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ABC VIERNES, 29 DE JUNIO DE 2018 abc. es opinion OPINIÓN 15 EL BURLADERO UNA RAYA EN EL AGUA CARLOS HERRERA LAS FACTURITAS DE SÁNCHEZ Y MARLASKA ¿Qué razón hay para acercar al País Vasco a un criminal execrable como el asesino de Miguel Ángel Blanco? ÓNDE deben estar los presos? ¿Cerca de donde cometieron el delito? ¿Cerca de los jueces que les investigan? ¿Cerca de donde vive su familia? ¿Cerca del despacho de su abogado? ¿Allá donde haya sitio? Difícil ecuación la de resolver aspectos revueltos entre lo mundano, lo personal, lo judicial y lo operativo. Muy difícil. A los presos de la ETA se les dispersó para que no formaran bloques graníticos en las cárceles en las que hubieran querido estar: imaginen que se hubiese elegido una prisión como Martutene en San Sebastián como el lugar donde recluirlos a todos; una suerte de Spandau para delitos específicos. Martutene o cualquier otra habría sido un indudable símbolo al que peregrinar, amén de una forma de los duros de controlar a los presos más dubitativos. La eficacia de la lucha contra la ETA ha consistido en diversos pilares, siendo uno de ellos, fundamental, dispersar a estos cabrones por todas las cárceles del país. Si tienen que hacer turismo sus familiares es, en cualquier caso, menos deprimente que el turismo que han de hacer a los cementerios las familias de los asesinados. Dicho lo cual. A Sánchez le van a pasar facturas. Y va a pagarlas le gusten más o le gusten menos. Ha anunciado sin demasiado rubor que va a proceder a un par de acercamientos: presos del procés y presos de ETA. Por partes: los presos preventivos del golpe de Estado ¿D propiciado en Cataluña por toda la bosta independentista son, exactamente, presos en espera de juicio, y en nada perjudica al proceso judicial que vivan cerca de sus familias y sus abogados. Sólo existe un pequeño problema: si se trasladan a cárceles catalanas deberá de tenerse en cuenta que la Generalidad tiene competencias carcelarias y que ello puede suponer algunos beneficios penitenciarios que choquen con la intención del instructor. Insisto, no es grave que Junqueras esté en Can Brians, pero deberá observarse con lupa si eso supone algún provecho extra al que no tendría derecho si siguiera en Estremera. Pero luego está la ETA, que es otra cosa muy distinta. Absolutamente distinta. Que el nuevo ministro del Interior diga que se van a estudiar acercamientos individualizados de asesinos en virtud de no sé qué criterios invita a pensar que las facturas de Sánchez empiezan a ser cobradas. ¿Qué razón hay para acercar al País Vasco a un criminal execrable como el asesino de Miguel Ángel Blanco? ¿Un simple acuerdo político? Que García Gaztelu, vuelva a su casa como hizo estando su padre dificultado para viajar virtud a un inexplicable permiso del juez penitenciario de la Audiencia Nacional es un seco golpe en la espalda de las víctimas semejante al que hizo el PP cuando liberó al canalla de Bolinaga para que se dedicara un par de años a inaugurar Herriko tabernas. Ahora lo va a hacer Sánchez atendiendo a sus acuerdos con el PNV y los herederos de ETA en el Congreso: dice Marlaska que tipos como Santi Potros o Txapote pueden situarse cerca de su familia en virtud de acuerdos políticos, pero habría que preguntarle: ¿y los presos que nos son de ETA pero que sí son vascos? ¿El vasco que estafó a una familia de Albacete o el vasco que atracó un supermercado en Córdoba tienen derecho al traslado? ¿O solo hay que preocuparse de los asesinos de la ETA que durante decenios han masacrado a la sociedad española? ¿Por qué tanto interés humano en desvivirse por el bienestar de los asesinos etarras y tan poco interés en preocuparse por otros vascos encarcelados lejos de su tierra por delitos infinitamente menos graves? Que el miserable PNV quiera atender a sus sobrinos descarriados puede entenderse si se sabe con que clase de gente se juega: que lo haga el Gobierno de España es, sencillamente, vomitivo. IGNACIO CAMACHO LA ENTENTE Sánchez no es (sólo) un oportunista: tiene un designio fijo. Y para desarrollarlo necesita blanquear al nacionalismo ESDE la moción de censura, en la política española no sucede realmente nada. Gestos, declaraciones, ruido, postureo: propaganda. En el centro- derecha, Cs trata de digerir su desconcierto en silencio y el PP anda enredado en unas primarias tan mal improvisadas que están sacando a flote sus miserias orgánicas. En la izquierda, el PSOE carece de masa crítica para gobernar y disimula esta debilidad con sobreactuaciones publicitarias. Pero hay algo que parece empezar a dibujarse en el tiempo- basura de estas huecas semanas: el tanteo mutuo de socialistas, populistas y nacionalistas en busca de una entente, de una alianza. Ésa va a ser la tónica de los meses que le queden a este mandato. Y probablemente el debate central de las próximas elecciones, el argumento de referencia, el marco. Aunque a Sánchez lo que de verdad le gustaría es un pacto de gobierno con Ciudadanos, sabe que no podrá obtenerlo si Rivera adelanta al PP y obtiene un resultado que le permita disputar el liderazgo. Por tanto, lo que busca es un bloque de mayoría alternativa que de momento lo sostenga en el poder y que pueda revalidar a medio plazo. Esa idea está desde 2015 en sus cálculos y lo único que puede estropearle los planes es que el separatismo catalán vuelva a plantear un desafío abierto contra el Estado. Por eso muestra tanto empeño en cuidar ese flanco. Por eso hace la vista gorda ante los desplantes de Torra y por eso utiliza a Pablo Iglesias como interlocutor de los líderes secesionistas encarcelados. Por eso intenta blanquear al independentismo dándole trato de guante blanco. Por eso promete retirar los recursos de inconstitucionalidad que molestan a los nacionalistas catalanes y vascos. Se trata de tejer complicidades, de ir anudando futuros lazos. Su continuidad en el poder durante los próximos años depende de los aliados con que pueda contar para trazar en torno a la derecha se trate de un partido o de dos un nuevo cordón sanitario. Cualquier planteamiento de oposición si es que esta oposición recupera alguna vez el pensamiento estratégico debe tener en cuenta que el presidente no se mueve sólo a base de oportunismo. Puede ser un táctico del que no quepa esperar ninguna coherencia de palabra ni de principios un rasgo que sus rivales ya deberían de haber percibido pero tiene un proyecto de poder y una contundente determinación para perseguir sus objetivos. Ese carácter contumaz le convierte en un mal enemigo al que los adversarios han de medir desde la observación completa de su recorrido. La trayectoria de Sánchez, su resistencia contra su propio partido, no se entiende sin una asombrosa fe en sí mismo. Es un error descomunal pensar que va a conformarse con ser presidente un ratito; detrás de sus gestualidad maniobrera hay un designio, un propósito fijo. Y si el centro- derecha no lo descifra pronto se lo va a encontrar desarrollado por capítulos. D JM NIETO Fe de ratas