contingente en Sevilla y Barcelona, y no se registró accidente alguno en Albacete, Cuenca, Granada, Guadalajara, Huesca, León, Orense, Teruel y Toledo. El orden de las industrias en la producción de accidentes es como sigue: Industrias fabriles y almacenes Transporte Construcción Minería Metalúrgica. Varias Agrícola Eléctrica 11.826 11. o31 8.108 6.826 5.1 yS 1.171 j 35 786 La clasificación de accidentes por las causas que los produjeron, indican que no se ha adoptado medio alguno de prevenir accidentes. Y hay casos en queja indemnización por muerte de un obrero sólo ha costado al patrono 28 pesetas. Esto es todo. Sabemos que nuestras censuras no merecerán atención por suponerlas inspiradas en un criterio de hostilidad C L ministerio de Agricultura- -sección de Industria y hacia toda labor gubernativa; y sin embargo, hubiéra Comercio- -ha publicado la Estadística de los accimos deseado haber tenido ocasión de aplaudir. Con una dentes del trabajo en que ha intervenido la autoridad buena estadística se logran bienes incalculables; con una gubernativa durante los años 19O J y 1902. La Estadística es mediana, sin duda porque los go- mala ni aun se puede escribir un mediano artículo. De esperar es que otra vez haya más celo en los que bernadores no hayan llevado cuidadosamente los formusuministran datos para la redacción de tan vitales trabalarios oficiales; el hecho es que la publicación oficial vale jos. Con ello se podrán sacar enseñanzas insustituibles y poco y de ella no pueden sacarse muchas conclusiones y será más lucida la labor de los empleados que formen la enseñanzas. Estadística, que en el prólogo de la que nos ocupa se laEn esta clase de trabajo no debe omitirse detalle alguno por insignificante que parezca, pues á veces de las co- mentan amargamente de lo ingrato de su tarea. sas más nimias se deducen verdades de un grandísimo JUAN JOSÉ M O R A T O valor, y en el trabajo que tenemos á la vista no hay sino lo elemental, de seguro que no por falta de celo en quienes la formaron. Y si las estadísticas han de responder á su objeto y o hay en Madrid día como el día del Graniprix en París. han de ser fieles y seguras indicadoras de reformas y de Obtener el gran premio es para algunos obtener un tímodificaciones, algo así como la expresión de todos los tulo de nobleza, amen de los doscientos mil y pico de francos, síntomas del mal, deben de ser minuciosas y detalladas. que no son cosa despreciable. Este año el dichoso mortal es Las síntesis las grandes líneas no son para este géM Blanc, propietario del caballo Quo vadis, que ha ganado la carrera y consiguientemente el premio. No es la primera vez nero de trabajos, salvo en lo que se refiere á la agrupaque M Edmond Blanc obtiene satisfacción tan grande, pues ción de casos por identidades relativas. también la consiguió en otras cinco carreras. Pero como no hay otra cosa mejor, nos atendremos á La carrera eia de 3.000 metros. Los caballos que corrielo publicado en estos últimos días. ron, catorce. Ganó Quo vadis, hermoso caballo alazán que hizo Y tenemos que en los dos años de referencia se han el recorrido en 3 minutos, i5 segundos y 2 5. Llegaron tras producido 45.85o, accidentes, ocasionando la muerte de él otros dos caballos de la misma cuadra; de modo que su 839 personas, la inutilidad total de 469 y la temporal propietario, M Blanc, liquidó ese día sus ganancias con de 44.551. 85o.000 francos. Hay que advertir que Quo vadis ha obtenido por cuarta vez la victoria. Montaba el caballo el jockey W i De las personas que han sufrido accidente, 44.393 Los accidentes del trabajo NOTAS SPORTIVAS Itnmriinir- fiírcruiiir 111