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St AÑO UNO. NUMERO 9. CRÓNICA UNIVERSAL ILUSTRADA. Crónica política ¡J A S Ó el Carnaval, espléndido de sol, pero pobre de originalidad y de bromas. Para broma, la última circular electoral de Maura. Su obra es objeto de censura unánime, y el propio ministro ha tenido que redactar notas oficiosas de descargo. Torpe fue redactando la circular; pero lo es más aún redactando su defensa. En una y otra hace ver que su cacareado amor á la sinceridad electoral es una ficción, su pretendido respeto á la ley es pura hipocresía, puesto que contra la ley atenta reformándola desde la Gaceta, cuando ninguna alteración puede hacerse sin las Cortes. Terminantemente marca esa ley que en los colegios electorales no hay más autoridad que la de la presidencia, y que sólo cuando ésta lo requiera podrá la fuerza pública penetrar en la sala. La circular, por el contrario, autoriza la entrada de los delegados y de la fuerza armada, y no para auxiliar al presidente si se viese en situación apurada, ni siquiera con el pretexto de amparar al notario, como dice en uno de sus párrafos la circular, sino para que esos delegados independientemente de los documentos notariales redacten y presenten al gobernador un atestado escrupulosamente verídico y detc Hado sobre los hechos ó las omisiones que conozcan relacionados con la elección ú operación que se haya querido intervenir. Cuidarán en estos atestados- -agrega la circular- -de citar nominalmente á los testigos presenciales que puedan completar el esclarecimiento de la verdad, por si sobrevienen procesos judiciales relativos á aquellos hechos ú omisiones. ¿Puede ser más clara y evidente la violación de la ley? ¿No confiere esa desdichada circular á los delegados y á la fuerza armada una función electoral que no les otorga la ley? Pero es que la fuerza pública no intervendrá, ni habrá delegados- -contesta el Sr. Maura en una de sus notas- -sino cuando sea preciso y sólo en la medida que sea menester para amparar al notario. Donde no haga falta éste, no acudirá aquél. Donde el notario, solo, sea respetado, solo irá. Donde se sospeche que puedan impedirle sus funciones ó atropellarlo, en su auxilio acudirá la fuerza pública. ¡Donde se sospeche! ¿Y quién ha de sospecharlo, sino el cacique ó el candidato predilecto? No se concibe burla más sangrienta de la sinceridad electoral. Para ser s ncero, el Sr. Maura no ha menester de circulares. Bastaríale exigir de los gobernadores civiles el cumplimiento estricto de la ley electoral. Si su anhelo es hacer unas elecciones verdad, ¿á qué vienen esas multas á centenares de alcaldes, impuestas, no en el comienzo de la gobernación conservadora, sino en vísperas de elecciones? ¿A qué tanta destitución y tanta amenaza de procesamientos? ¿Es sincero el ministro que consiente á los gobernadores tantas coacciones y abusos? ¿Es enemigo del caciquismo, aunque le haya maldecido desde la oposición, el hombre que á la vez que dicta una circular vulnerando la ley electoral, tolera que hagan los gobernadores Io3 que están haciendo, probándolo el testimonio, no ya de la prensa política, sino de los Boletines Oficiales? Ahl Cuando las nuevas Cortes estén elegidas y se haga un recuento de votos, viéndose los diputados mauristas que lo son sin distrito propio, con acta de momio, por predilección de su ídolo, mantenedor del más grande caciquismo, se comprenderá el por qué de esas circulares, y quedará de manifiesto toda la hipocresía que encierran esas protestas sofísticas de amor á la sinceridad electoral. Atentado tan monstruoso justificaría el retraimiento de todos los partidos que sientan respeto hacia laley. 1 MADRID, 26 DE FEBRERO DE i9o3 NUMERO SUELTO, 10 CÉNTS. 3 primera década de Echegaray; que es tragedia sombría, pareja de aquellas tragedias que hace cinco lustros caldeaban la atmósfera del Teatro Español hasta ponerla al rojo... en una palabra, decirle yo á D José: don José, esto ya no se lleva ¡qué candor! á él, que juvenil siempre, sabe como pocos por dónde marcha el mundo; á él, que espigó en todos los campos de la dramática, desde el drama arrebatadamente romántico (En el seno de la muerte) hasta el mundano actual (Mariana) desde el legendario (Haroldo el Normando) hasta el pasional (Mar sin orillas) desde el histórico (Un milagro en Egipto) hasta el de ideas (El hijo de D. Juan) desde el caballeresco (La esposa del