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70 INTERNACIONAL DOMINGO, 23 DE DICIEMBRE DE 2018 abc. es internacional ABC Menos de 40.000 chalecos amarillos protestaron ayer en toda Francia En las calles de París se manifestaron tan solo entre 3.000 y 4.000 personas JUAN PEDRO QUIÑONERO CORRESPONSAL EN PARÍS espectáculo entre obsceno y ultraderechista, cantando a coro una canción, La Quenelle que es una parodia de un himno revolucionario cantado en clave ultraderechista, con invitaciones a violar al presidente Macron. Cantando esa canción, acompañada de gestos obscenos, decenas de chalecos amarillos dieron ante la puerta de la basílica de Montmartre un espectáculo de inquietante grosería, que no será fácil de olvidar para los chalecos amarillos de muy otras y distintas sensibilidades, que ayer sábado se manifestaron con exigencia de lo diverso a lo peregrino. Bloqueo de fronteras En el corazón de París, en la calle donde Azorín, corresponsal de ABC, afirmaba que se encontraba la maravilla de la capital, las fuerzas del orden detuvieron a Eric Drouet, un camionero de Melun que ganó cierta celebridad haciendo un llamamiento a tomar el Elíseo. La Justicia decidirá si Drouet es acusado o no de incitación a la violencia Hubo otras 140 detenciones. En el resto de Francia, las manifestaciones oscilaron entre las sentadas pacíficas, en muchas rotondas, y el bloqueo de los camiones en algunas fronteras, comenzando por la franco- española, en Le Boulou. Con varios gestos que chocan por su brutalidad teatral. En Angulema, por ejemplo, Emmanuel Macron fue decapitado como ejemplo, varios chalecos amarillos utilizaron un maniquí con el rostro del presidente, degollado y derramamiento de sangre de buey. Sin organización, sin programa, sin portavoces oficiales, la franquicia promete relanzar el movimiento a primeros de año, cuando Macron comienza a ser criticado con severidad por su gestión personal de la crisis. La sexta jornada de las protestas de los chalecos amarillos estuvo marcado por una caída espectacular de la movilización, algunos choques violentos en los Campos Elíseos, la detención de un activista notorio y el espectáculo del canto a coro de canciones obscenas de la ultraderecha a las puertas de la basílica del Sagrado Corazón de Montmartre. Los chalecos amarillos han perdido 235.000 manifestantes en mes y medio de manifestaciones. 282.000 manifestantes el 17 de noviembre, 166.000 el 23 de noviembre, 136.000 el 1 y el 8 de diciembre, 66.000 el 15 de diciembre, y ayer 38.600, con movilizaciones modestas en toda Francia. En París hubo entre 3.000 y 4.000 manifestantes, divididos en varios cortejos deshilachados y de errático rumbo. La manifestación convocada en Versalles terminó antes de empezar, a falta de un número llamativo de participantes. Las manifestaciones de París, fueron modestas e incontroladas: en los Campos Elíseos, la circulación no llegó a cortarse, pero se produjeron enfrentamientos violentos a última Un manifestante grita a la policía antidisturbios durante una protesta hora de la tarde de ayer. En la plaza de la Ópera, apenas una carga policial. En el Louvre, decenas de manifestantes. En Montmartre, a las puertas de la basílica del Sagrado Corazón, varias decenas de chalecos amarillos dieron un EFE Invitación obscena Decenas de personas cantaban La Quenelle que invitaba a violar al presidente Macron HORIZONTE RAMÓN PÉREZ- MAURA EL ZORRO Vladímir Putin es para Occidente una amenaza aún mayor que los islamistas que nos tienen en el objetivo desde el sur del Mediterráneo n estos días en que estamos tan pendientes de lo que ocurre en Cataluña, tan ensimismados en nuestras miserias nacionales, he tenido la suerte de leer la última novela de Frederick Forsyth, todavía no editada en España: The Fox (Transworld Publishers. Londres 2018) La trama del zorro en torno al cual discurre este repaso de la actualidad política mundial de nuestros días es espeluznante. El zorro es un joven hacker informático que cae del lado del bien. Es decir, del Gobierno británico. Y de su mano se nos va narrando el mal que intenta promover el Kremlin por todo el mundo en nuestros días. Porque hoy por hoy, Vladimir Putin es para Occidente una amenaza aún mayor que los islamistas que nos tienen en el objetivo desde el sur del Mediterráneo. A ellos estamos en vías de derrotarlos. Como se cuenta en diferentes pasajes de la novela, Rusia prepara hoy el convertir a Europa Occidental en un satélite dependiente energéticamente del Kremlin como paso a su sometimiento político. Sus proyectos gasísticos así lo harán. Y trabajando para el Kremlin está, nada menos, que un excanciller de Alemania del que los medios de comunicación parecemos habernos olvidado: Gerhard Schröder. Rusia sigue siendo un proveedor armamentístico principal de Corea del E Norte, un régimen en el que hay una marioneta de la tercera generación de una dinastía comunista las únicas dinastías legítimas para la progresía internacional que en realidad está sometido a la cúpula del Ejército. Una elite que tiene un nivel de vida de verdadero lujo frente a una población que vive en la miseria más absoluta. Y una tiranía que sigue aspirando a chantajear al mundo entero con la posesión de misiles nucleares capaces de llegar a cualquier punto del planeta y para cuyo desarrollo cuenta con la colaboración indirecta del Kremlin. Y Teherán sigue siendo una teocracia que cuenta con el respaldo de Moscú en su ambición por ser el jefe de Oriente Medio con armas nucleares. Ha conseguido desbancar a Arabia Saudí del favor internacional al jalear a los cuatro vientos un crimen horrendo, pero muy parecido a los que cometen estos amigos de Pablo Iglesias cotidianamente. Como resulta evidente, Putin tiene hoy una posición privilegiada en el mundo entero. Ha colocado unas bases en Venezuela con un valor estratégico muy superior al que hubieran tenido los misiles soviéticos de Cuba en la Crisis de los Trece Días. El alcance de unos misiles ubicados en Venezuela es hogaño infinitamente superior al que era el de Cuba en tiempos de Nikita Kruschev. Y frente a esto, ¿en qué está Occidente? Los europeos enfrascados en el Brexit desde hace tres años. Incapaces de buscar nuestra autonomía militar o energética. Y si no autonomía, por lo menos no estar en manos de Moscú como proveedor casi exclusivo de combustible. En el albor del año nuevo, vemos mucha preocupación en Europa por el auge de populismos de uno y otro signo, pero el verdadero problema está más allá. Sigue residiendo en que Rusia quiere dominar Europa entera. No hemos sido capaces de hacer nada por impedir su toma de control de una parte de Ucrania y su estrangulamiento del resto. Eso ocurre en el corazón de Europa. Hace cien años la capital de la mitad de Ucrania era Viena. Vamos camino de que Moscú sea la capital de toda Ucrania y la referencia para Europa entera. Y no será porque nos pillaron desprevenidos. Los avisos abundan.