Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
¿Acaso no sabemos todos que la mayoría de las ne otra perspectiva en la sociedad presente que la de circular, como el personaje de Dickens, por gentes miserables no guardan ni cuidan del niño calles y plazas, con rumbo al hospital ó á la cár- voluntariamente, y están siempre dispuestas á cel, sería repetir lo que en mil tonos y de mil ma- abandonarle si de él no obtienen producto? ¿No será mejor prevenir que castigar? neras dicen á voces los sociólogos. Limpiar en poco tiempo las calles de mendiUna epidemia que denuncia el abandono y la miseria; una mendicidad descarada y mal oliente, gos es cosa fácil. Basta poner en práctica lo que y más que todo esto el sentimiento de dolorosa hace algunos años se le ocurrió á un gobernador. impotencia que palpita en nuestros corazones, ha Ofreció una peseta á sus agentes por cada pobre sido la causa determinante de que el Gobierno que recogiesen, y en breves horas se amontonaarrancase un capítulo de la obra legislativa de la ron centenares de infelices y reinó en Madrid un comisión de Reformas sociales y lo llevase al Se- espantoso terror entre la hampa. Niños, viejos, nado, panteón nacional donde con toda solemni- mujeres de todas clases, hombres de todas procedad quedará acaso de cuerpo presente este pro- dencias constituyeron el núcleo de un asilo donde yecto de Ley, como otros muchos no menos im- el tifus diezmó la población del mismo, muriendo entre otros el médico y la directora. ¡Qué esceportantes. Basta leer su articulado para comprender que nas tan dolorosas! Alguna fue descrita por la se trata de una parte del problema de la mendi- ilustre Concepción Arenal con su incomparable cidad y la vagancia, y estudiando su espíritu, se estilo. No hay espacio para describir los horrores deduce sin gran esfuerzo que el niño no resulta que recogió mi cerebro de niño, los cuales no poprotegido ni mucho menos. Triste es decirlo, la dré olvidar mientras viva. infancia no interesa á las gentes: lo que quieren Entonces adiviné lo que más tarde he comproéstas es que los pobres chicos no les molesten por bado. ¡Cuánta desgracia inmerecida hay en la ningún estilo. tierra, cuánto sufrimiento no comprendido, qué fáEl ser pobre es una desgracia tanto mayor cuan- cil es hacer el bien, y cuan fecundo si va acompato menores sean los medios del infeliz hambriento ñado de amorosa previsión y solícito afecto! para obtener pan á cambio de trabajo, ó esté más Por eso cuando leo que todo se quiere arreglar atenuada esa fuerza de resistencia moral llamada con miles de pesetas de multa y días de arresto, resignación. Al convertirse en mendigo, el hom- no puedo menos de sonreirme. ¡Si el mendigo en bre se transforma en parásito, y como tal se decla- ciertas ocasiones suspira por el rancho, si el golfo ra fuera de toda ley, proclamando su derecho á la encuentra en la cárcel la compañía amena é inslimosna inagotable, valiéndose para alcanzarla de tructiva que no halla entre las gentes honradasl medios distintos que revelan una sagacidad exqui- ¿Es posible creer en la eficacia de ese castigo? sita. Y cuando, por otra parte, abrumado á diario En vano el transeúnte trata de apagar con re- con peticiones de padres, madres ó guardadores flexiones frías ó egoístas la piedad refleja que pro- que tienen niños inocentes á los cuales no les voca en su corazón el triste cuadro de la miseria pueden dar pan ni protección, y la imploran de las descarnada; el mendigo le envuelve en sutiles re- buenas almas ó de las sociedades benéficas pordes y no descansa hasta obtener la ansiada mo- que no quieren mendigar ni convertir en golfos á neda. Bien saben los que á la mendicidad se de- sus pequeños, miro en derredor de Madrid y veo dican cuánto vale el niño para conmover al públi- todos los asilos rebosando personal, me estremezco co, y le utilizan para obtener pingües ganancias. al pensar en los Palacios de Cristal y otros RefuUn niño de pocos meses permite recoger unas gios que habrán de improvisarse para recoger á diez pesetas al día; un chicuelo de seis á ocho todos esos chicos de la calle que piden un centimito años recauda de dos á cinco pesetas, sin contar la para pan, instigados ó no por sus padres. En mantención, como