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de fieras W Hagenleck, y en 6.000 francos, un elefante que contesta al nombre de Carolus, y tres elefantas denominados Theresa, Mimi y J etty, cuatro pollos que hoy cuentan respectivamente veintisiete, veinticuatro, veintiséis y dieciséis años- -la edad de las ilusiones- -y les había educado. En condiciones de poderse presentar al público, Mademoiselle Valsois se llevó sus elefantes á ganar dinero por Francia, Inglaterra, Suiza, Italia, entrando en España, en donde ya ha visitado Valencia y Barcelona. Tan original artista gana 400 pesetas por sesión, esto es, 140.000 al año, ó sean 29.000 duros. Pero los elefantes resultan caros para huéspedes. Cada bichito de éstos se engulle diariamente veinte kilos de avena, quince de heno, diez de pan, veinte de patatas y azúcar en abundancia, como premio á su trabajo; un valor, por lo tanto, de veinte pesetas, que representa un gasto anual, entre los cuatro seres, de más de 25.000 pesetas, quedando un ingreso líquido para Carlotita de más de 22.000 duros anuales. Sólo así se comprende que la hermosa Valsois se pueda permitir el lujo de ir al ensayo con sus elefantes, adornándose el cuello con un collar de enormes perlas sujetas con un colosal brillante, y al pecho un cuarto elefante, casi de tamaño natural con brillantes hasta en el rabo... Pero más que estos esplendores admira el ver que la linda joven que los posee se pase todos los días cuatro horas sin descansar haciendo trabajar á sus elefantes, para que no enfermen la equilibrista Mimi; Carolus, cuya pata acaricia el sugestivo pecho de su ama y señora; J etty el brioso corcel de Carlota, ó Theresa, la bailarina insigne. Mlle. Valsois, llevando en la mano una fusta terminada con un gancho, con el que araña la rugosa piel del froboscid: o, ó repartiendo terrones de azúcar, llama, grita, corre, obliga á obedecer al pesado bruto, que gruñe con estrépitos de trompa ó levanta ésta para que la suave mano de la domadora acaricie aquella lenguaza carnosa, gruesa y húmeda que resbala entre los dos nacientes colmillos. ¡Qué contraste entre aquella figura delicada, de ojos azules y cabello rubio, y los tardos y monstruosos animales, últimos vestigios vivientes de los seres antediluvianos, de color terroso, con patas como troncos de árboles, orejas cual soplillos de gutapercha, ojillos de mirada vaga y horrible, boca cubierta por la espantable narizota! Aparte tal contraste, la figura de Mlle. Valsois resulta doblemente simpática sí se considera á la original artista, poseedora ya de una fortuna, luchando diariamente y hasta con entusiasmo con unas bestias cuyas patas, hoy obedientes, podían aplastar en segundos la interesante y bella figura de una mujer, digna, como todas, de los mayores respetos. ¡Lástima que así como la mitología vendó los ojos del amor, no hubiese vendado también los del apetito insano! p L cariño con que el simpático alcalde de Madrid Sr. Marqués de Portago ha acogido la idea que inició Castell en estas columnas de celebrar el centenario del nacimiento del insigne cronista de la villa y corte D. Ramón Mesonero Romanos, hace esperar que tan buen pensamiento no CARLOS DE S A N T U S T E quedará en proyecto y que se rendirá el homenaje debido á aquel escritor ilustre que consagró sus afanes á los adelantos y mejoras de la capital de España, y que ocupa en la literatura contemLA INERCIA NACIONAL poránea lugar tan eminente. 