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ABC LUNES, 16 DE JULIO DE 2018 abc. es estilo ABCdelVERANO 75 García Márquez y la huelga de las bananeras La versión ficticia de la represión en 1928 ha quedado como historia real a pesar de que Gabo ya reconoció que no fue así unca la búsqueda de verdad ficción que en muchos manuales o moen lo que se cuenta había es- nografías de historia, donde por decirtado más a la baja. Hoy vale lo con palabras de Cervantes, capítulo más lo que resulta atractivo, IX de la primera parte del Quijote, en entretenido, misterioso, conspirativo. el historiador no deben manifestarse La idea del director cinematográfico ni el interés, ni el miedo, el rencor ni francés Eric Rohmer, mentiras creí- la afición Pensábamos que verdad es bles, verdades increíbles se formuló la historia, que ficción es la literatura, en un momento en el que las fake el cine. Pero aquí comienza el lío en news no sólo estaban lejanas, sino que tiempos en los que el relativismo, la ni se pasaban por la imaginación del mentira y la falsedad se apropia de la más fantasioso. Incluso, lo que apare- geografía antes exclusiva de la docucía, tomado de acontecimientos histó- mentación, el rigor y el compromiso ricos, en libros y películas se conside- con la libertad de contar los hechos con raba una ficción, en el mejor de los ca- los documentos y testimonios de que sos, maravillosamente se dispone, y no de la imacontada. El conflicto verdad ¡AH! LAS COSAS ginación, portentosa y brihistórica ficción histórica llante en tantos casos, del DE GABO SE mantenía unas fronteras novelista. Sigamos con DIJO SOBRE EL bien delimitadas, al menos Cervantes, para quien la EXAGERADO por parte de los lectores. Historia es: testigo de lo RELATO DE LA Esto ahora no es así. El auge pasado, ejemplo y aviso MATANZA de la novela histórica, cuyos de lo presente, advertenmedios estilísticos apenas cia de lo porvenir se diferencian de los expresados en la Ahora prima la invennovela decimonónica, como si en la hisción, lo vemos en el toria literaria autores como Joyce, caso de Cataluña, Proust, Kafka o Mann no hubieran exisno se cuenta, ni se tido, o ni siquiera se les tuviera en concuenta lo sideración a la hora de enfrentarse a la página en blanco, narrar una historia, perfilar unos personajes, crear una atmósfera, lo destaca. La literatura, como el cine, cuenta mentiras. Algo inventado. Prodigiosamente contado, pero pura ficción. Vargas Llosa lo denominó, brillante como siempre, la verdad de las mentiras. Y era cierto. Porque el lector sentía que había más verdad en la N ¿Tres mil muertos? No, más bien apenas una decena, según los relatos históricos. La ficción vence y queda ABC que sucedió, sino lo que cada uno entiende que sucedió. Un ejemplo luminoso lo acaba de comentar, exhaustiva, profusa, concienzudamente el historiador colombiano, profesor en Oxford, Eduardo Posada- Carbó, respecto a uno de los más grandes libros escritos en español, Cien años de soledad (1967) del Nobel colombiano Gabriel García Márquez. En él, lo describe Posada- Carbó en La novela como historia (Taurus, Bogotá, 2018) la verdad literaria supera a la verdad histórica. Ya en el excelente prólogo de Ilan Stavans las cartas quedan marcadas, la ficción supera a la realidad porque está mejor contada Ficción concreta Queda más asequible la historia como entretenimiento que como compleja reflexión. Porque siempre es posible la refutación de los relatos históricos, pero no los de ficción (Bernard Bailyn) En la novela, el elemento clave es la matanza producida durante la huelga de las bananeras contra la United Fruit Company. Tres, cinco o diecisiete, habrían sido los muertos durante la huelga, cifra significativamente distante de los tres mil muertos que aparecen en Cien años de soledad cifra ésta última que hoy figura como verdad histórica en Colombia, La pregunta de Posada- Carbó va a la raíz: ¿hasta qué punto la ficción de Cien Años de Soledad ha sido aceptada como historia? La huelga ha sido considerada por uno de los más solventes biógrafos, junto a Dasso Saldívar, de García Márquez, el británico George Martin como el episodio central que le da forma a toda la novela Fue el 12 de noviembre 1928. Hacia 1990, García Márquez le reconoció al periodista barranquillero Julio Roca Baena que aquella tragedia no había sido en realidad, la matanza apocalíptica que aparece en la formidable novela. Cuando Posada- Carbó, enterado de la cosa le preguntó a Roca Baena sobre la insólita respuesta del Nobel, sus palabras dan comienzo a estas entregas de verano: ¡Ah! las cosas de Gabo Cosas que hoy, sin el libro de Posada- Carbó, serían historia. Y en esas estamos, no sólo en Colombia. esta nueva era Después de Paco. Esta vez lo hizo en la presentación de su último trabajo, Memoria de los Sentidos un álbum en el que vuelve a tejer los mimbres del flamenco con su personalísima amalgama de sonidos y formas musicales. Primero solo en el escenario, recorriendo una década de trayectoria musical con un toque que arrancó con la taranta Callejón de la Luna y cerró con la soleá Mezquita Y luego acompañado por el resto del grupo en una brillante actuación que se extendió durante casi dos horas. Tras un primer momento de recogimiento en el que a más de uno ya nos había puesto el vello de punta, a Vicen- te Amigo le bastó interpretar Tangos del Arco Bajo para poner el teatro a sus pies. Así continuó una primera parte en la que recordó temas de sus últimos discos como Autorretrato del álbum Paseo de Gracia con la colaboración de Enrique Morente, o Estación Primavera una composición que incluye entre sus falsetas la melodía del reloj de la Plaza de la Corredera. A esas alturas del concierto toda Córdoba sonaba a Vicente Amigo. La noche se inundó de evocadores acordes que salían de su sonanta mientras interpretaba un repertorio con Amoralí Las cuatro lunas La Fragua o Guadamecí y otras joyas de anteriores trabajos como Bolero del Amigo o Bolero de los padres que quiso dedicar a su madre. El baile por bulerías de El Choro y el cante de Rafael de Utrera, inconmensurable durante toda la noche, nos acercaron al punto y final de la noche. Una despedida que llegó, como no podía ser de otra manera, homenajeando al guitarrista que le maravilló de niño, al más grande de todos los tiempos, al padre y dios todopoderoso de la guitarra flamenca moderna. Y así, con los acordes de Réquiem en recuerdo a Paco de Lucía Vicente Amigo dijo adiós rindiendo pleitesía al gran maestro. Asumiendo su designio, que no es otro que el de ocupar el trono de la guitarra.