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S? AÑOUNO. NUM E R O 3. CRÓNICA UNIVERSAL ILUSTRADA, s- a m m S MADRID, i5 DE ENERO DE 1903. N Ú M E R O SUELTO. 10 C É N T S mmm: m iamam m m m B Crónica Política o íiay para qué decir que el asunto político que más interesa en los momentos actuales á la opinión pública es el referente á la jefatura del partido liberal, huérfano de dirección desde la muerte de Sagasta. ¿Cómo debe designarse el nuevo jefe? ¿Por aclamación de una asamblea del partido? ¿P o r el voto de los exministros? ¿P o r indicación de la Corona cuando, llegado el momento oportuno, encargue á uno de los prohombres liberales la formación de un Ministerio? H a y partidarios de todos los p r o cedimientos. Los exministros mismos no han podido llegar á un acuerdo definitivo, y es que, ciertamente, no es España la tierra de los abnegados á lo Rostof, el héroe d e La Guerra y la Paz, de Tolstoi, que lo saci- ificaba todo á lo sagrado de su causa y á la infíexibilidad del deber. La confusión es tanta, que no permite pronosticar cuál sea el fin del litigio entablado entre las diversas tendencias hace tiempo esbozadas y h o y puestas de relieve en el seno del partido liberal. Sólo, sí, puede augurarse con fundamento, que al llamado fusionismo le esperan días de p r u e b a- -y los de la contienda electoral, ya próxima, han de ser los primeros- -si la abnegación, el desinterés y el patriotismo no logran imponerse en la conciencia de sus principales figuras. Entretanto, el Sr. Canaleja en quien muchos veían el más seguro heredero de Sagasta, se afana en organizar las huestes denvocráticas, y á las insinuaciones que se hacen d e que su concurso es solicitado para dar nueva vida al partido, h o y sin cabeza, opone un jamás más rotundo que el famoso de M o l e el ministro de Luis F e l i p e El Gobierno prosigue la labor que inició desde los primeros días de ocupar el poder, distinguiéndose por su mayor actividad el ministro de Gracia y Justicia, que ha dictado algunas disposiciones d e carácter orgánico muy elogiadas; el de M a r i n a que quiere, por lo visto, dar pruebas de su espíritu innovador, y el de Gobernación, cuyo último d e creto regulando los pagos de Ayuntamientos y D i putaciones provinciales ha dado lugar á alguna confusión, habiendo necesitado una circular telegráfica aclaratoria y el anuncio d e una Real orden prometiendo nueva aclaración, en virtud de las r e clamaciones que se presenten. La cuestión de M a rruecos continúa siendo una incógnita que requiere, sin embargo, precauciones, á las cuales presta p r e ferente atención el Gobierno por exigencia de nuestros intereses ó por apremios de la diplomacia. Los partidos republicanos, en fin, entran en un período de actividad á la que les ha impulsado el último discurso del Sr. Salmerón en Castellón de la Plana. Si el entusiasmo cundiese, la disciplina triunfase esta vez y la idea lanzada por el ilustre tribuno fuese aceptada unánimemente, la unión i epublicana se haría con un solo programa: el r e volucionario. Ahora bien; ¿es un programa de revolución ó un programa d e gobierno el que puede seducir á la masa neutra, cuyo influjo es en todo caso el d e cisivo? N LA P U E R T A D E L SOL. DIÁLOGOS AL VUELO- ¿D ó n d e estuviste el domingo? -E n el Real; ¿y tú? -En el Congreso. -Cambiemos impresiones. -Cambiemos lo que tú quieras. -Y o asistí al primer concierto de la temporada. Strauss fué muy discutido. -Y o al primer desconcierto. La jefetura fué discutidísima. -L o s que nos tenemos por fieles devotos del arte nos incomodamos con la galería, que osó si- sear al sucesor de Wagner en el trono musical de Alemania y calificar de lata- -ya ves que hasta la palabreja está mandada retirar- -una obra del famoso compositor. La infalibilidad del paraíso queda en entredicho. El otro día se permitió decirle á Colonne, al terminar la primera parte de su concierto: Esto es mediano, pero muy mediano y á los pocos minutos tenía que rectificar, aplaudiendo con frenesí al ilustre maestro francés y á su orquesta. Debía haber escarmentado. Concedo que en una primera audición una obra de Strauss no convenza. N o conozco á nadie que al beber cerveza alemana por vez primera le guste. Y, sin embargo, decir por eso que es mala, es sencillamente una ligereza. -P u e s amigo, algo muy semejante he presenciado y o El programa anunciado en el Congreso inspiraba tantos recelos ó más que el del Real. N o ha resultado música alemana, pero ha resultado música celestial. H a habido siseos, disgustos, retiradas y á última hora protestas contra el acta, porque el autor de ella, según los protestantes, no ha reflejado exactamente lo convenido, y porque, además, afirman que se le ve de qué pie cojea... -P e r o en fin, en el Real hubo un Strauss á quien echar la culpa del alboroto. ¿Quién fué el culpable del del Congreso? ¡Q u i é n había de ser... ¡Meco! -Salimos á emoción por día. La del sábado también fué g r a n d e -E n efecto. Collar ha deshancado á los H u m bert y al Sr. Cotarelo. Ya nadie se acuerda de éstos. El hombre del día es ese desgraciado C o llar, bien á pesar del maestro Blasco, que censura, con razón, á la Prensa por la importancia que da á un criminal vulgar, pero que olvida que Ja prensa francesa, de la que tan enamorado se ha