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semana pasada, Eran las diez de la mañana, y ei insigne escritor llevaba dos horas de trabajo, según me dijo el criado... cuando hicimos las paces, porque reñimos, sin reñir, el fiel servidor del maestro y yo. M e constaba que Galdós estaba en casa. Me lo negó el criado, y ya estaba en la calle cuando salió tras de mí llamándome. D. Benito había levantado la consigna en mi obsequio. Dios se lo pague y el santo del día. El criado había cumplido su deber. No cabía enojo de mi parte. El autor de los Episodios nacionales trabajaba en su cuarto de estudio y dormitorio á la vez: una gran sala sin draperías ni lujos, pero con mucha luz, mucha ventilación y, en suma, mucha higiene. La cama á un lado; al otro la mesa, creo que de pintado pino, y sobre e. Ki. una cartera, un tintero, muchas cuartillas y un atril muy sencillo, sobre el que había colocado algunas de aquéllas ya terminadas; en diversas sillas, libros y periódicos en montón. Con tanta modestia vive el que p o r su talento y con sus libros es uno de los escritores que más dinero ganan. Tenía entre manos Los duendes de la Camarilla, el tercero de los Episodios de la cuarta serie. -Se publicará- -me dijo- -á mediados de Abril, y comprende los años i85o, i85i y i852 hasta el mes de Febrero, que es cuando el cura Merino atentó contra la vida de la Reina Isabel... el 2 de Febrero de aquel año... Es muy interesante la historia de los sucesos relacionados con aquel regicidio. Este libro es de los que me han costado más trabajo. La palabra camarilla que he puesto en el título obliga á mucho, y es preciso explicar todos sus misterios... A este libro seguirá La revolución de Julio, que es una relación de los sucesos de 1854, a sublevación militar del Campo de Guardias, el manifiesto de Manzanares, el origen de la Unión liberal... A La revolución de Julio seguirá O Donnell, la historia política de aquel caudillo que llegó á constituir uno de los gabinetes más duraderos de la España constitucional. El sexto libro será Aita Tettauen, ó sea La guerra de África. He adoptado el título en árabe, porque será un relato de aquella gloriosa campaña hecho por los moros. La conocemos ya por lo que nos han contado sus héroes, sus cronistas, sus testigos. En mí libro aparecerá referida por los propios marroquíes. Carlos VT en la 7 dpita, el séptimo Episodio, será también muy interesante... La historia de Carlos Luis de Borbón, conde de Montemolín... Y como abriendo un paréntesis á la relación de su trabajo, exclamó el maestro: -Estudiando detenidamente estos asuntos se comprende la vitalidad de este desgraciado pueblo español y se admira más su virtud. La nefasta herencia de aquel desdichado Fernando Vil debería habernos aniquilado. Lo de San Carlos de la Rápita no fue sino una manifestación más de la podredumbre que nos trajo aquella herencia... ¡Cuánta aberración! ¡Cuánto servilismo! Habían pasado muchos años y subsistía el influjo de tanto mal. Tengo ahí una colección del Heraldo, del primitivo Heraldo, el que fundó el conde de San Luis en 1842 para combatir la regencia de Espartero, y hay que ver con qué lenguaje tan servil hablaba de los reyes y del alto clero... -A este libro- -prosiguió después de breve silencio- -seguirá La vuelta al mundo en la Numancia, de cuyo viaje hay mucho que contar, y principalmente de los obsequios de que fue objeto en las islas Otahiti. El penúltimo libro se titulará Prim, y estará dedicado á aquella gran figura de nuestra historia contemporánea. Por cierto que he hallado algunos datos muy curiosos. En 1851, Prim pronunció un discurso muy valiente y muy radical en el Congreso. Presidía el vicepresidente de la Cámara, D. Cándido Nocedal. Prim habló en un párrafo de la República francesa (que existía en aquel año, porque el golpe de Estado no le dio Luis Napoleón hasta el 2 de Diciembre) y la presidencia le interrumpió, advirtiéndole que no podía hablar de República en aquel recinto. -Señor presidente- -contestó Prim: -hablo de la República de Francia. ¿Cómo voy á expresarme, si ese es el régimen de gobierno de aquella nación? -Como su señoría quiera- -replicó Nocedal, -pero sin citar para nada el nombre de esa institución. El último libro, esto es, el décimo de la cuarta serie, se titulará La de los tristes destinos, y comprenderá la historia de la Revolución de Septiembre del 68. La de los tristes destinos es