71 HÍ van unas cuantas afirmaciones que muchos tachaLe conocimos en los últimos años de su vida, y rán de gratuitas, sin razón, y otros con razón soaun sin tratarle, sentíamos hacia él veneración y brada, de apestar á dogma; pero á veces las antipáticas respeto. Era el tipo del señor anciano pulcro y fórmulas y las afirmaciones campanudas son necesarias para entenderse con el público, porque ahorran palabras. atildado. Por la estatura se parecía á Thiers; por La dinámica de las modernas sociedades, cada día más actiel busto, á Rossini. Como el gran estadista franva y febril, es una necesidad natural primaria, porque los cés, llevaba siempre levita negra correctamente pueblos, como los individuos paralíticos, son enfermos heridos abrochada, y como el ilustre compositor italiano, de muerte. Debemos fomentar la construcción de vías fése afeitaba por completo, llevando limpia la cara, rreas para que, lo antes posible, se verifique con faciliy usaba una peluca que daba cierta majestad á su dad la circulación económica; pero debemos preferenteexpresivo y simpático semblante, animado por el mente, y aun empleando medios extraordinarios, el embrillo de una mirada inteligente y de una sonrisa préstito, fomentar la construcción de carreteras. entre cortés y burlona, propia de los hombres que Estamos empeñados en europeizarnos, en ser un pueblo han visto mucho y no se asombran por nada. práctico, ordenado, moderno; algunos, los que más profundizan en el alma nacional, dicen que para conseguir Iba siempre por las calles á pie, muy despacio, que fuésemos un pueblo á la moderna, habría primeraparándose á cada momento, ya ante el escaparate mente necesidad de arrancarnos del cuerpo este espíritu de una tienda, ya ante una obra, y observándolo astral é infundirnos otra alma menos celeste, más humatodo, como un amo de casa al que no hay nada na. Muy dolorosa trasustanciación es esa; pero si se que no interese. hace absolutamente precisa, no vacilemos, hágase. En 1831 publicó su Manual de Madrid, descripHace mucho tiempo los publicistas españoles señalan VIRGILIO COLCHERO ción de la corte y de la villa, obra notable en la las causas de la postración de la patria, y con las causas que dio á conocer la parte material de su ciudad los remedios; pero nadie se mueve. Igual que sucede en las barracas de las ferias donde se exhiben monstruos, querida, como había de reflejar la parte moral en TRAVÉS DE LA FRONTERA. LOS el Panorama y en Las escenas matritenses, y su muchos son los que vociferan y animan á la multitud MORMONES EN ALEMANIA para que penetre y vea el fenómeno; pero ni vociferadopasado en el Madrid antiguo. res ni multitud penetran. A la puerta de Europa estaPreocupa mucho en Alemania el rápido progreso en Los artículos que forman el Panorama, ó sea la mos todos deseando vivir la verdadera vida digna de los aquel país de los adeptos de la doctrina de Brigham primera serie de las Escenasmatritenses, comenzatiempos actuales, y nadie se decide á entrar. Young, cuya religión, como es sabido, tiene por base la ron á publicarse en i832 y parte del 33 en las Y una de las causas, de las mayores y más evidentes poligamia. Desde 1899, los fieles de esta iglesia, que Cartas españolas y en la Revista Española; y Fígacausas del enervamiento y postración que padecemos, es permite al hombre tener varias mujeres (pero no á la ro, el malogrado Larra, hizo de ellos merecido nuestra inercia. La visión luctuosa de nuestra vida esmujer tener varios maridos) se multiplican en Bavíeray elogio presentándolos como un fiel reflejo de las tancada, hace pensar con espanto en la descomposición y Prusia. Llegan de los Estados Unidos misioneros morcostumbres de aquella época de transacción en que en la muerte por esta inmovilidad; somos semejantes á mones que predican sus principios. Y predican con el la España antigua empezaba á admitir en toda su esos sapientísimos indios que se sustraen á todo moviejemplo, porque se hacen acompañar de sus numerosas miento, y, rodeados de una naturaleza portentosa, promujeres. Claro es que la predicación es tentadora para organización social notables variaciones. claman como estado de perfección el quietismo suicida, las flaquezas humanas. Ciento cincuenta propagandistas Los artículos titulados La calle de Toledo, La