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ABC JUEVES, 15 DE NOVIEMBRE DE 2018 abc. es opinion OPINIÓN 17 VIC CRÓNICAS DE PEGOLAND RAFAEL RUIZ LA CHARLA AUTONÓMICA El PSOE promete en su programa promover el habla andaluza. Que, al parecer, se puede reducir a una L PSOE andaluz, o sea la Junta, promete en su programa electoral, que es eso que nadie lee, que se va a batir el cobre por promover el habla andaluza. Explica el documento, accesible en sus móviles, que en adelante el Gobierno de Susana Díaz- -para qué vamos a votar, si ya está el CIS de Tezanos para aliñarlo- -que los andaluces somos gente orgullosa de nuestra forma de hablar y que ahí va a estar su Administración y su partido alfa para sacar la cara. La forma en la que van a hacerlo, y permítanme el tópico, les sorprenderá. Resulta que prometen los socialistas por la gloria de su madre que promoverán el habla andaluza en todas las disciplinas artísticas Entiendo que debemos circunscribir la medida a las artes habladas como el teatro o el cine. Lo contrario sería aplicar la política autonómica del palique, canijo, a las esculturas de Belmonte o a las cosas que cuelgan en el C 3 A. Lo último en el modernísimo ¿museo? cordobés es una exposición que podríamos calificar de ventanas colgadas en una pared. Si las ventanas citadas se ponen a hablar con acento de Pozoblanco, un poner, pues llevaría la contemporaneidad a una escala verdaderamente socialdemócrata. Dice el PSOE que va a promover el habla andaluza en los medios de comunicación, cosa que está muy bien porque mi compañero Baltasar López es de Bilbao y a veces es que no se le entiende nada. Imagino que lo que dicen los socialistas es que van a promocionar que los periodistas de los medios públicos autonómicos audiosivuales sigan usando los mismos acentos que tienen en sus casas cuando se dirigen a las audiencias. De momento, no se propone un observatorio del habla ni un comisionado que permita crear, en un futuro, un consejillo lleno de amiguetes. La cuestión, querida presidenta, es qué es el habla andaluza. Si al Atlas Lingüístico Etnográfico de Andalucía le hacemos caso, resulta que se sesea en una parte muy chiquita de la comunidad. La posición mayoritaria es la distinción, seguida del ceceo, que todavía quiero ver un telediario presentado por un señor que lo practique. Por ser ocho millones y pico, resulta que tenemos hasta lo que Damaso Alonso llamó la Andalucía de la e que es la que utiliza esta vocal para todo tipo de terminaciones. Qué té le preguntaban a don Dámaso en Lucena por qué tal Y aquellas vecinas de Puente Genil, me informaban que sus nietas estaban jugado con las muñeques cuando iba a verlas porque el plural también se hace con la segunda vocal. Y ahí quiero ver yo a la Junta, no sé muy bien cómo, respetando las hablas andaluzas, en plural, porque que son un vastísimo patrimonio y no eso que se habla en las cafeterías pijas de Sevilla o en las tertulias de Málaga. También es como se charla en Montalbán, que imaginen un presentador de Canal Sur dando el telediario. E VERSO SUELTO LUIS MIRANDA CALLEJERO POPULAR En Córdoba hay muchos que dejan el nombre oficial para usar el que les enseñaron de pequeños INGÚN despacho del poder ha sido capaz de controlar la forma en que habla el pueblo. Lo sabe bien la Real Academia España, que en un principio nació- Limpia, fija y da esplendor -para poner algo de criterio en las distintas formas ortográficas que habían hecho confusa la forma escrita de la lengua de Cervantes, pero que tiene en el diccionario no un texto legal ni una prescripción, sino un documento de cómo lo utilizan los hispanohablantes de uno y otro lado. De joven me marcó, y me ayudó a aprender a escribir, El dardo en la palabra con aquellos textos de Fernando Lázaro Carreter tan deliciosos con didácticos, pero aunque clamara en el desierto y lo rebatiera con mil razones, la gente continuó repitiendo espantos del calibre de jugar un papel de cara a y pensando que ignorar significa no echar cuentas. Por mucho que duela, el diccionario recoge lo que se habla y aunque las dictaduras ataquen sobre todo a las palabras, y la actual de la ideología de género bien que quieren secuestrarlas para lobotomizar con ellas el pensamiento, no se pueden asegurar que fuera de los telediarios y los comunicados con membretes se hable como dicen. El callejero fue muchas veces tan independiente del oficial como el habla popular de las normas más rígidas. En Córdoba pudo haber una avenida N del Generalísimo y una plaza de José Antonio, pero los ciudadanos conservaron bajo cuerda los nombres auténticos, los de siempre, y cuando llegó la democracia cayeron con la naturalidad con que una capa de maquillaje se viene abajo con un baño de lágrimas o un chaparrón con mala idea. Y ahí siguen muchos lugares inmunes a los rótulos y a los planos de Urbanismo, con cordobeses que no tienen problemas en pasar del nombre que está escrito en letras de molde para decir el que les enseñaron desde pequeños. La calle que lleva el nombre del rey de Castilla que devolvió a Córdoba a la cristiandad y a Occidente sigue siendo la de la Feria y a pocos metros casi nadie sabría dónde está Rodríguez Marín aunque pasen todos los días. Todo el mundo le sigue llamando la Espartería, el nombre que tenía cuando Galdós situó allí una de las aventuras de los Episodios nacionales y que es incomparablemente más estético para el habla y para las tiendas y tabernas. Gutiérrez de los Ríos es un apellido extraño para la gente de San Andrés, que a esa serpiente de casas que cruza como una artería hasta la Almagra le sigue llamando Almonas, como toda la vida. Y allí mismo los vecinos y la gente de la Misericordia seguirán tomando la calle l Poyo para llegar hasta la basílica, aunque haga décadas que tiene- ¡ay! -el bello nombre de Juan de Mesa. En San Agustín, que es también un barrio de nombre popular a caballo entre tres feligresías antiguas, la calle que nace cuando Cárcamo desemboca en la Piedra Escrita es casi siempre Dormitorio y rara vez alguien le dice Obispo López Criado. Hasta en el moderno barrio de Poniente hay un plaza de Zoco que no existe con ese nombre, ya que no hay tantos que distingan entre la de los Califas y la de Matías Prats, aunque esté la estatua. Ahora que las asociaciones han puesto los nombres que han susurrado por encima de los hilos, aguarda un frío baño de realidad cuando sus habitantes sigan diciendo Vallellano, Cruz Conde y Cañero en las cafeterías y al indicar la dirección de la casa a los amigos. Meter a un comisario político en cada bar para corregir va a estar difícil.