vengador) hasta el religioso (Dos fanatismos) desde el rural (Sic vos non vobis) hasta el moratiniano Un crítico incipiente) á él, que acaso nunca rompió un molde, pero que cambió muchos troqueles... lo repito, ¡qué candor! El secreto de la nueva tragedia echegarayesca (y lo de echegarayesco lo pongo aquí con muy mala intención) hemos de husmearlo en otra parte, inquiriendo en el público, no en un público, el derecho á la vida para obras que le piden al público su derecho á vivir. Y puesto á la husma, me pareció ocasión propicia á mi curiosidad la noche del sábado. Cuantos menos haya en un país, muchísimo mejor. Sería curioso, sin embargo, averiguar dos cosas: Cómo han sabido en Francia que se han ido de aquí esos animales, y á dónde han ido á parar. Ambas cosas son hasta ahora un misterio para mí, pero por lo pronto me tranquiliza sobre el segundo punto la sabiduría que tiene en los animales el instinto de la emigración. Donde quiera que hayan ido, estarán en su centro, í e aseguran que en Berlín se ha cuadruplicado el consumo de la carne de caballo. Por acá, con perdón sea dicho de los embutidos, no se suele comer esa carne ligera, y yo celebraría que tardara aún algún tiempo en introducirse en España la costumbre. Ya sé que tiene sus defensores entusiastas este manjar, que muchos juzgan cosa de gusto y digna por cnáz de figurar en los más opíparos banquetes; pero para mí tiene una contra muy grande: Sé por un amigo que la ha comido en París, que después de comerla hay que ir per la calle con precaución y muy sobre sí, porque en cuanto suena un látigo ¡sale uno trotando! CA- LOS L U S D CUENCA C. LOS TEATROS pretendiese cubrir con los abrojos de la mentira la flor de la verdad. Dejemos para el bisoño las caricias de una retórica afable; riamos las gracias del novel inesperto, como en el seno del hogar reímos las gracias del Benjamín; al hombre curtido por treinta años de incesante y ardoroso batallar le sofocaría el aire tibio del invernáculo, la atmósfera artificia de la lisonja. Para el tierno plantón, tutores y abrigaños; para el roble de raigambre honda, tronco alto y fronda espesa, el aire puro, el oreo serrano, que no ha de tronchar, por mucho que arrecie, su vigorosa ramazón. Y no me digan que caigo en los aderezos retóricos cuando más los esquivo; hay galas que de tan resobadas dejan de ser gala, y ésta de los genios y los robles está en tal caso. Curiosa circunstancia: hoy sobre el plantel se enciman dos copas y se levanta cada una en una punta de Europa: en la península escandinava Ibsen, en la península ibérica Echegaray. Los dos son ancianos, y los dos con sus manos secas, pero nunca temblonas, cogen la pluma como podrían empuñar la espada, con aire de reto y humor de pelea. ¿Quién puede decir, ni de quién se puede vaticinar que rebasados los setenta haría otro tanto? Que Irt escalinata de un trono es obra salida á destiempo de la cantera romántica; que este drama es un hermano menor de los dramas lúgubres v terroristas de la fj Ya era llamativa la circunstancia de que el público americano hubiese juzgado la obra de manera diferente que la crítica central, la del estreno, tomando lo de central y lo de estreno por sinónimo de crítica madrileña. En esto, que yo sepa, nadie paró mientes. Fui, pues, al Españo! en sábado popular ó populoso, fuíme á ver una obra que empareja con obras de veinte años há, ante un público que también empareja con el público de veinte años há, y pude convencerme de que la nueva tragedia está en sazón. Es natural. La escalinata de un trono tiene las mismas bellezas, los mismos defectos de aquel ciclo de obras que tanto apasionó, que tanto arrebató y que á tantos malogró. Yo he vuelto á releerlas, y si me dijesen que el drama actual es papel rezagado en la gaveta de Echegaray, lo creería sin vacilación. De tal manera se mantiene poderosa la facultad creedora del dramaturgo. Echegaray ha recorrido una escala muy grande, ha llegado en ella hasta la equivocación, pero jamás á la vulgaridad. Y ahora queda todo reducido á preguntarse: En el mundo de las artes ¿son lícitos los saltos atrás? La respuesta exigiría un espacio que no tengo aquí; sólo digo que aborrezco regateos; que una obra de arte la juzgo desde el terreno en que el autor quiere colocarme á mí, nunca desde el terreno en que yo quisiera colocarle á él; y digo, en fin, que una vez más he recordado ahora la frase feliz del olvidado Luis