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No quise conocerla, parque estos tipejos que viven explotando la ignorancia ajena y aun la propia, inspiran poco cuidado á mi curiosidad indolente. Creo que el interés científico y aun el periodístico está en el estudio de los enfermos curados, sugestionados por su fe en la virtud de la embaucadora, fe que es, sencillamente, una supervivencia de salvajismo. Un artículo del Heraldo sobre las curanderas que en Madrid hay, me ha hecho recordar que aquella enferma había pretendido vencer mi incredulidad burlona con una fotogiafía en la que SE VE la virtud de doña Josefa. A poco que el lector se fije en el retrato, verá, en efecto, que de los dedos de la curandera salen cinco rayos luminosos, cinco corrientes de misterioso fluido, que todo lo cura, todo lo arregla y todo lo sana. No hay dolencia ni microbio que resista á la virtud de doña Josefa. La fotografía es un poco antigua, de veinte años há, pero representa un momento solemne, casi augusto, en la vida de la curandera. Era doña Josefa una pobre mujer que ignoraba su virtud. No es éste un caso extraordinario. Enferma su marido, y ¡claro es! ella, buena esposa, le acaricia de vez en cuando; el marido, al contacto de las conyugales manos, siente un alivio, una mejoría, un como si le sacasen la maldad del cuerpo- -así lo dicen las creyentes, -tan claramente manifestados, que se pasaba las horas muertas pidiendo á su mujer que le acariciase. Despidieron al médico, tiraron los menjurges de la botica, que no sirven más que para estropear el estómago, y tocamiento por aquí y tocamiento por allá, caten ustedes curado el enfermo. El suceso produce la admiración del vecindario. Doña Josefa se siente maravillada de sí misma. En el barrio hay una niña á la que se le ha encogido una patita y no hay médico que se la estire. Llevan la enferma á la virtuosa, le pone ésta una mano encima y la niña se estremece, y la patita encogida, zas, zas, se va alargando y enderezando como por arte de encantamento. Desde aquel día doña Josefa vive de su virtud. Por una peseta pone la mano encima al enfermo y por otra peseta mete la punta de sus dedos maravillosos en la boca de una botella llena de agua. Basta un minuto para que el agua sevirtualice. Se lleva uno la botella á casa, y es lo mismo que si llevase á la propia doña Josefa en un frasco. Nuestra curandera no receta; no da yerbajos medicinales ni lagartijas fritas; siente un olímpico desdén por las viles falsificadoras que desacreditan tan honrada y benéfica clase. Porque es lo que dicen dos mujeres que hay siempre en la antesala de su consulta para dar palique á los enfermos y asombrarles con el relato de curas prodigiosas: ¿No ha dado Dios á la tisana esta virtud y á la flor de malva la otra y al cornezuelo de maíz una fuerza tal que sería capaz de echar á Jonis del vientre de la ballena? ¡Pues á doña Josefa le ha dado todas las virtudes! Y así como hay plantas que tienen la gracia de ser diuréticas, o catárticas, ó astringentes, la curandera que echa hiliIlos de luz curativa por los dedos, tiene la gracia de Dios. La tiene y la cobra. DIONISIO PÉREZ dia de Danvila no hay ninguna loca; lo que hay son varios tontos. Pero como los tontos son seres muy divertidos, pueden hacerse con ellos comedias de mucha diversión. El marido zascandil que cuando está en brazos de la mujer piensa en la amante y cuando está en brazos de la amante piensa en la mujer, ha dado tela, en lo poco que va de siglo, á dos comedias por lo menos: La báscula, de Donnay, y JVina la loca, de Danvila. No me sorprende esta copiosidad. Es tan humano, tan humano, el marido inconstante y cortejante, que á mí me pareció humana, muy humana, la comedia de Danvila. Su cualidad más estimable es esa: aire de vida, calor de humanidad. Esta dote me decide á filiar al autor novel, entre los creadores de un teatro nuevo, limpio de artificio, exento de gazmoñería, teatro raso, mon- tístico de la Comedia es sobrio y de entonación muy elegante; está diestramente acoplado al género que cultiva. Rosario Pino hizo la Jolina con airoso desgarro; una Nina que no es loca, pero que hace enloquecer. Matilde Rodríguez, de prendera, lució una vez más sus valiosas prendas. Tallaví se mostró como siempre, actor muy estudioso; lástima grande, muy grande, que no corrija la monotonía de su dicción; parece que á su instrumento vocal le faltan pedales. Debe hacerse constar también que Tallaví ha dado pruebas de simpática modestia, una modestia artística de buen tono, haciéndose cargo de un papel secundario... secundario en apariencia; para actores de talento no existe lo secundario; el papel no los hace á ellos; son ellos los que hacen el papel. FRANCISCO A C E B A L LOS TEATROS COMEDIA- -ESTRENO Los dominios del críV DE NINA LA LOCA t ¡c o t e a t r a t k n e n u n a frontera: la batería. Necesito rebasarla, hablar algo y discurrir algo sobre lo sucedido de candilejas afuera, como discurrimos sobre lo sucedido de candilejas adentro. Es el teatro un divertido conjunto de autor, comediantes y público, que si pasan noches en amor y compaña, otras andan á la greña, y no está bien que el crítico tome partido por ningún bando. Pues rebasadas las fronteras, digo sin repulgos ni rebozo que en el estreno de Nina la loca me gustó más la comedia que el público. Clama éste por autores nuevos, por comedias nuevas; pide á boca llena un teatro nuevo, y mientras tales novedades pide, él, no se mira