ellos dicen, fácilmente obtenida suma, el proyecto del Sr. Maura debe ser conmerodeando cafés, tabernas y mercados. vertido en otro más completo que abarque una Es sumamente curioso oir los relatos y confi- verdadera Ley de protección á la infancia, tal dencias de los golfitos. Entre éstos, los hay sin como lo exige la beneficencia contemporánea; su padre, ni madre ó emancipados de toda tutela; deseo legítimo de que todos coadyuven á la obra otros viven en sociedad (y espanta verla de cerca) redentora debe tener correspondencia por parte los más tienen padres que les lanzan de sus tugu- de los buenos españoles, y los Tribunales deben rios á determinadas horas, para que se busquen la privar de la patria potestad á los padres indignos. vida y aprendan á correr el mundo. No de otra Y para que no se me acuse de que critico sin suerte á los niños de ciertas clases pobres, no dar soluciones prácticas, procuraré demostrar con mendigas, se les dedica por sus padres al servicio hechos los medios de realizar esos ideales. doméstico ó al aprendizaje, sufriendo tantas penaMANUEL DE TOLOSA LATOUR lidades y vejaciones, que no pocos prefieren la vida semisalvaje de la hampa. Ahora bien, en España ni la mendicidad está L REY DE LOS LADRONES. LA SUprohibida en absoluto, ni está penada. Repletos PERIORIDAD INGLESA. GABÁN los asilos, exhaustas las cajas de las Sociedades INGENIOSO. LAS CUENTAS DE LA benéficas, fruncidas las bolsas de los ricos, agotaCASA ROBERTSIKE Y COMPAÑÍA. das las fuerzas de las gentes caritativas, solicitadas por centenares de peticiones, y aumentando de Los franceses dan los ladrones más dedía en día la población mendicante, el conflicto nominación inglesa: la áde píckpockets. Enhábiles una que este sport, es formidable, pero por lo mismo no se resuelve, consiste en apoderarse de Jo ajeno sin la voluntad de su ni puede resolverse con el proyecto del señor dueño, la superioridad de los anglo- sajones no puede Maura. discutirse. Dígalo el joven y distinguido Roberto Sike, Es más, al invocar en el preámbulo un amplí- prototipo de la elegancia y de la audacia. Hace pocos días fue detenido en una de Jas caJles más simo espíritu de concordia entre todos los pareceres y al manifestar un vivo anhelo de obte- céntricas de Londres en el momento de limpiar el reloj á ner la colaboración de todos los señores represen- un pacífico transeúnte. Porque eso sí, también los genios tienen notable genttantes de la nación para enmendar y mejorar la leman sus tropiezos. El que ha tenido estela sombra. No le costará estar mucho tiempo á obra quiere significar sin duda el señor ministro opuso resistencia á Ja detención. Por el contrario, le sus fundados deseos de que la responsabilidad del dijo al policía: probable fracaso sea compartida entre las Cortes- -Os sigo voluntariamente porque no quiero provoy el Gobierno, el cual declara además (y ésta es car un escándalo que perjudicaría á mi dignidad y á mi gravísima declaración) que se preocupa de iniciar honradez intachable. Cuando se convenza usted del error la habilitación de la obra benéfica que debe com- que comete, habrá de darme una cumplida satisfacción. La tranquilidad de su conciencia no le impidió, sin pletar los efectos de la ley; pero (añade) ni es asunto para ella misma, ni está en grado análogo embargo, intentar una escapatoria al doblar una esquina. Cuando llegó á la comisaría protestó enérgicamente con de madurez muy correcto en que Si la mendicidad no es penable, es decir, si el lenguaje un joven de buenaarmonía con su traje, que á delataba á posición social más un mendigo por pedir una limosna no puede ser con- ladrón de oficio. A pesar de su elocuencia fue registrado. denado, como en Bélgica, á reclusión con trabajo Su elegante gabán, una vez desabrochado y abierto, ofreobligatorio, ¿con qué derecho se va á castigar al ció á la vista trece bolsillos hábilmente hechos en el niño mendigo en Ja persona de su padre, que pue- forro, no para guardar el pañuelo, la cartera, el portamonedas, etc. sino para Uevar una llave inglesa, un berde no haberle obligado á mendigar? Además, para que el problema se resuelva bien, biquí, una bujía en su estuche, un cortafríos, un rollo un pedazo de cera, un es preciso ante todo recoger al que no