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ABC MIÉRCOLES, 11 DE JULIO DE 2018 abc. es internacional INTERNACIONAL 41 fueron encontrados por dos buzos británicos del equipo de búsqueda, el entrenador era quien se encontraba en peores condiciones porque se había quedado sin comer para darle lo poco que había a los niños. Empezaba entonces una carrera contra el tiempo para sacar al grupo de la cueva. Al principio sonó la idea de que los chicos se quedaran allí cuatro meses, hasta que el agua de la cueva bajara al acabar el monzón en octubre. Pero los atrapados no podían esperar tanto por la falta de oxígeno y las fuertes precipitaciones de esta estación, que amenazaban con inun- dar la gruta donde se habían cobijado. Para sacarlos, la Junta militar tailandesa destinó a más de mil personas, entre soldados, policías y voluntarios. Bombeando agua al máximo para que los niños tuvieran que bucear lo mínimo, los buzos los han rescatado a todos en solo tres días. Retransmitido en directo por periodistas venidos de todos los rincones, este drama ha enganchado al planeta entero por la corta edad de sus protagonistas y su arriesgado rescate a lo Hollywood. Como si fuera una película, la historia ha acabado bien por una vez en la realidad. Aislados y con gafas de sol, los menores se recuperan bien Los rescatados, en cuarentena, solo han visto a sus familias a través de un cristal P. M. DÍEZ CHIANG RAI Miembros de la Marina tailandesa después de salir de la cueva REUTERS Aislados en la octava planta del hospital provincial de Chiang Rai, los doce niños y el monitor rescatados de la cueva de Tham Luang ya se recuperan de las más de dos semanas que han pasado sepultados a 600 metros de profundidad. Aunque presentan males propios del tiempo tan largo que han permanecido bajo tierra, no hay preocupación sobre los efectos a largo plazo y todos parecen sanos explicó ayer el secretario de Salud Pública, Jedsada Chokdamrongsuk, según informa Khaosod. Mientras se mejoran, todos ellos han sido puestos en cuarentena para no contagiar de posibles enfermedades a sus familiares, a quienes han podido ver a través de un cristal. Tras hacerles análisis de sangre, los doctores te- Unos motociclistas posan frente al cartel de los niños atrapados men que puedan haber sufrido alguna infección en la caverna porque todos presentan unos niveles demasiado altos de leucocitos. De hecho, parece que dos de los muchachos tienen los pulmones infectados por la humedad a la que se vieron expuestos en la gruta. Además de sufrir desnutrición y deshidratación, todos ellos tienen que llevar constantemente gafas de sol hasta que sus ojos se acostumbren de nuevo a la luz después de tantos días a oscuras. Para que sus estómagos no se vean dañados, de momento toman una dieta blanda. Pero, en lo que parece una señal muy buena, los chicos ya están pidiendo platos más contundentes, como pollo frito o cerdo, porque al parecer tienen un hambre canina. Cuando los médicos comprueben en un par de días su analítica completa, los niños podrán reencontrarse con sus familias si no sufren ninguna infección. Después de su angustioso rescate, será un momento emocionante porque, hace solo una semana, parecía imposible que pudieran salir con vida de la cueva. Como se ha comprobado, el problema, más que físico, era mental, ya que podían entrar en pánico al verse obligados a bucear por unas grutas tan estrechas que dispararían su claustrofobia. Para evitar que un episodio así pusiera en peligro no solo sus vidas, sino también las de los buzos, hay especulaciones de que los niños habrían sido sedados. Precisión suiza A la espera de que las autoridades lo confirmen o desmientan, el rescate ha funcionado con precisión suiza y ha sido todo un éxito para la Junta militar que gobierna Tailandia desde el golpe de Estado en 2014. Con disciplina marcial, los equipos de salvamento han movilizado todos los recursos disponibles para sacar a los muchachos de la fatídica caverna. Nada más llegar a una gruta cercana a la entrada donde se había instalado una enfermería, los rescatados eran observados por los médicos y luego, al cabo de un rato, trasladados hasta la boca de la cueva. Desde allí, una ambulancia los llevaba hasta los helicópteros aterrizados en un campo cercano, con los que volaban hacia Chiang Rai para ser ingresados en el hospital. Para que nade ni nadie interrumpiera la evacuación, la Policía acordonó ayer la calle que daba acceso a la nueva ala del recinto médico, a cuyo alrededor se habían apostado numerosos medios de comunicación y algunos curiosos. Entre miradas incrédulas y aplausos emocionados, las ambulancias llegaron anoche al hospital con los cinco últimos rescatados.