á sí mismo... ¡Ah! Si se mirase, clamaría también por un público nuevo. En el teatro de la Comedia nos presentaban un autor nuevo: autor siglo xx; una comedia nueva que nos traía (buenas ó malas) cosas nuevas, cosas del xx; la presentaron y la representaron con animación, con gentileza, con un garbo también muy siglo xx, y el público, lo que llaman la gran masa... en el xix. Apenas la obra representada le disgusta, ó aún sin disgustarle, transcurren en una escena dos minutos más de los que previamente la masa le presupuesta, nace ya el sagrado deber, y lo que es peor, el sagrado derecho, de expresar la reprobación y la impaciencia con los más desapacibles y broncos ruidos. Porque en el siglo xx todavía la masa, la gran masa tiene por rastreros órganos de su alto juicio la contera del bastón y los calcaños de la propia persona. Es absurdo que la protesta de un espectáculo malo consista en dar otro espectáculo peor; no se convencerán nunca los censores pedestres de que su bofetada la recibe en el rostro el actor inculpable, á quien se ofusca y se le turba en su labor. No se convencen porque tienen su código que les impone turno en el ejercicio de las extremidades; para instrumentos de aplauso, las palmas de las manos; para instrumentos de reproche, las plantas de los pies. La templanza no es virtud que se dé en la masa. Ahora, candilejas adentro, vamos con JVina la loca. Y ante todo hagamos constar que en la comeQ DEL GOZTO VE VENEZUELA T ENTRADA DEL ZAGO MAT ACATBO, donde el cañonero alemán Vaniher bombardeó el fuerte de San Carlos, pretendiendo forzar el paso para capturar al cañonero venezolano Miranda. do y lirondo. Teatro de Galdós en Realidad, teatro de Benavente en Sacrificios, teatro de los Quintero en Lasfllores; el embrollo, la intriga, la trapisonda desaparece; no hay madeja que enmarañar y desenmarañar. Con el marido que busca, como dice Donnay, su modus amandi, al sentirse hastiado de su modus vivendi, el mismo Donnay hizo cuatro actos, sin más postizos ni arambeles. Cogiendo un marido de la misma calaña, de los que aman á la esposa con ternura y á la amante con locura, urde Danvila otros tres. Los cuatro actos de Donnay constituyen una comedia muy divertida y que gustó mucho al público de París; los tres actos de Danvila gustaron poco al público de Madrid. Pero aquí debe hacerse una honrada distinción, porque creo como Emilia Pardo Bazán, que el criticar no es sólo juzgar, sino también distinguir, y debo distinguir entre el público grande en granel y el público pequeño de unos cuantos literatos. El primero recibió la obra desdeñoso; el segundo la acogió benévolo. Claro que á la postre, el que da y quita triunfos es el primero: régimen servil de mayorías. El fenómeno, sin embargo, me dio que pensar, y de esta contraposición del juicio de las gentes he venido á sacar el juicio propio. JSina la loca es una comedia desdibujada, emborronada, informe. Más claro: Nina la loca no es un cuadro; es un boceto. Todo está apuntado y todo sin hacer; apunta la intención, asoma la línea, se indica el color, pero falta dibujo, firmeza y nitidez. A los técnicos, á los iniciados en los secretos de un arte, les basta para saboreo un boceto, á veces una mancha. El público pide cuadros hechos. Así me explico yo el doble efecto de la comedia nueva. En donde unos veían claro, otros vieron turbio; lo que para unos fue promesa, para otros fue desengaño. Creo que Danvila nos ha presentado un borrador, y que de este borrador saldría con facilidad limpia y clara una comedia. La interpretación, ya lo dije al pasar, fue galana, rebosante de vida y verdad. El cuadro ar- CUESTIÓN DE LAFUERTE DE SAN VENEZUELA. EL CARLOS La cuestión surgida entre Venezuela, Alemania, Inglaterra é Italia vuelve á ofrecer interés muy grande, á consecuencia del bombardeo del fuerte de San Carlos, en el golfo de Venezuela, por el cañonero alemán Panther. El pacífico bloqueo que han puesto las tres citadas naciones europeas á la pequeña república americana, y que ha costado á ésta ya muchas vidas, muchos barcos y enormes quebrantos, sigue siendo testimonio vergonzoso, pero elocuente, de que en los tiempos de progreso moderno, como en los de la pasada barbarie, el derecho de la fuerza puede más que la fuerza del derecho. El fuerte de San Carlos está situado en la isla de su nombre, y tiene á su pie una aldea, que ha sido destruida por los proyectiles alemanes. Cierra la entrada al lago Maracaibo, dejando sólo entre su extremidad y la de la isla Zapara un paso tan peí groso, que los barcos necesitan recorrerle con gran velocidad y llevando á bordo un piloto práctico. Un cañonero venezolano, el Miranda, penetró en el lago Maracaibo al amparo del fuerte de San Carlos. Entonces el cañonero Panther rompió el fuego contra el fuerte, que contestó con piezas de 120. El Panther es un barco de 62 iretros de eslora por 9 de manga; desplaza 900 toneladas y tiene dos máquinas con 1.3oo caballos de fuerza. Su artillería la componen cuatro cañones de 88 milímetros, cuatro de 5 j y cuatro de 3 y. Las últimas noticias son de que el Panther, que después del primer bombardeo tuvo que retirarse á alta mar, reanudó el fuego ayudado por los barcos italianos Viñeta y Gazelle, logrando destruir el fuerte, forzar el paso, penetrar en el lago Maracaibo y apresar al cañonero venezolano Miranda. Esta agresión ha producido mucha efervescencia en los Estados Unidos, y ha producido vivas discusiones en el Reichsrag alemán.