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qué sazonadas burlas, qué iadinas ocurrencias no hubiera escrito con tal ocasión! La aldea perdida nos muestra un caso literario tan curioso y extraño como lo sería Voltaire convirtiéndose en Florián, ó Campoamor trocándose en Arnao. Si, como hay derecho á sospechar, no es todo e libro una pura broma, á la manera de aquélla que, según cierto criticastro del siglo xvm, quiso dar Cervantes al mundo entero escribiendo sus comedias disparatadamente de propósito, para burlarse del sistema dramático de Lope; si, en efecto, Palacio Valdés ha escrito este su último libro de buena fe, con toda su alma... vamos, francamente, aun cuando el recuerdo sea cursi, no será un desatino acordarse de las siestas de Hornero. Y no se crea que es un despropósito. Nada menos que los personajes de la litada andan rodando por casi toda la novela- poema disfrazados de campesinos asturianos, porque lo dice el autor, aun cuando aldeanos que sientan, piensen y hablen cual los de La aldea perdida no se han visto más que en algunos cantables de zarzuela de Gaztambide y Olona. Así la obra resulta homérica, pero no de Hornero cuando estaba despierto. Abrimos el libro y nos encontramos en plena Arcadia. ¿En la Arcadia de Sannazaro y de Montemayor? ¿En la de Cervantes y Lope? ¿En la de Watteau y Nattoire? ¡Quiá! A todo tirar, en la Arcadia del difunto D. Antonio de Trueba ó en la de D. Gregorio de Salas, el del Observatorio rústico. Todos los aldeanos de La aldea perdida son hermosos, nobles, discretos, bravos, todos personajes de la íliada. El prudente Ulises se llama Quino de Entralgo; el esforzado Ayax, Torifoion de Lorio; Aquiles el de los pies ligeros, es Ñolo de la Braña; el feo y contrahecho Tersites responde al nombre de Bartolo; el anciano Néstor oculta su sabiduría bajo la gramáfica parda del tío Goro. Para aumentar la candidez del símbo o, las aldeanas que por arte de birlibirloque se truecan en señoritas y representan la inocencia perdida, se llaman Demetria, esto es, la madre tierra (en griego, para mayor claridad) y Flora. La paz bobalicona de estos aldeanos de alcorza y guirlache, sólo interrumpida por brutales reyertas á palo limpio, imitadas con sumo arte, ciertamente, de las batallas y de los encuentros de griegos y troyanos en la íliada, viene á alterarse y á transformarse en desdicha, corrupción, espantosa inmoralidad y cúmulo de crímenes nefandos, por la explotación de las minas que en el país existían, sin que los rudos aldeanos, tan míseros como brutos, las beneficiasen. Aparece un minero llamado Pluión, que la emprende á puñaladas con todo el mundo, y con él vienen el maldito ferrocarril, la brutal luz eléctrica, los odiosos artefactos mecánicos... y la navaja. El contraste es tan rebuscado, tan falso é injusto, que bendice uno á la navaja, pues con su llegada al país coinciden la riqueza y el bienestar de éste. Con aldeanos semejantes á los dioses, y con mineros parecidos á traidores de melodrama, puede probarse todo; pero, en realidad, los males que las minas hayan traído á la tierra, compensados están; y no creemos, no podemos creer que en la lucha del vapor, de la electricidad y de la industria, con la sarna, la lepra y la ignorancia brutal, sea lo más poético dar la razón á los microbios. Con igual asunto hizo Acebal un cuento muy lindo, la invasión. Motivo para un cuento había; para una novela- poema, no. A menos que lo de novela y lo de poema sea pura broma. Pero en broma ó de veras, no es justo negar que La aldea perdida es un libro importante, digno de atención y de estudio, y que en él hay páginas, particularmente los paisajes, de las más felices y mejor escritas de su ilustre autor. En la labor total, tan honrada, perseverante y hermosa de Palacio Valdés La aldea perdida representa lo mismo que entre las obras de Cervantes La Gatatea. Lo cual se me figura que no es un grano de anís. Y no se olvide que la pluma que escribió La Gala tea compuso después el Quijote. F N. L. El gobierno mejicano vacila. No sabe si aceptar. No se tiene noticia de que D. Pedro Alvarado, no obstante su apellido español, piense venir á España, cosa que lamentarán muchos los habituales paseantes de la calle de Sevilla y Puerta del Sol. decirse del hombre desarreglado en sus asuntos que anda de cabeza Ahora resulta que andar de cabeza, esto es, con los pies al aire, es un medio prudente y honroso de ganarse la vida. Dígalo si no un danés llamado Bautista que se halla en París, y que se propone ir en seis horas desde la Opera al Crédito Lyonés caminando con la cabeza y en la forma que indica nuestro grabado. Me parece que aunque el viaje sea lar- Recíprocamente, si se habla junto á un arco eléctrico, considerado