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ABC MIÉRCOLES, 11 DE JULIO DE 2018 abc. es opinion OPINIÓN 13 EL RECUADRO UNA RAYA EN EL AGUA ANTONIO BURGOS PLASMA Y PLASTA Sánchez, en vez de salir por el plasma, nos echa a la plasta de la vicepresidenta Carmen Calvo mí que me registren, pero acusaban al registrador de la Propiedad de Santa Pola de que sólo salía en el plasma para dar la cara. Cuando la daba, pues siempre andaba de perfil. Y así terminó. Por no querer dar la cara con valentía ante lo que sus votantes querían que la diese, verbigracia el golpe de Estado separatista catalán. Pero este guapito de cara y porreta de dedos que lo ha sustituido y que está en La Moncloa para que Chis Torra le eche la mano por el hombro, como amiguetes como burros del cole en el recreo, no le anda a la zaga en el plasma. Ni plasma siquiera. Sánchez, en vez de salir por el plasma, nos echa a la plasta. A la plasta de la vicepresidenta Carmen Calvo, que aunque habla andaluz y debería tener la expresividad de su paisano don Juan Valera o al menos la capacidad de comunicación de otro egabrense, el periodista deportivo Manolo Lama, es lo menos que se despacha en capacidad de comunicación. Con decir que Carmen Calvo es más parca en explicaciones que la ministra portavoz que porta tan poquita voz... Plasta total. La explicación de la entrevista de Sánchez con Chis Torra fue todo un ejemplo de querer expresar cómo parecía que habían ganado los buenos, cuando fueron los malos los que se salieron con la suya. Así que no sé a qué viene criticar al registrador de la Propiedad de Santa Pola por el plasma, cuando el presidente guapito de cara lleva 38 días, 38, sin dar una sola rueda de Prensa en España. Nada más que rompe a hablar en el extranjero. Quizá sería la A solución montar a la Prensa en el avión privado oficial de las gafas de sol, irse fuera de nuestras fronteras (como dicen en los boletines informativos horarios de la radio) y largar allí la fiesta que aquí queda inédita. Porque si quiere que nos enteremos por las explicaciones de la ministra portavoz o la vicepresidenta Calvo, vamos dados. No ha explicado Sánchez todavía si su prisa en pagar las hipotecas pendientes por los apoyos separatistas y populistas a su moción de censura es porque no quiere ver en La Moncloa ni a un solo cobrador del frac. O si se ha acordado de aquella vieja práctica comercial del 2 de descuento por pronto pago Chis Torra no fue de cobrador del frac. Al revés, fue provocando con el lazo amarillo y Sánchez el que hizo de Pagador del Frac con los separatistas catalanes. A los que les prometió cuanto le pidieron. Y dos huevos duros. Dicen los que lo explican en plan plasta que sí, que hubo la delgada linea roja de la Constitución. Pero muy delgada. Delgadísima. Y sin el menor entusiasmo, que es lo más descorazonador de los tiempos que nos esperan y las desgracias que se avecinan, vecina. Dice Chis Torra que se fastidie el coronel, que él no come rancho: que no piensan invitar al Rey a la conmemoración del primer aniversario de la masacre yijadista de las Ramblas y Cambrils. Y no es Sánchez para decir que Don Felipe VI, sin que lo inviten, puede ir a la parte del Reino de España que le salga de la Corona. Si así defendió al Rey, ¿cómo a la unidad de España, con tanta oferta de diálogo, negociaciones, concesiones y paños calientes de reconstruir lo destruido como si por Cataluña hubiera pasado un huracán tropical como por Puerto Rico, y nunca hubiera existido un golpe de Estado que ahora va a resultar, verán, que lo dio el PP, Rajoy en persona? Y encima, están los golpistas separatistas descontentos, porque Chis Torra no logró salir de La Moncloa con un calendario para la autodeterminación. ¡Haberle dado un calendario de propaganda de Casa Sánchez, pucheros y comida casera hombre! O el Calendario Pirelli. O el Almanaque Zaragozano. A aquel almanaque tan bonito de la Unión Española de Explosivos con perdices y liebres que había en todas las tabernas de pueblo de España. ¿Será por calendarios? IGNACIO CAMACHO GOLPISMO DE SOLAPA El poder siempre tiene un precio. Pero al transigir con el lazo, Sánchez no lo pagó con su orgullo, sino con el nuestro muchos españoles les ha dolido o avergonzado que Pedro Sánchez recibiese a Torra sin darle trascendencia al lazo amarillo que lucía en su chaqueta. Un gesto provocador que en el lenguaje simbólico del separatismo significa que éste es un país con presos de conciencia en el que se reprime a la gente por expresar sus ideas, y que el golpe contra la Constitución del pasado octubre fue un ejercicio legítimo de soberanía propio de una sociedad abierta y moderna. Esa insignia insulta al poder judicial, a las instituciones democráticas y al conjunto del Estado al que el jefe del Gobierno representa, y por un mínimo de respeto a todo eso, su portador estaba obligado a dejarla en la puerta. Pero sobre todo era su anfitrión el que debió plantearle que la entrevista no se podía celebrar mientras el visitante no se quitase de la solapa el dichoso emblema, porque en ese momento Sánchez no ejercía en nombre propio ni de su partido, sino de España entera. Y existen en ella muchos ciudadanos, probablemente una amplia mayoría, que consideran ese lazo una ofensa. Pero el presidente tragó y nos hizo tragar el agravio, como se lo había tragado antes el mismo Rey en los Juegos Mediterráneos. Aquella tarde, al menos, Torra estaba en su casa dicho en sentido lato, y en todo caso no se trataba de una sede oficial sino de un estadio. En la Moncloa, en cambio, el pin amarillo emitía un mensaje claro: era la primera condición para el diálogo. A partir de que el presidente la aceptó sin remilgos, tiene sólo relativa importancia lo que ambos hablasen en privado. La humillación había sido perpetrada y la democracia española rebajada, con la complacencia de su primer ministro, a la execrable condición de un régimen arbitrario. En los sistemas de opinión pública son muy relevantes los símbolos. Sánchez no sólo lo sabe sino que los ha incorporado con eficacia a su lenguaje político. Sin embargo fue capaz de permanecer tres horas delante de Torra, con su destelleante reproche bien a la vista, sin darse por aludido; tal vez incluso se justifique a sí mismo pensando que un gobernante tiene la responsabilidad de suavizar conflictos. Porque ésa es por ahora su estrategia: marcar diferencias con el marianismo, cabalgar el tigre nacionalista durante todo el tiempo en que pueda mantener el equilibrio. Aun en la convicción de que el tigre, como lo demostró ayer prometiendo seguir con su proyecto de ruptura, acabará por volver a enseñar sus colmillos. Pero ahora se trata de ganar tiempo. Tiempo de poder, cuya exigente lógica siempre cobra un precio. Sólo que al transigir con el alfiler golpista, al menoscabar la autoestima de la nación con su hiriente encogimiento, el presidente no abonó esa factura con su dignidad ni con su orgullo, sino con los nuestros. Con los de un pueblo que no se merece que sus dirigentes desprecien su razón ni sus sentimientos. A JM NIETO Fe de ratas