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32 ANDALUCÍA DOMINGO, 23 DE DICIEMBRE DE 2018 abcdesevilla. es andalucia ABC Las Navidades más tristes Un monstruo al acecho en el corazón de la tierra El asesinato de la joven profesora Laura Luelmo saca del anonimato y la tranquilidad al pueblo de El Campillo y tiñe de luto la Cuenca Minera onubense MIGUEL A. JIMÉNEZ M. HUMANES EL CAMPILLO (HUELVA) E scribía Cervantes que la memoria era la enemiga mortal de su descanso. Nadie, de hecho, puede vivir recordando todo de forma tan vívida como cuando se produce un acontecimiento, más si ese acontecimiento es traumático. Al final, el tiempo va desplegando su velo, va difuminando las sensaciones, alejando los sentimientos, el dolor, la rabia, la indignación. Es ley de vida, una ley más terca que la humana. Inexorable. La que nos permite sobrevivir, pasar página. En El Campillo también ocurrirá, aunque ahora parezca imposible. El Campillo, apenas 2.000 almas en la Cuenca Minera, dos millares de personas humildes, trabajadoras y serias, dedicadas exclusivamente a su tareas, a su familia y a preparar una Navidad con olor a chimenea. Hasta que hace unos días el horror golpeó el corazón de la tierra. Laura Luelmo, una joven profesora zamorana, aparecía muerta en un paraje agreste de los alrededores del municipio días después de que su familia denunciara su desaparición. A. MONTES Laura Luelmo, joven, bella, llena de ilusión, había recorrido media España para realizar una sustitución en un instituto de la vecina localidad de Nerva, el Vázquez Díaz. Alquiló una casi- ta en El Campillo, en el número 13 de la calle Córdoba, a pocos kilómetros del centro en el que habría de impartir sus primeras clases, después de pasar las primeras jornadas en un pequeño hostal. No dio tiempo a que hiciera amistades, a que la conocieran, a integrarse en el pueblo. Tampoco hizo falta. Cuando se conoció su desaparición, todo el pueblo, la comarca entera, se sumó al dispositivo de búsqueda como si conocieran a Laura de toda la vida. Muchos lloraron cuando la encontraron muerta, semidesnuda, en medio del campo. La solidaridad está muchas veces por encima de los apegos, de las familiaridades. Había tenido la mala suerte de cruzarse en el camino de Bernardo Montoya, un ex convicto de 50 años que pasaba sus primeros días de libertad en la casa frente a la que había alquilado Laura. Se encaprichó de ella nada más verla y ella sintió el escrutinio al que la sometía su vecino, aunque eso no evitó el fatal desenlace. El miércoles 12 de diciembre, según se desprendería de las investigaciones llevadas a cabo por la Guardia Civil, Bernardo Montoya la acorraló en la puerta de su casa y la obligó a entrar en su domicilio, donde la habría agredido sexualmente. Según desvela la autopsia Laura fallecería entre 48 y 72 horas después, de un traumatismo craneoencefálico, aunque su El Campillo es una localidad de la Cuenca cuerpo presentaba más golpes y los investigadores han hallado sangre en el domicilio de Montoya. Aún quedan cabos por atar en la historia de Laura Luelmo. La declaración que Montoya prestó tras ser detenido, Los vecinos aún no dan crédito a la tragedia sufrida por Laura Luelmo Los agentes han impedido que se traspasara la línea de seguridad