como transmisor, la voz llega perfectamente al teléfono receptor. A pesar de ser muy reciente el perfeccionamiento de esta novedad científica, ha salido ya de los dominios puramente especulativos, para entrar en el terreno práctico de 3 a telefonía sin hilos sistema Ruhmer. Un ingeniero americano de buen humor ha propuesto aplicar el adelanto á las lámparas de las estaciones de ferrocarriles, para que, por la noche, á la llegada de los trenes, sustituyan al empleado que dice, por ejemplo: ¡Zaragoza, nueve minutos de parada... Restaurant! y que poco antes de arrancar el convoy diga igualmente: ¡Señores viajeros... al tren! El físico escocés M Burt, teniendo en cuenta que el bien ha de constituir el objetivo de todos los actos humanos, y que, por lo tanto, debemos inclinar al mismo las manifestaciones todas de nuestra inteligencia, propone la colocación de aparatos automáticos junto á los arcos voltaicos de las vías publicas, que de noche y mediante una moneda divisionaria comuniquen al viandante el nombre de la calle en que se encuentre, dedicando á beneficencia el producto de los mismos. Sí pudiera realizarse la noble idea de M Burt que acabamos de exponer, se lograría indudablemente el doble fin que te persigue: la utilidad práctica para el transeúnte que necesita saber dónde se halla, y la ventaja que en los establecimientos benéficos reportaría á los desheredados déla fortuna. 1 1 -N O T A B L E DESCUBRÍJ TM M I E N T O B I O L Ó G I C O ¡M Loeb foor LA FECUNDACIÓN AR- d e u n o d e o s principales TIF ¡CJAL. centros docentes de Norte América, descubrió uno de los fenómenos biológicos más notables de cuantos ha llegado á investigar el hombre en los tiempos modernos. Demostró palpablemente qke algunas substancias químicas pueden convertirse en excitantes de los huevos de las estrellas, de los erizos de mar y de las ranas, provocando á la vez la partenogénesis. Se había creído hasta hace poco que para perpetuar las especies, tanto en el reino vegetal como en el reino animal, precisaba el concurso de dos entidades orgánicas. Hoy es ya un hecho comprobado que, en ciertas especies y determinadas circunstancias, un huevo puede por sí sólo evolucionar y producir un nuevo ser. El fenómeno de Loeb puesto en duda en un principio por muchos naturalistas, acaba de ser comprobado en Francia por M A. Giard, en Alemania por M Herbst y M Vinkler, y en Inglaterra por M Wilson. Tratando los huevos de las especies antes citadas por diversas soluciones químicas, se ha conseguido su evolución como si hubiesen sido fecundados, dando por vía asexual seres semejantes á su progenitor. La autogeneración, la autofecundación, ó si se quiere la fecundación química es, á no dudarlo, una realidad. M Herxiegwy, en París, ha conseguido la completa evolución de los huevos de rana por medio de una solución acuosa de nitraro de potasa y amoniaco. En América, M Morgan emplea soluciones de estricnina. M Loeb obtiene notables resultados con los anestésicos, -ter, cloroformo, alcohol, etc. Los huevos de erizo tratados por el agua de mar saturada de éter, empiezan á desarrollarse en menos de un cuarto de hora. El agua y la sal son también substancias fecundantes. M Ivés Delagne, del Instituto de París, emplea fecundantes gaseosos como, por ejemplo, el ácido carbónico; basta un poco de agua de Seltz para que un huevo inerte evolucione. Lo Piiás raro del caso es que para ciertas especies la fecundación química produce resultados más eficaces que la fecundación normal. Son varias ya las hipótesis emitidas por diversos sabios para explicar este rarísimo fenómeno biológico, aunque ninguna de ellas resulta aceptable en absoluto. El naturalista ruso M. Tichomiroff recaba para sí el mérito del descubrimiento, y sostiene que la fecundación no se verifica por acción química de ninguna especie, toda vez que basta el movimiento de trepidación acompañado de un cambio de temperatura, para que los gérmenes se desarrollen. Esperemos á que ulteriores estudios y experiencias nos revelen el misterio con que la sabia Naturaleza ios oculta las causas del sorprendente fenómeno de la fecundación físicoquímica. CABEZA Si el Sr. Villaverde, nuestro ministro de Hacienda, encontrase el hombre que ha hallado el ministro de igual ramo de la República de Méjico, podría jactarse de haber hecho la felicidad de España, porque se aligeraría el presupuesto de sus más enormes partidas, cobrarían los pobres repatriados de Ultramar, bajarían los francos, y, en fin, nos veríamos en plena Jauja. Diógenes buscaba un hombre. El ministro mejicano le ha encontrado sin buscarle, que es como pueden hallarse los hombres. La famosa linterna está desacreditada. El hombre en cuestión es un reso. Es un