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t: nta ta víctima, viejo de alegre aspecto, atavío análogo; y es de notar que durante la peliaguda rapamenta sigue el rapado boina en cabeza, y que, cuidadoso de ella el barbero, sostiénela con dos dedos de la siniestra mano, mientras los otros tres dan fiero tormento á la piel del rostro que anda en intentos de pelar. Jamás se vio más renegrido paño de barbas que el tenido sobre el pecho y los hombros del cliente viejo; nunc i más abollada bacía, ni brocha más áspera, ni agua más t jrbia, ni hubo espuma de jabón sobre barbas de hombre que ganase en osadía a aquella espuma, y que, como f la, se entrase á todo sabor y á toda complacencia por boca y nariz, obligando al paciente á escupir y toser más de lo que fuera razón. Y nuestra conferencia, digna de andar en bronces esculpida fue como sigue: Acerquéme á la barbería, deteniéndome, sin embargo, en el que Maeterlinck llamaría límite de la acción de las almas, y que yo juzgué linde y frontera de aquel v. o deslindado establecimiento. Saludo finamente; respóndeme apenas el rapador; el rapado me dirige amistosa sonrisa por sobre las volutas de jabón, que hasta los ojos le suben. ¿Tendrá usted inconveniente en dejarse retratar? Mutismo en el barbero; el viejo logra desencajar! a Cabeza de entre las negras manos del maestro y responde con viveza agradosa: -Ningún inconveniente, señorito. Tomando yo el silencio de! barbero por muestra muda de asentimiento, insinúo: -Si tienen la bondad de estarse quietos un momento... El barbzro se encara conmigo; habla lenta y difícilmente, cual si estuviesen sus palabras sumergidas en el fondo de un pozo; se las ve ascender lentamente; juraría que hasta se oye el áspero gañir de la polea rechinante. Al cabo surgen pocas, mal pergeñadas. -Mire usted... (pausa) si me da usted una propina... (otra pausa) no tengo inconveniente en dejarme de retratar... si no, no. Prometo! a propina; reclamo de nuevo la inmovilidad. Hecho... ¿usted ha sido siempre barbero? -Y Vuelta á la penosa extracción de palabras. -Barbero, sí, señor. ¿Es usted de Madrid? -No, señor. ¿De pueblo? Silencio. El viejo se incorpora; sus ojillos vivaces fulguran, é interviniendo de pronto en la conversación, la acapara con verbosidad satisfecha. -Sí, señor; es de Guadalajara, y yo soy de Toro, en la provincia de Zamora; un pueblo donde nos damos tres pataditas con San Tirso. en las salas del Olimpia v del Casin- o. En el primero realiza e asombroso ejercicio un yanqui, antiguo corredor ciclista Uamac 5 Simithson, aunque su verdadero nombre es Vanderwoort y su apodo Diávoio. El artista del Casino se hacellamar Mephisto. ¿Usted, seguramente, tendrá opiniones políticas? ¡Pues no ha de tener, caballero! -interrumpió el viejo. -Republicano y á mucha honra, ¿no es verdad, amigo? -El amigo callaba. -Yo, sabe usted- -continuó el otro, -soy de los buenos, sí señor; y cada quince días me voy á casa del señor de Nakens, lo cual que es muy amable, y le digo, dice: ¿Hay algo, D. José? Ya lo sabe usted, calle de Ceferino González, 47, para lo que ocurra. Y el va y me dice, dice: Gracias, amigo, y hasta otra. ¿Verdad, tú? El barbero volvió á su penoso alumbramiento de ideas: al cabo, de los profundos de su reino interior surgió una palabra, única y solemne: ¡Canalejas! -dijo, y volvió á sumirse en el silencio. Después de nueva y larguísima pausa, pregunté: ¿Se gana mucho? -Gesto ambiguo. ¿Cuánto cuesta un servicio? -Según... lo que dan; unos, quince céntimos; otros, veinte; algunos- -al hablar de lucro los ojos del barbero se animan y las palabras salen más fáciles y abundantes, -algunos, muchos, dan un real ó treinta céntimos. -No puede ser; por un real ó treinta céntimos irían á la peluquería, donde hay comodidad... El hombre se obstina. -Pues los dan. Mire usted, aquí el señor siempre que viene me da los treinta céntimos, ¿verdad, usted? El viejo vacila: al cabo la vanidad vence. -Sí, señor; treinta céntimos. -Pero no sé qué instinto de prudencia le sugiere pronta rectificación: ¿Sabe usted? cuando lo hay; cuando no, da usted menos, diez céntimos, ó lo que se tenga... El artista no parece muy satisfecho de la rectificación; el amor propio, que sin duda padece... La operación termina: dobla el barbero cuidadosamente el paño de barba; el afeitado viejo se yergue, rebusca en los bolsillos y saca quince céntimos. Protesta el rapador. ¡E h! señorito, ¿no le oyó usted decir que daba treinta céntimos? Vengan las perras. -Vuelve el cliente á registrar bolsillos; saca un botón, un pedernal, una pipa vieja... -Me parece, me parece que me dejé el dinero en casa. El codicioso se acalora; iniciase nutrida granizada de palabras gruesas; antes de que se trueque en cerrazón, me alejo. ¿Cómo