mostrado siempre, se la habría dado mucho mayor. -Q u e d a m o s en que Collar es un infeliz... -Q u e desesperado, sin recursos, después de empeñar todo lo que tenía, menos su apellido, que acaso fuese lo único empeñable de su p e r t e nencia, buscaba una colocación... -Y la ha encontrado para mucho tiempo en la cárcel. -M á s le hubiera valido estar duermes... ¡Imposible! ¿Cómo había de estarlo, si la falta de dinero le impedía ir al Real á oir las ó p e ras del repertorio que se cultiva este año? -O haberse ido á pelear contra Abd- el- Azis en las filas de Bu- Hamara. -P o r la calidad del arma que usó y por Ja puntería, más en carácter hubiera estado en fas huestes del Sultán que, según dicen, se hallan completamente desmoralizadas. -E s a s serán voces que hagan correr algunos príncipes sajones apologistas d e las moralizadoras costumbres europeas. -C o r r i e n d o ellos; porque, ya ves, no un príncipe, pero sí todo un conde, el de L o n y a y casado con la princesa Estefanía, viuda del archiduque Rodolfo, se ha dado á correr también, según telegrafían, abandonando á su desgraciada esposa. Dicen que ha sido p o r cuestión de cuentas... -No tan corrientes como él, por lo visto. Parece que el joven es de oro. -E n t o n c e s habrá ido á llevar su parte al libro d e oro que tratan de formar con las adhesiones recibidas los iniciadores del proyecto para erigir una estatua á Renán en París. -Y en M a d r i d ¿no pensamos en alguna nueva estatua? -S í al marqués d e P o r t a g o por la supresión de los pianos de manubrio en las calles- Se la d e dicarán los oídos del vecindario agradecido. -A d i ó s me voy á recoger las impresiones que hemos cambiado, para mandárselas en un par d e cuartillas á A B C -P e p e Roure padece el obligado catarro d e la temporada, y no puede hacer diálogo de la semana. ¿H a s estado en los funerales de Sagasta? -Vengo de San Francisco. ¿Mucha concurrencia, eh? -Muchísima. Con ser San Francisco el Grande, resultaría pequeño si hubiera d e contener toda la popularidad de que disfrutó el finado. ¿Qué piensas decir de Satiricónl- -L a verdad: que ha gustado mucho, y que Petronjo, estremeciéndose de gusto en su tumba al ver en tan buenas manos el nombre que él p o pularizó, ha debido exclamar: ¡Eso es saber hacer un periódico á la moderna, fino, ingeniosamente escrito y admirablemente ilustrado! JUAN DEL P U Y U E L O La sociedad de Madrid p o c o s BAILES GRANDES Y M U C H A S REUNIO NES P E Q U E Ñ A S -L O S JUEGOS. -EL T R E S I LLO. -EN CASA DE LA MARQUESA DE SQUlL A C H E -O T R A S TERTULIAS. -HIGIENE É INTERESES. La suntuosidad con que se dan de algún tiempo á esta parte los bailes grandes, exigiendo una cena espléndida y un cotillón con numerosos y costosos regalos, hace que escasee esta clase de fiestas y que las sustituyan las reuniones diarias ó semanales en las casas aristocráticas. M u c h o s las prefieren porque se prestan más á la intimidad y á la satisfacción de los gustos de cada uno. Los que quieren jugar, juegan; los que prefieren la conversación, satisfacen sus aficiones formando grupos; hay quien se aisla para recorrer los periódicos de la noche ó para teclear en el piano, y hay quien ejerce con gran solemnidad el oficio poco comprometido de mirón. Un saíón con varias mesas en que se juega al tresillo, al pocker ó al bzzigue, presenta un carácter íntimo muy agradable. Las mesas d e tresillo, más ó menos lujosas, según la casa, son siempre para cuatro; la de bezigue para dos, y en ellas puede desplegarse la fantasía decorándolas con peluche ó brocatel; el pock r se juega indistintamente en unas ú otras, y en todas, por espléndida que sea la iluminación del salón, se colocan bujías en candelabros de plata y con pantallitas d e seda d e colores delicados bordadas con lentejuelas y guarnecidas con encajes. El wisth sólo se juega en los salones diplomáticos; en los españoles domina el tresillo, tomando parte en él lo mismo señoras que caballeros. La marquesa de Squilache, la condesa de Vía M a n u e l la de Arcohermoso y la señora de Caicedo son tresillistas de primer orden, como lo fueron la difunta condesa de H e r e d i a Spínola y la duquesa d e Ahumada, que esté en gloria. Las primeras alternan con los grandes jugadores, como el capitán general marqués d e Estella, como el conde d e M u n s t e r como el académico de la Historia Sr. Bethancourt; y en partidas más modestas, suelen tomar parte las marquesas de la Laguna, la de la Coquilla; la condesa de Vilana, la d e Belascoaín, la señora P a r d o Bazán y otras. Una de las partidas más importantes es la del duque de Denia, que se juega á diario en su palacio de M a d r i d ó en sus posesiones del campo. E n el Real Palacio se juega también al tresillo, pero muy modestamente, á céntimo el tanto, haciendo, p o r regla general, la partida d e S. M el Rey su augusta hermana la infanta doña M a r í a T e r e s a y el ayudante d e guardia. Las ganancias se reúnen en un fondo común, y cuando lo permiten, se compra con ellas un décimo de la lotería, que no se ha dado el caso de que haya tocado nunca. S. M la Reina sólo juega al ajedrez ó á las damas. El modelo perfecto de las casas donde se recib e á diario es el de la marquesa d e Squilache. A las ocho, la comida con diez convidados, que sue-