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ABC SÁBADO, 22 DE SEPTIEMBRE DE 2018 abc. es cultura CULTURA 65 AS DE LA GLORIOSA oficial Juan Bellido, mientras que el liderazgo militar se le entregó a Ignacio Chacón, que era el coronel de los Lanzeros de Villaviciosa. La Junta activó los mecanismos en los que había trabajado durante meses y el día 20 de septiembre, tras varios enfrentamientos callejeros, Córdoba también cayó del lado de los partidarios del pronunciamiento. Hubo muertos pero no una gran inestabilidad. El conflicto no había acabado sin embargo en Córdoba, pues pronto corrió la noticia de que el ejercito isabelino, liderado por Manuel Pavía y Lacy, marqués de Novaliches, se dirigía hacia el Sur para intentar revertir la situación. Para contrarrestarlo, se puso en marcha también la fuerza militar que habían logrado reunir los conjurados y que estuvo al cargo del por entonces líder de la Unión Liberal, el general Francisco Serrano, Duque de la Torre. Las dos fuerzas se encontraron finalmente en el puente de Alcolea, estratégico paso sobre el Guadalquivir donde ya se había librado otra batalla entre franceses y españoles en 1808. Novaliches lanzó aquel 28 de septiembre un ataque frontal, pero al ver que no avanzaban decidió ponerse en vanguardia para motivar a sus soldados. Una proyectil de artillería le desfiguró el rostro y le dejó herido grave. El Estado Mayor de Novaliches abandonó junto al herido la posición y ese fue el detonante que provocó el repliegue y el desmoronamiento de las fuerzas isabelinas. En la Batalla de Alcolea participaron unos 18.000 hombres y, según cuenta el profesor Espino, la ciudadanía cordobesa mostró su solidaridad con los heridos. Las noticias del desastre del Ejército real corrieron como la pólvora por España y pronto comenzaron a escribirse versos satíricos sobre el marqués desfigurado. El eco de la derrota llegó por supuesto a la Reina, que estaba de vacaciones en San Sebastián. Isabel II, tras tener también noticia de que el poder en Madrid caía del lado de los promotores del pronunciamiento, decidió entonces exiliarse a Francia poniendo así fin a un errático reinado que había comenzado en 1833. Lo que vino luego fue un Gobierno provisional liderado por Serrano que daría paso a lo que en la historia se conoce como el Sexenio Revolucionario. La estabilidad no vino con esta asonada y seis años después, tras el fracaso del reinado de Amadeo de Saboya y de la efímera I República, los Borbones regresaban al trono español en la persona de Alfonso XII. La gloria de este proceso esté más en su nombre romántico que en los libros de texto. La utopía nunca se cumplió. El Marqués de Novaliches Jefe del Ejército leal a Isabel II, fue herido en Alcolea, batalla que se recrea en el grabado a la izquierda de estas líneas. sis bancaria y empresarial que se vivía en la década o el descontento social que provocaban la pobreza de las clases populares. También medidas muy impopulares como las quintas militares (injustas con los más desfavorecidos) y los impuestos que grababan bienes básicos como el pan o el jabón. Con tales mimbres no dejaron de producirse en los años previos intentonas revolucionarias, como la del cuartel de San Gil de 1866. La que prendió fue la de 1868. Recuerda el profesor Espino que en Córdoba la noticias del alzamiento llegaron dos días después de que ocurriese y que el poder establecido y los moderados cordobeses tomaron medidas para intentar evitar que la asonada triunfase. El principal moderado cordobés era el exministro de la Marina Martín Belda, egabrense, que controlaba una gran red clientelar a través de nombramientos y prebendas, mientras que en la ciudad tenían gran influencia el gobernador militar Juan Nepomuceno Servert o Ricardo Martel Fernández de Córdoba, IX Conde de Torres Cabrera. Las fuerzas isabelinas declararon el estado de excepción. En vano. En Córdoba estaba ya formada de antemano una Junta Revolucionaria, que lideraba otro nombre importante de la época: el por entonces Conde de Hornachuelos, y luego Duque, José Ramón de Hoces y González de Canales, militar en la reserva y persona con gran capacidad de mando. La conexión con el alzamiento de Cádiz corría a cargo del El Duque de la Torr e lideró las fuerzas liberales que apoyaron a los conjurados y que ganaron la decisiva batalla de Alcolea por el control del acce so al todo el Sur Francisco Serrano