terminó la contienda? Averigüelo, si á tanto es osado, el piadoso lector. Como se ve en nuestro dibujo, el ejercicio consiste en correr, montado en bicicleta, sobre una pista que llega á describir una espiral, y en virtud de la cual el ciclista, cuando llega á la parte superior del círculo, camina de cabeza. La pista es de madera; y como forma, según dejamos expresado, una espiral más que un círculo, la dificultad mayor está en que en vez de llevar una marcha siempre derecha, tiene que hacerla oblicua hacia un lado para no perder el centro de la pista. El trayecto se puede considerar dividido en tres etapas. La primera desde el punto de partida ó de arranque, caminando sin usar los pedales y precipitándose por la pendiente por el propio impulso y siempre por la línea negra trazada en el centro de la pista. Cuando ha adquirido toda la velocidad, ha llegado al comienzo de la subida de lazo ó boucle Su marcha inicial es de sesenta kilómetros por hora. Entonces tiene que usar los pedales y hacer fuerza á la izquierda para no verse impelido, por la velocidad adquirida, hacia la derecha. A medida que sube pierde la velocidad. Cuando llega al punto culminante, donde está completamente cabeza abajo, parece que se siente detenido, y entonces empieza la tercera etapa, la más temible de toda la prueba, la de mayor peligro: la bajada casi perpendicular, á pico como quien dice, por el otro lado del lazo. La espiral se dirige á la derecha. El corredor tiene que impulsar su máquina á la izquierda para neutralizar el impulso tomado hacia la derecha y conservar de este modo la línea central de la pista. De esta última etapa, ó sea de tan rapidísima bajada, sale el corredor lanzado á una velocidad inicial de ochenta kilómetros por hora, y aunque halla para amortiguarla una nueva pendiente, es necesario el esfuerzo de muchos hombres y de cadenas dispuestas al efecto para contener al corredor, que termina entonces su maravilloso ejercicio. El largo total de la pista es de 100 metros. El plano inclinado que da acceso al círculo, de 35. El diámetro vertical de la lazada, de j o. La gran dificultad, según los corredores, consiste en mantenerse en equilibrio sobre la máquina y en mantener la dirección de ésta, siempre por la línea central de la pista. Y en disponer de una sangre fría á toda prueba, -agregamos nosotros. Diávoio gana cada noche i.5oo francos. No es mucho, por el riesgo de descrismarse. Pero por muchísimo menos se descrisman otros que no son acróbatas. Como el trabajo dura seis segundos, resulta una ganancia de 25o francos por segundo. Si Diávoio es de los que piden la jornada de ocho horas, ya sabemos lo que desea: ganar 2.628 millones de francos al año. ¡Una miseria! C. que más han contribuido a! mantenimiento de la paz europea! El convencimiento recíproco de la fuerza, más bien aleja que facilita el choque entre adversarios. En Francia habrá este año maniobras de cujrpo de ejército; maniobras de división y de brigada en 1 s cuerpos de ejército que no tomen parte en aquéllas, y, finalmente, maniobras de caballería. Las maniobras de cuerpo de ejército tendrán ios teatros de operaciones diferentes: uno en el centro y otro en el S. E En el centro las dirigirá el general Negrier, miembro del Consejo Superior de Guerra, y tomarán parte el 12 y J 3. cuerpo de ejército, la 1 a brigada de la 7. a división de caballería y, además de la artillería de los cuerpos de ejército que acabamos de citar, el grupo del cursj práctico de tiro de la 9. a brigada y dos de la 19. a En el S. E dirigirá las maniobras el general? letzinaer, miembro también del Consejo Superior de Guerra, y se movilizarán el 14 y 1 5. cuerpos de ejército, la brigada regional de Lyon, siete batallones de cazadores alpinos y la 6. 1 división de caballería. La artillería del 14. cuerpo se aumentará con dos grupos de la 7. a brigada, y la del i5. con uno de la 16. y otro de la 17. l Las maniobras d; división, que durarán catorce días, las efectuarán estas unidades del 1. 2. 4. 6. 8. 9. 10. y 1 1. cuerpo de ejército; la 5. a división de! 3. y la 9. a del 5. Las maniobras de brigada durarán doce días, y se llevarán á cabo entre estas unidades en el 16. 