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ABC MARTES, 17 DE JULIO DE 2018 abc. es ENFOQUE 7 18 DE JUNIO DE 1973 BREZHNEV Y NIXON El líder soviético Leonidas Brezhnev visitó a Richard Nixon en la Casa Blanca durante un encuentro lleno de complicidad 11 DE OCTUBRE DE 1986 ABC REAGAN Y GORBACHOV Mijail Gorbachov y Ronald Reagan mantuvieron una serie de conversaciones en Reikiavik, Islandia ABC El eje Trump- Putin en Helsinki Una misma visión del mundo PEDRO RODRÍGUEZ REUTERS Arriba, Donald Trump estrecha la mano a Vladímir Putin, durante su reunión de ayer en Helsinki 7 DE AGOSTO DE 2013 ABC OBAMA Y PUTIN Cerca de su momento de mayor tensión, Obama y Putin se vieron las caras en el G- 8 de Enniskillen, en Irlanda del Norte Desde que en 1867 Estados Unidos compró Alaska al Imperio Ruso a precio de saldo, las relaciones entre Moscú y Washington han sido tan difíciles como trascendentales. Siempre con posiciones claramente diferenciables, incluso antagónicas y con su correspondiente dosis de resentimiento histórico que, por lo menos, se remonta a Lenin y la Primera Guerra Mundial, cuando el presidente Wilson desplegó tropas americanas en el caótico territorio de la Rusia revolucionaria. El mismo Stalin empezó como aliado indispensable en la lucha contra su exaliado Hitler, para convertirse en enemigo irreconciliable y objetivo de la política de contención de la Administración Truman. Kruschev intentó en Viena amedrentar a un recién elegido presidente Kennedy, multiplicando después el riesgo de una confrontación directa entre superpotencias al desplegar armas nucleares en Cuba. Nixon quiso pasar página, aprovechando las diferencias rusas con la China de Mao, para forjar un entendimiento con la ya esclerótica Unión Soviética de Brezhnev. Debido a la gerontocracia del Kremlin, que solo era capaz de producir líderes literalmente caducos (Andropov y Chernenko) Reagan tuvo que esperar hasta la llegada de Gorbachov para plantear un cambio fundamental, haciendo posible eventualmente la caída del muro de Berlín. Y con ello la libertad recuperada para los países que habían quedado del otro lado del telón de acero tras la Segunda Guerra Mundial. A Bush padre y Bill Clinton les tocaría lidiar con el colapso de la Unión Soviética y la esperanza de una transición democrática para Rusia. Sin embargo, de la traumática anarquía de Yeltsin terminaría por emerger Vladímir Putin, ese autócrata moderno empeñado en recrear ilusiones del pasado con el que tanto Bush hijo como Obama intentaron resetear una relación imposible. En este contexto, se puede decir que la escenificación del eje Trump- Putin no tiene realmente precedentes. Nunca ha resultado tan evidente que una cita a este nivel tuviera un solo y exclusivo beneficiario. Con aparecer en Helsinki, y seguir haciéndole la cobra al orden liberal internacional, Putin es un ganador big time. Se vuelve a casa con un final simbólico a todos los esfuerzos occidentales encaminados a responsabilizar a Rusia por sus acciones contra Ucrania en 2014, su injerencia electoral en Estados Unidos y el resto de su maligna actividad internacional. Helsinki tampoco tiene precedentes porque nunca ha estado tan poco claro lo que separa a Moscú de Washington en política internacional. Como preludio, Trump ya se ha encargado de sabotear y antagonizar a sus tradicionales aliados del G- 7, la Unión Europea y la OTAN. Con diferencia, lo más alarmante es que estos dos líderes comparten una misma visión de un mundo, sin valores ni multilateralismo ni respeto, en el que los países pequeños no importan y los grandes poderes actúan sobre todo en interés propio. INTERNACIONAL