Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
iui) ttunti I por tantOi que aún le ¡v e a m o s reaparecer, ya I sin a r b o l a d u r a y sin I m á q u i n a s desprovisto i de sus dos grandes chiI meneas, inclinado de baI bor o estribor, como de ¡i T e n g a d o en un rincón ¡del p u e r t o consumido I por la vejez; porque los I barcos, como los seres, I a veces cumplen el doI loroso destino de sobreI vivirse; p e r o en e s t e ¡punto hemos de consiI derar que el íji- an PeI Imo ha t e r m i n a d o su I historia; y lo hemos de I considerar con melancoI lía, porque su vida paI sada es también algo de CONDE DEL V E N A D i r o EN JJOS DÍAS DBL FAMOSO C A S O N E O LENTO I la nuestra. PIÍBO CONTINUO, EN AITIICA 1 S 9 3) I El Pelayo íué, más I que un j ran buque, un anuncio de la subasta del viejo buque, como ¡castillo fabricado por la ante las pághias y los grabados de una anI imaginación de generatigua revista. I ciones que hoy pasan ya Se botó el Pelayo en 5 de Febrero de 1887. I de la madurez. Hubo un tiempo en que el I orgullo nacional, después abatido, vio en el Construido en La Seyn, con maquinaria de Jorges y Chartier, de Tolón, era el acorazaI acorazado Pelayo el poder formidable de do un buque del que con razón un tierripo I toda una gran escuadra. Los ingleses deno- pudimos estar orgullosos. Entonces Francia I minábanle El solitario; pero en España hubo oponía en sus grandes- constmcciones navai ocasión en que, para hacer una demostración I de fuerza, le enviamos al puerto de Nueva i York, años antes del amargo 1898. Todo i esto ha pasado y a mas el recuerdo de aqueI líos días, de aquella España, reviven ante el Et CRUCERO OABtDS V ACITÜAI. ltEJJTE EN PERROt, CÓNVEBTTDO EN ESCDEI. A DE MABINEBIA (Bwro B. G 0 NZA 1. BZ)