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CONFLICTO POR LAS BELLAS, O E LUN EMPERADOR CASAMENTERO Le brindo este titulejo á mi buen amigo Ricardo de la Vega. ¡Quién sabe si con él haría el saínete más salado de los tiempos modernos! En cambio, en Alemania el significado de ese título de saínete amenaza convertirse en tragedia. En todas partes, de lo ridículo á lo sublime no hay más que un paso. El Emperador de Alemania es el hombre que ha desempeñado en el mundo papeles más heterogéneos, y nadie puede negar que algunos los ha hecho á conciencia. Ahora ha pretendido ejercer de casamentero, mas el nuevo oficio ó la nueva profesión no parece compadecerse mucho con sus facultades, puesto que los primeros pasos le han salido un poquito desiguales. El ensayo del augusto agente de matrimonios se realizó en Crefeld (Westfalia) Pero ¡ay! que mientras pretendía conquistar á las hermosas mujeres de Crefeld, se enajenaba las simpatías de las no menos bellas damas de Dusseldorf y levantaba tempestades de indignación en el Parlamento. El Kaiser fue hace algún tiempo á Crefeld con objeto de inaugurar el nuevo Museo, y para recibirle se nombró allí una comisión de las veinte mujeres más bonitas de la ciudad, que se presentaron al emperador ofreciéndole ramos de flores y sirviéndole de guardia de honor, á falta de militares de que aquella ciudad no disponía por no poseer guarnición. Las veinte hermosas muchachas, vestidas con trajes blancos, permanecieron alineadas en la escalinata del Museo, mientras el Emperador oía en la sálalos discursos de bienvenida de las autoridades. Terminado el acto, el Kaiser preguntó el motivo de que no asistieran á la recepción las lindas señoritas, y ordenó que entrasen todas. El Emperador se encaró con la más bella y le dijo: ¿Habéis bailado mucho este invierno con los oficiales de la guarnición? La aludida no pudo contestar porque las frases del Kaiser la produjeron profunda emoción; pero otra más atrevida repuso: -No podemos bailar, porque en Crefeld no hay ni oficiales ni guarnición. ¿Es eso cierto? -interrogó el Kaiser. -Exacto, señor, -contestaron varias. ¿Y qué preferís- -replicó el Emperador, -caballería ó infantería? -Caballería, naturalmente, -respondió una de las jóvenes. -En ese caso- -dijo el Emperador, -daré orden de que venga un regimiento de húsares, y veréis cómo bailáis con los oficíales. En cumplimiento de las órdenes del Kaiser, el ministro de la Guerra dispuso que saliese de Dusseldorf para Crefeld el regimiento pedido por las chicas de esta última población. El relato de lo ocurrido produjo en toda Alemania sensación profunda, pero hasta hace ocho días no se han tocado las consecuencias. Al discutirse en el Reichstagel presupuesto del Ministerio de la Guerra, la comisión se negó á conceder los créditos que el Gobierno pedía para construir en Crefeld los cuarteles necesarios al alojamiento de la fuerza enviada por el Emperador á aquella ciudad. Entonces los amigos del Gobierno apelaron, como recurso supremo para obtener de los individuos de la comisión un dictamen favorable, á remitir al Parlamento las fotografías de las jóvenes que formaban la otra comisión, la que solicitó del Kaiser el envío de los húsares. La belleza de las muchachas desarrugó el ceño de los ilustres miembros, quienes se apresuraron á satisfacer los deseos de las señoritas de Crefeld emitiendo informe favorable. Pero al presentarse éste en la sesión, alzóse Herr Kirsch, el representante de la ciudad de Dusseldorf, á defender en nombre de sus bellísimas paisanas la permanencia allí del regimiento de húsares. Yo os traigo, señores- -dijo, -los retratos de las muchachas de Dusseldorf, y con ellos á la vista juzgaréis de la justicia de la causa que defiendo. Las mujeres de Dusseldorf son más hermosas, mucho más, que las de Crefeld. ¿Quién es el Gobierno- -preguntaba con acento terrible, -quién es el Gobierno para dar patente de belleza á las mujeres de Crefeld y despojar de ella á las de Dusseldorf? Espero que los representantes del pueblo se mostrarán contrarios á la belleza que el Gobierno trata de imponerles. Las mujeres de Crefeld no merecen, no, el gasto enorme que el Ministerio de la Guerra pretende llevat á cabo. Además, la construcción de esos cuarteles costará á los ciudadanos de Crefeld cuatro millones de marcos. ¡Cuatro millones de marcos porque sus hijas bailen con húsares! ¿No es esto ridículo é inútil? Este discurso causó en Crefeld tanta indignación, que inmediatamente se reunieron multitud de personas acaudaladas y acordaron ofrecer al Gobierno la construcción de los cuarteles con fondos particulares. Entretanto, los de Dusseldorf celebraban mitins de protesta y se dirigían al Parlamento pidiendo que no votase el presupuesto. El asunto de los húsares danzantes como se les llama en el Parlamento y en la Prensa, seguirá tratándose estos días, y se cree que si el Reichstag no sanciona lo que el Gobierno propone, volverá á intervenir el Emperador para imponer su voluntad. Porque al Kaiser le gustan más las jóvenes de Crefeld que las de Dusseldorf. Y quiere casarlas con sus oficiales R. H E R N Á N D E Z B E R M Ú D E Z i. DE MAYO p n 1888 se reunió un Congreso obrero en Burdeos que resolvió celebrar una manifestación allí donde hubiese fuerzas organizadas en un día dado, reclamando de los Poderes ciertas reformas. En Diciembre del mismo año se reunió en San Luis la Federación Americana del Trabajo, y acordó celebrar el día 1. de Mayo una manifestación nacional pidiendo al Estado una ley que limitara á ocho