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ÓMO SE CELEBRA EN PALACIO V EL SANTO DEL REY Mañana, como es sabido, celebra sus días Don Alfonso XII Sería anticiparnos á los acontecimientos, y no tenemos el don de ser profetas, decir en qué forma va á celebrarse en el Palacio de Oriente la fiesta del día. No es de creer que se alteren mucho las costumbres establecidas, porque el Rey siente veneración por su madre y nada de lo que ella hace lo rectifica el hijo. En esta creencia y explicando lo que se ha hecho en años anteriores, creemos poder explicar lo que poco más ó menos se hará mañana. La Reina es muy madrugadora. A las siete en este tiempo está en pie. El día del santo de su hijo ella es la primera en felicitarle. La acompañan sus hijas la Princesa de Asturias y la Infanta doña María Teresa. El primer acto íntimo de familia en tan solemne día es el reparto de regalos. La madre obsequia por igual á sus tres hijos. Es muy curiosa la historia de los regalos hechos por S. M. á su hijo, porque revela, por la índole de los obsequios, la transformación de los gustos de Don Alfonso á manera que ha ido creciendo y haciéndose hombre. Empezaron los regalos en el año de 1888, siendo los primeros, muñecos mecánicos, carritos y coches, que él entonces niño hacía rodar conducidos por una cuerda. Siguieron á éstos los soldados de plomo, con los cuales Don Alfonso formaba sobre las alfombras sus belicosos ejércitos. A las milicias de plomo siguieron los rompe- cabezas, la arquitectura de madera para construir catedrales en miniatura, fortificaciones, palacios. Vinieron después soldados vestidos con todo rigor, con articulaciones de movimiento, fabricación especial y notable de Viena. Otro año cañones, fusiles y espadas de dimensiones reducidas. Otro, las colecciones de sellos, porque el Rey ha sido uno de los más fervorosos coleccionistas. Otro, los aparatos de fotografía, llegando á reunir en la actualidad diecisiete máquinas de todos los sistemas. En los últimos años los regalos han sido escopetas y caballos de montar. Recientemente, con motivo de las Pascuas, ha recibido también de su madre caballos ingleses y escopetas también inglesas. La predilección del Rey, mientras fue niño, hacia los juguetes y hacia los regalos de carácter militar fue marcadísima. Después de los presentes de su madre, se abrían los que enviaban los abuelos de París y de Viena. Generalmente eran alhajas: relojes, alfileres, carteras, etc. Después las de los tíos. Y así sucesivamente. Terminada esta grata operación, la Familia real oye misa, pero no en la Capilla de Palacio, sino en la sala amarilla, que es la de la izquierda del comedor de diario, ó en la de los tapices, que es la de la derecha de dicho comedor, colocándose un altar portátil. Concluido el acto religioso, se hace la vida ordinaria hasta la hora del almuerzo. La Reina despachaba con su secretario, y es de suponer que el Rey haga lo propio ahora. El despacho es para enterarse de los telegramas recibidos de las casas reinantes y contestarlos. Se reciben tres clases de despachos: los directos de soberanos, de los cuales se sacan dos copias, una con tinta azul que se entrega al Rey y otra con tinta negra que va á la secretaría. De este modo, cuando el secretario va á leer un despacho, S. M. que ya le conoce, no hace más que indicar lo que ha de contestarse. Todos los telegramas de soberanos se contestan en el día. Hay también los de los embajadores, gobiernos, particulares, el elemento civil en suma, que se reciben en la Mayordomía Mayor, y los del elemento militar, que los recibe el jefe del Cuarto Militar. El almuerzo es íntimo, de familia, pero de gala, y se adelanta para celebrar inmediatamente las recepciones. Los ministros, que en ese día no despachan con S. M. son recibidos con las comisiones del Congreso y el Senado en la cámara regia. A esta recepción sigue la general en el Salón del Trono, á ésta la de señoras y, por último, las de la servidumbre de Palacio, que se llama de familia, y que comprende á todo el personal que depende y cobra de la Real Casa. Suelen terminar estos actos á las cuatro y media ó las cinco de la tarde, y hasta la hora de la comida la Familia real vuelve á hacer vida íntima dentro de Palacio ó paseando. A las ocho de la noche se celebra la comida grande. de gala, asistiendo las autoridades. Suele durar hora y cuarto, y después el Rey va á hacer un rato de tertulia con los hombres en el salón de Carlos