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40 INTERNACIONAL DE LEJOS MARTES, 14 DE AGOSTO DE 2018 abc. es internacional ABC PEDRO RODRÍGUEZ VERY FINE PEOPLE La Marcha Supremacista de Washington se quedó en nada Solo una veintena de activistas frente a más de mil policías y contramanifestantes CARLOS PÉREZ CRUZ WASHINGTON W ashington D. C. es un escenario espectacular. La capital a orillas del río Potomac es el circus maximus de la democracia americana, lugar de grandes y relevantes acontecimientos políticos, donde convergen las instituciones de gobierno, toda clase de intereses, centros de pensamiento y la industria del tráfico de influencias. Todos ellos compitiendo por el bien más escaso en esa ciudad tan peculiar como fascinante: atención. En búsqueda precisamente de atención, este domingo frente a la Casa Blanca se han congregado los mismos supremacistas que el año pasado hicieron una demostración de fuerza en la histórica localidad de Charlosttesville, Virginia, perpetrando el asesinato de una joven contramanifestante. Esta vez, los organizadores esperaban centenares pero al final solo han aparecido una veintena de nacionalistas blancos Pese a la escasa concurrencia, nadie debería pensar que se están mitigando las divisiones, la violencia y las tensiones raciales exacerbadas en los últimos tres años por Donald Trump. Jason Kessler, el organizador de estas dos manifestaciones, ha elegido la capital federal porque las autoridades de Charlottesville le negaron permiso para volver a la traumatizada localidad y presumir de lo peor de la historia de EE. UU. Entre los nefastos capítulos que estos ultras miran con nostalgia destaca el German American Bund, organización fundada en 1936 para promover el nazismo en EE. UU. y que logró remedar los delirios hitlerianos de Núremberg en el Madison Square Garden de Nueva York con miles de seguidores uniformados. Aquellos nazis colaboraban con el Frente Cristiano del padre Charles Coughlin, cuyas diatribas antisemíticas eran seguidas por millones en la radio. En 1925, el Ku Klux Klan, la violenta insurgencia sureña creada tras la guerra civil, tenía 4 millones de miembros y era capaz de ocupar las calles de Washington D. C. con sus siniestras túnicas, cruces y banderas. Y no hace tanto, en 1968, la extrema derecha racista enfiló la Casa Blanca con George Wallace y su American Independent Party. Sin la Presidencia como referencia ética, Estados Unidos es más vulnerable que nunca al extremismo racista. Sobre todo cuando Trump dice que hay very fine people (gente muy buena) entre los supremacistas. Fue tan esperpéntico que la concentración de supremacistas blancos frente a la Casa Blanca acabó antes de la hora prevista de comienzo. Una oportuna tormenta de verano terminó por provocar la desbandada en furgonas de la veintena de racistas llegados a la capital para rememorar el primer aniversario de la trágica manifestación de Charlottesville. La lluvia apagó el bochorno, previamente ahogado por las miles de voces de la contramanifestación. Fue el colofón a un día extraño en Washington DC. Todo quedó en nada, en una exhibición estéril de odio y racismo ante una Casa Blanca sin presidente. El discurso de Jason Kessler, convocante de la cita, apenas lo escuchó la veintena de acólitos que le acompañaron. La distancia con las más de mil personas que coreaban gritos de No Trump, No KKK o fascist USA impidió que llegara una sola de sus palabras. Su derecho a poner en práctica la Primera Enmienda fue a costa de un despliegue policial de elevado coste: helicópteros, camiones para cortar el tráfico, policía a caballo, en bicicleta, en coche, en moto... Si algo tuvo de positivo es que la respuesta inclusiva que llegó del otro lado tuvo un marcado carácter juvenil, aunque también había veteranos de viejas luchas por los derechos civiles. Brenda tenía 12 años cuando empezó a salir a las calles. Eran los tiem- pos de Martin Luther King. El domingo condujo a Washington desde Cleveland, porque no creo en el odio y no doy crédito a que estos neonazis hayan podido obtener el permiso para marchar junto a la Casa Blanca, que fue construida por mi gente, por los esclavos afirmaba a ABC. Toda una vida manifestándose para concluir que estamos peor que nunca porque al menos antes el racismo estaba encubierto Un sentimiento generalizado entre muchas minorías del país, que denuncian el resurgir del orgullo racista con Trump en la presidencia. El fracaso cuantitativo de la manifestación de supremacistas blancos y la falta de incidentes reseñables le permiten a Trump eludir una incómoda declaración pública. Alianza de diarios No obstante, el apoyo indirecto que les dio en su día el presidente ha dado munición a la prensa, que además trata de formar un bloque contra él. Según PETER STRZOK INVESTIGABA LA TRAMA RUSA Peter Strzok Despiden a un agente del FBI por criticar a Trump por SMS J. ANSORENA NUEVA YORK Donald Trump se congratuló ayer del despido de Peter Strzok, un agente de alto rango del FBI involucrado en la investigación de la interferencia de Rusia en las elecciones presidenciales de 2016 y al que el presidente ha apuntado como muestra de la motivación política de la trama rusa. Strzok, con 22 años de experiencia en el FBI, ha tenido una carrera agitada, en la que ha investigado a espías rusos y ha sido acusado de venREUTERS der secretos oficiales a China. En los últimos años, participó en casos de gran calado político, como la investigación del uso de un servidor privado de email por Hillary Clinton en su etapa de secretaria de Estado un asunto que tuvo mucha incidencia en las elecciones que perdió ante Trump o la que todavía lidera el fiscal especial Robert Mueller sobre el supuesto complot de la campaña de Trump con Rusia. Strzok fue el tercer agente de mayor rango en el grupo de Mueller para diseccionar el caso.