aniquilador. mormones han reclutado en poco tiempo dos mil catecúcomedia nueva, Las visitas de día, Los cómicos en menos alemanes, que tienen ya templos donde escuchan Perdura en España, como en Marruecos, la vereda, Cuaresma, Las ferias, La capa vieja, La casa á la la buena palabra y donde se reúnen para sus prácticas el camino de herradura: por el atajo agrio, la recua de antigua, La procesión del Corpus, retrataban la Esreligiosas. Tienen también su periódico. borriquillos que cabeceando avanzan en silencio, y depaña de nuestros abuelos, y los titulados Las costrás, aún más miserable y ás trabajado que los animales, ¡Cosa rara! En Baviera, país esencialmente religioso, tumbres de Madrid, El día 3o del mes, Las tiendas, camina el pobre arriero, que profiere amenazas con voz es donde más adeptos han conquistado. El Gobierno bááspera ó airada. varo se propuso impedir el mormonismo. No se le ocu- Tfiqueza y miseria, La politicomanía, Las tres tertulias, Las niñas del día y Las casas de baños, refleEl Sr. Moret calificó no hace mucho de parlamenrrió obligar á los que se casasen con varias mujeres á jaban la influencia extranjera, que iba diariamente tarias las carreteras españolas. Parlamentarias son, sí. El llevarse á sus respectivas suegras para vivir con ellos, adjetivo adquiere rango de epíteto, porque tenemos construidas las carreteras obedeciendo, al hacerlo, á impulsos extraños á todo orden, á todo criterio, miíando á intereses particulares, y no á los comunes. ¿Quién tiene la culpa de que nuestro plan de carreteras se idease luego de construidas la mayor parte de las existentes, de que ese plan se realice de un modo anómalo, sin concierto, de que se aprueben obras tan vitales ante la indiferencia de los diputados? España ha tendido á ciegas su aparato circulatorio, y unos vasos no se combinan con los otros. Entre el árbol arterial y el venoso no existe conexión por la red capilar, y la sangre no circula. Explícase así que sea tan grande la diferencia de precios, aun en los productos de más necesario consumo, en pueblos poco distantes los unos de los otros. La falta de movimiento determina esa escasez de sangre en unos sitios, esa congestiva plétora en otros. Los españoles, en casos semejantes á éste, apelamos al remedio nacional de la sangría: lo que abunda se desprecia: somos sanguíneos, fuera sangre. En España hay muchas más vías de comunicación que hubo nunca, y la riqueza no circula, sin embargo, en la proporción y con la regularidad que exige su natural y progresivo desarrollo, y es por eso por lo que hemos tendido á ciegas los caminos y no se corresponden; porque no basta tener un cuerpo de sabios Ingenieros en un país donde las carreteras pueden calificarse de parlamentarias, porque las cifras que las Cortes votan para entretenimiento de los caminos son insuficientes, vergonzosas Y en lugar de progresar, retrocedemos: cada día son mayores los obstáculos que las carreteras oponen al tránsito, y para vencerlos no bastan los caballos ni las muías, son precisos los bueyes. Retrocedemos: las carretas han sustituido á los carros aun en nuestras provincias centrales, y vemos y oímos carretas que, faltas de sebo, chirrían por los ámbitos despoblados de nuestra Península difundiendo su canto monótono, y debajo de un sol que caldea, la reata reaparece hoy resucitada de nuestros siglos feudales. Sobre pesada carreta ó sobre los escuálidos lomos de las caballerías, se ve la carga mísera, el hatillo ambulante del pobre vendedor, y al final de la jornada hombres y brutos encuentran en la aldea misérrima mercado en consonancia con su tráfico primitivo y trashumante. No hay que ver más que lo que estamos viendo para convencerse de que retrocedemos. Hoy una expedición en automóvil puede considerarse como empresa hazañosa, digna de ser cantada por un homéride; un viaje en diligencia es suplicio infernal, y