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ABC JUEVES, 28 DE JUNIO DE 2018 abc. es opinion OPINIÓN 15 EL CONTRAPUNTO UNA RAYA EN EL AGUA ISABEL SAN SEBASTIÁN ETA GANA OTRA BATALLA Sánchez no se limita a pagar al PNV el precio de su Presidencia. Acerca a los terroristas presos convencido de hacer lo correcto P ARA llevar años oficialmente derrotada, hay que ver la cantidad de batallas que gana ETA. ¡Ni el Cid Campeador en su mejor leyenda! La última de estas victorias atañe a sus presos, que serán acercados a sus domicilios como primer paso a una excarcelación que debemos dar por descontada. Cada vez parece más claro que, por perdonarnos la vida, los terroristas van a obtener todo lo que no lograron matando. En una cosa coincido con Pedro Sánchez. Él al menos no se esconde y llama a las cosas por su nombre. No todos sus predecesores pueden decir lo mismo. Cuando la banda anunció el cese de su actividad criminal, en octubre de 2011, había 703 etarras entre rejas. De ellos, 559 estaban en España y 144 en centros penitenciarios de otros países. En mayo de este año, al anunciarse la disolución de la mafia separatista vasca, apenas quedaban 297 reclusos. Más de la mitad habían sido excarcelados. Sesenta salieron de golpe merced a la derogación de la doctrina Parot, conseguida en Estrasburgo gracias a los esfuerzos de José Luis Rodríguez Zapatero y su magistrado de confianza, Luis López Guerra, enviado al Tribunal de Derechos Humanos precisamente con esa misión. El broche final lo puso Fernando Grande- Marlaska, actual ministro del Interior, que hizo una interpretación generosa de la senten- cia, liberando de golpe y en veinticuatro horas a todos los afectados, en lugar de limitarse a la terrorista que había interpuesto la demanda y obligar a los demás a hacer lo propio, uno a uno. El resto de los etarras presos, es decir, más de trescientos asesinos, secuestradores, extorsionadores y chivatos de la cuadrilla criminal, han ido saliendo a la chita callando, por la puerta de atrás, a lo largo de estos años. Algunos habían cumplido sus condenas. Otros muchos se beneficiaron de terceros grados, vía Nanclares planes de reinserción varios y demás sendas tortuosas destinadas a satisfacer los acuerdos suscritos con ETA en ese mal llamado proceso de paz que nuestros gobernantes denominan derrota con el fin de tranquilizar sus conciencias a costa de engañar a los españoles. La mayor parte de esos delincuentes deben su libertad prematura al Ejecutivo de Mariano Rajoy y en concreto a su primer titular de Interior, quien recibió personalmente instrucciones en tal sentido del presidente saliente y las cumplió con gran diligencia. La decisión que anuncia ahora Pedro Sánchez culmina por tanto un largo proceso de abandono de las víctimas en beneficio de los victimarios. En Alsasua y otros muchos pueblos del País Vasco y Navarra los discípulos de la serpiente enroscada en el hacha siguen acosando a todo el que se atreve a plantarles cara o sencillamente a no comulgar con sus ruedas de molino, mientras sus representantes políticos ocupan las instituciones y los pistoleros que abrieron brecha regresan victoriosos a casa, entre homenajes populares que enaltecen sus atroces crímenes de manera totalmente impune. Los asesinos son equiparados a los asesinados en aras de dejar atrás el conflicto Hay que poner las luces largas dice el líder socialista sin que se le tuerza el gesto y pensar en el futuro ¿Haría la misma afirmación con respecto a un violador y una violada? ¡Lo dudo! Lo peor es que no se trata únicamente de pagar al PNV el precio de su respaldo a la moción de censura, como tampoco el PP planeaba hacer lo propio a cambio de los presupuestos. Lo terrible, lo repugnante, es que los acercan y los van a soltar convencidos de hacer lo correcto. IGNACIO CAMACHO LA NORMALIZACIÓN DEL DESAMPARO La falta de empatía del nacionalismo con las víctimas es un agravio que jamás podrá borrarse de la memoria colectiva O es por desgracia ninguna novedad que el PNV muestre más interés y mayor compasión por los presidiarios de ETA que por sus víctimas. El desdén del nacionalismo por el sufrimiento de los amenazados, acosados, agredidos y asesinados ha sido uno de los fenómenos más dolorosos de las cinco décadas de actividad terrorista. Desde las coartadas morales para los pistoleros y sus cómplices a los que Arzalluz se refería como aquellos díscolos chicos de la gasolina hasta la culpabilización de los perseguidos por vía indirecta o hasta explícita, los dirigentes del partido- guía de la sociedad vasca contemplaron el drama de tantos conciudadanos con una escalofriante ausencia de empatía. Esa falta de sensibilidad, esa opresiva atmósfera de desidia, desapego e indiferencia constituye un monumento histórico a la ignominia; un baldón humanitario que ningún relato edulcorado por la equidistancia podrá borrar jamás de la memoria colectiva. Pero del PSOE cabía esperar otro talante, otra disposición, otro entendimiento. Entre otras razones porque de sus filas procede una significativa porción del dramático balance de muertos. Porque la resistencia al designio homicida no puede entenderse sin ellos, porque la conmovedora lista de bajas socialistas merece un respeto y porque su responsabilidad de Estado y de Gobierno les permite saber de primera mano que toda la política antiterrorista, incluida la de la reinserción, se ha basado siempre en el consenso. Ese compromiso estratégico, que ya fracturó Zapatero, se ha vuelto a romper con la declaración de Pedro Sánchez de proceder unilateralmente al acercamiento de presos. Una medida probablemente inevitable tras la desaparición de ETA, por una simple cuestión de Derecho, pero que no es posible decidir ni aplicar sin acuerdo, al margen de la oposición y de unas víctimas que vuelven a sentirse tratadas con desprecio. La normalización que invoca el presidente no puede producirse sin el requisito previo del arrepentimiento de los condenados y de su colaboración en los crímenes que aún quedan sin esclarecer, que son más de trescientos. Si la moción de censura tiene alguna factura pendiente de pago, los favores penitenciarios han de quedar excluidos del precio. Hay demasiadas familias, vascas y no vascas, que sólo pueden acercarse a sus deudos visitando los cementerios. Y nadie ha podido todavía normalizar su desconsuelo. En su reciente libro La derrota del vencedor el profesor Rogelio Alonso describe las grietas del proceso de paz vasco, sustanciado en la paradoja de una victoria de sabor amargo que deja en los vencidos la sensación de ser sus verdaderos beneficiarios por haber obtenido al dejar de matar contrapartidas políticas que no lograron matando. Extraño triunfo es ése que deja en los ganadores la percepción de un fracaso, envueltos en la desoladora congoja del desamparo y del agravio. N JM NIETO Fe de ratas