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piritualmente las dos naciones, confirmando la frase famosa de Luis XIV cuando dijo: Ya no hay Pirineos. ¡París- Madrid! Ese camino que recorrieron tantas veces los figurines de la moda, es el que acaban de recorrer los automóviles. Por ahí se nos vino también la Revolución francesa, y caminando mucho más lentamente que las ideas regeneradoras que transformaron la sociedad á principios de siglo, algunas de las reinas que compartieron con monarcas españoles el trono de España. Terminadas felizmente las negociaciones matrimoniales que habían de dar á Luis XI I de Francia por esposa la infanta de España doña Ana, y al que había de reinar en nuestra patria con el nombre de Felipe IV la princesa doña Isabel de Borbón, hija del rey Enrique IV y de María de Médicis, el 9 de Noviembre de i6i5 se encontraron en Irún las dos comitivas de las princesas. El duque de Uceda entregó al de Guisa la que iba para reina de Francia y recibió de él la que para reina de España venía. El mismo día, doña Isabel de Borbón, acompañada y servida por la duquesa de Medina de Rioseco, su camarera mayor, se dirigió á Fuenterrabía y desde allí á Vitoria, siguiendo sin interrupción el viaje, que terminó en Burgos el 22 de Noviembre, domingo por más señas, si no mienten las crónicas. Es decir, que para ir desde Irún á Burgos, donde Felipe III esperaba á su nuera, se emplearon trece días. Doña María Luisa de Borbón, la hija del duque de Orleansy de Enriqueta Ana de Inglaterra, primera esposa que fue del rey Carlos II de España, llegó á Irún el 3 de Noviembre de 1679, y recibida con gran ceremonia por el marqués de Astorga, representante del monarca castellano, se puso inmediatamente en camino y llegó á Quintanilla, lugar tres leguas distante de Burgos, donde la esperaba su augusto esposo, el 18 del mismo mes, empleando en el viaje quince días justos. ¿Cómo se había de pensar entonces en las velocidades del tren expreso, ni en la carrera vertiginosa de los automóviles? Todo el camino que han recorrido las modernas máquinas está consagrado por la historia, y en el largo trayecto no hay un solo punto que no evoque un recuerdo interesante para Francia y para España. Pero ahora no se trata de recordar, de ver, sino de correr vertiginosamente, pasando con igual indiferencia por las llanuras de Vitoria que delante de las caladas agujas de la catedral de Burgos. El caso es levantarse una mañana en París y poder acostarse en Madrid la noche de aquel día. ¡La silla de postas, la diligencia, la galera acelerada! ¡Parece imposible que hayan existido estos vehículos para conducir viajeros! ¿Cómo pudieron caminar tan despacio nuestros abuelos? Y, sin embargo, caminando tan despacio llegaron muy lejos, imponiendo la supremacía de España en pueblos muy distantes de nosotros. Pero esto no es del momento: la actualidad la constituyen esas admirables máquinas que, manejadas sólo por un hombre, se proponían cruzar rápidamente la distancia que nos separa de la capital de Francia, para traer á Madrid animación y vida. No hace muchos días salían á la calle las monumentales carrozas del siglo xvni que se guardan en las Caballerizas Reales, y conducían la comitiva regia que acompañaba á D. Alfonso XIII á abrir las primeras Cortes de su reinado. Es muy probable que dentro de poco se emplee para estas ceremonias el automóvil de gala, que, por respeto á la tradición, será conducido por un chauffeur vestido á la Federica. ¡Lástima grande que la fatalidad haya convertido en fracaso el esfuerzo de la industria y el buen deseo de los viajeros! En todas las carreras verificadas hasta aquí habían ocurrido desgracias. En ninguna tantas como en la que comenzó y terminó tan desastrosamente el domingo. Lamentemos las desgracias, que no deben, sin embargo, impedirnos gritar ¡viva Francia! ¡viva España! ya que nos han privado de la fiesta. KASABAL T 7 F E M E R I D E S HOY HACE SETENTA Y TRES AÑOS Luchaban en la regia cámara desde la venida de la reina Cristina- -escribe Lafuente en su Historia de España- -dos opuestas tendencias, así en ideas políticas como en sentimientos de corazón. Cristina mostraba inclinación á favorecer á los li- berales; Fernando seguía aborreciendo la libertad y sus amigos: en favor de la conciliación de los partidos ayudaban á la reina los secretarios del despacho Grijalva y González