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S AÑO UNO. NUMERO 7. CRÓNICA UNIVERSAL ILUSTRADA, -s VM- S MADRID, 12 DE FEBRERO DE 1903 N Ú M E R O SUELTO, 10 CÉNTS. -s Chismografía extranjera -H L r e y Eduardo V I 1 y el expresidente Krüger, que estaban delicados de salud, se encuentran mejor. E n cambio, Chamberlain, que no estaba delicado, cada vez lo está menos. P o r las calles de Londres pasean catorce procesiones d e obreros sin trabajo. ¿Pidiendo? ¡N o que van á ir dando! A l gunos tocan, bailan y cantan unas coplas en que se habla del domingo de sangre y d e otras amenas perspectivas: anunciase un cake walk ó una merienda general de negros. El vaudeville, opereta Ó lo que fuere, representado por la princesa de Sajonia, se ha convertido en tragedia, en la eterna é irresoluble tragedia de Las culpas de tos padres, y se da el caso d e que en medio d e la culta E u r o p a resuene la voz angustiosa d e un niño moribundo que implora ver á su m a d r e y como si gritase en el centro del Sahara; ó peor, porque allí quizás le auxiliase alguna hiena caritativa ó algún filantrópico chacal. Continúan los sayones de E u r o p a r e p r e sentando la Pasión y muerte d e Venezuela. El presidente Roosevelt, el antiguo é impetuoso coronel de los roughriders, ha creído prudente aceptar el papel d e Poncio Pilatos; en consecuencia, ya se ha lavado las manos, lo cual quizás le hiciera falta. Entretanto, el archimillonario M o r g a n traduce del francés la bonita leyenda del Panamá y se prepara á verter un Atlántico d e dollars en el Pacífico de su insondable bolsillo. Interrúmpese v. n Bruselas la vista de causa del anarquista Rubino, por enfermedad d e un jurado que presenta evidentes síntomas de jindamiHs aguda. Los ingleses tratan d e meter un ferrocarril en el propio Paraíso terrenal; esto es, entre el Tigris y el Eufrates, desde Bagdad á El Koueit; asi tendrán á su devoción el golfo de A d e n el Pérsico, el de Omán y el de Bengala; y ¡parece mentira que pueda sacarse tanto dinero de cuatro golfos! P a r a inventos sutiles el del P Camboné, misionero en Madagascar, quien acaba d e establecer en Tanaiiarive una fábrica- escuela de sedas d e arañaí excelente materia para imprimir el programa d e nuestro partido liberal, como suelen imprimirse en seda ordinaria los de las corridas de lujo. Y á todo esto, el padre de la pollina sigue sin parecer, p e r o las última noticias son de que tiene la cabeza menos segura que si se hubiese visto obligado á redactar un programa fusionista. Pini y Breittmayer han llegado al corps a corps, p e r o en forma d e abrazo; la sangre no ha llegado al río, pero el r e clamo, sí. Esto pasa por ahí fuera. E n casa... t o dos buenos. Sólo hay de malo que se nos murió el ilustre doctor Cervera, un g r a n d e hombre que, por dar á los demás la luz de los ojos, perdió la luz del alma. E n paz descanse. ENE nografía iniciados por M a r i o son ya obligatorios hasta en los más humildes corrales. Pero este arte aún no ha hecho alto, y hoy no basta lo que con impropia voz se llamaba propiedad. U n director ducho y experto sabe ya que la propiedad, p o r sí sola, es cosa frivola, arte d e la menudencia, enfadoso por lo prolijo y lo baladí. H o y llegamos á una perfección más alta y más razonada; hoy los grandes directores escénicos se esfuerzan, no en lucir su personal destreza con el amontonamiento d e minúsculos detalles que estorban por lo supérfluos, sino en facilitar la labor de! literato, pudiendo llegar hasta el ahorro d e escenas expositivas, sin otro fin que hacer ambiente. O b r a hubo en que el fárrago embarazó, en vez d e allanar, los comienzos de un acto, atrayendo la atención del público hacia trebejos ó chirimbolos. Dígase de una vez: el hábil director de escena ha de encaminarse antes