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ABC JUEVES, 27 DE DICIEMBRE DE 2018 abc. es opinion LA TERCERA 3 F U N DA D O E N 1 9 0 3 P O R D O N T O R C UAT O LU C A D E T E NA 175 AÑOS DE LA GUARDIA CIVIL POR MANUEL LUCENA GIRALDO El agradecimiento por el servicio a la patria y las felicitaciones por el 175 aniversario no pueden ocultar que la Guardia Civil necesita salarios justos y los mejores medios materiales y humanos. La prosecución interesada y politiquera del repliegue de la Guardia Civil en cualquier parte de España, la última Navarra, resulta en las actuales circunstancias una medida absurda CABABA de terminar la primera guerra carlista el 31 de agosto de 1839 con el abrazo de Vergara, entre el general isabelino Baldomero Espartero y el carlista Rafael Maroto, ambos militares veteranos de las guerras de América, cuando la monarquía isabelina pudo acometer la urgente necesidad de mejorar la seguridad interior. La posguerra aparecía llena de peligros. Como señaló una Historia de la Guardia Civil publicada en 1858 por un oficial militar, cuadrillas de hombres desalmados asolaban los campos: Trasladémonos por un instante a alguna de nuestras ricas comarcas agrícolas. Ni los fríos excesivos del invierno, ni las tempestades del verano, ni las nubes de langostas, ni todo el rigor de las estaciones, conturban tanto el ánimo del labrador como la triste noticia de haber aparecido una cuadrilla de facinerosos. El bandido es el enemigo declarado de la civilización El Estado no disponía del monopolio de la fuerza. El casi permanente estado de guerra de 1792 a 1824, la terrible invasión napoleónica y la presencia de centenares de miles de soldados extranjeros de los ejércitos francés y británico, que saquearon, violaron y mataron por doquier, dejaron como legado una gran precariedad institucional, humana y material. La carlistada, iniciada en 1836, supuso un nuevo episodio de violencia que retrasó la consolidación del orden. Un real decreto de 28 de marzo de 1844 estableció la Guardia Civil como un cuerpo especial de fuerza armada de infantería y caballería Su fundador, Francisco Javier Girón y Ezpeleta, segundo duque de Ahumada, nacido en Pamplona en 1803, contaba entre sus ilustres antepasados al emperador mexicano Moctezuma. Militar legalista y ordenancista, estaba muy preocupado por la definición del Estado como entidad política eficaz en el control del territorio. Era una trágica lección aprendida con la invasión francesa, iniciada con su cesión por parte de los frívolos señoritos cortesanos del gobierno madrileño dirigido por Manuel Godoy. Destinado en Sevilla y Cádiz, donde la expansión del bandidaje amenazaba con la paralización del comercio, la industria y la libre circulación de personas y mercancías, Ahumada tomó parte en la contienda carlista y a su terminación fue designado inspector general militar. El Estado liberal español, que hilvanó su capacidad de intervención en el territorio mediante acciones de cuerpos nacionales, ingenieros de caminos, ingenieros de montes o maestros, entre otros, halló en la nueva institución una herramienta de sólida eficacia. Sereno ante el peligro como indica su lema, el miembro de la Guardia Civil ganó rápida reputación en la medida en que personificaba una entidad simbólica cercana a la gente coguardias civiles fue tener intervención en el vestuario Ello equivalía, ni más ni menos, al establecimiento de una uniformidad rigurosa y, si fuera el caso, a la aplicación de castigos estrictos a quienes no la respetaran. Le preocupaba sobremanera que el vestuario fuese higiénico, porque el servicio de los guardias sería de día y de noche, a cubierto y a la intemperie. También sería vistoso y elegante para conferirles personalidad y representación. Curiosamente, se opuso al característico tricornio de la Guardia Civil, que evolucionó con el paso del tiempo en un sentido funcional. Entre el modelo original de reminiscencias en algún caso carnavalescas y la sólida prenda negra de geometría concreta, impermeabilizada y calafateada, que permitía a los números a caballo y a pie la ronda por caminos rurales sin que la lluvia y la nieve les afectaran, hubo muchas décadas de cambios. Hay que recordar que toda la uniformidad del guardia civil debía ser de su propiedad, pero el costo se le descontaba del salario que devengara hasta la extinción de la deuda. Así ocurrió hasta fecha tan tardía como 1987. Para entonces, la historia de la Guardia Civil se había mimetizado de tal modo con la de España que, en las batallas en las que se libraba y se libra su supervivencia, siempre se halla presente. Solo aquel año la banda terrorista ETA asesinó a 52 personas. Un total de 230 miembros del Cuerpo han perdido la vida en el cumplimiento de su deber en la lucha contra el terrorismo, por ser españoles y guardias civiles Todos ellos son nuestros héroes. Esa y no otra es la razón de la inquina, el odio irracional y la animadversión que despierta entre los enemigos de España, su democracia y ciudadanos. A CARBAJO mún, de la que formaba parte. La apelación a la dependencia jerárquica del alto poder ejecutivo del Estado y la diferenciación de la misión del ejército, en este caso la defensa del país, operando en grandes masas, las grandes funciones de la guerra en contraste con la Guardia Civil, dedicada al seguimiento como una sombra de bandidos y malhechores, con residencia en pueblos y aldeas, lo que hoy llamaríamos inteligencia operativa junto al conocimiento del terreno, destacaron desde su fundación como rasgos propios del cuerpo. Este carácter original, la identificación con el Estado y la separación de tradiciones de cuerpos armados anteriores, como milicias nacionales, locales o de voluntarios, dependientes de partidos o caciques regionales, preocupó tanto al duque de Ahumada que dedicó gran esfuerzo a la reglamentación del aspecto de la nueva fuerza. Esta no debía ser solo en esencia algo distinto. También debía parecerlo. No es en absoluto anecdótico el esfuerzo que dedicó al uso del bigote. Una circular de noviembre de 1844 ordenó que oficiales y tropa llevaran el bigote de todo el largo del labio, sin permitir ninguna clase de perilla, y el pelo siempre cortado a cepillo El ministro de la Guerra transigió ante las protestas, de modo que mientras la tropa usaba bigote abundante, jefes y oficiales pudieron dejarse, además, perilla y patillas, pero moderadas, rectas y sin unirlas al bigote ni perilla En consonancia con estas ideas, una de las condiciones que Ahumada exigió al gobierno para aceptar el encargo de organización del cuerpo de P ese a tan difíciles circunstancias, la Guardia Civil afrontó con disciplina y enorme valor un proceso de modernización que ha hecho de ella una institución modélica en el mundo y la más popular de todas en España. Los ochenta mil miembros de la Guardia Civil, hombres y mujeres también desde hace treinta años, sirven como resguardo fiscal del Estado, tienen labor de policía judicial, control de armas y explosivos, agrupación de tráfico, realizan funciones de protección de la naturaleza, persiguen sin descanso el delito en ámbitos informáticos y custodian nuestras fronteras e instalaciones diplomáticas en el exterior. El agradecimiento por el servicio a la patria y las felicitaciones por el 175 aniversario no pueden ocultar que, para cumplir con su deber, la Guardia Civil necesita ya, sin más retrasos, salarios justos y los mejores medios materiales y humanos. La prosecución interesada y politiquera del repliegue de la Guardia Civil en cualquier parte de España, la última Navarra, resulta en las actuales circunstancias una medida absurda. Deberíamos estar, por el contrario, hablando de su despliegue de nuevo allí donde, como en 1844, nuestros conciudadanos están en peligro y abandonados ante el mal. MANUEL LUCENA GIRALDO ES MIEMBRO DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA