Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
LA FRONTERA. A TRAVÉS DE DE LA VOZ RECORD EL El siglo último fue el de las luces, según se dijo. El actual va á ser el de los records. En todo va á haber record. Rodríguez San Pedro se propuso batir el de la latitud hablando y el de la lentitud en la carrera política, y le ha batido. Maura se propone ser el campeón de la impopularidad, y puede afirmarse que el record es suyo. Ha habido record del piano, y para conseguirle estuvo un pianista tocando cuarenta horas, hasta que se cayó desmayado. Hay que suponer que antes caerían en locura furiosa los vecinos del piso de más abajo, si la casa tenía ese piso y si el pisó tenía vecinos. Un pintor estableció el record de la pintura despachando en no sé cuántas horas la mar de cuadros, probablemente malos, aunque no tanto como la mayor parte de los que hay en el Palacio de Cristal del Retiro. ¿No ha habido record del canto? En este siglo, no; pero en el anterior, sí, según refieren crónicas muy curiosas que se han desenterrado ahora con motivo de haber cantado un tiple de una iglesia de París cuarenta y una veces seguidas el Ave María de Gounod. ¡Cuarenta y una Ave Marías! Casi un rosario. Un tenor llamado José Maas realizaba un viaje por América, yendo de ciudad en ciudad, según las exigencias del itinerario marcado previamente por la empresa que le había contratado. En una de las idas y venidas, el tren fue asaltado por los indios, que arramplaron con cuanto hallaron en el convoy, incluso con algunos viajeros, que fueron internados en las selvas en calidad de cautivos. Después de algunas ceremonias solemnes, de las que el lector tiene noticia por los relatos que han publicado muchos exploradores ó por las zarzuelas que ponía en escena Arderíus, decidieron los salvajes matar á los cautivos, entre ellos nuestro bravo tenor. No dicen las crónicas si la segunda parte de la sentencia expresaba que el pobre cantante había de ser bonitamente comido después del suplicio, aunque debe suponerse, sobre todo si se admite que los indios reconocieron la condición de cantante de la víctima, que sí, porque es fama que su garganta eta nido de gallos. Observó nuestro hombre que su voz ejercía sobre aquellas gentes una especie de sugestión, y ¿qué hizo? Se puso á cantar. Los indios, subyugados, escucharon primero, rugieron de placer después y dejaron pasar horas y horas sin acordarse de dar al cantante el golpe de gracia. Tanta era la que él les hacía. Si se callaba para dar descanso á sus pulmones y á sus cuerdas vocales, gritaban en su idioma ¡más, más! como quien pide ¡otro toro! ¡otro toro! Opera tras ópera, salieron de aquella boca todas las del repertorio. No había entreacto posible, porque el bárbaro auditorio preparaba en seguida las flechas. Repitió todas las obras y debió cantar lo que se dice una temporada. Creyó el infeliz tenor que su muerte iba á ser la del cisne, al que cuelgan la maravilla de cantar cuando se muere. No será de gusto, probablemente. Tuvo una idea feliz. Pensó que algunos cantos lánguidos predisponen al sueño, recordando sin duda algún concierto de música clásica (si hubiera sido en estos tiempos podíamos pensar que lo había observado cantando ú oyendo cantar las Traviatas, Lucías, Trovadores y demás compañeros, no mártires, sino martirizadores, que ¡todavía! viven) y se puso á cantar cuanto sabía del género propio de amodorrar. El efecto fue rápido. No tardaron los salvajes en dormirse como unos ángeles, si los ángeles duermen, y en roncar á. tadajnáquina. Entonces. se dio á la fuga. Había cantado desde las seis de la tarde hasta las cinco de la mañana del día siguiente. El recurso había sido de efectos infalibles. Pero ¡ved ahí lo que son las cosas! Si llega á tener mala voz ó no sabe cantar bien, consigue antes su libertad. Todos tenemos alguna vecina ó algún vecino, sobre tódo vecina, aficionada al canto. Díganme ustedes si puesta en el caso del tenor de marras, no logra escaparse antes. Porque rompe á cantar, y los indios. no