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ABC MARTES, 11 DE DICIEMBRE DE 2018 abc. es opinion OPINIÓN 15 UNA RAYA EN EL AGUA MONTECASSINO HERMANN SUEÑO ESLOVENO, HÚMEDO Y SANGRIENTO No solo el delirante Torra apuesta por la violencia ahora en España Y O estaba allí, el 26 de junio de 1991, en el momento y en el lugar en que comenzó a aplicarse la vía eslovena que tanto seduce a Quim Torra como ejemplo para acelerar la independencia de Cataluña. Allí, en la autopista de Zagreb a Liubliana, no lejos de los límites entre ambas repúblicas, junto a aquellos cadáveres humeantes de seis reclutas del ejército yugoslavo JNA carbonizados en el interior del blindado de ruedas (BMR) Uno había logrado abrir la puerta, pero ninguno consiguió salir. Les habían alcanzado con un lanzagranadas miembros de la Defensa Territorial eslovena. Aquellos jovencitos hechos estatuas de tizón quedaron en mi retina y memoria como las primeras víctimas de la guerra abierta en Yugoslavia. En Eslovenia esa guerra duró diez días, con menos de cien muertos. En el resto de aquel efímero y artificial estado duraría casi diez años y se cobraría cientos de miles de muertos. Pues la guerra breve eslovena le tienta a ese repugnante compatriota nuestro. Se fue a Eslovenia a montar una farsa de visita oficial y volvió de Liubliana convencido de haber descubierto la pólvora. Con la forma mágica de desatascar esa aventura del separatismo en la que se les ha dejado creer demasiado tiempo. La vía eslovena como fórmula eficaz y barata en vidas. Que con unas decenas de muertos lograría el desistimiento de España y dejaría expedito el camino de la independencia. Torra es un fa- nático de fantasías dementes. Y un golpista que debería estar en prisión. Pero además es un peligroso ignorante. Porque la guerra breve y limpia de Eslovenia para imponer su independencia se debió a que el ejército federal no defendía realmente las fronteras de una Yugoslavia muerta ya para quienes decidían, Slobodan Milosevic y los generales serbios. Su objetivo bélico real era ya la gran Serbia que llega allá donde hay tumbas serbias y comunidades ortodoxas, inexistentes en la católica Eslovenia. Muy al contrario que en Croacia. El débil despliegue militar del ejército federal solo tenía dos razones, la cosmética de cara al exterior, para pretender que Belgrado defendía sus fronteras internacionales. Y la recogida de propiedad de sus bases en Eslovenia, en especial de las fronteras con Austria e Italia. El 25 había sido proclamada la independencia de esta república étnicamente homogénea, sin minoría religiosa ni legado serbio alguno. El 7 de julio, recogidos propiedades y documentos de los cuarteles, el ejército yugoslavo, en realidad ya panserbio, abandonaba una Eslovenia que a Milosevic y a sus generales importaba un carajo. Hay que ser demente para creer que esas condiciones eslovenas pudieran servir a Torra y a sus terroristas desaliñados de los CDR, aun con armas de los mozos, con matar un poco imponer el desistimiento de las instituciones españolas, el ejército la primera, con un mandato existencial de preservar la unidad de España. Pero lo cierto es que Torra busca poner muertos sobre la mesa para disparar el precio de su fracaso. Y cree contar con aliados en los comunistas de Podemos que llaman abiertamente a la violencia y en la voluntad antifascista en realidad antiespañola del aparato mediático izquierdista en España, que vuelve a mostrar brutalmente su vocación totalitaria, con LaSexta organizando pogromos contra los votantes de VOX. El sueño húmedo de sangre de la vía eslovena es un delirio más de Torra. Pero los españoles deben ser conscientes de que hay planes evidentes para una escalada de violencia que cuenta con la colaboración de sectores radicales de una izquierda que ha entrado en pánico en toda España ante la reacción, para ellos inesperada, de una maltratada nación que sale del letargo y está harta del abuso y la mentira. IGNACIO CAMACHO PASTORES En una comunidad donde Quim Torra ostenta la dignidad oficial de Honorable conviene preservar al menos la de Eminencia L vicesecretario de la Conferencia Episcopal Tarraconense, Norbert Miracle, le cuesta entender la prisión preventiva de los dirigentes independentistas catalanes. Así lo declara en una carta dirigida a la hermana de Jordi Turull, donde relata que cuatro obispos los de Gerona, Tarragona, Solsona y Vic han ido a visitar a los principales reclusos en sus cárceles, un gesto humanitario irreprochable en el virtuoso ejercicio de sus tareas pastorales. También simpatizan con la causa otros eclesiásticos no menos ecuánimes, como los capuchinos de Sarriá o el abad de Montserrat ese Dalai Lama del separatismo, en brillante expresión de Jesús Lillo que han invitado a sus feligreses a sumarse a la huelga de hambre. Estamos en vísperas de Navidad y ningún reproche cabe al bienintencionado compromiso diocesano con los presos y sus familiares. Pero, por si le sirven en su búsqueda del diálogo, el respeto, el perdón mutuo y el bien más grande (sic) existen algunas consideraciones generales que pueden ayudar a resolver la dificultad de comprensión de mosén Miracle. En primer lugar, el motivo del encarcelamiento no es un delito de conciencia, abolido en la Constitución, sino un levantamiento multitudinario contra la norma básica del sistema de libertades que en España regula la convivencia, y que como el padre Miracle no ignorará fue en su momento refrendada por el 90 por ciento de los ciudadanos de su tierra. Como representantes del Estado en Cataluña, los encausados tenían el deber de conocerla, cumplirla y defenderla. Los tribunales decidirán si la insurrección fue o no violenta; lo que está claro es que se trató de una revuelta contra el orden institucional en términos de desobediencia diáfana y expresa. Hasta ahora, que se sepa, el cumplimiento de la ley, sobre todo si es democrática, es una obligación respaldada por la Iglesia. Concurre, además, la circunstancia de que otros altos cargos de la Generalitat implicados en el mismo proceso se han fugado. Hasta el cura más carlista del Principado, que los hay a montones, se hará cargo de que ningún juez se arriesgue, con ese cristalino antecedente, a exponerse al mismo fiasco. No existen, por lo demás, indicios de arrepentimiento, esa contrición esencial del sacramento de la penitencia, en la conducta de unos políticos que se declaran orgullosos de haber cumplido un supuesto mandato soberano. Y en su estancia en presidio reciben, como no podía ser de otro modo, un trato tan exquisito que hasta se podría considerar privilegiado. Acaso estos detalles podrían iluminar a mosén Miracle y sus obispos para entender que no estamos ante la represión de unas ideas. El alto ministerio que desempeñan presume de oficio una mente equilibrada y abierta. Y en una comunidad donde Quim Torra ostenta o más bien detenta la dignidad oficial de Honorable conviene preservar al menos la de Eminencia. A JM NIETO Fe de ratas