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ABC DOMINGO, 16 DE DICIEMBRE DE 2018 abc. es internacional INTERNACIONAL 59 Batalla campal en el lujoso barrio parisino de Saint- Germain- des- Prés La plaza y la iglesia de Saint- Germain- des- Prés, el corazón histórico del París más legendario y chic ha sido el escenario de una espectacular batalla campal entre chalecos amarillos y CRS (Compañías Republicanas de Seguridad, antidisturbios) Tras el fracaso relativo de las grandes manifestaciones de los Campos Elíseos y la Plaza de la Ópera, con menos manifestantes de lo previsto, varios grupos de chalecos amarillos se dirigieron inesperadamente hacia la Plaza de Saint- Germain- des- Prés. La iglesia de Saint- Germain es uno de los grandes símbolos históricos del París cultural más canónico, desde hace varios siglos. En esa iglesia comenzaron las relaciones hispano- francesas, hacia el año 1.000. Frente a esa iglesia, el Café Les Deux Magots es un lugar de cita clásico desde hace muchas décadas. Hacia las cuatro de la tarde de ayer, numerosas bandas de chalecos amarillos irrumpieron en las inmediaciones de la plaza, precipitando una aparatosa batalla campal. Los antidisturbios tuvieron que recurrir a lanzamiento masivo de granadas de gases lacrimógenos para contener la marea humana que se dirigía hacia el Deux Magots y la iglesia de Saint- Germain. Los enfrentamientos se prolongaron varias horas, sin que se produjese el temido saqueo de las tiendas de lujo del barrio (Armani, Ralph Laurent, Mont Blanc, entre otras) que había tomado muy rudimentarias medidas de seguridad. Imagen de la avenida parisina de los Campos Elíseos, ayer por la tarde AFP taciones de semejante tonelaje y diversidad social. Si las tensiones son una tradición parisina, la crisis de los chalecos aporta una aparente novedad: las violencias callejeras proliferan en ciudades de provincias tradicionalmente tranquilas, como Burdeos, Toulouse o Nantes, que descubren los estallidos de violencia urbana con inquieta sorpresa. Durante los dos primeros actos de la crisis de los chalecos amarillos, la fiebre social y callejera parecía muy semejante a las revueltas fiscales tradicionales desde la Edad Media: las clases medias de la Francia profunda se tiraban a la calle para protestar contra la presión fiscal y el centralismo burocrático, tradicionalmente autoritario. Las nuevas reivindicaciones en el quinto acto están iluminando una crisis del modelo político y social. Los nuevos chalecos amarillos, de muy diversa tendencia, no se sienten representados por los sindicatos y partidos políticos tradicionales y reclaman un cambio que tiene flecos apocalípticos. Los grupúsculos de extrema derecha que están presentes en todas las manifestaciones son partidarios de una revolución nacional que está muy lejos del programa de Marine Le Pen. Los grupúsculos de extrema izquierda hacen unas reivindicaciones globales que exigirían una reforma completa del modelo político nacional y coinciden con la exigencia de una VI República que está en el programa político de JeanLuc Mélenchon, el líder de Francia Insumisa (FI, extrema izquierda) Sin embargo, esos extremos son solo una parte del conjunto de los grupúsculos y sectores sociales poco presentes en las manifestaciones violentas pero muy visibles en todas las rotondas donde se prolongan minúsculas En una nación de 67 millones Según cifras oficiales, el número de chalecos amarillos en las marchas de ayer en todo el país fue de 66.000 Nuevos lugares simbólicos en París Los activistas aparecieron por vez primera en las plazas históricas de la Opera y Saint- Germain- des- Prés pero numerosas manifestaciones: madres solteras de precaria economía, que no dudan en protestar con sus niños en brazos; parejas de pensionistas de rentas modestas que no tienen filiación política conocida; jóvenes de rentas bajas o modestas que se están radicalizando a través de internet... A última hora de la tarde de ayer, los anti disturbios habían neutralizado las batallas campales parisinas. Y una cierta normalidad parecía extenderse por toda Francia. Sin organización, dividido en numerosas familias antagónicas, sin líderes ni programa político de ningún tipo, el movimiento y la franquicia de los chalecos amarillos ha perdido muchos manifestantes, pero ha ganado en radicalismo, diversidad y flecos apocalípticos. ¿Cómo evolucionará la crisis? Nadie lo sabe. Solo está claro que Francia y su presidente han entrado en una fase de inquietud y angustia social profunda. Las concesiones económicas de Macron corren el riesgo de desequilibrar las cuentas del Estado, que no podrá cumplir sus compromisos europeos, caídos de hinojos, Francia y su presidente, en la tierra de nadie de la incertidumbre.