Isabel 11, á quien llamó así Aparisi Guijarro con frase shafcesperiana: ¡Adiós, la de ¡os tristes destinos! PENÍNSULA D I LOS BJW. KAJIES. MACEDONIA, DOMINADA POR TURQUÍA La cuestión de Macedonia l- l ÍZOSE célebre el título que puso á n estudio sobre la cuestión de Oriente, hace ya bastantes años, un conspicuo conservador: Lenta, pero continua desaparición de la media tuna de la culta Europa. decrepitud: hierros viejos, piedras viejas, cajas, llaves, peines viejísimos; sobre el armario un cartelón, muestra del establecimiento. Tiene escritas con lápiz las palabras siguientes: S E COMPRA ORO, PLATA, DENTADURAS Y GALONES. -Y para el teatro, ¿no prepara usted nada? -pregunté á D. Benito. -Hedado un drama á Mendoza y María Guerrero, pero no se estrenará hasta Noviembre. No me gusta hacer mucho para el teatro. Esta labor la hago en mi casa de Santander, donde paso el verano, -Esta nueva producción ¿es Mariache- -Sí. Tengo terminada otra obra teatral histórica; de asunto peruano, de allá de los tiempos de los virreyes, poco después de la conquista por los españoles; pero por ahora no se representará más que Mariache. ¿De la tendencia de Electra y Alma y vida? -De la de Electra; pero no podrá decirse que es anticlerical ni clerical... Con esto di por terminada la conversación, que siempre es amenísima, con el ilustre maestro, y salí de su estudio, donde no quedaba tan solo, puesto que sobre su mesa esperaban, probablemente gimiendo por el dolor del látigo, nada menos que Los duendes de la camarilla. AN 3 EL MARÍA CASTELL El nada breve título del estudio en cuestión no ha perdido oportunidad. La media luna sigue desapareciendo lenta pero continuamente de la culta Europa. Agreguemos, para decirlo todo, que desaparece con sobra de razón. Macedonia es, puede decirse, el único trozo de Europa que le queda á Turquía, y hay que reconocer que el gobierno del Sultán hace todo lo posib por quedarse sin él. Comprende Macedonia el país comprendido entre Bulgaria, Servia, las provincias de ocupación de Austria y Montenegro al Norte y Grecia al Sur. Las estadísticas sobre la población de Macedonia son contradictorias. Según Synvet, profesor del Liceo de Galata, se compone de 5oo.ooo musulmanes y 65o.000 cristianos, de ellos 424.000 griegos, J 76.000 búlgaros y 5o.000 greco- búlgaros, ó griegos, que han adoptado la lengua búlgara. Según otros informes, los habitantes de Macedonia son 1.531.000, que se reparten así: 410.000 búlgaros cristianos; 46.000 búlgaros musulmanes ó pomaks; 35o.000 albaneses (skipetars) 280.000 turcos; 145.000 griegos; 120.000 servios; 95.000 zinzars, y 40.000 judíos españoles. El resto se compone de 15.ooo tzígamos y otros extranjeros. De cómo es tratado este desgraciado país, da idea el informe del ministro de Francia en Turquía á su Gobierno: Según los informes que recibo y que concuerdan con los de otras embajadas, jamás las exacciones y las brutalidades han sido más numerosas que las que cometen ahora la gendarmería y la tropa regular. Columnas volantes recorren el país para buscar y ocupar las armas; durante el registro se alojan en las casas objeto de su persecución, y se aprovechan de esta circunstancia para despojar á los dueños de cuanto poseen. El director del ferrocarril de Salónica- Monastir me decía anteayer que, los días de pago, los empleados de la compañía son robados por los soldados encargados de guardar la vía. El embajador de Rusia me ha enterado también de este recrudecimiento de Ja persecución contra la población macedónica. Las violencias de los turcos aterran á los macedonios, que emigran al principado de Bulgaria. El gobierno es impotente para contener el sentimiento de cólera que los sufrimientos de Macedonia provoca contra los turcos. Estas son las noticias oficiales. Las particulares detallan las matanzas, los robos, los tormentos, las violaciones que á diario se cometen. La tendencia á una Macedonia independiente ó á una expansión territorial de Bulgaria, es lógica. Las potencias europeas empiezan á preocuparse de cuestión tan grave. Las proposiciones hechas por la población cristiana á Europa son muy razonables y han merecido la aprobación de Alemania, Rusia, Austria y Francia, dispuestas á apoyarlas ante la Sublime Puerta, en bien, dicen, de la paz general, amenazada con la cuestión macedónica. ¿Será serio este acuerdo? Porque todo el mundo sabe ya cómo proceden las grandes potencias. Por