la aguantan once horas, ni una, ni media. Abre la boca, y el auditorio echa á correr despavorido, aterrado, loco... Por algo se dice que la música domestica á las fieras. Pero debe sobrentenderse que cuando se trata de música soportable, porque cuando no lo es, no sólo no domestica á las fieras, sino que enfurece á todo bicho viviente, por pacífico y pacienzudo que le haya hecho Dios. AEMECE Reinaba en España la católica Majestad del Rey Felipe IV de Austria, y era huésped del monarca favorito de las musas aquel príncipe de Gales llamado Carlos Estuardo, que reinó después en Inglaterra con el nombre de Carlos I, y que pereció en el cadalso. Había llegado á Madrid el 6 de Marzo de aquel año 1623 á pretender la mano de la infanta de España Doña María, y el poderoso ministro conde- duque de Olivares y los principales magnates de la corte se desvivieron por obsequiarle. La boda no llegó á verificarse por razones que no son ahora del caso; lo que importa consignar es que con motivo de la estancia del Príncipe inglés en la capital, se celebró la procesión del Corpus más suntuosa que Madrid ha visto, y que su ceremonial se guarda en el archivo de la heroica villa, no sólo como recuerdo, sino para que sirviera de pauta y de modelo para lo sucesivo. Presidió la procesión el Rey, luciendo como joyel de su sombrero la famosa perla la Peregrina, que era propiedad de la corona de España y no tenía rival en el mundo. Marchaba á la izquierda del Monarca el Príncipe heredero, y detrás, entre dos cardenales, Espinóla y Zapata, el Nuncio de Su Santidad. Seguían el obispo de Pamplona, el Inquisidor general, el Patriarca de las Indias y todos los embajadores que había en Madrid, y cerraba la comitiva un brillante grupo de Grandes de España, á cuyo frente iba, arrogante y espléndido, el conde- duque de Olivares, el amo verdadero de España en aquellos momentos. Hasta que estuvo muy adelantado el pasado siglo se continuó celebrando en Madrid con gran pompa la festividad del Corpus. Se entoldaban con lonas rayadas de azul y blanco las calles por donde había de pasar la procesión; se enarenaba el piso; los elegantes de ambos sexos elegían este día para lanzar las modas de verano; la aristocracia se lucía en los balcones de Oñate; la gente oficial y adinerada, en los del Ministerio déla Gobernación y de la actual Dirección de Correos, y apenas había pasado la Custodia se formaba en las calles Mayor y de Carretas vistosísimo paseo en- el que las bellezas genuínamente españolas lucían las mantillas blancas prendidas con claveles, y las extranjerizadas Jas capotas de raso, en cuyo fondo resaltaba su cara. Era el día clásico de los sorbetes y de la leche merengada de Pombo, y de los barquillos rellenos del Suizo y de la Iberia. Casi todas estas costumbres han desaparecido. Un periodista insigne muy aficionado, á pesar de sus ideas democráticas, á los recuerdos de! siglo de oro de nuestras letras, D Andrés Mellado, quiso resucitar siendo alcalde de Madrid los esplendores del día del Corpus y organizó una procesión fastuosa. Pero salió sólo el año en que él desempeñó la alcaldía, volviendo después al decaimiento de que hoy se da tristísima muestra. Para presenciar el Corpus en todo su esplendor hay que ir á Toledo, á Burgos, á Sevilla, á León, á las ciudades de a s históricas catedrales, y sobre todo á Granada y á ¡Orense, que celebran hoy sus fiestas. España es la nación que más ricas y artísticas custodias puede ostentar. Desde que allá en 1413 (siglo xv) en que el canónigo Despujols regaló á la catedral de Vich la más antigua que se conoce, hasta la de Córdoba, que es de 1 51 3, se enriquecieron nuestras catedrales con preciosas joyas del arte gótico y del plateresco, debidas á Becerril, González Rujz, Lamaison, Segura y, sobre todo, á Enrique Arfe y á su hijo y nieto Antonio y Juan. La custodia de Toledo fue mandada labrar por el famoso cardenal Jiménez de Cisneros, que sacó su construcción á un concurso en el que presentaron proyectos Copín, Borgoña y Enrique