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S A HO UNO. NUM E R O K CRÓNICA UNJVERSAL ATERÍAS Q U E C O N T I E N E EL PRESENTE NUMERO En cumplimiento de un deber. El Rey y la Prensa. Crónica política. El público del teatro. A través de la frontera. El santo nudo. Información gráfica. Cosas. El libro de la semana. Juguetes y golosinas. -Nuestras consultas. Ideas y notas militares. Retazos higiénicos. Notas para la mujer. Apuntes financieros. En tal di a como hoy. Almanaque. Ecos diversos. La semana cómica i i I I M A D R I D K D E E N E R O D E 1903. NÚMERO SUELTO, 10 CENTS. 3 c n l X. ILUSTRADA. En cumplimiento de un deber A B C es un periódico de información universal que nace para ser diario. Lo sería desde el presente número si la complicada maquinaria indispensable pai a editar una publicación de esta índole estuviese ya montada en nuestros talleres, como confiadamente esperábamos. E n t r e aplazar su aparición ó esperar andando, hemos preferido publicar los primeros números semanal mente. P r e t e n d e A B C ser, no un periódico más, sino un periódico nuevo por su forma, por su p r e cio, p o r los procedimientos mecánicos que empleará y por la índole de sus trabajos. N o ambiciona la gloria que en su día pueda corresponder á esta innovación. Aspira modestamente á que la opinión le preste su concurso y á ser el abecé de lo que considera que, mejorado, ampliado y perfeccionado por otros, puede constituir la prensa diaria del porvenir. A B C cultivará preferentemente la información gráfica, haciéndola objeto de especial cuidado para ofrecer en ella cuanto pueda interesar al público. En política no seguirá bandera alguna para no mermar su independencia, dentro de la cual se propone vivir sin abdicar uno solo de sus fueros. E s este primer número d e A B C un testimonio de sus propósitos; es su credo, sü programa, su plan de trabajo. Si en algo le modifica algún día, será para mejorarle. V a resueltamente al éxito feliz ó al más lamentable fracaso. N o caben en la labor que se ha impuesto términos medios. El favor del público ha d e acompañarle desde el primer momento si acierta á interpretar sus deseos, ó ha de abandonarle si, con la mejor buena fe, se equivoca. Con lo dicho y dedicando un cariñoso saludo á la Prensa española, cumplimos el deber de presentarnos al público, d e quien todo lo esperamos. sure con energía todo lo malo- -nos decía, -merecerá siempre el aplauso sincero de los que anteponen los intereses generales de la nación á cualquier otro orden de consideraciones. Reflejar el estado d e la opinión y hacerse eco de sus necesidades sin prejuicios y con la serenidad suficiente para sacrificar lo secundario al bien común- -continuó diciéndonos S. M -es un ideal bellísimo y se aviene perfectamente con la misión de la Prensa. Yo leo con interés los periódicos y me deleitan mucho los que, como el Die ÍVoche, por ejemplo, informan á sus lectores de todos los adelantos científicos é industriales. C r e o que es compatible y hasta necesario que se asocien la información corriente y diaria de los sucesos vulgares que excitan la curiosidad pública, y en ocasiones la s. nsiedad, con el arte, que además de deleitar instruye, y con la ciencia, cuyos descubrimientos deben popularizarse, especialmente los que tienen aj) licación á las industrias, para que las gentes que n; Cesiten instruirse hallen lo útil al lado d e lo recreativo. 1 nspirados en ese pensamiento- -dijimos nosotros, -nos sentimos enamorados de la idea de un periódico independiente, imparcial, que cultive la nota gráfica como medio el más directo de llevar al público la expresión de la realidad y que sirva de eco á opiniones de probada autoridad en todos los ramos del saber humano. -N o cabe duda que las artes gráficas con sus maravillosos progresos constituyen un gran auxiliar de la Prensa- -terminó diciéndonos S. M -y todo periódico que, inspirado en los principios de serena imparcialidad, realice la labor de ilustrar al público informándole de los asuntos que despiertan su curiosidad tanto como favorecen sus intereses, labrará una obra patriótica y humanitaria rnerecedora de elogio y de la estimación general. S M la Reina, presente con la Infanta doña M a r í a T e r e s a en nuestra entrevista con el Rey, hizo manifestaciones análogas á las de D Alfonso, expresando también la estimación que siente hacia la Prensa, de la que, según frase suya, tanto pueden esperar los pueblos que, como el nuestro, buscan por el camino del trabajo su engrandecimiento. Después de dar las gracias á S S M M y A R. por la bondad de su acogida, nos retiramos de Palacio satisfechos d e poder ofrecer al público una impresión de; lo que piensa el Jefe del Estado acerca de la Prensa periódica, en la cual ocupamos un modesto lugar. El Rey y la Prensa spira A B C como es natural, á ser un periódico grato al público. P r e t e n d e también hacer algo nuevo, explorando para ese fin el juicio d e aquellas personas que por su posición y por sus conocimientos pueden orientarnos acerca d e lo que debe ser la Prensa del porvenir. N a d a más natural, por. consiguiente, que p r o curemos conocer el criterio d e esas personas, empezando por la que, en virtud d e su altísima r e p r e sentación, es el primero d e todos los españoles al ser su magistrado más augusto. Jefe Supremo del Estado, Rey Constitucional de la Nación. Al tener el honor de ofrecerle nuestros respetos, nos ha dispensado el d e escuchar los propósitos que dan vida á este periódico y el d e mostrar un interés, digno d e nuestra profunda gratitud d e periodistas y de ciudadanos, p o r cuanto significa Prensa, cultura literaria, progreso d e las ciencias y