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ABC DOMINGO, 23 DE DICIEMBRE DE 2018 abc. es opinion OPINIÓN 13 UNA RAYA EN EL AGUA EL RECUADRO ANTONIO BURGOS TRAICIÓN A ESPAÑA Hemos perdido la batalla del lenguaje ante los separatistas T UVO que ser así. Seguro que el Barsa tuvo que cederle a Messi al gobierno autonómico catalán de Torra por un par de días. De otro modo, sin Messi, no se explica la goleada que el separatismo catalán le ha metido a Sánchez y, lo que es peor, a la dignidad de España. Un hat- trick sin ninguna necesidad. La reunión del Consejo de Ministros en Barcelona ha sido uno de los hechos más prescindibles de la más reciente Historia de la Infamia. Se atribuye a Helenio Herrera lo de ganar los partidos sin bajarse del autobús. Lo de Sánchez fue peor: tenía ya perdido este partido sin bajarse del Falcon. Ha sido la demostración de dónde nos puede llevar el ego de un siniestro personaje que hemos de padecer hasta que no tenga más remedio que convocar elecciones. El planteamiento era de locos. Hagamos una traslación de lugar, para que comprendan aún más la indignidad a que se ha prestado el Gobierno. ¿Se imaginan que para reunirse en Cáceres el Consejo de Ministros tiene que ir con un despliegue de diez mil policías por delante? ¿Cómo es esto de que el Gobierno de España no pueda reunirse sin un despliegue policial excepcional y con la paralización de toda una ciudad en un territorio de este Reino cual Cataluña? Nada más que el hecho de emperrarse en celebrar ese Consejo de Ministros para absolutamente nada, para presumir no sé de qué, sabiendo cómo iba a rodar todo, era ya lo que mejor que yo pueda ha calificado Pablo Casado: Una traición a España Mire usted, señor Sánchez: si tiene dignidad o si le quedan al menos indicios de ella, no puede acudir a Barcelona como si fuera el presidente de un Gobierno extranjero, ni prestarse a ser recibido como tal. Ni mucho menos reunirse con unos señores que llevan el dichoso lazo amarillo que proclama que los políticos golpistas encarcelados por sedición y rebelión son presos políticos Usted, al sentarse con ellos de igual a igual, con esos colgajos deleznables en sus solapas, estaba no sólo ofendiendo a los españoles, sino a los catalanes que defienden allí, a pie de obra, tragando quina, la Constitución y la Unidad de nuestra nación, frente a las locuras teledirigidas por el cobarde prófugo desde Waterloo. Los lamentables hechos de Sánchez hocicando ante los separatistas en una Barcelona tomada por la Policía y fastidiando el trabajo y los desplazamientos de miles de ciudadanos has recordado a Carlos del Barco a aquel sanluqueño presidente de la Cofradía de Pescadores de Bajo de Guía y que en una visita de Leopoldo Calvo Sotelo camino de unas vacaciones en Doñana, le dijo: -Mire usted, don Leopoldo, de presidente a presidente le digo que... Sánchez tenía que haber tratado a Torra como lo que es: presidente de la Cofradía de Pescadores en el Río Revuelto del Independentismo. Ese es el único de presidente a presidente que la dignidad nacional admite. Y no convertir la degradante visita en un quítame allá esas macetas con flores amarillas y ponme esta flor de Pascua de color rojo. ¿Y el lenguaje? Como en los días de plomo ante la ETA, hemos perdido por culpa de Sánchez la batalla del lenguaje ante los separatistas catalanes. Ya no hay ni rebelión, ni sedición, ni golpe de Estado, ni incumplimiento de la Constitución, no: ahora es conflicto catalán Como tampoco hay Constitución, y mucho menos artículo 155: ahora es seguridad jurídica Ese lenguaje separatista lo ha asumido el Gobierno. Cuando Sánchez tenía que haber empezado por decir lo que el mozo de escuadra constitucionalista le espetó al guarda forestal que con las hordas del CDR se manifestaba en las algadas barcelonesas contra España: ¿Qué república ni república? ¡La república no existe, collons! Lo que sigue existiendo, a pesar de la indignidad de su presidente, es la unidad constitucional de España. IGNACIO CAMACHO LA ESPIRAL El presidente se ha revelado como un yonqui del poder, un arribista enganchado al disfrute provisional del cargo L viaje de Sánchez a Barcelona ha dejado claro que tras las elecciones andaluzas el precio del alquiler de La Moncloa se ha disparado, pero también que su arrendatario está dispuesto a acudir al mercado negro de la política para pagarlo. La imagen de un dirigente se forja por lo general a partir de sus primeros actos y la de este presidente se ha consolidado como la de un yonqui del poder, un hombre enganchado a la droga alucinógena del Falcon, el protagonismo mediático o las fotos protocolarias con jefes de Estado. Si a Rajoy le cayó encima, con mayor o menor justicia, el estereotipo de un gobernante rutinario y apático, su sucesor representa ante la opinión pública el paradigma de un ansia desmesurada por el disfrute del cargo. Su terca negativa a convocar elecciones para legitimar su mandato lo convierte en un funámbulo capaz de cualquier incoherencia que lo ayude a sostenerse en equilibrio precario. Sin el refrendo de las urnas nunca será otra cosa que un jugador de fortuna, un mandatario provisional, un arribista desahogado que tras beneficiarse de una carambola se atrinchera en el despacho. Su gran problema consiste en que todo lo que hace para continuar en el puesto provoca efectos secundarios adversos. Cada vez que cede ante el chantaje nacionalista para comprar tiempo causa en el electorado una reacción de rechazo que disminuye su crédito. Así ha entrado en un círculo diabólico, en una espiral de descontento: mientras más desciende su aprecio, más dependiente se vuelve de una táctica de apaciguamiento que a su vez le acarrea una progresiva pérdida de respeto. En esas condiciones no puede llamar a votar sin riesgo de recibir la moción de censura del pueblo, que ya ha mostrado en Andalucía su manifiesto estado de cabreo. Los barones territoriales del PSOE han detectado ese ánimo de escarmiento y contemplan la cita electoral de mayo con franco desasosiego. Obligados a desfilar primero, temen que el malestar acumulado descargue, como le ha sucedido a Susana Díaz, sobre ellos. Aguantan por disciplina o porque no les queda otro remedio pero de alguna forma se sienten rehenes de una especie de secuestro. Les espera una prueba de fuego y ni siquiera saben si llegado el momento les conviene tener a su jefe cerca o lejos. En Andalucía tampoco ha servido la estrategia del distanciamiento. Sánchez perdió la ocasión de aprovechar su inicial ventaja y es muy difícil que disponga ya de alguna opción de recuperarla. Quizá aún confíe en su intuición para los golpes de audacia, y entretanto encuentra la oportunidad sigue aferrado al aventurerismo de circunstancias, a la improvisación tornadiza, a la maniobra elástica. La forma en que se ha humillado ante el separatismo ofrece poco margen de esperanza: España está gobernada por alguien que sólo cree en su proyecto personal y sólo atiende a su estricta conveniencia privada. E JM NIETO Fe de ratas