Salmón; fomentaban el apego del rey al absolutismo Calomarde y el obispo de León, en quien el rey depositaba ciertas confianzas. Cristina fundaba el Conservatorio de Música que llevó su nombre, para suavizar las costumbres y educar artistas que dieran gloria y lustre á la escena española; Fernando mandaba establecer en Sevilla una Escuela de Tauromaquia y dotaba y nombraba los maestros ó profesores que habían de enseñar desde la cátedra el modo de luchar con las fieras y derramar su sangre, con lo que acostumbraba al pueblo, que ya veía con harta frecuencia verter la de los hombres, á estos espectáculos, que una gran reina de España había prohibido por contrarios á los sentimientos de humanidad. En efecto, Fernando V ¡3 leyó con gran complacencia la Memoria que se le presentó, según real orden refrendada por el ministro de Hacienda, y el 28 de Mayo de 2 83o- -hoy hace setenta y tres años- -mandó publicar otra estableciendo la citada Escuela y dotándola de un maestro con doce mil reales de sueldo anual, un ayudante con ocho mil y diez discípulos propietarios con doce mil cada uno. Disponía también que se alquilase una casa y señalaba los gastos de alquiler, los de entretenimiento y la manera de subvenir á las atenciones de la Escuela. Aún hubo necesidad de otra real disposición modificando la del intendente de Sevilla, que había nombrado maestro director de la Escuela á Jerónimo José Cándido y ayudante á Antonio Ruiz, y disponiendo que el maestro fuese el célebre D. Pedro Romero, cuyo nombre resuena en España por su notoria é indiscutible habilidad y nombradía hace cerca de medio siglo, y probablemente durará por largo tiempo y el auxiliar Jerónimo José Cándido, á quien estiraba el sueldo hasta los doce mil reales consabidos, y le instituía heredero obligado é indiscutible del veterano Romero. Así aquel buen rey procuraba engrandecer é ilustrar á su pueblo, y así el pueblo echó el pelo que echó, y del cual conserva algunos mechones. La Escuela, sin embargo, no correspondió á las esperanzas que sin duda concibió el monarca. Todo español aficionado al espectáculo de sangre se metía á voluntario realista, y por este solo hecho tenía eX beneplácito real para matar sin muleta y sin estoque á todos los emigrados liberales que se ponían á su alcance. No logró la majestad creadora de la Escuela de Tauromaquia ver con aquella disposición buenos matadores e España, pero sus instintos viéronse satisfechos con un España que fue maestro en matar españoles á millares. El patíbulo levantado en todas partes fue el digno pendant de la Escuela- de Tauromaquia. JUAN DEL PUYUELO Dos señoras mayores hablaban ayer de Ja Exposición de Bellas Artes en el Palacio de Cristal del Retiro. -No crea usted- -decía Ja una á la otra, -yo también en mis tiempos tuve en una Exposición mi retrato... ¿Hecho por Goya... DE ATRAVÉS QUE LA FRONTERA. HISTORIA PARECE CUENTO Pues señor... Hará pronto dos años que falleció en Chicago, una de las más grandes capitales, como ustedes saben muy bien, del país donde ocurren las cosas más extraordinarias, un viejo original enriquecido con la salazón de carnes, que es uno de los negocios más lucrativos que se hacen por aquel continente. Al morir dejó dos millones de francos á una huérfana parienta suya, miss May, re. dente en Inglaterra, y á un joven ahijado suyo, Jorge Marshall, que no había salido nunca de los Estados Unidos. Pero les hizo herederos con la condición de que habían de casarse. Si no, los c 1 s millones del ala pasarían á la Universidad de Chicago. Miss May no tenía ganas de casarse, según asegura. Además no conocía á Jorge Marshall ni de vista. Lo que tiene es que á nadie le amarga un dulce de un millón de francos, que es en verdad una golosina muy tentadora. Tampoco al joven Jorge Je llamaba Dios por el camino del matrimonio. Y lo que no se le ocurrió á él para heredar sin perder su libertad, se le ocurrió á ella. Mejor dicho, se le ocurrió á un abogado de Londres con quien consultó el caso. Va, ¿y qué hace? Escribe á su coheredero mandándole un retrato y diciéndole: No le considero á usted obligado á casarse conmigo. Mi fotografía le hará ver que tengo que agradecer poco á la Naturaleza. Además, le confieso que tengo el pelo postizo y que mis dientes son muy feos. Usted dirá si quiere casarse ó si renuncia á la herencia... ó si sólo nos casamos para los efectos de recoger cada cual