17.0 y 18. cuerpo de ejército. En las tropas de Córcega, que también las tendrán, se dispondrá para ellas solamente de diez días. Las maniobras de conjunto de la caballería, que prometen ser verdaderamente notables, serán dirigidas por el general Polleau, presidente del Comité técnico de Caballería, y tomarán parte en ellas la 4 a y 5. a división del arma, y las brigadas independientes 2. a y 6. a Se efectuarán también maniobras de división áz caballería, y en ellas tomarán parte la 8. a división y 7. brigada contra la 4. a i o a y 1 1 a brigadas, que Ikvarán afecto el grupo de artillería de la i a división de caballería. Durante ocho días ejecutarán maniobras y evoluciones propias del arma la 1. a 3. a 5. a 9. a 16. a 17. a, 18. a y 20. a brigada de caballería; la 2. a y 6. A de corace- os; la 5. d de dragones de la 1 a división, y la 2. l de la 2. a división. Total, 12 brigadas. Además de estas prácticas y trabajos especiales del arma, tomarán parte en las maniobras de cuerpo de ejército, división y brigada de todas las armas de que nos hemos ocupado anteriormente, las fuerzas de caballería afectas á esas grandes unidades. Como esta breve exposición de lo que las grandes maniobras van á ser en 1903 la juzgamos interesante, en números sucesivos nos ocuparemos de otras naciones. FERNANDO ALCAZARREÑO LO DE LOS TRANVÍAS J U NA víctima más. El pueblo protestó arrojando piedras contra el tranvía. El entierro de la víctima fue una manifestación popular, en la cuai hubo dos víctimas: la niña despedazada y el principio de autoridad. La manifestación fue por donde quiso, no por donde la autoridad dispuso. Y hasta otra. Los tranvías siguen caminando á paso d tortuga y sin que las empresas espontírteamente, ni por im posición de las autoridades, hayan introducido mejora algunf en él personal, que es donde hay que hacer algo para reducii el número de catástrofes que tan frecuentemente deploramos. Nadie puede suponer que haya conductores que adrede atropellen al prójimo; pero tampoco puede dudarse de que con personal probadamente apto, mejor retribuido y más descargado de trabajo, la seguridad del público estaría más garantizada. Las autoridades no lo entienden así; á las empresas no las conviene entenderlo, y entretanto las cosas siguen lo mismo, y puede llegar un día en que la falta de previsión ocasione sucesos muy lamentables. Al tiempo, sí no se pone remedio rápido y eficaz. tíl NS, Las pruebas de salvavidas verificadas no han dado hasta ahora resultado alguno práctico. Más afortunados los alemanes, según vemos en una Revista profesional, han conseguido que unos constructores mecánicos de aquel país obtengan patente de un aparato reputado como muy útil para los fines que se persiguen. Hasta aquí las redes de protección montadas en las cajas de los tranvías son un peligro para las víctimas de un atropello, porque tanto las redes como sus extremidades participaban de los movimientos oscilatorios del vehículo, y por lo tanto, su distancia al riel varía constantemente, lo que puede motivar que las redes, lejos de recoger á la persona víctima del accidente, resbalen sobre ella y la destrocen, sin que el coche ni sus ruedas lleguen á alcanzarla. En el salvavidas alemán, del que damos una idea en el dibujo que acompaña á estas lineas, parece evitarse dicho inconveniente. DEAS Y NOTAS MILITARES. LAS GRANDES MANIOBRAS EN LOS EJÉRCITOS EXTRANJEROS. FRANCIA Fíjase en estos momentos la atención del mundo militar en la organización que se está dando en las principales naciones de Europa á las grandes maniobras que en ellas habrán de efectuarse en este año de 1903. Para los países que compenetrados de la realidad se preocupan verdaderamente de su estado militar y del de los demás pueblos del universo, las grandes maniobras tienen un doble objetivo: en el territorio propio, hacer un alarde de los adelantos conseguidos y de las fuerzas de que se dispone, abriendo al mismo tiempo el breve curso de la única escuela práctica del alto mando; en el territorio extranjero, observar detenida, escrupulosa y concienzudamente el valor real y efectivo de todos los elementos de quien puede en el porvenir, aislada ó combinadamente, ser su enemigo. Se ha dilatado, por lo tanto, la finalidad de las grandes maniobras: ya no son exclusivamente el campo experimental donde se entrelaza la acción de las armas y los servicios de los ejércitos modernos; vienen á ser, además, la puerta que anualmente se abre para que la crítica profesional extranjera penetre momentáneamente en la vida militar de un pueblo y se dé cuenta, más ó menos exacta, según su suficiencia, del coeficiente de potenciabilidad ofensiva y defensiva de aquella nación. ¡Tal vez la periódica apertura de esa puerta ha sido uno de los factores G. MARTÍNEZ SIERRA El looping the loop L looping the loop, que los franceses traducen literalmente bouclant la boucte, es un espectáculo extraordinario que apasiona hoy en día y hasta divide al público todo de París. Proviene de los Estados Unidos, y se exhibe en competencia A este fin se emplean dos palancas dobles 2 y 2 a, que están montadas debajo de la caja del coche, y de cuyo orazo superior ó anterior 2 a se apoya por detrás del punto de rotación de la red giratoria, que á su vez va colocada obre zi bastidor del carruaje, sobresaliendo de la caja.