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ABC MIÉRCOLES, 17 DE OCTUBRE DE 2018 abc. es opinion OPINIÓN 13 UNA RAYA EN EL AGUA EL RECUADRO ANTONIO BURGOS EL DIÉSEL ES CULPABLE Los surtidores de combustible son recaudadores de Hacienda O me extraña la persecución general que se ha emprendido contra el diésel, al que pronto culparán culpabilizarán que se dice en tertulianés y en Sálvame de la muerte de Manolete en Linares, de la de Paquirri en Pozoblanco y de la Kennedy en Dallas. No me extraña esta campaña contra el combustible diésel porque el aceite de oliva y el pescado azul podrían cantarle una letra flamenca con la letra cambiada, que diría: De todo te culpan, tío, lo digo por experiencia porque a mí me ha sucedío Igual ocurrió, como digo, con el aceite de oliva. Suelen ser campañas extrañísimas, en la que los lobbies se ponen a funcionar a todo trapo, compran bocas, titulares de periódico, opiniones e informativos de la tele y hasta encuentran a un investigador con pocos escrúpulos y muchas ganas de hacer caja que en una revista científica de prestigio internacional publica lo que haga falta publicar, contra lo que haga falta atacar. Una vez hubo en que, quizá por presión y suelta de la telanda de los intereses de los productores de aceites de soja y de girasol, no había nada más peligroso que el aceite de oliva. Vamos, que te tomabas una tostada con aceite de oliva, afirmaban, y la gente se lo llegó a creer, ora virgen de oliva, ora refinado, y tenías todas las papeletas para que te entrara algo malo. Decían que el aceite de oliva era espantoso para el colesterol, tanto para el colesterol bueno como para el colesterol malo. Porque al colesterol le pasa como a los policías en investigación en marcha: que uno hace de bueno y otro de malo para N conseguir sus fines. Menos mal que ya todo aquello pasó, todo quedó en el olvido por lo que levanto mi tostada con un buen aceite de oliva de primera presión y sin filtrar para celebrar su triunfo sobre las falsas campañas pagadas por la soja y el girasol. E ídem de lienzo le ocurrió al pescado azul. Por los medios y métodos ya descritos y con la colaboración del científico trincón de turno, hicieron creer a la gente que el pescado azul era malísimo para la salud, que comer sardinas era peligrosísimo, y nada digo de los boquerones victorianos. Al cabo del tiempo descubrióse que era todo lo contrario, que el pescado azul era tan bueno que lo defendían hasta los rojos. Ahora me ha tocado a mí podría decir el diésel con una canción de Isabel Pantoja. Ahora el diésel es el culpable del agujero de ozono, del cambio climático, de las riadas de Mallorca y de los huracanes con nombres exóticos. Que tiene razón Manuel Contreras cuando dice que está deseando que haya un huracán tocayo suyo, que lo bauticen como Manolo Todo el cuento del alfajor del medio ambiente y del cambio climático, toda la demagogia de la biodiversidad de los verdes (por fuera y rojos por dentro, como la sandia) se ha vuelto contra el diésel. Y el Gobierno que emite contaminantes comunicados al alimón con el membrete de Podemos, por no ser menos que nadie, se ha sumado en socorro del vencedor en esta guerra contra el diésel. Los despilfarros del Gobierno del Okupa de La Moncloa y del Palacio Real los va a pagar el diésel, con el que piensan recaudar más que con los impuestos a las grandes fortunas de los abelloses y los marches. Y en vez de igualar por abajo, que es lo habitual, lo hacen por arriba y le ponen al diésel la misma fiscalidad que a la gasolina. En una estación de servicio, no crea que los surtidores son expendedores de combustible: son recaudadores de Hacienda. Igual que trabajamos hasta junio para Hacienda, medio depósito de gasolina o de gasoil del coche lo llenamos de impuestos: el 48 el gasoil y el 52 %l a gasolina. Ahora los dos igual, leña al diésel. Saben por qué: el diésel es el culpable de la contaminación. Y hasta de la derrochona ineptitud de este Gobierno que debería convocar elecciones y coger Puerta, Camino y Viti en vez de endeudarnos hasta las cejas. IGNACIO CAMACHO LA TIMBA Desde que la moción de censura rompió las reglas de juego nadie puede reclamar pactos poselectorales de caballeros UANDO tenía mayoría absoluta, Rajoy se negó a cambiar contra la opinión de sus propios compañeros el régimen electoral de los ayuntamientos. Argumentaba el presidente, con sensato concepto, que las reglas de juego de la democracia sólo se deben modificar por consenso, y era obvio que no lo había porque los partidos de izquierda no estaban dispuestos a perder las cuotas de poder local que les proporciona el sistema indirecto. Por esa misma razón, la propuesta de reforma presentada por el PP volvió a fracasar ayer en el Congreso, aunque ahora tenga más lógica dado que el surgimiento de formaciones nuevas obliga en la práctica a elegir a los alcaldes a través de acuerdos. A los populares les asiste la razón de fondo pero yerran en el enfoque y en la elección del momento. Ni estas cosas se deben plantear en vísperas de las elecciones, cuando la posición de cada cual está influida por los sondeos, ni hay otra fórmula alternativa mejor que la segunda vuelta a campo abierto. La idea de primar a la lista más votada no va a cuajar mientras Ciudadanos aspire a hacer valer su ascenso y mientras el PSOE esté vinculado a una coalición de facto con Podemos. Y en todo caso constituye una pérdida de tiempo proponer un asunto de esta clase sin negociar un bloque de respaldo previo... salvo que Casado pretenda acumular argumentos para liberarse, llegado el caso, de su propio criterio. Fue Adolfo Suárez el que tomó la decisión de extender el método de elección parlamentaria a los municipios, pero sin establecer las cautelas que rigen para proclamar al presidente del Ejecutivo. La izquierda le premió la buena intención quitándole a la UCD todas las alcaldías que hubiera podido obtener con un mecanismo más rígido. Desde entonces la derecha está condenada a obtener mayoría desde un principio, por lo que el ballotage a la francesa una segunda ronda entre las dos candidaturas con más votos perdió sentido hasta que se produjo hace pocos años la quiebra factual del bipartidismo. Quizá por eso ni el PSOE y el PP han querido nunca sentarse a concertar un compromiso para que los gobiernos locales sean fruto de la votación directa de los vecinos y no de una especie de mercado negro influido por intereses minoritarios y no pocas veces ilegítimos. Ahora les convendría objetivamente a ambos, pero la oportunidad ya se ha perdido. En junio y antes en Andalucía la segunda vuelta volverá a disputarse entre despachos y pasillos, y aunque el resultado acabe siendo el mismo, el procedimiento otorgará a los perdedores en las urnas un influjo decisivo. De cualquier modo, la moción de censura de Sánchez ya había roto cualquier tradición de respeto a las preferencias del electorado. A partir de ahora todo está permitido en materia de pactos. Es la consecuencia de haber desterrado de la política las pautas de caballeros para convertirla en una timba de villanos. C JM NIETO Fe de ratas