su milloncejo. Jorge Marshall se apresuró á contestar, y por telégrafo para ganar más tiempo: Conforme de toda conformidad. Nos casaremos, cobraremos, y si te he visto no me acuerdo. La miss fue á Chicago. La boda se celebró como se celebran allí esas cosas, de prisa y corriendo, ante el registrador de matrimonios civiles. Dos testigos, dos firmas, y aquí paz y después lo que haya. La desposada se presentó en traje de calle y cubriéndose la cara con un espeso velo para que no la conociera su esposo y para hacerle creer que realmente se avergonzaba de su fealdad. Firmados los contratos, Jorge saludó cortésmente y se marchó sin intentar ver de cerca á su mujer. La desposada calló un momento y después rompió á llorar amargamente. ¿Qué la sucede á usted, señora? -la preguntó el funcionario. -Que contaba con todo menos con enamorarme perdidamente de mi marido. Chicago es una capital dos veces mayor que Madrid. Difícil, casi imposible era buscar al fugitivo esposo. Dos años más tarde, hace dos meses, May Morton señora de Marshall, estaba en el casino de Monte- Cario. Una tarde busca á un matrimonio amigo suyo y le dice: -Acabo de ver á mi marido jugando al treinta y cuarenta. Estupefacción de marido y mujer. ¿Ha resucitado? -dice ella. ¿Pero no es usted viuda? -dice él. May baja los ojos, rompe á llorar y cuenta su aventura: la última voluntad del tío tocinero, su antipatía por el matrimonio, el envío de la fotografía... pero de la fotografía de una doncella suya para desilusionar más á Jorge Marshall (hay que agregar que May es muy bonita) la boda, la fuga; todo, en fin. El amigo de la desconsolada esposa se presta á hablat á Jorge, á quien sorprende y probablemente desagrad. la noticia de que se halla en el casino su mujer. Mira y remira á cuantas damas hay en el salón y no ve ninguna que se parezca en lo fea al retrato que en su día recibió allá en Londres. ¡Es una broma pesada! -exclama. Instantes después se le acerca su costilla y con la mayor naturalidad del mundo le pide el favor de su firma para negociar un valor nominal que llevaba en su bolsillo de mano. Ante este documento que establece claramente la identidad de la señora de Marshall, el marido lo comprende todo y viene aquello de: ¿De modo que tú eres mi mujer? ¿Y tú mi marido... Explicaciones, suspiros, lagrimitas, protestas de amor, y telón rápido. Al siguiente día dicen los periódicos de Monte Cario que han embarcado en la Condamine á bordo de un yacht blanco M Jorge Marshall y su bellísima esposa, que se proponen hacer un viaje por el Mediterráneo antes de regresar á los Estados Unidos, su país natal, y que les desean una eterna luna de miel. Notas para mujeres as crónicas de la moda más reciente anuncian que la falda redonda se impone. Las mujeres más elegantes la adoptan para pasear por la mañana, para visitar las tiendas por la tarde y para pasear con los niños. Bien entendido que la falda corta no es una modificación, sino una adición hecha por la moda al vestido actual, y que la falda corta no reemplaza á la larga, sino que cada una de ellas tiene sus horas y sus sitios. t Las blusas de moda para el verano son de linón con bordados á la inglesa y adornadas de pliegues de arriba á abajo. c s. Parece que se conspira contra Ja tiranía de las mangas desmesuradamente largas, que impiden muchos movimientos de los brazos y tantas molestias proporcionan con su abundancia de sedería flotante. Las primeras modificaciones, precursoras de la revolución, se han iniciado ya. sg Los boleros no han muerto, ni mucho menos, y juegan papel tan importante en la moda actual, que su modificación consiste sólo en habe- se acortado hasta quedar reducido á poco menos que nada; pero su recuerdo existe, y para los vestidos de verano se hace de guipure, de tul, de entredoses, ó cuando menos se le simula sobre el cuerpo del vestido. Entre la infinidad de flores que existen, 284 especies son blancas, 233 amarillas, 220 encarnadas, 144 índigo, 72 moradas, 36 verdes, 12 anaranjadas, 4 marrón y 2 negras. En cuanto al olor, sólo un diez por ciento de las flores exhalan perfume verdaderamente estimable. AEMECE El antifiloxérico Várela p s el hombre del día en la Rioja, y parece que va á serlo en todas las regiones vitícolas de España, un señor Várela que pretende haber descubierto el remedio eficaz contra mi r 1 TI- -nrnr- -n MI ni M. ll I n llílliulllil I i r m