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24 CÓRDOBA Contramiradas El hábito de este fraile ha dado la vuelta al mundo en contraportadas y reportajes. Cuando prendió el fenómeno de las pateras, estaba en la zona cero. Esta es la historia de la humanidad frente al naufragio DOMINGO, 16 DE DICIEMBRE DE 2018 cordoba. abc. es ABC ARISTÓTELES MORENO El corazoncito de la Guardia Civil El boom de las pateras empezó a despuntar el último año del segundo milenio. El Padre Patera todavía era Isidoro Macías y el destino quiso que uno de los fenómenos sociales más perturbadores del nuevo siglo lo cogiera justo en la zona cero atendiendo a pobres de solemnidad y sin techo. Un día llamó a su puerta una pareja de la Guardia Civil para pedirle ayuda. Acababan de recoger de una barquichuela a cinco mujeres embarazadas y un niño con dos meses de vida. El Estado no tenía nada entonces. Cuando los inmigrantes llegaban a la playa, lo primero que veían era a la Guardia Civil, que tiene su corazoncito. Hay que ver con qué cariño recogían a aquellas personas. Han sido un ejemplo para mí y me han ayudado a ser mejor persona afirma el fraile franciscano. Y agrega: Un día fui a la playa y vi a una mujer con un niño. El corazón se me hizo trozos. El niño solo traía el pañal. Señor mío. Venía helaíto Cuando los vi, me acordé de Jesús, María y José. Los pimeros inmigrantes fueron ellos En uno de los pabellones del antiguo Hospital Militar, sede hoy de los Hermanos de la Cruz Blanca N ació en un pequeño pueblo minero de Huelva como Isidoro Macías. Pero la vida lo ha rebautizado bajo el nombre de Padre Patera por obra y gracia de un periodista de Radio Nacional de España llamado Julio César Iglesias. Se ha tirado 35 años en Algeciras dando amparo a mujeres inmigrantes embarazadas y cambiando pañales de criaturas apátridas que casi le nacían en sus manos. Ha desafiado la Ley de Extranjería y ha tenido que rendir cuentas ante las Fuerzas de Seguridad por un espinoso asunto, el de la inmigración, que conmociona el corazón de Europa y está a punto de desfigurar el viejo tablero político del continente. Junto a Zidane y Beckham, fue Héroe del Año en 2003 para la prestigiosa revista Time. Y su hábito de fraile ha dado la vuelta al mundo en contraportadas y reportajes de todo tipo. Hace año y medio que lo destinaron a los Hermanos de la Cruz Blanca en Córdoba. Nos recibe en los antiguos pabellones del Hospital Militar con puntualidad británica y sonrisa andaluza. El Padre Patera está tocado por la gracia de una socarronería muy mediterránea y su verbo transita a través de una sucesión de anécdotas tiernas y, a menudo, desternillantes que parecen no tener fin. ¿Cómo lleva usted su apodo: como un mérito o como un estigma? -Hay que ser sencillito. Humilde. Eres una persona y ya está. Un cristiano. Un fraile. Isidoro Macías (Minas de San Telmo, Huelva, 1945) nació en el seno de una familia minera atravesada por las severas dificultades económicas de la posguerra. Ha cuidado cochinos, ordeñado cabras, segado trigo y vendido agua en cántaros para echar una mano en la maltrecha economía doméstica. He hecho de todo. Y no me da vergüenza. Cada vez que viene un pobre ahora lo comprendo. Porque yo fui pobre. Y lo sigo siendo Abrazó el camino espiritual al término de la mili, que cumplimentó en Ceuta, donde conoció a Isidoro Lezcano, fundador de los Hermanos de la Cruz Blanca. Allí pusieron en pie una casa de acogida para pobres y alcohólicos, la primera piedra de una vida entregada a la labor humanitaria, primero en Tánger, luego en Cáceres y, años después, en Venezuela, Costa de Marfil y Algeciras, hasta recalar, por fin, en Córdoba. -35 años en Algeciras recogiendo in- migrantes desahuciados, mujeres embarazadas y bebés. ¿Practica el buenismo? -Yo solo intento vivir el Evangelio. -En Europa hay países donde el Padre Patera estaría entre rejas por colaborar con las redes mafiosas. -Ellos saben quienes trafican con inmigrantes. Yo solamente ayudo. -A usted lo han detenido. -Es que dicen que me saltaba la Ley de Extranjería. Señor mío. Pero para hacer el bien. Yo no soy abogado. Y luego fueron los mejores amigos que tuve en Algeciras, desde el comisario a todos los agentes. Y cuando llegaba el director general de la Policía y de la Guardia Civil me llamaban para conocerme en persona. -Han pasado por sus manos cientos de niños. -Los números no me gustan. Es una cosa fría, ¿verdad? Esa no es mi misión. He asistido a niños que han nacido en la casa. Dios siempre me mandaba personas que supieran inglés. Y allí fue la primera vez que vi un cordón umbilical. ¿Y de dónde ha sacado el