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trás de otras señoras; y no hay razón para desatender á lo que obliga la más rudimentaria educación. La persistencia en no abandonar los sombreros es Todo el que haya visitado París en estos tres años causa de que lleguemos á oír las protestas nada lisonjeúltimos, conocerá de seguro su Metropolitain y ras, y hace poco en Bolonia, en el Teatro de la Duse, los quien no haya estado en la gran capital habrá oído haespectadores protestaron furiosos porque no veían la reblar de esta vía de comunicación, semejante á la que presentación, y las señoras tuvieron que optar entre detambién existe en Londres. jar los sombreros ó salir del teatro. Estas líneas de circulación subterránea, indispensable Yo no me atrevo á calificarlos de poco galantes. Tienen ampliación de la de las calles, atestadas de vehículos y un derecho indiscutible á que no se les moleste. ¿Qué peatones, es una gran obra de ingeniería que en la actuadiríamos nosotras si ellos no se descubriesen? lidad está en su período álgido por los trabajos de la Y preciso es confesar que hasta por higiene los homplaza de Ja Opera, donde se está construyendo un inmenbres podrían invocar más argumentos para permanecer so bloc de manipostería, perforado por tres túneles cubiertos. Ellos están más expuestos á sentir la crudeza que darán paso á las tres grandes líneas que allí han de de la temperatura, de la que libra á las señoras la abuncruzarse, en la disposición que ofrece la figura adjunta. dancia de la cabellera. Una de ellas va desde la calle Auber á la del 4 de SepAdemás, la sala de un teatro no presenta un aspecto tiembre; otra del Palais- Royal á la plaza del Danube, tan bello con las blancas calvicies naturales ó prematuras y la tercera, desde Auteuil á la Opera. La primera descomo el que le dan los lindos peinados de las damas. embocará por la avenida de la Opera para ganar la calle Si las señoras se decidieran á ser amables una vez Halévy; la segunda seguirá la línea de los grandes bulemás, r o respetando una moda absurda y presentándose vares. Como indica el grabado, estas tres líneas se cru- sin sombrero en las butacas, se convencerían de lo mucho zarán á diferentes niveles en el enorme blocs, que tiene que ganaba la estética con los bonitos peinados de soirée. la forma de un prisma triangular. Su base medirá 40 mePero antes de dar toda la culpa á las señoras, entre tros de largo por 26 de ancho y 21 de profundidad las que hay muchas que gustarían de lucir sus hermosos bajo la superficie de la placa. El cimiento estará unos cabellos adornados con un espnt ó una joya, es preciso diez metros debajo del agua. ver las condiciones que concurren á la obstinación de no La duración de los trabajos se calcula que durarán abandonar el sombrero. ocho meses. Los ingenieros preveen que ofrecerá no Con frecuencia, antes de ir al teatro, se va á un paseo pocas dificultades la construcción de esta parte de la red ó una visita, en la que no es posible presentarse con la metropolitana, por los obstáculos que presenta el terrecabeza descubierta ni con tocado de soirée. no que ha de ocupar la bóveda. El coste de estas obras La razón es atendible. calcúlase en veinte millones de francos. Si los empresarios colocasen guardarropas gratis donAunque dichas colosales construcciones no pueden de las damas pudiesen dejar sus sombreros, entonces no efectuarse sin producir molestias y hasta perjuicios en el habría ninguna excusa. vecindario y en la vida vertiginosa de una población En el Extranjero se hace lo que propongo, y en París como París, las admirables disposiciones adoptadas han el director del Teatro de la Opera, M Gaílhard, ha proreducido al mínimum posible las indicadas contrariehibido á las espectadoras de las butacas y de las primeras dades. filas de