Arfe, siendo preferidos por el cardenal los de este último. Sigue en importancia á la de Toledo la de Córdoba, y luego las de Zamora, Sahagún, Salamanca y Cádiz. La custodia de Sevilla es la más notable que hizo Juan de Arfe, y su construcción dio lugar á ruidosas discusiones en el cabildo En fin, de custodias está muy bien la España, y otro elemento aparece en las procesiones del Corpus que va á superar al que figuraba en el siglo xvi: los frailes. inspirar por la nariz y espirar por la boca, que deberá llevarse cerrada, oprimiendo entre los dientes y labios una boquilla inhaladora de mentol y brea. 2. Las fosas nasales del automovilista deben estar siempre bien limpias, desobstruidas y dilatarlas todo lo posible á fin de que sin dificultad penetre el aire y pueda respirar por ellas. 3. Debe procurarse en la marcha llevar el cuerpo lo más verticalmente posible, procurando sacar hacia adelante el pecho. 4. Antes de salir de excursión, el automovilista deberá ablucionarse con agua fría la región anterior del tórax en verano y con alcohol en invierno. 5. Las vestiduras del excursionista han de ser holgadas, sobre todo de cintura arriba, á fin de que los pulmo ne s no encuentren obstáculos para su amplia dilatación. 6. Si la velocidad que ha de llevarse es mayor de 3o kilómetros por hora (que es la más higiénica) debe preservarse el rostro con una fina gasa coloreada ligeramente de azul pálido. y. Durante las excursiones no se debe fumar, ó fumar poco. Con estas sencillas precauciones todo automovilista puedetener la evidencia de que el paseo en su máquina le reportaría beneficiosos efectos, traducidos en mayor actividad de la respiración, desarrollo de la caja torácica, aumento de la capacidad de los pulmones, mayor oxigenación de la sangre y, en una palabra, gran tonicidad del organismo en general. DOCTOR CORRAL Y MAIRÁ LA MODA MASCULINA p algún hombre elegante que no tenga formada á estas horas una opinión definitiva acerca de aquellas prendas que deben dar á su toilette todo el cachet de una suprema elegancia? No lo creo; pero si los hubiera, sepan los indecisos y los que todavía no quieren dar su adhesión á las nuevas formas, esperando, tal vez, otras más sensacionales ó inéditas, que sus esperanzas son vanas. Los genios creadores, los arbitros, acaban de pronunciar su última palabra para la presente estación. Al menos, así lo aseguran formalmente les grands faisseurs, y éstos no se equivocan nunca. Por cierto que no carece de originalidad le dernier vri de la toilette de chaquet. Los maldicientes y los que no pueden seguir las volubilidades de esa soberana señora á quien llamamos la Moda, los envidiosos, en fin, me dirán que todo esto no son más que las variaciones introducidas por el capricho de unos cuantos para distinguirse, para atraer sobre ellos las miradas de los necios. Pero no lo creáis; la moda tiene su importancia en el mundo, y sirve, entre otras cosas, para apreciar el grado de refinamiento en los gustos de un pueblo civilizado. Su forma es de líneas severas y tiene todo el cachet de lo inédito. Por la novedad del tejido y su corte derniére creation podéis considerarlo como una brillante fantasía de la elegancia parisiense. La originalidad se la dan los bolsillos, que van colocados verticalmente en el centro de los faldones. Se llevará siempre abierto á pesar de tener cuatro botones, que sólo en casos excepcionales debéis abrochar. El talle pasa solamente de dos y medio centímetros el nivel de las caderas, y los faldones tienen un largo de 5- á lo sumo; cuello pequeño y poco alto; solapas chicas con unas muescas minúsculas, pero muy abiertas; el delantero absolutamente recto de caída, excepto en la parte de los faldones, que están más redondeados y quedan más abiertos que en los de principio de temporada; dos bolsillos colocados verticalmente en el centro de los faldones, como antes he dicho, y otro pequeño, adornado con cartera, en el talle para la fosforera. Todo esto pespunteado casi al borde. Pantalón del mismo