Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC LUNES, 16 DE JULIO DE 2018 abc. es opinion LA TERCERA 3 F U N DA D O E N 1 9 0 3 P O R D O N T O R C UAT O LU C A D E T E NA UNA UNIVERSIDAD PARA EL RECUERDO POR JOSÉ MANUEL CUENCA TORIBIO Unas líneas que solo tienen el modesto propósito de reivindicar un capítulo esencial de una Universidad como la española, hodierno objeto de los dicterios más feroces por avatares y sucesos, al fin y a la postre de muy reducido calado en su contribución a la cultura española, han de concluir forzosamente con la apresurada alusión a uno de sus centros de mayor influencia en la cultura española contemporánea. El Instituto de Periodismo nables del sagaz y enciclopédico estasiólogo granadino José Zafra! La visita frecuente y anunciada de algún alumno o graduado servía de eufórico y estimulante contraste de los conocimientos recién adquiridos, perfilados o modulados. De otra parte, al hilo de lo escrito, es de obligada alusión que, a la fecha, el servicio de Documentación de dicha biblioteca, todo él gestionado por laboriosas y expertas manos femeninas, es muy probablemente el mejor de Europa, con consultas y visitas del lado de investigadores en cantidad asombrosa. L A de Navarra de la década prodigiosa Recién fundada al inaugurarse el afamado decenio de la centuria pasada, el Alma Mater iruñesa, rectorada por el Opus Dei, estaba integrada por un elenco de, en conjunto, excelentes profesores profesoras las había también, pero en pequeño número, compensado, en parte, por su generalizada excelencia provenientes en elevada cifra de otros centros superiores del país. Extraídos de los prestigiosos cuadros del Consejo Superior de Investigaciones Científicas así como de los de otras Universidades, catedráticos tales como el insigne edafólogo y primer rector de la Universidad José María Albareda; Juan Jiménez Vargas o Eduardo Ortiz de Landázuri en Medicina; Francisco Sánchez Rebullida, Jorge Carreras, Pedro Lombardía, Alvaro D Ors, en la Facultad de Derecho; Antonio Fontán Pérez, Federico Suárez Verdeguer, Manuel Ferrer Regales, Alfredo Floristán, en F. y Letras; junto con otros de la Escuela Superior de Ingenieros radicada en San Sebastián, etcétera, lograron introducir en sus seminarios y aulas un fermento creador en plazo de tiempo tan corto que aún llama a la sorpresa por su vigor e intensidad. Casi todos ellos con magisterio muy acreditado en sus centros de origen se vieron acompañados en su flamante aventura navarra por discípulos muy aventajados que no tardaron, a su vez, en alcanzar nombradía y fueron a ocupar muy pronto cátedras en otras regiones españolas, a la manera, v. gr. de José Luis Comellas o el inolvidable Vicente Cacho. Pues, en efecto, aunque algunas circunstancias semejaban propiciarlo, aquella Universidad estuvo alejada de cualquier tentación de gueto. Exceptuado un porcentaje mínimo de profesores de edad avanzada, su claustro se distinguió en todo momento por la voluntad de sus miembros de integrarse, en la mejor sazón de su edad y legítimas ambiciones intelectuales, y a través del muy notable sistema de oposiciones vigente en la época, en el cuerpo de catedráticos estatales con responsabilidades en el Alma Mater de las Facultades y Escuelas Superiores de la enseñanza oficial. De este modo, la renovación era permanente, y un torrente de energía y afán de superación se trasvasaba sin tregua de todos o casi todos los Departamentos a muchos otros de una Universidad pública con la que nunca entró en pugilatos estériles y de la que invariablemente se sintió y proclamó deudora agradecida y honrada. No en vano, y desde los años veinte, la Universidad española gozaba salvo paréntesis comprensibles por las vici- on dicha temperatura ambiental se podía uno hacer fácil idea de cómo las enseñanzas impartidas en sus aulas debía responder en líneas generales había, claro es, manquedades, déficits, mediocridad o, en dosis homeopática, dogmatismo a pautas de rigor, al mismo tiempo que de actualización. El clima imperante en las Facultades Humanísticas, y así semejaba ser en las restantes, era el más favorable para el espíritu creador y autónomo. Sabedores los altos responsables de la Universidad de que en mayor o menor medida los profesores creían o aspiraban a creer en la trascendencia, no circulaban, desde luego, ni directrices ni consignas algunas en materia ideológica o religiosa. SARA ROJO Unas líneas que solo tienen el modesto propósito de reivindicar un capítulo esencial de una Universidad como la española, hodierno situdes de la historia nacional de una salud ro- objeto de los dicterios más feroces por avatares y borante en casi todas sus áreas y dimensiones. En sucesos, al fin y a la postre de muy reducido calaúltima instancia, sin su pujanza no puede, por do en su contribución a la cultura española, han ejemplo, entenderse el desarrollo del centro glo- de concluir forzosamente con la apresurada alusado a escasas fechas de su entusiasta y compro- sión a uno de sus centros de mayor irradiación e metido arranque. influencia en la sociedad y cultura españolas conNaturalmente, ciertas notas de su configura- temporáneas. El Instituto de Periodismo converción y funcionamiento caracterizaban o presta- tido en Facultad de Ciencias de la Información en ban una vitola propia a la existencia de la men- 1971 cuyo creador, Antonio Fontán, tuvo en otro cionada institución. Así, en el tiempo indicado, sevillano, Ángel Benito, un colaborador de primer rasgo peraltado de su dinámica era el afecto y com- plano y ascendiente, será destacado, cuando el penetración de sus diversos componentes con la sectarismo imperante en el campo de la historioempresa allí acometida. Más que de la diligencia grafía contemporaneista dé paso a la reconstrucde las fornidas empleadas, la limpieza de sus edi- ción del pasado reciente, sine ira et studio, de la ficios reflejaba la obsesión de sus ocupantes por España del tardofranquismo, como un organissu cuido material. En todos los servicios impera- mo crucial en la formación de unos cuadros peba asimismo la racionalidad y la eficacia equipa- riodísticos revelados como palestra a la vez que rables a las de los centros públicos más exigentes. clave en la llegada y asentamiento festinado de la Pese a que su distribución suscitaba encendidas democracia. El bagaje técnico de dichos elementos se moscríticas en parte de sus usuarios, la Biblioteca, modelada por el eximio romanista Alvaro D Ors, cons- tró, en la decisiva prueba, insuperable, otorgantituía la alquitara de todo el buen, casi insupera- do al estamento galvanizado por dichos planteble servicio que singularizaba a la Universidad. les el plus de legitimidad indispensable para eriEl respeto al estudio era máximo por todos, sin girse no sólo en El Parlamento de Papel de la por ello llegar a extremos caricaturescos de rigi- nación, sino también en su conciencia crítica y, dez o inflexibilidad. Se tenía por sus usufructua- en ancha medida, motriz. Siquiera fuese por solo dores la clara conciencia de que las horas de aus- esta contribución, la más acendrada Alma Mater tera silla ante las cuartillas o los libros hacían cre- del solar ibérico ha de estar agradecida a la últicer cosas muy queridas por toda persona honesta ma en el tiempo, aunque no en el valor de sus excon noción del prójimo y la solidaridad. Sin infan- presiones. tilismos, existía una noble rivalidad entre ciertos JOSÉ MANUEL CUENCA TORIBIO ES DE LA REAL profesores para ver los que, con provecho, más ACADEMIA DE DOCTORES DE ESPAÑA horas estaban en su recinto. ¡Sentadas intermi- C