anfiteatro ir con sombreros, pudiendo llevar á los palcos y á las demás localidades el tocado que gusten. Aquí un amable empresario (el de Price durante la última temporada de zarzuela) se propuso seguir este consejo y no pudo llevarlo á efecto, sin duda por la falta de unidad de criterio con los empresarios de otros teatros, puesto que el acuerdo necesita ser genera) Me aseguran que el mejor medio de hacer desaparecer del teatro estos incómodos adornos, es permitirlos sólo á las señoras de edad. No se vería ninguno. x- f T L METROPOLITANO DE PARÍS. OBRA NOTABLE DE INGENIERÍA CARMEN DE BÍSRGOS SEGUÍ El ferrocarril Metropolitano es ae tracción eléctrica, pues la de vapor resultaría imposible por causa del humo de la máquina. Las bóveda del subterráneo están revestidas de ladrillos blancos, que con la htz de los trenes despide argentados reflejos, produciendo fantástico efecto. La velocidad del convoy es la de los trenes expresos, y las paradas son brevísimas en las numerosas estaciones del trayecto. El viajero que no está atento á la llegada de la estación de destino, tiene que bajar en la siguiente. Para dar una idea de la enorme importancia del Metropolitano parisiense, no hay más que recurrir á la última estadística, que acusa un movimiento de 445.31 5 viajeros en un solo día y un producto de 75.85o francos. Para hacer frente á semejante afluencia de viajeros se necesita un material numerosísimo y un verdadero ejército de empleados. En fin de Marzo la compañía contaba con 1.900 agentes en el servicio activo y 200 en las oficinas. El material es lujoso y confortable, construido con arreglo á los últimos modelos. Pero como todas las medallas, ésta tiene también su reverso: el peligro que entraña las socavaciones del subsuelo de París. La trepidación del incesante paso de los trenes constituye una lenta labor destructora, y la falta de materiales en la cimentación de la gran ciudad puede dar origen á una catástrofe originada por algún fenómeno seísmico. A TRAVÉS DE LA FRONTERA. UN DRAMA PROHIBIDO No hay nada que excite tanto la curiosidad como lo prohibido. El misterio es tentador. La prohibición dictada por las autoridades para algunas obras de teatro ha asegurado el éxito de éstas. Aquí en España hemos podido apreciarlo. Hace algunos años prohibió el gobernador de Madrid, Sr. Comelerán, la representación de Elpuesto de las castañas, obra de Navarro Gonzalvo. Cayeron los conservadores, subieron los liberales, autorizaron la representación, y la obra obtuvo gran éxito, aunque valía muchísimo menos que Los bandos de Villafrita, que tanta popularidad dio á su malogrado autor. Tres ó cuatro años hace que también el Gobierno francés prohibió la representación de ana comedía titulada TJhomme de l oreille coupée. Y el autor, vendiendo ejemplares, halló más beneficio probablemente que haciendo representar su obra. Algo parecido acaba de ocurrir en Berlín, donde la censura prusiana había prohibido la representación de un drama de Heyse, María de Magdaía. Todos los recursos legales contra el acuerdo de la censura fueron apurados, sin obtener favorable solución. Pero Heyse, que no habría obtenido grandes rendimientos con las representaciones de María de Magdala, según los críticos que han presenciado la única representación, ha vendido en un periquete la primera edición de 3o.000 ejemplares. Y se da prisa, naturalmente, á publicar la segunda. UNT 1- V 1 NSA Para esa única representación autorizada, ha sido preciso que una sociedad, la Liga Gcethe, haya costeado la OTAS FEMENINAS. LOS POMBRE- función en provecho único de sus asociados. Claro es que éstos han aumentado, y como las autoridades deterROS EN EL TEATRO minaron que fuera de los socios no podrían entrar en el teatro ni los periodistas, muchos de éstos se han hecho No es la primera vez que me ocupo de