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ABC MARTES, 17 DE JULIO DE 2018 abc. es ENFOQUE 5 Ferran Mascarell y Gemma Geis leen el manifiesto de la nueva formación liderada por Puigdemont, ayer en Barcelona EFE Puigdemont presenta su nuevo proyecto Metamorfosis entre amigos JESÚS LILLO Dicen que la distancia es el olvido, pero lo que va de Madrid a la capital del independentismo, sea Barcelona o Hamburgo, donde ayer cancelaron el vuelo de regreso de Torra, puente aéreo, es distanciamiento y generalización. No hay matices en la denominación de origen y destino de un conglomerado nacionalista cuyas subespecies pasan inadvertidas, sin los rasgos identitarios que enriquecen su debate interno que pasa por tachar de Judas al primero que duda y se acobarda y explican su interminable metamorfosis, proceso que resume su batalla por la vida. La prensa de Barcelona ya no es generalista, sino especializada. Allí hablan con soltura y precisión quirúrgica de neoconvergentes, de Reagrupament, de Demòcrates o de las Juventudes del PDECat, que deben ser las mismas de JpC y que antes de pegar el estirón lo fueron, más o menos, de CDC. La España plural y diversa se perfecciona en la Cataluña de la biodiversidad independentista, donde ahora asoma la Crida Nacional per la Repúbli- ca, que viene a ser una asociación de amigos de Puigdemont, como las hay de la música de Yecla, del Capitán Trueno, del Jardín Botánico, del pueblo saharaui o de los patios cordobeses. Nadie mejor preparado para definir la nueva marca comercial de Puigdemont y Torra, su muy mejor amigo, que el partido al que intentan hacerle la cama y las listas municipales. Dicen con menosprecio en ERC que esta flamante Crida Nacional es un espacio de centro- derecha etiqueta de la vieja política, de las de toda la vida, que devalúa la presunta novedad de la enésima formación de Puigdemont y, aún peor, le resta méritos revolucionarios. Protegido y aliado de cualquier formación desintegradora de la Unión Europea finlandesa, flamenca, escocesa o italiana el expresidente de la Generalitat catalana es un ultra que merece, si no respeto, reconocimiento. Situarlo en el centro- derecha, como pretende ERC, es quitarle galones y trucarle el cuentakilómetros. En una Europa en la que ya no hay derechas e izquierdas, sino partidos sistémicos y antisistema, calificar a un partido separatista de ocupar un espacio de centro- derecha es tanto como desacreditarlo. Hasta terminar en un movimiento que cristalice en un instrumento político organizado Puigdemont no ha hecho la revolución, sino una metamorfosis, pero tampoco es como para recordárselo y humillarlo. ESPAÑA