ser feliz, que es más rico que la rica República de Méjico. Con esto está dicho todo. Se llama Pedro Alvarado, y se ha hecho tan rico de la noche á la mañana, que no ha hallado mejor medio de demostrar su filantropía que ofrecerse á pagar las deudas del Estado Mejicano. Hace dos años era un simple obrero que trabajaba en las minas. Descubrió un yacimiento de minera abundante y riquísimo, y no necesitó más para verse archimillonario. Lo curioso es que, rico y todo, sigue haciendo la vida que hacía antes de serlo. Otra particularidad. No ha querido confiar su fortuna á ningún Banco, y prefiere costear un cuerpo de guardas armados para velar sus tesoros. Nunca sale solo, sino acompañado de ocho hombres fuertes capaces de derribar de un puñetazo una casa. De este modo juzga aseguradas sus espaldas y su bolsillo, en el cual no lleva nunca menos de 25o.ooo pesetas... Suponemos que si por si se le ocurre comprar una caja de cerillas ó beber un vaso de agua con azucarillo. Este es el hombre que ha ofrecido á su país, Méjico, pagar todas las deudas del Estado. A TRAVÉS CRESO DE LA FRONTERA. UN MEJICANO. ANDAR DE go, dado el medio de locomoción, á pocos sitios mejores puede ir que al riquísimo establecimiento citado. Bautista nació en Huboug Dinamarca) y tiene un hermano que nació en Malmoe (Suecia) y también anda con la cabeza como su hermano. Les dicen que es una barbaridad lo que hacen, y me parece inútil decir que el segundo, sobre todo, no tiene necesidad de hacerse el sueco. En cuanto al primero, contesta hincando la cabeza en el suelo, echando los pies al aire y emprendiendo una carrera todo lo veloz que le permite su testa. Se dirá que más que danés parece aragonés, por lo dura que debe tener la cabeza. Eilo es que Bautista todo lo más que hace es formar una especie de turbante con una servilleta, encasquetársele hasta las sienes y ponerse de cabeza. Encoge el cuerpo por una contracción de los músculos dorsales y pectorales, y cae más lejos, siempre en equilibrio. El hombre de Dios dice que en su vida ha tenido un dolor de cabeza. Para que todo sea anómalo, Bautista, que siempre cae de cabeza, en París ha caído de pie. Quiero decir, que está haciendo su suerte, como ha venido haciéndola en Rusia, en Grecia y en otros países, cuyos soberanos han acudido á ver el admirable trabajo de Bautista. Por supuesto que si recorriese todas las cortes, no faltaría monarca que pensase: -Yo también tengo ministros que en muchas cosas andan de cabeza. AEMECE AL LER- WILL c ONSEjOS PRÁCTICOS. UNA IDEA POR SEMANA CTUAL 1 DADES CIENTÍFICAS. DESCUBRIMIENTOS E INVENCIONES LÁMPARA ELÉCTRICA QUE HABLA Y CANTA S Alemanídemosfró ante s d e c t 0 aud ¡torio que Para conservar el calórico se inventaron hace treinta años unas marmitas llamadas suecas, rodeadas de un fieltro destinado á conservar más ó menos tiempo el calor de la materia que en ellas se ponía. El medio, bien sencillo, de llegar al mismo resultado, consiste en utilizar una caja de madera llena de paja de avena. Basta este procedimiento para mantener el calórico de lo que ¡riera conservarse. El puchero ó vasija que lo contenga, bien una lámpara eléctrica de arco voltaico podía reproducir perfectamente los sonidos que un micrófono le fuese transmitiendo, M C. Leonard en el Laboratorio central de Electricidad de París, y M P Janet en la Sociedad internacional de Electricistas primero y poco después en el Conservatorio de Artes y Oficios, han reproducido varias veces, con éxito siempre creciente, el curioso experimento. El profesor austríaco M Grau y el físico inglés M Dudell, sostienen que las ondas sonoras son reproducidas por las vibraciones de la llama del arco voltaico. M M Heller y Cudray han logrado últimamente, por medio de un sencillo aparato, precisar el arco voltaico de una manera determinada, regular y rigurosamente exacta, puesto que los carbones excesivamente separados ó demasiado próximos, lo mismo que si son de mala calidad, no reproducen los sonidos con la claridad debida. Conviene graduar, como hacen los citados físicos, la tensión de la corriente eléctrica y las alternativas de la bobina del micrófono. Observando todas estas condiciones, y á unos cien metros de distancia, la reproducción de la palabra y sonidos, en generaj, es maravillosa por lo clara é intensa y sorprendente por lo inesperada. tapado, debe ponerse, como indica nuestro dibujo, en el centro de la caja, de modo que la paja, que debe estar muy cortada, llene bien el resto de aquella. De este modo el calor se conserva seis ó siete horas. Este método tiene por base la mala conductibilidad del calórico que tiene la paja, y puede prestar muchos servicios en ciertos casos en que sea preciso emplear soluciones templadas.