esta cuestión, socios de la Liga y han visto la representación de María tema debatido con exceso pero siempre de actualidad. de Magdala en el teatro Lessing, para dar cuenta de Generalmente los caballeros, que son los perjudicados ella á sus lectores. con la moda de Jos sombreros en el teatro, han emprendido campañas contra ellos, sin poder lograr sus deseos, pues El drama no ha satisfecho por completo al público, las señoras desatendieron la voz de la justicia para escupero el éxito de la venta del libro es seguro. María de char tan sólo la de una mal entendida coquetería. Magdala es un drama casi bíblico, aunque sus personajes Hoy las damas tendrán que perdonarme que me pase no tienen la grandeza ni la poesía que los del Evangelio. al bando enemigo, y que la razón me oMigue á ponerme Puede decirse que es un drama paralelo al de la Pasión, de parte de los caballeros. porque éste se desarrolla fuera de la escena, y los persoNada es tan irritante y molesto para el que desea ver najes de Heyse cuentan los episodios del drama divino la representación de una obra, como la compacta muralla que ocurre muy cerca, en casa del publicano Simón, en de sombreros que le impide distinguir el escenario. las colinas próximas de Gethsemaní y del Gólgota. Y la moda exige cada día los se ibreros más grandes, María de Magdala, la bella cortesana, quiere ver de llenos de pájaros y flores, macizos, sin dejar transparencerca al predicador que ha revolucionado á la gente joven tes de encaje ó de gasas para que pueda pasar la mirada de Jerusalén y que ha convertido á su actual amante, un de los espectadores, que con este absurdo sistema se con- vendedor del templo. Judas Iscariote. Para oirle, acude vierten en meros oyentes al jardín de Flavius, joven romano, sobrino de Pilatos. El jardín está próximo al cercado de la casa de Simón, Nosotras mismas podemos convencernos de la molesdonde Jesús instruye á sus fieles- Estos, al reconocer á tia que ocasionamos cuando la casualidad nos coloca de- la pecadora, la rechazan, la insultan y quieren apedrearla. Magdalena se refugia en el atrium de Flavius. Para justificar la aplicación de la frase evangélica, el autor supone que Magdalena estuvo casada antes de su vida de desorden, y que comenzó engañando á su marido. El pueblo, que ha forzado las puertas, va á atropellar á la desgraciada, cuando se oye una voz que dice: Silencio; el Maestro habla. Todos callan, y entonces se oye una voz dulce, que es la de Cristo, y dice: Aquel de entre vosotros que se halle limpio de pecado, que arroje la primera piedra. La palabra divina contiene al pueblo. La Magdalena, conmovida, se arrepiente y renuncia á su vida impura, rechazando con indignación al gran sacerdote, que la propone seducir á Cristo, á fin de desprestigiarle á los ojos del pueblo, y á Judas, que se muestra furioso de celos porque ha visto á Magdalena postrada á los pies del Salvador. De ahí la traición de Judas. Lo que parece que ha determinado á los censores á prohibir el drama de Heyse es la escena del acto cuarto, en la cual Flavius, que persigue inútilmente á Magdalena, la propone la evasión de Cristo, que acaba de ser preso y que seguramente será condenado. El puede usar de su autoridad sobre los soldados romanos y dejar en libertad al que considera un soñador muy simpático. Pero á cambio de este servicio, pide los favores de Magdalena. Esta rechaza la proposición. La noche llega; Flavius llama á la puerta de Magdalena advirtiéndola el peligro inminente que corre el Salvador. La pecadora, que ya es santa por el arrepentimiento, no accede tampoco, y cae desmayada exclamando: ¡No puedo más! Esta escena es muy dramática, pero la censura declara que juzga herética la idea de que la vida de Cristo pudo depender ni un solo instante de la voluntad y del pecado de una cortesana. El