I, donde también se fuma. A las once y media todo ha terminado, y no dan las doce sin que todas las personas reales estén en sus habitaciones descansando. Así se celebra el santo de S. M. el Rey en el Palacio de Oriente. C. do venal, que después de muchos años de servicio fiel, á las primeras palabras de un petimetre abre los portillos al salteador; la golfa que, locamente prendada del primo de la señorita, arde en celos shakesperianos; porque á su vez la señorita revela en sueños su amor por aquel Carlos; y este Carlos, un pazguato ignorante de ambos amores; y el tercer enamorado, que concierta un duelo con el galán preferido entre los tres galanes de Caridad; y la niña acogida, que por salvar á Carlos estruja y machaca con la tapa de un costurero la diestra mano del osado camorrista; y el genial estrujamiento, que no remedia nada, porque luego se averigua que el hábil espadachín no tira con la diestra sino con la siniestra: quiere decirse que es SPAÑOL. ESTRENO Corría la década del 80 zurdo; y otra vez el asaltador nocturno, que vuelDE CARIDAD ve á presentarse intrépido en la morada que allaa corrían aqud os tiempos en que, según Clarín, parecía que todos los nó; y otra vez también la misma hércules de feria españoles nos íbamos á volver tontos, y ya en aque- que le arroja de la casa blandiendo airada una lla década un crítico tan grave, circunspecto y for- plancha candente... malote como Cañete, me enfadaba á mí cuando decía que á Miguel Echegaray le era necesario ¡Señor, señor! ¿Eran así las comedias que á mí emplear esfuerzos de equilibrista para no dejarse tanto me gustaban en aquella década del 80 al 90? caer en la sima de lo grotesco Yo no lo sé; yo no quisiera saberlo. Quisiera Pues bien; los años pasan, los tiempos vuelan y guardar en mi alma estas cosas como guardo los Echegaray ha perdido el equilibrio. libros que más me divirtieron al comenzar á adojQué tristeza la mía al ver desarrollarse los des- lescer: bajo una capa de polvo. comunales acontecimientos que forman la abigaEl áspero papel de la saltimbanqui lo representó rrada trama de la nueva comedia! ¡Qué tristeza! María Guerrero; el descolorido papel de viejo esYo, sentado en mi butaca, recordaba con nostalgia céptico lo representó Fernando Díaz de Mendoza. aquella década en que me gustaban á mí las come- De los dos fue el triunfo; un triunfo grande. dias de Miguel Echegaray. ¡Lástima que así corran los tiempos y vuelen los años! ¡Ah! si no FRANCISCO ACEBAL corrieran, si no volaran, es probable, muy probable que á mí me gustasen todavía las comedias de Miguel Echegaray. Pero los años corren, vuelan. ¡Qué tristeza! Aunque la culpa en buena ley, la grave culpa, no es de Echegaray, ni de los años: la culpa es f Hasta para ser santo hay que tener suerte en este la mía. ¿Quién me manda á mí volver á los estrenos mundo! Porque de caprichosa humanidad ni siquiera en sus devociones deja serlo. de aquel autor que tanto me deleiteaba allá por la Tenemos dos Antonios igualmente santos, y los hombres década del 80 al 90? nos hemos empeñado en establecer entre ellos distinciones, Yo debí hacer lo que hizo el otro: cultivar mis empezando por sus nombres. Al uno llamamos cariñosamente admiraciones. Verán ustedes: este otro era un es- con excesolede franqueza, San Antón. San Antonio, y al otro, critor de Francia que hallándose de veraneo en Nos imaginamos al primero jovencito y barbilampiño y al una playa de moda, de rumbo, una noche en un segundo viejo y con grandes barbas. Ya se sabe: si sale con barbas... ¡San Antón! teatrillo oyó cantar á una muchacha desconocida Pintamos celda, del público parisiense. Lo mismo fue oiría que an- azucenas, enallade Padua en la aseada del sol, adornada con que penetran los rayos los alados antojársele lanzarla, y con una crónica enviada á un gelitos, ¡el mismo Divino Niñol diario de circulación universal, el escritor francés Al pobre abad le dejamos en la aridez del yermo, i la inganó la reputación, la fama, la gloria para la mu- emperie, sin otra compañía que un cerdo 1. Tenemos al primero por patrono de las niñas casaderas. chacha desconocida. Al segundo le destinamos á protector de las caballerías. Pero la muchacha ¿valía... ¿no valía? ¡Quiénlo Ofrecemos á San Antonio la primera verbena en apacible sabe! Lo que se sabe es que al siguiente estío vol- velada de Junio. jA San Antón le dedicamos una fiesta cuadrúpeda en una vieron el escritor á su playa y la cantante á su