cuestión de ochavos, Francia amenazó con un desembarco en Turquía; por igual motivo, Venezuela se ve bloqueada y bombardeada; por ambición, Inglaterra arrebata su independencia á los honrados boers... peto los turcos asesinan, roban y violan en Macedonia y la civilización europea no protesta ni interviene, y los soldados del Sultán de Marruecos cortan centenares de cabezas que envían como botín á su soberano, sin que tampoco la civilización encuentre bárbaro, inhumano y vergonzoso tal procedimiento. El miedo á que se enrede la madeja, el brutal egoísmo, hace que tales iniquidades queden impunes, para vergüenza de Europa. El dueño del tenducho, hombre de hasta cuarenta años, sentado en un baúl cabe la mesa, se afana en sus trabajos de relojería. Es rudo de cuerpo, moreno, casi negro de rostro; no gasta barba, pero un descomunal bigote desparrama por toda la parte inferior del rostro sus guías desmayadas, de sauce llorón. Viste de pardo- -color de sayal, color de pobreza, -y la boina grasienta le cae sobre un lado de la frente en prolongado pico, que casi le oculta un ojo. ¿Se trabaja mucho, eh? -Lo que se puede. ¿Y es bueno el oficio? -Da para ir viviendo. Verá usted... según los días; hoy va bien porque esta mañana me dieron cinco reales por una compostura. ¿Es usted madrileño? -Sí, señor; del- barrio de Lavapiés, y bautizado en la iglesia de San Lorenzo. ¿Y ha sido usted siempre relojero? -No, señor; y eso que siempre me ha tirado; pero. verá usted... yo tuve la desgracia de quedarme sin padre á los cuatro años y me metieron en el Hospicio; allí estuve hasta los dieciocho, y aprendí á zapatero, porque á relojero no ensenan. Cuando salí, ¡qué hacer! me puse al oficio, pero siempre pensando en los relojes. -Interrumpióse como meditando algo muy hondo. -Mire usted, caballero- -agregó con singular energía, -si tiene usted hijos, póngalos usted aunque sea á ladrones (con perdón) pero no les enseñe usted á zapateros, porque es el oficio más trabajoso y que menos da. ¿Y cómo aprendió usted á componer relojes? -Yo solo, sí, señor. Con los pocos ahorros compraba máquinas viejas, y á fuerza de estropear muchas, aprendí á entenderlas y á hacerlas andar, y mire usted- -prosiguió animándose- -que trabajo sin herramientas aparentes. ¿Ve usted esta espiguita? -Y mostraba el casi imperceptible eje de una de aquellas diminutas ruedas. -Pues la acabo de hacer á pulso con esta lima. Hablaba enérgicamente, complaciéndose en la afirmación de su voluntad, recreándose en el recuerdo del esfuerzo, de la dificultad vencida. Aquel hombre, persiguiendo tenazmente su idea de arte- -rudimentario si se quiere, pero arte al fin, -llegando á dominarle á pesar de ignorancia y pobreza, aquel rebelde contra la vida que la suerte le impuso, hubiera hecho versos como Baudelaire si hubiese alcanzado á conocer quien de tal actividad le diese noticia y razón. Mostraba la espiguilla con satisfecho empaque de creador. -Es admirable- -le dije; -por muchos años que pasase trabajando sobre ello, creo que nunca sería capaz de aprender por mí mismo á componer relojes. Y él, con arranque de sincero orgullo: -Es que no es para todos, señor. Sonreía en medio de sus relojes y sus vejeces. ¿Y de todo esto en que usted trafica, qué es lo que produce más? C. -Unas cosas con otras, todas se ayudan; pero lo más esencialico es la relojería. Al retirarme, dejándole embebido en su trabajo, me 1- 1 ABLANDO CON LOS HUMILDES. J detuve un momento ante la mesa que servía de escapara UN RELOJERO DEL RASTRO te. Entre una rota peina, un destrozado camafeo, dos En la famosa Cabecera, emporio madrileño del tráfico llaves, una plancha y unas vetustas tenazas, alcancé á ver de lo intraficable. Pegado á la pared, cual si de ella hu- un libro, también muy viejo. Sobre la piel obscura de biese nacido, un establecimiento pintoresco. Mesa de pino; las tapas, borrosas letras de oro decían como sigue: EXECUTORIA DE HÍDALGUÍA DE DON TOMÁS Y DON PEDRO sobre ella armarito- vitrina tapizado con paño, un tiempo rojo, hoy iris desteñido; dos pasos mas allá otra mesa ANTONIO FRANCO SÁNCHEZ GADNROGA HERMANOS. (Hay Ull cubierta de innumerables é indescriptibles vejeces; en el Sello. CUARENTA MARAVEDÍS. SELLO CUARTO, CUARENTA MAsuelo algo que fue alfombra y hoy es sustentáculo de toda RAVEDÍS, AÑO DE MIL SETECIENTOS NOVENTA Y SEIS. -TMTfíllTimin- ¡mn TrKMT r 11 uní 1 1 ir irmf -TTIsiimraii iiMiiniiM nB rniií ra