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ABC LUNES, 31 DE DICIEMBRE DE 2018 abc. es opinion OPINIÓN 15 UNA RAYA EN EL AGUA EL CONTRAPUNTO ISABEL SAN SEBASTIÁN EN 2019, A VOTAR Sánchez es el mejor aliado de Vox. Cuanto más tiempo permanezca en el Gobierno, mejor les irá a los de Abascal en las urnas S I 2018 ha sido el año de los engaños, 2019 promete ser el de la verdad. Porque a lo largo de la próxima primavera los españoles vamos a poder al fin votar y emitir nuestro veredicto. No en unas elecciones generales, como quisiéramos, pero sí en unas municipales y autonómicas de ámbito nacional, así como en unas europeas de circunscripción única enormemente útiles para medir el estado de opinión de la ciudadanía. (El auténtico, se sobreentiende, no el que pretenden hacernos creer las encuestas hipercocinadas del CIS) 2019 va a marcar un punto y aparte en la deriva de nuestra Nación. Probablemente un pendulazo de esos que nos son tan propios. Un vista a la derecha en expresión de Jaime Mayor, consecuencia lógica e inevitable de los excesos de una izquierda no solo radicalizada hasta extremos grotescos en cuestiones como la ideología de género sino rendida al separatismo empeñado en destruir España. En 2019 van a ponerse muchas cartas boca arriba. Pedro Sánchez se las promete muy felices, atrincherado en el despacho merced a sus pactos vergonzosos y vergonzantes, pero le espera una pesadilla. Andalucía ha sido solo el principio. 2018 será recordado como el año de la moción de censura o de la infamia, ya que una no habría sido posible sin la otra. Nunca antes había prosperado el recurso a esta herramienta parlamenta- ria, entre otras razones porque ningún partido político había estado dispuesto a entenderse con secesionistas para torcer la voluntad mayoritaria del pueblo. El actual líder del PSOE no vio inconveniente alguno en hacerlo y, llevado por la ambición de poder, llegó hasta el extremo de inclinarse ante los cabecillas del golpismo catalán y enviar a su representante en el País Vasco, Idoia Mendía, a compartir mesa, mantel y risas con el etarra Arnaldo Otegui. Mesa, mantel y risas con un secuestrador que jamás ha condenado la barbarie de la banda terrorista. Mesa, mantel y risas con el compañero de andanzas de los asesinos de Fernando Múgica, Fernando Buesa o Ernest Lluch, entre otros socialistas abocados a revolverse en sus tumbas. Rara vez tuvo un sentido más pleno la expresión vender el alma al diablo Ahora, en 2019, es menester rendir cuentas. El flamante presidente sabe que esa transacción suya ha de traer consecuencias y prefiere que las arrostren otros. A la indignidad suma la cobardía. Perdido el honor ¿qué más le da? Para resistir unos meses más en La Moncloa sacrificará a sus barones regionales y a sus peones municipales. Los arrojará a la hoguera de la indignación popular. Alimentará el crecimiento de una derecha montaraz, surgida como reacción natural a los complejos del marianismo, a la que demoniza de boquilla mientras engorda conscientemente sus filas desenterrando el cadáver de Franco, reabriendo heridas cerradas o humillando el sentimiento patriótico de millones de españoles al ceder ante las exigencias de un independentismo crecido que no deja de insultarnos. Sánchez es el mejor aliado de Vox. Su más firme sostén. Cuanto más tiempo permenezca al frente del Gobierno, mejor les irá a los de Abascal en las urnas. Mientras tanto, Pablo Casado intenta recuperar el espíritu del mejor PP y Albert Rivera busca un espacio propio útil para la Nación. Los vientos no soplan precisamente en favor de sus proyectos de cambio sin vuelco, porque vienen cargados de ira, de radicalidad y de venganza. Vientos huracanados nacidos en los desiertos del relativismo marianil y en los océanos de la ignominia sanchista. Veremos qué tempestades desatan este año en las urnas. IGNACIO CAMACHO EL AÑO A LA ITALIANA Sánchez ha roto dos reglas básicas de la Transición: el consenso constitucionalista y la primacía de la lista más votada N el cuadragésimo año de vigencia de la Constitución como pauta normativa de la democracia, Pedro Sánchez rompió una usanza política no escrita que ha funcionado todo este tiempo como una regla tácita. Lo moción de censura que derribó a Rajoy acabó con una tradición básica del bipartidismo para instalar un nuevo sistema de alianzas en el que ya no prima la candidatura más votada. A partir del asalto sanchista al poder por la puerta falsa, las coaliciones de cualquier naturaleza han quedado despenalizadas y el resultado de las elecciones no será más que la base aproximativa de una cábala, de tal modo que la presidencia del Gobierno dependerá de cualquier eventual combinación de fuerzas minoritarias. 2018 es la fecha en que el modelo Parlamentario español dio el paso decisivo para aproximarse, como predijo Felipe González, al de la estrambótica inestabilidad italiana. La heterogénea fórmula utilizada para derrocar al marianismo que se dejó liquidar con la mansedumbre acalambrada e inerte tan característica de su estilo no sólo ha supuesto la ruptura de un hábito imperante desde la Transición sino un vuelco decisivo en la configuración del mapa político que conocíamos, al descerrajar el PSOE los goznes sobre los que venía girando el bloque del constitucionalismo. Para satisfacer la ambición de su personal designio, el presidente provisional ha cruzado la frontera que le había prohibido pasar su propio partido: la del pacto con unos separatistas cuya insurrección contra las bases del Estado sigue aún pendiente de juicio. La importancia de este salto cualitativo no reside en que el Gabinete sea rehén de los secesionistas sino en que por primera vez ha usado el conflicto como catalizador de su particular beneficio. Y en que la retórica oficial sobre la supremacía de la Carta Magna choca con la realidad de un Ejecutivo sostenido por un frente común de adversarios del vigente marco jurídico. Como no podía ser de otra manera, esta pirueta en el vacío ha comenzado a dejar secuelas. La primera, en Andalucía, donde en pocos meses se ha derrumbado la hegemonía socialista de casi cuatro décadas. La segunda es el surgimiento de un populismo de derechas que responde al desafío radical con radicales propuestas. La tercera, el malestar patente en diversos sectores de la izquierda incómodos con la complacencia gubernamental ante un antipático supremacismo de veleidades violentas. Y la más importante, la conversión de la cuestión catalana en el eje sobre el que gira el factor esencial de decisión de voto y la vida pública de la nación entera. A la velocidad que han adquirido los acontecimientos, la agonía marianista queda ya muy lejos. El hecho determinante del momento es el insólito papel del nacionalismo rebelde como sostén fáctico del Gobierno. Cuarenta años de convivencia dependen del modo en que ese tenso contrasentido quede resuelto. E JM NIETO Fe de ratas