teaEnero! trillo. Pasaban días; pasaban días sin que el escri- fría y lluviosaátarde de Antonios y Antoñitas conozcáis, cuál Preguntad cuantos tor oyese á la cantante del anterior estío. Esqui- de los dos santos es el suyo, y todos os dirán que el de Padua. vaba el verla; rehuía el oiría. Hasta que una ma- Sólo uno reconocerá á San Antón como su santo: ¡Antón Perulero! ñana recibe carta del director del diario rogándoPara le que volviese á hablar de la cantante sin par, de blecido endulzar algo esta marcada desatención, hemos estaque pero aun en esto, si la diva desconocida. Y nuestro hombre contesta á prescindimosen su fiesta haya panecillos; después de todo son de los de confitería, que su director: ¡Ah señor mío... ¡Mi diva! El año de imitación, y nos atenemos á los auténticos que en los pasado me gustó tanto, que no quisiera verla, no puestos de la romería se expenden, nos convenceremos de que le seguimos tratando con demasiada dureza. quisiera oiría; yo cultivo mis admiraciones. Siempre que veo estos panecillos fósiles, me acuerdo de Si yo no hubiese ido noches pasadas á ver la un anuncio de panecillos del Santo que leí en el Diario de nueva comedia de D. Miguel Echegaray, no hu- Avisos, que decía literalmente: Cuarenta años de existencia son la mejor garantía de los biese roto el candoroso encanto, la inocente admiración de aquellas obras que Emilio Mario re- géneros de esta casa. presentó por la década del 80 al 90, no hubiese ajtw Si los cervantistas nos entretuviéramos en los juegos de y sabido, como niño curioso, lo que tenían dentro, prendas, podría decirse que nos habían sentenciado á un fay permanecería tan santamente indignado contra vor y un disfavor. Empecemos por el segundo para pasar pronto los malos el grave Cañete al oirle afirmar con su académica tragos. machaquería que las comedias de Miguel EchegaLa obra de Cervantes, estrenada en el teatro Español, no ray se salvan por la travesura con que suele ma- ha gustado á los señores... ni á las señoras. Este contratiempo de la Guarda cuidadosa no puede menejar los asuntos y porque da á sus obras un nos de afligirnos, por refundido que nos lo presenten; pero barniz agradable á los ojos de la multitud como nuestra predilección cervantófila está en el Quijote, Y lo peor es que ahora, como los años pasan y viene á consolarnos un reciente descubrimiento acerca del los tiempos vuelan, la travesura se ha acabado y el ingenioso hidalgo, hecho en Apolo. D. Quijote de la Manbarniz se na caído. Y si á obras de este jaez les cha no andaba apurado de dineros, ni ese es el camino, sino que estaba muy bien de alhajas. quitamos 1 ica y trapisonda, ¿qué nos queda? Véase el dedo del Sr. Pinedo, y nótese que cuando actor Nos queda Caridad, una comedia... (el cartel tan excelente representa á D. Quijote con un hermoso brilo dice, comedia) que durante tres horas va dando llante en la sortija, estudiado y sabido se tendrá que el héroe zarpazos y tumbos desde lo sainetesco á lo melo- manchego gastaba brillantes para ir á las Ventas. A menos que no se trate de una sencilla distracción, en dramático, desde lo extravagante á lo ridículo. cuyo caso el suprimir el brillante para salir á escena le venPorque en Caridad hay un poco de cada cosa, dría á la propiedad del personaje... como anillo al dedo. un retal de cada pieza, y es al cabo un muestra Ha notado la gente cierta intermitencia en las noticias de rio de la raída, de la roñosa guardarropía teatral: arruecos: un día son alarmantes, al otro tranquilizadoras, y una familia rica, lujosamente acomodada, que re- así sucesivamente. coge y acoge á la saltimbanqui que baila e i meUn corresponsal ecléctico ha querido sustraerse á este padio de la calle; una señorita millonaria, guapa y ludismo de la información, y ha adoptado un temperamento elegante, que convierte en amiga y confidente á la conciliador. de Fez estos días pasados, y decía: Hablaba titiritera dislocada; un rondador de dotes que La población continúa tranquil los que están muy alarasalta un jardín, escala un balcón y penetra furti- mados son los habitantes. Y á propósito de Fez: vo casa adelante; la asilada callejera, que sale braUnos bromistas que iban tranvía por la calle via al encuentro del traidor; el viejo escéptico, ledo, han roto á pedradas laen un de un escaparate. de Toluna encarnizadamente escéptico, que presencia á hurto la anterior escena sin moverse, sin chistar; el criaCARLOS LUIS DE CUENCA LOS TEATROS E COSAS