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ABC LUNES, 24 DE SEPTIEMBRE DE 2018 abc. es opinion OPINIÓN 15 UNA RAYA EN EL AGUA EL CONTRAPUNTO ISABEL SAN SEBASTIÁN TRAICIÓN El Gobierno se arrodilla ante los independentistas abogando por la liberación de los golpistas presos E XISTEN muchas formas de deshonrar el Gobierno de España y Pedro Sánchez las ha exhibido casi todas. Desde el modo en que llegó a la Presidencia, por la puerta de atrás, hasta los socios en los que se apoya, sin olvidar el bochornoso espectáculo que está dando al mundo con su tesis plagiada, todos los elementos se alinean para subrayar que carece de la integridad necesaria para ocupar ese cargo. Pero lo de Cataluña es punto y aparte. Lo de Cataluña raya la traición a España y entra por tanto de lleno en el terreno de la felonía. Lo de Cataluña será recordado por la Historia como paradigma de deslealtad. Es un profesor de pacotilla cuyo trabajo de doctorado, plagado de faltas de ortografía y fusilado del arsenal documental almacenado en el ministerio de Industria, jamás habría superado el listón de una universidad de prestigio o un tribunal imparcial. Un político mediocre, despreciado por buena parte de su propio partido. Un hombre sin palabra, capaz de afirmar una cosa y su contraria con idéntica convicción La encarnación del concepto grouchomarxista de los principios: si no le gustan tengo otros Un prestidigitador del poder tan sobrado de ambición como falto de talento. Pero lo de Cataluña... Lo de Cataluña supera y agrava cualquiera de esas lagunas. La última muestra de su genuflexión ante los independentistas es abogar por la liberación de los golpistas encarcelados, tal como exigen los cabeci- llas del secesionismo. Hacer el caldo gordo a Torra y demás integrantes de la trama demasiado cobardes para actuar en coherencia con lo que predican. Hemos oído a la vicepresidenta Carmen Calvo plantear la necesidad de soltar a esos (presuntos) delincuentes si el juicio se retrasa matiza con el empeño vano de disimular. La delegada gubernamental en dicha comunidad autónoma va más allá y pide indultar a los políticos enjuiciados por ciscarse en la Carta Magna, desobedecer al Tribunal Constitucional, proclamar la ruptura de nuestra nación y promover algaradas callejeras que habrían podido desencadenar gravísimos altercados si los catalanes demócratas, más de la mitad de la población, deseosos de respetar la legalidad vigente y seguir siendo españoles, no hubiesen dado muestras de una contención ejemplar negándose a bajar al barro y repeler la agresión recurriendo a las mismas armas. El propio Sánchez agacha la frente y calla, lo cual es una forma evidente de respaldar semejantes dislates. Calla porque es rehén de esos delincuentes (presuntos) Calla y callando otorga, a pesar de haber jurado cumplir y hacer cumplir las leyes. Empezó por dejar solo al juez Llarena, valeroso instructor de la causa abierta contra los sediciosos, mirando hacia otro lado cuando el huido Puigdemont, representado por el abogado Gonzalo Boye, condenado en firme por colaborar con ETA en el secuestro de Emiliano Revilla, se permitió la chulería de denunciarle ante la Justicia belga. Dio la espalda al magistrado del Supremo, víctima de un auténtico calvario consentido por los Ejecutivos autonómico y nacional, hasta que la amenaza de un plante de toda la judicatura en pleno le obligó a rectificar. Entonces salió a la palestra la ministra Delgado (hoy bajo sospecha por sus relaciones (presuntas) con el excomisario Villarejo, imputado en un gigantesco escándalo de corrupción) a decir que el Estado pagaría magnánimamente la defensa del juez a un despacho legal local. Pero la primera intención estaba clara. Nada le habría gustado más al presidente que tumbar a esa pieza clave en la resistencia frente al golpismo y servir en bandeja a sus socios el regalo de la impunidad. Lo de Cataluña son palabras mayores. Y la palabra (presunta) es traición. IGNACIO CAMACHO CADENA DE MENSAJES En política, cuatro declaraciones consecutivas en el mismo sentido sugieren una estrategia, un mensaje corporativo NA declaración, en política, puede ser una opinión personal, aunque las palabras de un político siempre se interpretan no sólo desde lo que es sino desde lo que representa. Pero cuatro declaraciones consecutivas en el mismo sentido, y de personas con puestos relevantes, responden a un estado de opinión corporativo o a una estrategia. En pocos días, la delegada gubernamental en Cataluña, dos ministros y la vicepresidenta se han pronunciado a favor de la libertad provisional de los líderes independentistas encarcelados por el juez Llarena. Es decir, que sin llegar a ponerse un lazo amarillo en sus chaquetas han coincidido con quienes lo llevan en su deseo de ver a los presos del procés fuera. Demasiada gente, y sobre todo demasiado significativa, para que se trate de una simple coincidencia, por lo que resulta legítimo pensar, si no en una presión al poder judicial, al menos en una recomendación indirecta. Una sugerencia que al Gobierno le gustaría que fuese tenida en cuenta, aunque no se atreva a transmitirla a la Fiscalía para evitar la previsible escandalera. En abstracto no sería difícil coincidir con Borrell, Cunillera, Batet y Calvo, dado que la Justicia española tiende a aplicar la prisión preventiva con un criterio en ocasiones abusivo, como de pena anticipada, y por plazos muy prolongados. Pero el de los dirigentes separatistas no es uno de estos casos porque la evasión de Puigdemont y media docena de altos cargos extiende sobre los demás procesados en la misma causa un riesgo de huida muy claro. Personajes relevantes como Sandro Rosell o Eduardo Zaplana éste con un cáncer avanzado acusados de corrupción ambos, permanecen en la cárcel por la mera hipótesis de que disponen en el extranjero de medios para eludir a los magistrados. Si a ellos se les supone voluntad teórica de escapar, qué podría colegirse de los inculpados por rebelión a tenor del precedente diáfano de sus compañeros fugados. No existe en lógica penal ni moral un solo argumento capaz de justificar esa eventual diferencia de trato. Lo que proponen o insinúan los ministros no es una deferencia humanitaria ni un gesto compasivo sino un movimiento de distensión, un guiño al nacionalismo. Quieren generar simpatía con sus socios, relajarles el ceño fruncido, mostrarse indulgentes con su victimismo, desmarcarse del sistema judicial tildándolo indirectamente de rígido o hiperestricto. Y de paso, crear un ambiente jurídico proclive a la benevolencia en el próximo juicio el verdadero casus belli del independentismo por si encuentran jueces dispuestos a seguir la doctrina de embarrarse la toga con el polvo del camino Esta sucesión declarativa de ningún modo constituye una sucesión casual de apreciaciones personales. Hay un propósito coordinado de lanzar un mensaje de autoría identificable: esas voces no desautorizadas expresan el pensamiento de Sánchez. U JM NIETO Fe de ratas