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ABC SÁBADO, 17 DE NOVIEMBRE DE 2018 abc. es opinion OPINIÓN 17 VIC EL NORTE DEL SUR RAFAEL ÁNGEL AGUILAR SÁNCHEZ CARLOS ROMERO Amigos y familiares despidieron ayer en San Agustín al dominico de las Hermandades del Trabajo: un libro lo tributará en breve A DESDE SIMBLIA No es necesario recordar que no ha sido así, aunque resulta conveniente hacer referencia a su incumplimiento ya que ahora entramos en época de promesas. Las obras no se adjudicaron hasta abril de este año y se hizo a una empresa cuyo nombre, para quienes estén versados en historia, daba una pista sobre el lugar donde está su razón social: Construcciones y Desarrollos Tudmir. Esta última palabra era el nombre con que se conocía en época visigoda el sudeste de la Península Ibérica. La sede estaba en la localidad murciana de Lorca. Se efectuó la adjudicación, pese a que la rebaja ofertada por la empresa adjudicataria era notable, lo que no fue obstáculo para que se considerase temeraria. Tres meses después de la adjudicación, la empresa en cuestión renunciaba al contrato que le había sido adjudicado en el correspondiente proceso de licitación pública y el Ayuntamiento. No inició las obras y se decidió resolver el contrato. Pero la resolución se llevó acabo de forma harto chapucera. Tanto que la Asesoría Jurídica del Ayuntamiento señala que es un caos donde se han infringido las normas más elementales de procedimiento y, con su correspondiente dosis de ironía, afirma que dicho expediente no va a quedar como ejemplo de tramitación administrativa A todo ello hay que añadir el que, desde la fecha de resolución del contrato hasta que se ha puesto en manos de la mencionada Asesoría, ha transcurrido tanto tiempo que no es posible reconducir el expediente para su nueva tramitación y aconseja que se comience todo el proceso de nuevo. Ahora, en el gobierno bipartito, se habla de una nueva, la enésima, prórroga en el Plan Turístico de Grandes Ciudades. Mucho nos tememos que, con prórroga o sin ella, no haya tiempo para llevar a cabo obra alguna en el ex convento de Regina Coeli. Después de tantos desmanes administrativos y de una probada incapacidad de gestión no será posible con las elecciones en el próximo mes de mayo. Lo dicho al principio. Es como si sobre esa obra pesara una maldición o le hubieran echado el mal de ojo. Aunque muchos pensarán que se trata simple y llanamente de una absoluta incapacidad para la gestión de quienes gobiernan en el Ayuntamiento. JOSÉ CALVO POYATO CADENA DE DESPROPÓSITOS Lo que pasa con Regina Coeli pordría ser una maldición, pero sencillamente se trata de una probada incapacidad de gestión E s como si sobre las obras para convertir en Contenedor Cultural- -era el nombre empleado por el edil García- al antiguo convento Regina Coeli pesara una maldición. Como si alguien le hubiera echado lo que denominan mal de ojo. En su origen la restauración de una parte del antiguo cenobio de las monjas dominicas tenía como objetivo convertirlo en el Museo de las Cofradías de la ciudad. Era lo que estaba previsto, cuando en fecha tan lejana como el tiempo de los primeros pasos de la anterior corporación municipal, que fue cuando el Ayuntamiento firmó con la Junta de Andalucía la inclusión de Córdoba en el Plan Turístico de Grandes Ciudades. Todo se desarrolló con tanta lentitud que fue necesario solicitar una prórroga porque los plazos se cumplían y las obras no se ejecutaban. La Junta amenazaba con retirar su participación en el programa y eso significaba el adiós a un buen puñado de euros. Esa prórroga hubo que renovarla nuevamente con el bipartito porque en el gobierno de la ciudad cambiaron los planteamientos. El antiguo convento ya no sería Museo Cofrade sino Contenedor Cultural y el mencionado edil anunciaba en los primeros meses de 2016 que las obras estarían concluidas para octubre de 2017. Es decir, estarían concluidas hace ahora un año. YER por la tarde, a la misma hora de las últimas apariciones estelares de la agenda de la jornada electoral, un hombre bueno y sencillo, discreto, recibió de los suyos el tributo final en la iglesia de San Agustín. Se llamaba Carlos Romero y era dominico. El Ayuntamiento lo nombró hijo adoptivo de Córdoba en noviembre de 2017 con motivo del día de San Rafael porque, por más que su obra de décadas estará siempre asociada a la ciudad, no nació aquí, sino en Puertollano, el lugar al que su padre, cordobés de cuna, estaba destinado. El año pasado, y de ahí la distinción, se cumplieron sesenta años de la fundación en la provincia de las Hermandades del Trabajo, de las que él fue consiliario desde su puesta en marcha por encargo de Abundio García Román y hasta su fallecimiento, acontecido hace una semana en Cádiz, el sitio en el que se recuperaba de un bache de su salud que finalmente no pudo superar. Lo entrevisté en dos ocasiones, ambas en el convento de San Agustín: la primera vez, hace más de quince años, charlamos en el huerto de la comunidad religiosa y, al despedirnos, le insistí en si de verdad quería que en el periódico apareciesen escritas las palabras que había dicho acerca del entonces obispo y en las que el prelado no salía demasiado bien parado. Claro, amigo. Si no lo pensara no se lo habría comentado. Uno tiene que ser valiente, algo que no está reñido con el sentido común me rogó. La periodista Carmen Arroyo ha escrito un libro que está a punto de llegar a las librerías que se titula El padre Carlos Romero y las Hermandades del Trabajo y que recoge, además de una historia pormenorizada de la organización eclesiástica que difunde el mensaje evangélico entre los obreros y los asalariados, una serie de testimonios de personas que conocieron al protagonista de la obra literaria. El actual presidente de las Hermandades en Córdoba, Agustín Rodríguez de Lara, tira de la memoria sentimental del niño que fue para recordar cómo su niñez se volvió más dulce y menos dura gracias a las tardes en la piscina de El Fontanar, a las colonias de Cerro Muriano, a los peroles del Primero de Mayo y a las romerías de Santo Domingo. Escribe Agustín, emocionado: El Padre Carlos, respetado por todos, ha marcado sin duda la vida de las Hermandades. Presente siempre en todas las actividades, viajero inagotable en torno a todo lo concerniente a la Obra y querido por las familias de militantes de las Hermandades, en las que seguro encontraremos algún miembro que lleva su nombre. Con sus ochenta y seis años ha muerto con dos más no deja de venir a la casa todas las tardes, ejerciendo su cargo con lucidez, consciente de la vigencia de la organización y su ideario Añade a renglón seguido el dominico Antonio Pozanco: No ha habido charco que pudiera contribuir a hacer una sociedad y una Córdoba mejores en el que el padre Carlos no se haya metido. Con clarividencia aguda y coraje firme Y cierra Pedro Martín, responsable de las Hermandades en Madrid: El Padre Carlos es de esas personas que inspiran confianza desde el primer momento de concederle. Lo que tiene de estatura, lo tiene de trato llano y agradable Descanse en paz.