Alfonso: Echegaray ni camina ni sabe caminar; ó corre ó vuela ó cae. En cuanto al desempeño de la nueva tragedia, el juicio puede formularse sin cicaterías. Las dos figuras culminantes, J oger y Teodora, son de ardua encarnación, ásperas y difíciles de representar. María Guerrero encarnando á Teodora ha de mover todos los registros agudos ó sobreagudos de la representación trágica, y los maneja con destreza y á su tiempo. Cólera y amor, odio y disimulo, coquetería y altivez, pasión y dignidad, los más violentos sentimientos del ánimo, están matizados y resaltados en su inteligente labor. Díaz de Mendoza sostiene casi desde los comienzos de la obra hasta la arrebatada escena final, una entonación dramática creciente y vigorosa. Su aparición en el acto cuarto, desgreñado, con las carnes desgarradas y el rostro tinto en sangre, produce una de las conmociones de horror más hondas que pueden experimentarse en el teatro. Pocas veces un actor se entrega como él, sin reservas ni regateos, á la obra que ha de encarnar. FRANCISCO NDEMN 1 ZAC 10 N DE 75.000 LIBRAS ESTERLINAS Á ESPAÑA. Lo dice el telégrafo con el consabido y acreditado laconismo de sus hilos: El fallo del Tribunal de Edimburgo condena á la Compañía armadora Clydebanc á pagar á España 67.500 libras esterlinas por daños y perjuicios, y y. Soo por intereses, aparte las costas. La prensa comenta el fallo en frases de simpatía á España, haciendo notar que la condena no tiene precedente por lo cuantiosa, pues nunca se obtuvo una indemnización mayor de 20.000 libras. ¡Démosnos tono, que ahí es nada sacar de Inglaterra toda esa atrocidad de libras esterlinasl Verán ustedes lo que significa toda esa porrada de dinero inglés: 75.000 libras esterlinas, al cambio de 33,52, son 2.514.000 pesetas, ó sea 5o2.8oo duros. Esta cantidad de duros pesa la friolera de 12.570 kilos, atribuyendo á cada duro (legítimo, se entiende) un peso de 25 gramos. Cinco duros puestos uno sobre otro dan una altura de 12 milímetros poco mas ó menos. Colocados en esta disposición los 5o2.8oo del ítala alcanzarían una altura de 1.206 metros y 720 milímetros. Este cartucho tendido en el suelo alcanzaría una superficie algo mayor que la que hay entre la fuente de la Cibeles y la Puerta del Sol. La comparación más gráfica es la que ofrece el dibujo que acompaña á estas líneas. La famosa Torre Eiffel tiene 3oo metros de altura. Cuatro torres superpuestas darían una altura de 1.200 metros; pero como nuestros duros alcanzarían la de 1.206 y pico, resultaría que el cartucho aún sería algo más alto que las cuatro torres una encima de otra. Dirá el lector que todo es fantasear. Puede que lo sea... sobretodo si hay apelación en la sentencia del tribunal de Edimburgo. Pero si no la hay y esas libras vienen para E s paña, nada más natural que después de sacar dinero á los ingleses, estemos como chiquillo con zapatos nuevos. ACEBAL COSAS n Francia, durante las últimas elecciones, hallábase grave mente enfermo un elector, Totabras, y tan cuesta arriba se le hacia al hombre irse al otro mundo sin votar al candidato adicto, que se decidió á votar como se casan aquí los solterones recalcitrantes: in articulo rtortis. Hízose conducir el ciudadano en una camilla al colegio, votó, y falleció muy poco después. ¿Qué español sería capaz de hacer otro tanto? ¡Ningunol ¡Ni falta que hacel- -me contesta mi sobrino, que presume de entender de todo. Aquí nadie pierde el derecho electoral á su f? llecimiento; y más que en las parroquias, se celebran en las elecciones los sufragios por los difuntos. C e g ú n el Journal, han desaparecido de España muchos ani males, especialmente el puercoespín. Felicitémonos del hecho y agradezcamos la noticia los que sabemos que el peor mal de los males es tratar con animales. EREZ GALDOS Y LOS EPISODIOS NACIONALES Pérez Galdós, el ilustre maestro, es la personificación de la actividad y del trabajo. En este tiempo se le podría ver paseando algún rato por la tarde, pero el paseo le sirve para ir á corregir pruebas ó dar instrucciones en la imprenta donde imprime sus obras, en la Carrera de San Francisco, ó para dar una vuelta por su casa editorial de la calle de Hortaleza. Vive en una casa no muy lujosa del Paseo de Areneros, y en ella trabaja muchas horas del día sin recibir visitas, que forzosamente le distraerían de sus estudios y de sus trabajos. Por rarísima excepción, quiso recibirme un día de la