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14 OPINIÓN VIDAS EJEMPLARES PUEBLA DOMINGO, 16 DE DICIEMBRE DE 2018 abc. es opinion ABC LUIS VENTOSO DIÁLOGO SERENO Va a resultar que el procés no lo inventó el viejo Mariano S I la economía casca, lo demás revienta. Tal es la lección de las dos últimas súper crisis globales. La de 1929 abonó los totalitarismos de entreguerras, que degeneraron en el horror absoluto de la Segunda Guerra Mundial. La de 2007 laminó los ingresos de las clases medias, disparó el paro y generó una ola de descontento que cristalizó en nuevos partidos- protesta, clavo ardiendo de personas arrojadas a las cunetas del sistema. Aquí, ese malestar impulsó en la primavera de 2011 el nacimiento del Movimiento 15- M (embrión del futuro Podemos) España, en contra de lo que a veces se nos cuenta, es una. Así que la rabia 15- M también llegó a Cataluña, por supuesto. El 15 de junio de 2011 una de sus protestas cercó el Parlamento catalán. Los diputados, los nacionalistas los primeros, fueron increpados, les escupieron, les lanzaron objetos. El presidente catalán, Artur Mas, y la del Parlamento, la xenófoba Núria de Gispert, se vieron obligados a acceder a la Cámara en helicóptero. CiU caía en los sondeos. Las cuentas no cuadraban, porque la Administración autonómica estaba quebrada, y ordenar recortes resultaba muy impopular. Eran días complicadísimos para Mas, que se asustó. ¿Cómo reaccionó? Sin haber sido separatista hasta entonces- -al menos en voz alta- -decide ocultar sus penurias tras la estelada. Ha nacido el procés En contra de su mito, la ola independentista no brotó de un anhelo irrefrenable de la población. El proceso fue impulsado a conciencia desde la Generalitat y solo tiene siete años de vida. Fue una eficaz y carísima campaña de propaganda, pagada con dinero público, que ha tenido éxito, pues el apoyo al independentismo, aun no siendo mayoritario, ha crecido. Por último, los mesías que lanzaron la campaña acabaron creyéndose su propia utopía republicana. Desdeñaron a España como un oso fatigado y adormilado, que no reaccionaría, y en octubre de 2017 dieron un fallido golpe de Estado (cutre, pero sin duda un intento en regla de subvertir por la fuerza la legalidad a fin de declarar la independencia) La que acabo de contar es un modo de verlo. Pero existe otro, defendido durante estos siete años por el PSOE, su prensa afín, tertulianos madrileños que se avergüenzan de ser españoles y comunicadores catalanes que se forran en Madrid, pero cultivan un estudiado desdén hacia España. Su tesis era sencilla: hay una solución asequible, el diálogo con los nacionalistas, y si la crisis se ha enquistado en Cataluña es solo por la cerril intransigencia de Rajoy, que no dialoga y se esconde tras las togas de los jueces Entrañable. Pero llegó Pedro I El Dialogante. Recibió a Torra y a su lacito amarillo en Moncloa. Presionó a los jueces en favor de los golpistas. Desprotegió al Rey. Prometió más autogobierno, inversiones, un nuevo Estatut... ¿Resultado? El procés está más encanallado que nunca, el desorden crece, el presidente catalán aboga por una revuelta violenta y para celebrar un simple Consejo de Ministros en Barcelona, la segunda ciudad de España, hará falta un despliegue de un millar de antidisturbios. El diálogo sereno de Sánchez va viento en popa. LA FERIA DE LAS VANIDADES FRANCISCO ROBLES SEMANA TRAGICÓMICA DE BARCELONA Este Torra pretende convertir la pacífica y culta Cataluña en la Eslovenia donde la independencia supuso un trauma con muertos en las calles H ACE más de un siglo, Barcelona ardió por los cuatro costados de la sinrazón y de la revolución, del enfrentamiento armado y de la insumisión al poder. El Gobierno conservador de Maura pretendía que los padres de familia y los muchachos de la clase obrera fueran a batirse en duelo con unos marroquíes a los que no les debían nada. El pueblo se levantó en armas y el poder se tambaleó. España estaba ensayando la guerra civil que llegaría unos años después tras el paso frustrado por una República que fue un campo de cultivo para los totalitarismos que asolaban Europa. De todo aquello ha pasado un siglo y pico, y el dicho de Marx se hace presente de nuevo. La historia se repite. Siempre. La primera vez como tragedia, y la segunda como comedia. Ahora estamos en ese estado intermedio que tan bien define a nuestra literatura. Las grandes obras de nuestros escritores rozan, a menudo, esos dos extremos tan contradictorios en apariencia. No hay más que leer La Celestina para comprobarlo. O el mismo Quijote, donde la locura y el humor, el desengaño y la ironía se dan la mano en una suma de contrarios muy difícil de entender para el foráneo. Lo de Cataluña es una tragedia interpretada por personajes cómicos como el tal Torra, que quiere balcanizar una comunidad donde se vivía hasta hace poco como en muy pocos lugares del planeta. ¿O es que los cachorros del independentismo que se han criado en barrios lujosos y en ensanches modernísimos son unos parias que luchan por la supervivencia? Este Torra pretende convertir la pacífica y culta Cataluña en la Eslovenia donde la independencia supuso un trauma con muertos en las calles. Pero no se expondrá a ser uno de ellos, sino que hará lo mismo que hizo Maura cuando provocó aquella Semana Trágica de Barcelona: convencer a otros para que sean los cadáveres colocados como trofeos sobre la negrura fría del asfalto para que la historia se repita. A todo esto, Sánchez sigue a lo suyo. Este tipo es capaz de poner en riesgo a su propio partido para salvarse él, y de arriesgar la unidad de España a costa del triunfo de su partido. Siempre antepone lo particular a lo general, lo suyo al bien común. Su apuesta por celebrar un consejo de ministros en Barcelona habría sido catalogada como una ofensa o una provocación por el máster de progresía si la hubieran llevado a cabo los peperos, los ciudadanos o los voxeros. Pero tratándose del PSOE ya es otra cosa, y el silencio cómplice no es el de los corderos, sino el de los cobardes que no son capaces de defender esta postura del Gobierno. ¿O es que no va a poderse reunir donde le dé la gana porque unos cuantos enemigos de la Constitución así lo quieran? La semana tragicómica está por venir, y bien que la celebrarán los amigos de los disturbios y de las ofensas a todo lo que suene o huela a España. Que nadie los confunda con aquellos pobres hombres que salieron a la calle hace más de un siglo porque las circunstancias en las que vivían eran extremas. Esto es otra cosa. Esto no es un movimiento obrero, sino una movida burguesa de niños de papá. Y de mamá Ferrusola.