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ABC LUNES, 16 DE JULIO DE 2018 abc. es opinion OPINIÓN 15 HORIZONTE UNA RAYA EN EL AGUA RAMÓN PÉREZ- MAURA COMISIÓN DE LA VERDAD Y TONTO ÚTIL No busca ni ser veraz. Sólo pretende servir para cambiar la realidad que todos conocen y crear una nueva por decreto H AY denominaciones que son peligrosas en sí mismas. Una de ellas es la de Comisión de la Verdad. Ni el escalofriante Informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas publicado en Argentina al final de las sangrientas dictaduras militares y prologado por Ernesto Sábato llegó a tener ese nombre. Ni siquiera informalmente. Pero el Gobierno Sánchez quiere imponer a todos los españoles una Comisión de la Verdad como la que en estos días ha puesto en marcha en Colombia Juan Manuel Santos tras su pacto bastardo con la guerrilla en La Habana. Estas comisiones siempre encuentran lo que Lenin llamaba un tonto útil para darles una apariencia de respetabilidad. Estoy seguro que la comisión española encontrará algún historiador lamerrabeles deseando ser incluido desde supuestas posiciones no izquierdistas. Siempre hay alguien necesitado de reconocimientos espurios. Puede ser ilustrativo el caso de la comisión colombiana. Santos acordó su creación para estudiar la violencia de todas las partes en sesenta y cinco años de sublevación guerrillera. Poniendo así en el mismo nivel a los terroristas y a los representantes del Estado. Buen comienzo. Y después, con las FARC, ha nombrado presidente de esa comisión al jesuita Francisco de Roux, antiguo provincial de la Compañía y hombre de conocidas y declaradas afinidades de extrema izquier- da. Este De Roux afirmaba hace menos de tres meses que tengo una verdadera admiración por Pablo Beltrán jefe del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y añadía el planteamiento del ELN es muy de lo que los colombianos queremos Partiendo de esa base, el jesuita ha exigido la entrega de todos los archivos de inteligencia y contrainteligencia de las Fuerzas Armadas colombianas, desde 1953 hasta el presente. Exige documentación de todas las actividades de las fuerzas de seguridad, tanto las oficiales como las encubiertas, las de la lucha anti subversiva y contra el narcotráfico, entre otras. Es decir, las actividades de cientos de miles de personas que a lo largo de 65 años han luchado en nombre del Estado en todos esos frentes quedarían al albur de una llamada Comisión de la Verdad gerenciada por un declarado enemigo del Estado. Insuperable. Y, lo que es peor, como explicaba ayer Eduardo Mackenzie en El Mundo de Medellín, el jesuita pro guerrillero no ha tenido siquiera el cuidado de pedirle, para preservar al menos la apariencia de un cierto equilibrio de intenciones, al Partido Comunista, a las Farc (partido y unidades armadas) a los ex militantes del M- 19, al ELN, EPL, a las Bacrim y a los demás actores de la guerra subversiva, disueltos o en actividades, que le entreguen la totalidad de sus archivos de inteligencia y contrainteligencia, sus textos de doctrina paramilitar, sus manuales de operaciones, sus listas de asaltos, emboscadas, víctimas, bajas y daños colaterales (como dice De Roux) sus listas de secuestros, de sus rehenes, de sus campos minados en regiones y pueblos, y todos los otros detalles de las actividades terroristas, en las ciudades y en el campo, y sus redes de tráfico de drogas, desde 1953 hasta hoy Y no lo han hecho porque en cualquier país, una Comisión de la Verdad no busca ni ser veraz. Solo pretende servir para cambiar la realidad que todos conocen y crear una nueva por decreto. Hoy en día en Iberoamérica o lo que es lo mismo, en todo Occidente no queda ni un régimen autoritario de derechas Todos son derivas del socialismo: Venezuela, Cuba, Nicaragua... La herencia que quiere dejar el aclamado Juan Manuel Santos antes de huir a Londres el 7 de agosto a las tres de la tarde es una Comisión de la Mentira que justifique su catastrófica Presidencia. IGNACIO CAMACHO DEBATE Y TRANSPARENCIA Un debate de primarias no es sólo para compromisarios. Se trata de defender ante la nación un proyecto de liderazgo E JM NIETO Fe de ratas N el debate de las últimas primarias del PSOE, los españoles aprendieron que Pedro Sánchez no sabía lo que es una nación, laguna que sin embargo no le impidió vencer en las urnas a los otros dos candidatos. Aquel cara a cara, que tuvo momentos bastante ásperos, no fue un ejemplo de discusión de ideas ni tuvo demasiada influencia en el resultado, pero sí resultó un ejercicio de comparación transparente ante los votantes socialistas y ante todo el electorado. Porque cuando un partido elige a su primer dirigente en un proceso democrático, no sólo es a sus afiliados sino a la nación entera a la que ofrece su vocación de liderazgo. En el PP hay una desconfianza visceral sobre este procedimiento. Su cultura orgánica no cree en él y de ahí las cautelas de su retorcido diseño, esa doble vuelta censitaria que le resta legitimidad al método. Todo hubiese sido más fácil si la votación se hubiese repetido una semana después entre los dos aspirantes y por sufragio directo, sin la intervención de esos compromisarios cuya decisión estará inevitablemente rodeada de un aire de conciliábulo palaciego. Pese a todo, lo que los populares no pueden olvidar es que esta elección no constituye un asunto exclusivamente interno porque lo que proponen es la forma de conducir un modelo de sociedad implícito en la candidatura a la Presidencia del Gobierno. Y eso, aunque lo decidan lógicamente entre ellos, ha de resolverse a la vista de los ciudadanos destinatarios del proyecto. Es una cuestión de conceptos: la política contemporánea sólo se entiende desde un criterio participativo o, cuando menos, despejado, verificable y abierto. Ésa es la razón por la que el careo entre los dos pretendientes tiene que producirse en algún momento. Porque se trata de un examen público, de un cotejo al que los electores, y desde luego los delegados y militantes de la organización, tienen derecho. Preferiblemente antes y en todo caso durante el mismo congreso. Fuera del partido, y acaso también dentro, mucha gente desconoce las diferencias reales entre Santamaría y Casado. Si no las exponen de modo definido y claro quedará ante los españoles la sensación de que el duelo se va a resolver por las siempre oscuras maniobras de aparato. Por las expectativas de ir o no ir en las listas, por lazos personales o por el papel de cada cual en la futura estructura de mando. Esa clase de intereses opacos, a menudo inconfesables, que desprestigian la nobleza de la política y la encierran en un halo de desencanto. Lo último que dos postulantes a dirigir un partido de Estado deben demostrar es miedo al diálogo. Por eso tienen que debatir, hablarles a los suyos y a todos los sectores del centroderecha. Sin temor a los mutuos reproches ni a la exhibición de sus discrepancias y flaquezas. Con la convicción de que la unidad no se construye desde el silencio, sino desde la transparencia.