Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC DOMINGO, 29 DE JULIO DE 2018 abc. es espana ESPAÑA 41 ALGO TRAE EL POTOMAC ÁLVARO VARGAS LLOSA ¿CONSERVADOR O LIBERAL? Casado desafía a la política identitaria de la izquierda con la política identitaria de signo contrario P ABLO Casado enfrenta, como todos los grandes partidos de derecha, un dilema: ¿conservador o liberal? En bastantes conservadores españoles hay tentaciones liberales y en muchos liberales españoles hay raíces, familiares o sociales, conservadoras. En España, como en otras partes, hay vasos comunicantes entre ambas tribus y no siempre es fácil, para los demás, identificar la diferencia. Todo gran partido de derecha vive escindido entre ambas opciones. Si definimos, con simpleza y acaso simplismo, la opción conservadora como aquella que enfatiza una identidad común y la liberal como aquella en la que prepondera el sentido de lo individual, todo indica que Casado ha preferido, en una instancia inicial, hacer suya la primera. Su apuesta desacomplejada por la nación, la familia y la vida busca aglutinar a las dispersas huestes electorales de la derecha española devolviéndoles el orgullo de una identidad común muy maltratada. Casado desafía a la política identitaria de la izquierda con la política identitaria de signo contrario, planteándole una lucha cuerpo a cuerpo. Pero no es seguro que Casado siga haciendo de la política identitaria de derecha la viga maestra de su estrategia para llevar al PP de vuelta al poder. Porque hay en él, conviviendo con el hermanastro conservador, un liberal que, en áreas como la economía y la globalización, se aleja por completo del tipo de nacionalismo y proteccionismo que vemos hoy en otras derechas occidentales. Además, Casado no ignora, a su edad, que hay un amplio número de españoles de las nuevas generaciones que, aunque están muy alejados de la izquierda reaccionaria, tienen un sentido más bien individual y plural de la identidad. Esto último es una de las raPablo Casado zones además de la cuestión catalana por la que Ciudadanos creció tanto. Casado es demasiado inteligente para no darse cuenta de que, en pleno siglo XXI, un partido de derecha que quiera apelar a una mayoría de votantes deberá buscar la manera creativa de entusiasmar a ciudadanos liberales (que no necesariamente se pondrían esta etiqueta pero que lo son) al mismo tiempo que da un sentido de pertenencia a esa masa conservadora que ansía protección contra lo que juzga un mundo muy hostil a su tribu. Será fascinante observar, en los meses venideros, cuál de estas tres posibilidades termina materializándose: un PP revitalizado por la recuperación de la identidad conservadora pero que por eso mismo se resigna a un caudal de votos insuficiente para marginar a Ciudadanos; un PP que, habiendo resucitado a la moribunda base, sale a conquistar españoles no conservadores enfatizando esa dimensión liberal de Casado que en estos días ha permanecido agazapada, algo intimidada, por la otra y decide invadir los predios de Ciudadanos; por último, un PP que prefiere no dar preferencia a ninguna de las dos opciones, un poco al estilo de los conservadores franceses en años recientes. Es evidente que, de las tres, la que más conviene al PP es la segunda y que tanto la primera como la tercera convienen más, en principio, a Ciudadanos. Hay ejemplos internacionales que invitan a no anticiparse a los resultados del forcejeo entre conservadores y liberales porque todo es posible. El (relativo) liberal Macron, en Francia, desplazó a la derecha conservadora, pero en los países del grupo de Visegrado los liberales fueron desplazados por conservadores que privilegiaron la política identitaria, y en Holanda la pugna entre conservadores y liberales no acabó de resolverse del todo. En Estados Unidos, la disputa no se ha dado entre partidos, sino al interior del Republicano. Allí, el ala liberal ha sido derrotada por el de la política identitaria. La función ya empieza: mucha atención y palomitas. Pablo Casado