de las artes industriales en España. C o n ingenuidad que hacen más simpática la lozanía d e su juventud y la viveza d e su inteligencia, nos habló D o n Alfonso d e la Prensa, ponderando lo mucho que ésta representa en cuanto á la prosperidad del país atañe. -E l periódico verdaderamente imparcial que aplauda con entusiasmo t o d o lo bueno y q u e c e n- Crónica Política L acontecimiento político más trascendental del finado ario de 1902, ha sido la jura del Rey Don Alfonso X I 1 1 E n la gobernación del E s t a d o apenas ha dejado huella el año que acaba de expirar. Cayó el partido liberal, y en su descargo alegó que si la labor parlamentaria fué escasa debióse á que las Cortes tuvieron embargada su atención, allá en la primavera, con el acto solemne d e la Jura, y á que, más tarde, la discordia minó la disciplina de la mayoría. Los conservadores disculparon sus impaciencias invocando la apremiante necesidad que siente el país d e ser gobernado con método y con criterio fijo y concreto. Fracasaron una vez los intentos de concentración ó d e conjunción entre personalidades y agrupaciones separadas por cuestión de nombre más que d e principios, y al finalizar el año segundo del nuevo siglo, los ¡sartidos políticos españoles ofrecen, con pocas diferencias, análoga situación á la que ofrecían al empezar aquél. La variación seTícial ha sido para los conservadores y para los liberales. Los primeros, llamados á los consejos d é la Corona y reforzadas sus huestes con la píxsonalidad ilustre del Sr. M a u r a y con el grupo d e sus amigos, constituyeron un gobierno d e los llamados de altura con objeto de despertar la confianza del país, y cada uno de sus ministros, con el aplauso casi unánime de la prensa, han tomado iniciativas, llevadas unas ya á la Gacela y anunciadas otras, que revelan cuando menos buena voluntad. Los adversarios del ministerio creen adivinar bajo una calma aparente profundas disensiones acalladas por el momento y cuyo origen arranca del personalismo, que es el mal incurable dé todos los gobiernos en España. El partido liberal, al que la caída del poder en las circunstancias por todo el mundo conocidas y p o r él no negadas, ha servido d e acicate, no siendo menor estímulo para pensar en afirmar su vida la disidencia canalejista, que aspira á recoger su bandera, resolvió desde el siguiente día d e abandonar el poder reorganizar sus fuerzas, imponer en ellas el espíritu d e unidad indispensable, y acudir, así rehecho y fortalecido, á las lides que tienen como premio el apoyo de la opinión y el usufructo del poder. Entretanto, el S r Canalejas persiste en la idea de agrupar en torno d e su bandera radical á los elementos democráticos, ansiosos de reformas que aseguren el triunfo d e todas lasJibertades modernas compatibles con el orden, y la realización de aquella hermosa frase de la revolución d e arriba á abajo que p o r ley del contraste, siendo como fué expresión de un temperamento tan conservador como el Sr. M a u r a constituye hoy algo así como credo de las tendencias más opuestas, la conservadora y la radical. Los partidos republicanos, enamorados consecuentes d e la idea de unión, perseveran en la intención d e realizarla, pero sin lograr sustraerse á esa influencia poderosa que hace indómito al carácter español y que es parte la más esencial de nuestra típica idiosincrasia. Los federales confirieron la suprema dirección de su partido á hombre tan ilustre y de virtudes cívicas tan grandes como D E d u a r d o Benot, y los unitarios de todos los matices vieron un rayo de esperanza para a p r o ximarse en la aspiración revolucionaria en un discurso pronunciado en Almería p o r D Nicolás Salmerón, del cual discurso, luego d e levantar grandes entusiasmos en las filas republicanas, no ha vuelto á hablarse. El socialismo sigue reclutando fuerzas, más por efecto d e la asociación y la solidaridad obreras, extendidas por natural y propio impulso, que por virtud de la propaganda doctrinal. Los carlistas, en fin, se preparan para la lucha electoral próxima como se prepararon otras veces, sin más novedad que la de- una consulta previa á Venecia, de donde han vuelto los emisarios, como vuelven cuantas veces van, prometiéndoselas muy felices, pero sin que sus actos se traduzcan en otra cosa que en la obtención de unas cuantas actas y alguna que otra intentona á ¡a que suele darse carácter de jugada de Bolsa. E n esta situación d e los partidos empieza para España el año d e 1908. Si la esperan ó no nuevas decepciones, eso sólo el tiempo lo ha d e decir. El público del teatro 1 4 N materia de teatro nuestras costumbres conceden impor- tancia exclusiva á los autores y á los actores; las obras y sus intérpretes absorben la atención de los aficionados; en cuanto al público, estamos acostumbrados á considerarlo como rey absoluto á quien es necesario servir y aun adular, dándole la razón en todo y- no discutiendo nunca, sus fallos. Y, sin embargo, acaso más que nadie sea él digno de estudio y en gran parte de censura por faltas y errores que con frecuencia se echan en cara á cómicos y poetasNo falta quien sostenga que, pues el público paga, es dueño de imponer su capricho; mas nadie negará que el gusto y el sentimiento artístico son susceptibles de educación, y que, bien dirigido, el pueblo que hoy se divierte con una mojiganga puede mañana deleitarse con un buen drama. Yo me atrevo á creer que quien con la autoridad y prestigio necesarios emprendiera la crítica délos fallos del público, haría grandísimo beneficio á la literatura dramática, contribuyendo á crear, poco á poco, una minoría capaz, en momentos R. 553. -5 i; ÍIK 1 E! mmm m mmim Tmm: i ciMOaS nfWf. ñrí