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62 CULTURA VIERNES, 19 DE OCTUBRE DE 2018 abc. es cultura ABC Jesús Sánchez Adalid, en el patio del convento de San Rafael de las madres capuchinas ÁLVARO CARMONA Para un novelista, Córdoba es un lugar donde todo es posible Jesús Sánchez Adalid Escritor El escritor vuelve al momento de esplendor de la ciudad omeya con Los baños del pozo azul en que emerge Subh, la madre del califa Hixén II LUIS MIRANDA CÓRDOBA Casi dos décadas después de la publicación de El mozárabe Jesús Sánchez Adalid (Don Benito, 1962) regresa a Córdoba hoy (Bodegas Campos, 20.00 horas) con otra historia que guiña a una ciudad que elogia. -En esta novela recupera a un personaje de El mozárabe la reina Subh, bautizada como Aurora. -Cuando escribí El mozárabe ya me di cuenta que este personaje era algo excepcional, pero cogía un poco fuera de la historia central, que era la del obispo Asbag y el ascenso de Almanzor. Pasados veinte años, yo tuve siempre la sensación de que este personaje se me había quedado en el tintero y de que por sí sola, independientemente de los demás, merecía una novela. El momento más interesante era aprovechar los años del Califato y situarla en el contexto del reinado de su hijo Hixén II, que es apocado e indeciso. Ella se da cuenta de que siempre necesita a Almanzor, pero en este punto él quiere crear una dinastía, y chocan los intereses de los dos, que han sido amantes. -Viaja a la época con más esplendor de Córdoba. -La novela es un gran retrato de la Córdoba más esplendorosa, que es la de finales del año 1000. Han pasado los reinados de los dos grandes primeros califas, Abderramán III y Alhakén II, que son muy diferentes pero complementarios, y la ciudad es un punto de referencia universal. Yo he querido que se la vea desde dentro, que la gente tenga una perspectiva de una ciudad que está permantemente en movimiento, donde se dan cita todas las razas, lenguas y religiones. Una ciudad cosmopolita donde hay dos grandes mercados, donde la gente acude a los baños a última hora del día. Además, tiene misterios y encantos ocultos que se van dando a conocer, como sus adivinos, sus intrigas y sus grandes infidelidades. -De la época musulmana conocemos a los hombres. ¿Cómo era la vida de una mujer en la época árabe, aunque estuviera casada con el califa? -Una de las cosas más singulares y que más llamarán la atención en Los baños del pozo azul es eso. Estamos en una sociedad islámica, donde la mujer no tiene protagonismo alguno. Es un personaje relegado a la intimidad del hogar, y mucho más en la sociedad omeya, que conserva estrictamente la costumbre bagdadí de que las mujeres, esposa y concubinas de los califas y de toda la parentela omeya estén viviendo dentro de los harenes, donde gobierna el régimen de los eunucos. Auriola es sorprendente. Sale del harén y tiene su propio palacio, al estilo de lo que pudiera ser una reina o una princesa del norte, y allí gobierna con su propia servidumbre. Es inaudito, pero no cabe la menor duda: las crónicas lo reflejan precisamente porque La mujer poderosa Iba con la cara descubierta, montaba a caballo y hablaba con los hombres de gobierno El contexto urbano Era una ciudad en constante movimiento, con todas las razas y religiones era una situación asombrosa. -Y tuvo que sorprender mucho en su tiempo. -Deslumbra la personalidad: salía con la cara descubierta, montaba a caballo, hablaba directamente con los hombres y con hombres de gobierno. Y la ciudad lo había aceptado hasta el punto de que era una celebridad. El pueblo la conocía y le llamaba la señora de las señoras de Córdoba Y todo no es de extrañar para quien conozca cómo era la vida en la Navarra de la que ella procedía: se había criado en la corte de la Reina Tota de Pamplona, que era mujer que gobernaba al ejército, que tenía espada, armadura y decisión política. No quiere decir que Subh tuviera el poder en la Córdoba califal: necesita de hombres, de su hermano gemelo, Eneko, que había venido a Córdoba de pequeño, y siempre necesitó de Almanzor. Pero con todo eso pudo vivir una vida diferente a la de cualquier otra mujer de un califa. ¿Hay también el diálogo entre distintas culturales, sobre todo con el cristianismo, todavía presente? -Aquí el cristianismo está representado por la protagonista. Tiene que vivir en el mundo islámico y dentro de ella pervive un cristianismo originario con todos sus valores. Cuando tiene que rezar, reza en cristiano, porque lo que se ha recibido en la infancia y en la primera juventud no se puede olvidar. Me imagino que en público tenía que actuar como madre del califa, pero en privado estoy convencido de que ninguna de estas mujeres, que todos los omeyas se casaron con cristianas, había perdido la fe cristiana. No está tan dirigida a expresar la coexistencia entre las religiones como El mozárabe pero se ve cómo era la ciudad y quién vivía en ella. ¿Han cambiado mucho los personajes, desde que eran jóvenes hasta que son maduros? -Este Almanzor que aparece en Los baños del pozo azul ya no trabaja en favor propio, sino por su hijo. Tiene más de 50 años y da un paso más y quiere ser califa. Ese es uno de los grandes elementos de esta novela: la violencia que eso produce en la sociedad cordobesa, el que alguien que no sea omeya quiera ser califa- -Se han publicado muchas novelas históricas ambientadas en Córdoba, sobre todo durante el Califato. ¿Es un pozo inagotable? -Córdoba es un regalo incomensurable para la historia de España. No sé si Córdoba se cree eso a sí misma, pero es verdad. Las diferencias que existen entre cualquiera de las ciudades o burgos cristianos, aunque hayan sido romanas, son de matices. Pero es que Córdoba es diferente, hay muchas cosas que no se encuentran en ningún otro sitio. No sólo de los monumentos, sino también de su historia. Parece un lugar donde se da todo, donde todo es posible, con lo que eso supone para un novelista. Yo no me puedo desvincular. Córdoba es mucho más que una ciudad, es un conglomerado de estados del alma, de posibilidades.