á la adaptación del espíritu que al recreo d e los ojos del espectador. Y como sobre el divertido tema de la quincallería en el teatro pued e escribirse mucho, aquí hago punto por h o y bastándome lo poco que dejo dicho para dar á entender que Díaz d e M e n d o z a ó quien dirija el cotarro del Español, que y o no lo sé, ha dado pruebas manifiestas de poseer un sentido artístico sagaz y serio. Como esto es lo primero que salta á la vista al comenzar la representación d e La Pecadora, d e ello hablé primero, en contra de lo que es costumbre injustificada y general. El arte teatral es un conjuntó de artes; y o aplico el mismo rasero del sistema armónico vagneriano para medir y raer las presentaciones en el teatro de la ópera ó en el teatro chico. N o piense algún malicioso que pretendo escamotear la obra estrenada, entre t e lones y bambalinas. El nuevo drama d e Quimera no gustó al público. Y nótese que en esta ocasión el público y la crítica han marchado juntos, en buena armonía, de amistoso bracero. Y ante unanimidad tan d e soladora, y o apenas me atrevo á afirmar nada. P e r o á interrogar, sí me atrevo: ¿Es que este drama es peor que otros dramas de Guimerá? Vuelvan la vista atrás, y con la mano sobre la conciencia respondan: ¿Es peor? Si hay autor con una dramática igual y sostenida, con una dramática encerrada en sí misma, redonda, es Ángel Guimerá, O b r a la suya de fácil estudio, porque el análisis d e uno sólo de sus dramas es adaptable á todos sus dramas. Y sin embargo, Guimerá, que otras veces triunfó con estrepitosas victorias en el teatro Español, ahora, esgrimiendo armas iguales y con fuerza igual, no ha logrado vencer. Sí, sus armas son las mismas, Guimerá no las ha cambiado. ¿Será el público quien cambió? ¿Será que aquí ha muerto algo? Después d e ver morir el melodrama, ¿será que estemos destinados á presenciar la agonía del drama mismo? M e parece ocasión de repetir el cuento de Víctor H u g o que es en verdad un eterno cuento. Cuando al final d e su vida le motejaban cambio de gusto, mudanza de escuela, respondía el poeta: N o soy y o quien ha pasado, es el tiempo el que pasó. E s verdad; no son los autores los que pasan por delante del tiempo: el tiempo es el que pasa por delante del autor. H a y otras circunstancias que, de tener espacio para ello, merecerían estudiarse al hablar de un drama de Guimerá, es decir, d e un drama p e r t e neciente al teatro catalán. Observo que nadie paró mientes en ello; la filiación de esta obra ha d e buscarse en otro terreno distinto d e nuestro terreno habitual. E n Cataluña se va formando una dramática con caracteres que la diferencian d e la que abastece los teatros madrileños. Yo no digo ahora que sea mejor ni que sea peor; digo sólo que es diferente. El teatro de Guimerá, de Iglesias, de Rusiñol, de Torrendell, es como flor más campestre, más ruda diré, si la palabra no se toma en sentido chabacano; flor de aroma más selvático que la flor cultivada, d e aroma pene- trante, del teatro d e Echegaray, Benavente, S e lles, Quinteros. El juicio debe tener su medida y su compás. FRANCISCO A C E B A L ID El CAS AS BODAS DE ORO DEL D o s palabras p r e MAESTRO CABALLERO 5 3 p explicar por qué pongo el título de Ideícas á la sección presente. -j V a y a unas ideícas que tienes! -suelen decir en mi tierra al autor de alguna dañina travesura ó al que hace patente alguna mala intención. Como yo no tengo malas intenciones, y si las tengo las estrangulo en el mismo momento de nacer, cometiendo una especie de honrado infanticidio, claro está que mis Ideícas no lo son en la acepción socarrona que queda expuesta. L o son en el más modesto sentido del vocablo; porque mis fuerzas periodísticas están á unos cuantos kilográmetros por debajo d e las d e aquel E m i lio de