tiene de cuerda, limas, cuchillos, un manojoserrucho, barrenos, formones, de ganzúas, y cuanfamilia, y son infinitos los que están en este tas herramientas son necesarias para su oficio. Todos caso. ¿Ha pensado el Gobierno en ello? ¿Acaso estos instrumentos, nikelados, brillantes, preciosos. ¡Ni no sabe por personas á él allegadísimas y honda- el arsenal de un cirujano! mente preocupadas por el actual conflicto sanitaEn los bolsillos de pantalón llevaba un revólver últirio, que los infelices abandonados están peor que mo modelo, un frasco de cloroformo y otro de un líquido cuya naturaleza se ignora, aunque se sospecha que los animales, en los llamados asilos? sea un veneno de los que apenas dejan huella. El chaleco también tenía doble fondo esto es, siete bolsillos, guardando una variedad de llaves combinadas para abrir toda clase de cajas de caudales. El sombrero también era original. En su interior llevaba un rollo de cuerda de seda muy resistente, pero de un peso ligero sin igual. Por último, las solapas cumplían igualmente su misión sirviendo de guarda- papeles. Eran estas las cuentas al día del distinguido caballero de industria. En ellas figuraban con toda exactitud los dividendos repartidos á la sociedad, los beneficios realizados por ésta en cada operación y hasta las cantidades abonadas á algún socio para endulzar Jas amarguras de la prisión. Como se ve, el- notableladrón podía hacer buena la frase de yo lo llevo todo conmigo Una falta tenía, sin embargo, el traje de Roberto Sike. Si sus compañeros de profesión desean conocer al hábil sastre autor de tan ingeniosa labor no lo conseguirán, porque el traje no tenía etiqueta. El sastre ha perdido esta ocasión tan oportuna para hacer su reclamo. La carrera París- Madrid T o d o el mundo conoce ya el desastroso fin de la carrera que durante tanto tiempo fue la preocupación de todos los círculos de sport, y durante varios días el entretenimiento de algunas localidades que esperaban ver el brillante desfile de los automóviles á mucha mayor velocidad que la que desarrollan las más potentes máquinas de nuestros ferrocarriles. El balance de tan temeraria prueba, sólo en lo que se refier e á la parte hecha, es bien triste. Los muertos son siete; los heridos diez. Casi una batalla. Los muertos han sido: Nixon, mecánico del automóvil de Porter. El coche se incendió en Bonneval, y Nixon murió carbonizado. Normand, mecánico de Tourand, que metió el coche en una acera de Angulema por no atropellar á un niño, y costó la vida á Dupuy, soldado y Caillon, ciclista. Marcel Renault, de la casa constructora que l l e v a su nombre. Rozet, mecánico de Loraine Barrow, cuyo automóvil se estrelló contra un árbol cerca de Libourne. Y una mujer muerta en Ablis al intentar atravesar el camino. Publicamos con estas líneas tres fotografías de las muchas que nos han enviado nuestros corresponsales extranjeros. La primera reproduce el estado en que quedó el automóvil de M Loraine Barrow después del sinies tro. Marchaba el automóvil á grande velocidad por Arveyres, sitio muy próximo á Libourne, cuando se cruzó en el camino un cerro. Loraine, para esquivar el encuentro, desvió el coche y este se estrelló contra un árbol, siendo arrojados su dueño y chauffeur Rozet, que murió en el acto. Loraine Barrow sufrió la fractura de una cadera, requiriendo una operación que le fue hecha en Libourne. La segunda de nuestras fotografías presenta á Gabriel, el vencedor de la primera y única etapa verificada de la carrera. Gabriel había adquirido ya gran renombre por ser vencedor en la carrera de! kilómetro, que hizo en veintiséis segundos. Recorrió los 552 kilómetros que hay entre Versalles y Burdeos en cinco horas y trece minutos, resultando que anduvo á más de cíen kilómetros por hora, y en algunos trozos con una velocidad inicial de i3o y de 140 kilómetros. Por último, la tercera de nuestras fotografías es la do Lesna, antiguo campeón ciclista, y hoy motociclista, que sufrió una caída cerca de Burdeos, rompiéndose la rótula. Lesna, que ganó las carreras de París- Roubaix, Burdeos- París, Marsella- París, y el record de las veinticuatro horas, ha sufrido con esta caída la primera de su vida de ciclista, llevando ya diez años practicándola (ahora motociclista) E