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ABC MIÉRCOLES, 11 DE JULIO DE 2018 abc. es ENFOQUE 5 El autobús de la Guardia Civil que transporta a Turull, Forn y Rull llega ayer a la cárcel de Zuera EFE Llarena suspende a Puigdemont y compañía La legalidad va por otro lado JESÚS LILLO Hay que remangarse, mover muchos papeles y ponerse perdido de tinta y polvo para encontrar, consultando ensayos, manuales, apuntes de Filosofía del Derecho e incluso bajorrelieves, un principio que guarde cierta semejanza con el lema elegido por el Gobierno de Pedro Sánchez para ponerse a negociar con Quim Torra. No hay analogía que valga. Dar con algo similar a eso de que la legalidad irá por un lado y la política, por otro es una tarea que obliga a trascender el campo de la investigación jurídica y pasar al de la delincuencia de carretera, chófer y manta. No queda otra. Carles Puigdemont es el intelectual que más se ha aproximado a la doctrina del Ejecutivo socialista. Con un 90 por ciento de afinidad teórica y práctica, el fugado se volvió a quejar ayer de una Justicia que continúa haciendo política Como en una tienda de botones, es lo más parecido que hemos encontrado. Esto no es un Gobierno, sino una mercería. Que sea Carles Puigdemont el que inspire y retroalimente el ideario del Ejecutivo socialista da cuenta de la perversión de la estrategia normalizadora de Pedro Sánchez. Su política, afortunadamente, va por un camino muy distinto al que ayer cogió el autobús de la Guardia Civil que trasladó a la prisión de Zuera a los exconsejeros Turull, Forn y Rull. Los conductores de la Benemérita también hacen política, y no hablemos del juez Llarena, que en su auto de conclusión de la causa de la rebelión separatista suspendió ayer a Puigdemont y los otro cinco golpistas que aún tienen acta de diputado autonómico. Como cada cosa va por su sitio, ahora es Pedro Sánchez el que va a explicarle a Torra bilateral y políticamente, sin compromiso la oportunidad de renovar la bancada independentista del Parlament para que suelte lastre delictivo y se ajuste a Derecho. A su vez, Quim Torra le va a contar a los de la CUP lo bonita que es la fuente de La Moncloa mientras sacrifica con absoluta docilidad normalizadora a Puigdemont y compañía, y los radicales van a convocar a los CDR para que encarguen unos pollos asados y celebrar todos juntos la nueva era del diálogo y la distensión. Para ir por un lado distinto al de la legalidad, a Pedro Sánchez le sobran interlocutores, muy experimentados. Los conoce tan bien como Pablo Llarena. ESPAÑA