tejido, armonizando graciosamente con el chaquet. El pantalón no ha sufrido variaciones muy notables; siempre recto, bien ajustado, pestaña casi imperceptible sobre las costuras exteriores y muy ceñido sobre el pie. Chaleco blanco con florecillas ó diminutos lunares de color; de forma recta, chai redondo y pequeño; lleva seis botones, ni uno más ni uno menos. Como dibujos de telas, los cuadros, no muy grandes y poco definidos, serán los más sensacionales, aunque en estos momentos son algo prematuros; pero el calor los confirmará. Los paños de estación con fondo azul obscuro y pintitas casi invisibles ó á rayitas de colores gris, rojo y amarillo, muy unidas y apenas perceptibles, haceh furor. Los de listas blancas están condenados a! olvido. ¿Queréis ahora completar vuestra toilette con toda la indumentaria del más refinado chic? Pues para paseo el traje, tal y como os lo describo y el grabado os ordena, agregándoos sin ningún género de dudas: Camisa blanca con pechera á grandes tablas; cuello Tabarin y puño Chantilly, con gemelos de oro á cadeneta y motivos art nouveau; corbata petit plastrón de colores no muy subidos. Bota forma Grand Sottier, de piel de poulin russe. Guante Derby, color avellana. Sombrero de copa á huit réflec. Para calle: Camisa blanca con pechera á múltiples pliegues y cuello Cetrone ó Ideal, puños Lafayette, con gemelos de oro, de botón y guarnecidos de piedras finas; corbata J (egata de color muy vivo y formando un nudo diminuto Chaleco lo mismo que el chaquet, pero de forma cruzada, sin chai y dos filas de cinco botones. Carteras en todos los bolsillos, que serán tres solamente, uno menos que tenían, los- anteriores. KASABAL RETAZOS HIGIÉNICOS L AUTOMOV 1 LIS- co e el punto de vista higiéniDesde MO Y LA SALUD. automovilismo es útil cuando se practica como medio turista, pero es nocivo si se efectúa como medio profesional. Una excursión en automóvil por buena carretera con uña velocidad máxima de 70 kilómetros por hora, es beneficiosa para la función respiratoria del excursionista: en cambio, una marcha á mayor velocidad que la indicada es altamente perjudicial, pues la rapidísima entrada del aire en los pulmones produciría graves trastornos en la circulación de la sangre, ocasionando congestiones y flegmasías. Por el contrarío, la marcha en automóvil á una velocidad prudencia) origina beneficios múltiples en la salud del excursionista, que se observan por un aumento de oxigenación de los pulmones que los vigoriza y los coloca en una verdadera inmunidad para las afecciones de pecho (bronquitis, pneumonías, tisis, etc. y por una tonificacíón general de todo el organismo humano. Dedúcese de lo expuesto que puede considerarse como higiénico el automovilismo cuando este sport se practique como turismo en excursión, siendo pernicioso cuando se efectúe como medio profesional en carreras á grandes velocidades. Pero para que estesporf, aun efectuándolo en excursión, resulte higiénico, es preciso que el automovilista tenga en cuenta y practique los siguientes preceptos: 1. Para respirar higiénicamente en automóvil- es preciso E EL CORPUS AERÁ hoy sobre la sagrada Custodia lluvia perfumada de hojas de rosa; se lucirán en las ciudades históricas los antiguos tapices, y las casas solariegas que se alzaron á la sombra venerable de las catedrales, levantadas por el entusiasmo y la fe de muchas generaciones, adornarán sus viejos muros con los reposteros blasonados de damasco y terciopelo; pero la festividad del Corpus no será ya, sobre todo en este Madrid tan variable, lo que era en otros tiempos: un acontecimiento solemnísimo en el que tomaban parte todas las clases sociales. Al día del Corpus va unido el recuerdo de los Muios sacramentales, que se representaban en la plaza de la Villa, y el de las primeras Exposiciones de cuadros, que se celebraban al aire libre frente á la casa de Oñate, en la calle Mayor. Un día del Corpus hubo entre todos solemnísimo en Madrid: el del año 1623, que cayó en 15- de Junio. IflIIftílB un inmuta m IT