Girardin, que se jactaba de engendrar, sostener y lanzar une idee par jour. Aquí en M a d r i d ¡ni por semana! O como decía Sosiííí, el padrino de Gamborena, cuando le presentaron á Julián Gayarre, el que gana, amigo Sosúa, el que gana tantos y tantos miles de francos por noche en Londres y en París -P u e s en Oyarzun, ni dos pesetas. E s decir, que en punto á tener y lanzar grandes ideas, me contento con ser un Girardin... para andar por O y a r z u n P o r si lo indicado no basta, recordaré que otro hércules de la prensa francesa, el célebre cuanto descarriado Rochefort, fundó La Linterna para confiar á sus páginas (escribía) ames petites idees su 1 nos grands hommesr) ¡N o hay que asustarse, que tampoco trato de demoler imperio alguno! N i siquiera á la bella Imperio asestaré mis d a r d o s P e r o en fin, sin la menor malignidad, me traeré mis pequeñas ideas sobre cosas y personas, grandes ó chicas; mis Ideícas, en suma, según conviene á un Girardin muy en pequeño y á un Rochefort muy atenuado, sin otra sal en la mollera que la que le puso el señor cura d e Cuarte en la pila bautismal del Pilar d e Zaragoza. Algo largo me ha salido el preámbulo; p e r o amigo, para emprenderla con el maestro Caballer o hay que tomar el aperitivo, no en un dedal, sino en un pozal. Gran bocado, ¿eh? N o se dirá que me alimento con mariposas, como el gitano del cuento. Apuesto todas las zarzuelas que h e d e escribir y o en este mundo contra todas las que lleva compuestas el maestro Caballero (y esto es lo que se llama jugarse el t o d o por el todo) á que el propio D Manuel ha olvidado que en este año de 1903 se cumplen cincuenta d e sus desposorios con T a lía... Con E u t e r p e propiamente dicha, habrá t e nido tratos íntimos y precoces desde su más tierna infancia. Ya sé que su primera zarzuela. Tres madres para una hija, se representó en el teatro de L o p e de V e g a el año 1854; p e r o en abono d e que sus bodas de oro teatrales debe celebrarlas el maestro y festejarlas M a d r i d en el año que corre, me remito á lo que escribe P e ñ a y Goñi en su muy conocido y muy autorizado libro sobre la música dramática española: E n i 8 5 3 hizo oposición al magisterio de Capilla d e Santiago d e Cuba, plaza que no se le concedió, á pesar de haber merecido el primer lugar, por no tener la edad exigida p o r los edictos. E n el mismo año fué director de orquesta, p o r primera vez en M a d r i d en el teatro d e Variedades, para donde compuso varias fantasías sobre motivos de óperas, algunas overturas y caprichos originales, y gran colección d e piezas d e baile. D e suerte, que hace cincuenta años perdió la Iglesia definitivamente al que empezó d e tiple en las M a d r e s Agustinas d e M u r c i a y definitivamente lo ganó el T e a t r o para gloria y prez de las artes L LOS TEATROS I H S P A Ñ O L L A Estamos en una alquería; el PECADORA amo és Un labrador d e genio áspero; el ama es una mujer vigorosa y sana. T i e nen una hija, una niña candorosa. E n la alquería entran y salen mujeres del pueblo, gañanes d e aldea. Aquellas gentes hablan con naturalidad encantadora d e faenas campesin s, d e cosas aldeanas. N o s parece que una bocanada de aire serrano orea la escena. Aquellas paredes blancas, aquel zócalo ancho de pálida azulejería, aquellos cuadros d e infantil coloración en sus marcos d e caoba, aquel mueblaje en que se mezcla. sutilmente con lo rústico lo Urbano, con el sofá d e enea la mesaescritorio, nos da una impresión fuerte y vigorosa de ambiente lugareño. E s un cuadro sobrio, d e entonación muy suave, que coloca con rapidez el ánimo del espectador en lugar y en ocasión. E s t e es el efecto á que d e b e tender con ahinco la presentación escénica. E n pocos años hemos adelantado bastante, y los refinamientos d e la esce-