último acto pierde mucho interés. La tragedia del Gólgota ha terminado. Judas, desesperado, se ahorca. Flavius el escéptico se convierte, y María de Magdala se retira á la casa de Simón para esperar la resurrección de Cristo. La luna aparece en este momento, y Magdalena ve en ella un presagio. Todo el mundo se postra de rodillas y cae el telón. Tal es el drama cuya prohibición tanto ha emocionado al público de Berlín, y cuya única representación ha sido un desencanto para los que han asistido á ella. Pero el éxito editorial es seguro, Gracias al rigor de la censura. Por lo demás, lo ocurrido con el drama de Heyse en Berlín, viene á ser algo de lo que ocurrió aquí hace algunos años con un artículo de la ilustre Pardo Bazán, publicado en E? Jmparcial un día de Semana Santa. T i tulábase el artículo, que era muy hermoso por cierto, La sed de Cristo, si no recuerdo mal. La protagonista era también María Magdalena. La gente mogigata se alborotó. Y la gente que no había leído el artículo se apresuró á buscarle, á leerle y á saborearle. Por fortuna, en España no existe previa censura... más que cuando nos alborotamos por otras cosas y los Gobiernos nos declaran en estado de guerra. AEMECE El libro de la semana A N T O N I O AZORÍN, PEQUEÑO LIBRO EN QUE SE HABLA DE LA VIDA DE ESTE PEREGRINO SEÑOR, POR J. MARTÍNEZ RUIZ. MADRID. VIUDA DE RODRÍGUEZ SERRA. UN VOLUMEN EN 8. DE i3i PAGINAS. DOS PESETAS Es un libro sincero, honrado, un libro hondo, fruto ya maduro de un ingenio verde y lozano. El talento de Martínez Ruiz, discKtido por algunos, no negado en serio por nadie, era hasta hace poco un agraz que prometía sabrosa cosecha del dulcísimo grumer de su tierra. Todavía, entre los racimos de uvas doradas saltan algunas que pican en ácido. No importa. Mejor. Cuanto más dulzarrona es la uva, mejor fermenta y suda vino más cabezón. El mosto temprano tiene pocas muertes á SM cargo. Cuba recién fermentada no pare puñalada. Martínez Ruiz fue desde que vino á Madrid lo que todos quieren ser: fue alguien, y tras sus dos apellidos vulgares como un gabán gris dejó entrever una personalidad, al principio vacilante, indecisa y caprichosa, porque sembró en su tierra muy diversas semillas, y en ocasiones segó el trigo cuando aún estaba zorollo. De sus tanteos y probaturas, alguno de los cuales más le valía no haber publicado, salió lo que debía salir: un artista serio, meditabundo, cachazudo, capaz de pedírselo todo á la realidad y de arrancárselo todo á la lectura, un escritor qtte exprime el zumo de las observaciones y arroja el bagazo cuando quiere. La cara es el espejo del alma, y la cara de Martínez Ruiz parece una pregunta, la pregunta insaciable de un niño curioso y mal criado. Cuanto le digáis, bueno ó malo, acertado ó necio, se lo engulle sin pestañear; ya rumiará él después lo que le convenga; pero por lo pronto se le ve glotón, voraz como un conejo casero, como todos los rumiantes, que para algo tienen dos estómagos. Y como ellos, tan pronto corretea y divaga al azar, mordisqueando un liviano matojo de pamplina ó de pipirigallo, como construye una mina y desaparece en ella, cual si la tierra se le hubiese tragado, y luego vuelve al terral con los ojos más grandes e inquietos y el olfato más fino. Ya se comprende que un observador tan agudo no desprecia cosa ni persona. Ño tiene Martínez Ruiz la pedantesca y odiosa petulancia de esos que se creen genios y andan por ahí despreciando á las esquinas y mirando insolentemente á os faroles del alumbrado público. Al contrario, Martínez Ruiz es panteísta, como un indio de los Vedas; como en ierto modo, poco notado por los críticos, lo era nuestro inmortal P. Granada. Hay en Antonio Azorín desusado y exquisito ainoi propiamente flauberliao á las cosas. en esta pá- 1 ir 1 m T Tii iiiyi inri mnrrTTT i arrir riroir imi