horas el máximo de la jornada de trabajo. En 14 de Julio de 1 889 se reunieron en París representantes obreros y socialistas de veinte naciones, y á propuesta de un delegado francés se resolvió celebrar la demostración internacional obrera el 1. de Mayo de 1890, conforme habían acordado los americanos. En rigor, la demostración acordada no era cosa definitiva, principalmente en lo que se refiere al modo de celebrarla, pero el Congreso internacional celebrado el 16 de Agosto de 1 891 en Bruselas fue quien le dio el carácter que hoy tiene, votando la resolución siguiente: El Congreso, Con el fin de conservar al i. de Mayo su verdadero carácter económico de reivindicación de la jornada de ocho horas y de afirmación de la lucha de clases, Decide: Que deben celebrar una demostración única los obreros de todos los países; Que esta demostración debe verificarse el 1. de Mayo; Y recomienda el abandono del trabajo ese día allí donde esto no sea imposible En el Congreso internacional de Zurich (i8 c 3) se confirmó el acuerdo, adicionándole el siguiente párrafo: La demostración del 1. de Mayo para alcanzar la jornada de ocho horas debe afirmar al mismo tiempo en cada país la enérgica voluntad de la clase trabajadora de poner fin por la transformación social á las diferencias de clase, manifestando así que este es el único camino que conduce á la paz en el interior de cada nación y á la paz internacional. Los Congresos de Londres (1896) y de París 1900) confirmaron de nuevo lo resuelto. En España el primer Congreso que trató del asunto fue el celebrado en Bilbao en Agosto de 1890, y los demás se han limitado á aceptar lo resuelto en los Congresos internacionales. La serie de reclamaciones que se formulan ese día se acordó en el Congreso de París (1889) y no ha sufrido modificación alguna, aunque cada país la adiciona con reivindicaciones nacionales y de momento. En Austria y Bélgica se pidió- -y aún se pide- -el sufragio universal, puro y simple en España se reclama la concordancia de la ley Municipal con la de Sufragio, y algún año el servicio militar obligatorio. Las peticiones que en ese día formulan los obreros de todos los países civilizados son las siguientes: a) Limitación de la jornada de trabajo á un máximo de ocho horas para los adultos; y b) Prohibición del trabajo de los niños menores de catorce años, y reducción de la jornada á seis horas para los jóvenes de ambos sexos de catorce á dieciocho años; ve) Abolición del trabajo de noche, exceptuando ciertos ramos de industrias cuya naturaleza exige un funcionamiento no interrumpido; y d) Prohibición del trabajo de la mujer en todos los ramos de industrias que afecten con particularidad al organismo femenino; e) Abolición del trabajo de noche de la mujer y de los obreros menores de dieciocho años; f) Descanso no interrumpido de treinta y seis horas, por lo menos, cada semana para todos los trabajadores; g) Prohibición de ciertos géneros de industrias y de ciertos sistemas de fabricación perjudiciales á la salud de los trabajadores; h) Supresión del trabajo á destajo y por subasta; i) Supresión del pago en especies ó comestibles y de las cooperativas patronales; j) Supresión de las agencias de colocación; y k) Vigilancia de todos los talleres y establecimientos industriales, incluso la industria doméstica, por medio de inspectores retribuidos por el Estado y elegidos, cuando menos la mitad, por los mismos obreros. Por otra parte, las más de estas peticiones no son modernas. La antigua Internacional, en su primer Congreso general, celebrado en Ginebra en 1866, decía en uno de sus acuerdos: La verdadera libertad no empieza sino cuando el hombre entra en el pleno ejercicio de todas sus facultades. Partiendo de este principio, el Congreso opina que debe ser condenada por antifisiológica y antisocial toda prolongación de trabajo que incapacite al obrero para poder desarrollar y gozar de todas sus aptitudes. Y el Congreso considera que la jornada de ocho horas, á más de producir esos efectos, es suficiente para la producción de los servicios necesarios á la vida. As! ha nacido la llamada Fiesta del Trabajo y de lá Paz; y aunque por haber entrado en las costumbres se estima que ha decrecido en importancia, es lo cierto que cada vez se celebra por mayor número de obreros. En Madrid, cuando se veía en esa jornada un nuevo milenario, convocaban á la demostración cinco entidades obreras con unos i.5oo á 2.000 afiliados; este año convocan j 5 con 28 ó 3o.000. En todas las regiones del globo se celebra el 1 de Mayo en las condiciones que permite la legislación del país, ó clandestinamente si no hay otro medio. Desds el cabo de Buena Esperanza hasta Noruega é Islandia; d- sde el Estrecho de Magallanes hasta Quebec. Los viajeros relatan las hermosas manifestaciones que recorren las ciudades de Australia, y Nansen figuró con la tripulación del Trram en el cortejo de los manifestantes de Tramso, ciudad de Noruega situada en 70o de latitud N Es, pues, ésta una fiesta universal como no han conocido otra los siglos; y aun los que sean enemigos de las reformas que solicitan los obreros- -si enemigos pueden tener, -han de confesar que es hermoso ver á los hombres de todas las razas fraternizando y uniéndose en sentimiento común. JUAN JOSÉ M O R A T O NOTA BUFA DESPUÉS DE LA BATALLA SILVELA. ¡Vencidos! ¡Y para este resultado hemos cometido tantos atropellos... MAURA. Pero nos queda un recurso: echar la culpa á la sinceridad electoral. r m u i ¡T- W T T mirmniidr mnrtii niiJJir tn 1 innir n niiuiunr 1 imammrra 1