pronto volveremos á considerar como el prototipo del hombre maldiciente, al carretero, al desgraciado carretero, á quien de una parte el trato con seres inferiores, y de otra la lucha con los inimaginables obstáculos que al tránsito opone el camino, tornan, de un ser pacífico, en un díscolo; de un inalterable linfático, en un epiléptico desenfrenado. Para europeizarnos, empecemos por pedir á voz en grito vías de comunicación, y puesto que no es difícil vaticinar el triunfo del automóvil sobre la locomotora, pidamos carreteras por donde éstos puedan transitar; que estudien los técnicos cómo han de ser esas carreteras novísimas para que sirvan al objeto á que se han de destinar, y que se hagan. Saquemos de la próxima carrera de automóviles alguna enseñanza, y puesto que dos veces en poco tiempo, ya que nosotros nos empeñamos en no ir hacia Europa, Europa viene á nosotros, pongamos de nuestra parte lo posible para recibir decorosamente estas visitas. Hasta ahora pretendimos progresar moviéndonos de una manera intermitente, espasmódica; y como esos estudiantes artistas que un día se aprenden la lección admirablemente y ciento no dicen ni jota de ella, sin que jamás sistematicen sus conocimientos ni ordenen y disciplinen su voluntad, el avance conseguido un día por esfuerzo heroico en el camino del progreso, lo desvirtuamos en meses de censurable inercia. Lo que un Gobierno hizo, el otro lo derrocó; al bien común antepusimos los particulares; á la carretera útil engranada con las otras carreteras, la carretera inútil, la parlamentaria; al plan general, reflexivo y ejecutado con vigorosa constancia, el plan impulsivo y personal; al carro, la carreta. medida que probablemente hubiera sido eficaz, sino p r o hibir terminantemente que los ciudadanos bávaros profesasen tal religión. Los mormones no se paran en barras; van á los Estados Unidos: adquieren la nacionalidad americana; vuelven á su país natal, y se ponen bajo la protección del Consulado yanqui. Y así viven muchos alemanes mormonizados, algunos con varias esposas y larga prole. Hoy son dos mil. A la vuelta de cinco años serán diez mil, sin contar los nacidos en el seno de tan original religión. El Gobierno bávaro ha adoptado un recurso heroico: expulsar á los mormones, y mientras se resuelven las reclamaciones, los expulsados se extienden por Prusia, donde las leyes son más explícitas, pero también más impotentes. Se han incoado varios procesos en Berlín y en Mecklemburgo, pero las autoridades se han visto sumidas en un mar de confusiones. Los perseguidos exhiben sus títulos de nacionalidad y la prueba oficial de que la poligamia está legalmente permitida. Los misioneros tienen buen cuidado de inculcar en sus prosélitos el propósito resuelto de no emigrar á los Estados Unidos. Y es lo gracioso que mientras el Gobierno prusiano desearía mandarlos con viento fresco á los mismísimos infiernos, una ley prohibe terminantemente el reclutamiento para la emigración. Y los misioneros no reclutan para emigrar. ¡Un demonio! Todo lo contrario... El canciller del Imperio, conde de Bulow, se resuelve por la expulsión de los mormones del territorio de Prusia, pero se irán á otro reino del Imperio. Y entretanto ya están los senadores del Estado de Utah, cuna del mormonismo, pidiendo á Hay, el secretario de Estado de la gran República, que reclame al Gobierno de Berlín. El ministro de Negocios Extranjeros ha contestado que se trata de medidas de policía en las que no puede intervenir. Y el litigio sigue en pie. El Gabinete yanqui haciéndose el sueco. Los Gobiernos alemanes inventando medios para poner coto al desarrollo mormónico, que amenaza invadir á Alemania entera. Como medida de previsión, no está mal; pero como medida de corrección, ¿qué mayor castigo que el que cada culpable tenga que cargar con tres, cuatro ó más mujeres? AEMECÉ Mesonero Romanos A imni