Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
JUEVES 27.12.2018 Editado por Diario ABC, S. L. San Álvaro, 8, 1 3, 14003 Córdoba. Diario ABC, S. L. Reservados todos los derechos. Queda prohibida la reproducción, distribución, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta publicación, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa. Número 37.618 D. L. I: M- 13- 58 Apartado de Correos 43, Madrid. Teléfono de atención 901 334 554. Centralita ABC 91 339 90 00. EL PULSO DEL PLANETA VISTO Y NO VISTO Viena aguarda expectante la rigurosa batuta de Thielemann La capital austriaca contiene el aliento ante el Concierto de Año Nuevo dirigido por el berlinés, quien fue desterrado de la Filarmónica de su ciudad ROSALÍA SÁNCHEZ CORRESPONSAL EN BERLÍN IGNACIO RUIZ- QUINTANO HARAQUIRIS En Andalucía Cs pide a los socialistas que se hagan el haraquiri para desmontar el régimen socialista de cuarenta años E H ubo un tiempo, finales del siglo XX y primeros años del presente, en que Berlín se relamía de gusto musical gracias a la poderosa constelación de astros de la batuta concentrados en el cielo de la capital alemana. Al frente de la Staatsoper, Daniel Barenboim, cuya refrescante genialidad improvisaba en cada partitura un nuevo juego. En la Deutsche Oper, Christian Thielemann, cuya obsesión por la precisión forzaba a la orquesta a niveles musicales cada noche más excelsos. Barenboim todavía sentía que tenía algo que demostrar y Thielemann, berlinés de nacimiento, sudaba la ansiedad del profeta por serlo en su tierra. La rivalidad entre ambos propició momentos musicales como no se vivían seguramente desde los míticos tiempos de Karajan, hasta que la lógica administrativa terminó con la magia. El senado de Berlín unificó la gestión de las óperas de la ciudad y ya no tenía sentido que dos teatros bajo el mismo tejado oficial se hiciesen la competencia. En esa última batalla burocrática, Thielemann perdió el territorio musicalmente conquistado y desde entonces ha caminado errante, cual personaje de ópera romántica, en la Filarmónica de Múnich, en la Staatskapelle de Dresde, en el Festival de Bayreuth... solidificando aún más su talento y convirtiendo su trabajo, máximo exponente actual de la tradición germana en la dirección de orquesta, continuador acreditado de Furtwängler y Karajan, en una dolorosa llamada en silencio a la ciudad en la que na- EFE ció y en la que tan humillantemente dejó de agitarse al aire su batuta. En 2015, sufrió una última afrenta al perder en segunda vuelta la votación de los maestros de la Filarmónica de Berlín, que prefirieron al ruso Kirill Petrenko. Christian Thielemann tiene el reto de aportar fantasía a la Marcha Radetzky así como ligereza al Danubio Azul 1.600 euros El 1 de enero de 2019, sin embargo, Thielemann dirigirá el Concierto de Año Nuevo de Viena y su reclamación será retransmitida en directo en 90 países desde la Sala Dorada del Wiener Musikverein, a la que el acceso resulta ya imposible. Y el problema principal no es el precio, los alrededor de 1.600 euros por butaca. Las entradas disponibles son sorteadas cada año en primavera entre los cientos de miles de candidatos que hasta febrero registran su solicitud. En la práctica, agencias de viaje de todo el mundo pujan por ellas, para rentabilizarlas en paquetes que son los que realmente marcan el precio. A los demás siempre nos queda la opción de las enormes pantallas instaladas en la vienesa Rathausplatz, durante el típico desayuno de resaca en el Silvestermarkt, o la televisión en casa, mucho más calentitos. Desde donde quiera que cada uno escuche, el oído se percatará de que, por muy dorado que sea el de Viena, los destierros son siempre amargos. La rigurosa batuta de Thielemann se enfrenta, además, al reto de aportar fantasía a la Marcha Radetzky así como ligereza y ganas de vivir al Danubio Azul tan lejos de su acostumbrada y arquitectónica disciplina. ¿Será capaz de evanescer? Al fin y al cabo, el vals se inventó por el mero placer de, en los giros, atisbar detalles de la geografía femenina habitualmente vedados a los ojos de los varones. Casi como el reguetón, aunque indiscutiblemente a un nivel de civilización incomparable. Verbolario POR RODRIGO CORTÉS Rememorar, v. tr. Inventar con gracia. n la socialdemocracia todo es mentira, menos lo malo, y cuando se abre un costurón la extrema derecha ahora) la culpa nunca es del consenso, sino del chachachá. La culpa fue del cha- cha- chá. Sí, fue del cha- cha- chá que me volvió un caradura por la más pura casualidad. En Andalucía los alipendes de Ciudadanos piden al socialismo que se haga el haraquiri de abstenerse a fin de que el picarón Juan Marín pueda desmontar un régimen de cuarenta años, con el sorayo Moreno de Verde Luna a su lado, sosteniendo un solo de corneta de la Madrugá para darle marcha a la regeneración democrática El haraquiri es un ritual japonés de suicidio por desentrañamiento sacado del bushido, el código samurái traducido por Millán Astray para su reglamento legionario. Pero los haraquiris políticos no existen: sólo son mitos propagandísticos. Así, el mayor hecho revolucionario de la Revolución francesa, que no son los crímenes de la Bastilla, sino la abolición formal del feudalismo mediante los juegos de manos de la ley a la ley del marqués de Noailles y del duque de Aiguillon (Armand Désiré, que invadiera Versalles disfrazado de verdulera) lo que se presentaba como una generosa renuncia aristocrática ¡el haraquiri de la nobleza! con muchos mueras al Antiguo Régimen, sólo era una operación financiera para convertir en capital circulante el inmovilizado feudal, asunto esclarecido por Lefebvre, historiador marxista y, sin embargo, genial, que acuñó el decisivo concepto historiográfico de mentalidad colectiva Otro falso haraquiri político es el de las Cortes franquistas de la Reforma de Miguel Primo, pacto en pro de una democracia gobernada entre el miedo de los que estaban y la codicia de los que llegaban, base del terror que aún inspira en la derecha la posibilidad de parecer facha. En Cs, cuya cultura de la Transición son las citas de Sabina que hace Rivera, creen que Sánchez es su Aiguillon o su Primo, y Susana Díaz, Mishima de Triana.